jueves, 8 de diciembre de 2016

Nvard Nazaryan defensora de las malas víctimas


Te cuento que es una gran semana porque cómo pocas veces pasa, hoy se hizo un poco de justicia.
Leonor Silvestri (cuya fanpage es Haciendo amigxs con Leonor Silvestri), hace por lo menos un año es perseguida políticamente, judicializada, hostigada, querellada, por su abusador, cuyo nombre no daremos porque intuimos que busca renombre a costa de ella), impidiéndole uno de los derechos fundamentales: “la libertad de expresión”. Una auténtica caza de brujas con todos los condimentos del caso.
Una de las abogadas feministas del querellante llevó la denuncia de calumnias y/o falsa imputación hasta la cámara de apelación en lo criminal y correccional, luego de pasar por la Oficina de Violencia Doméstica (pese que ambas partes ni se ven ni se frecuentan desde hace casi una década, ni hubo ningún tipo de vínculo doméstico o ningún tipo de agresión por parte de ella) y conseguir, vaya a una a saber cómo, dos órdenes de restricción consecutivas de 90 días cada una contra Leonor (¡que es la víctima!) generándole mayor aislamiento cuando sabemos que a muchas mujeres en situación de violencia doméstica constatable ni siquiera le dan la mitad.
La justicia hoy entendió que “… la supuesta maniobra imputada resulta un delito de instancia privada, no tenemos posibilidad de investigarlo penalmente…”. Es decir, se cancela así la estrategia actual del machismo de judicializar a las víctimas de abuso por sus dichos personales cuando esgrimen la herramienta feminista de expresarse en redes sociales.
Me explico: Un delito contra la integridad sexual pertenece al fuero privado y como ya escribimos en otro post, las víctimas sobrevivientes no están obligadas ni puede la justicia obligarlas a denunciar que han sido violadas. Por ende, no se puede comprobar si ha habido o no una calumnia porque eso supondría revictimizar a la víctima obligándola a denunciar penalmente lo que ella no desea por miles de motivos -revictimización en las pericias, patologización y criminalización de prácticas sexuales no heteronormadas, protección y seguridad psico-física integral-.
No lo digo yo, lo expresó así un juez de la Nación, con ideas más progresivas y acertadas que el feminismo clásico y el movimiento LGTB, al cual pertenece este señor activista trans (porque las personas trans, aunque tengan vulva, también puede cometer todo tipo de agresiones, incluso el absurdo de la judicialización total de todos los asuntos de la vida cotidiana y el intento de revictimizar a la víctima judicializándolo todo y persiguiéndola con las herramientas judiciales para poner a las mujeres en su lugar, como cualquier varón machista, sin más).
La desestimación de la apelación de esta querella #elfallosilvestri es un gran logro para TODAS nosotras porque significa que la justicia de algún modo entendió, al menos en este caso, algo que deberíamos entender todas que la víctima no miente y que cuando expresa lo sucedido no lo hace para calumniar sino como una de las formas lícitas que tiene de denunciar lo que le ha ocurrido. Así sentamos un precedente para TODAS. No nos pueden callar si decidimos no acudir a la justicia para realizar una denuncia, y eso NO es judicializable. Instigar a denunciar un hecho es otra de las muchas formas que adopta la persecusión o acaso ¿quién sostiene y protege a la víctima que judicializa o da nombres?
Así fracasaron los que pensaban que tirándonos el código penal, nos iban asustar y sus secuaces. Y te gusten o no las víctimas, son víctimas. Quienes creen que ciertas personas se merecen lo que les toca vivir debido a sus ideas son iguales a quienes creen que las personas privadas de su libertad deben “pudrirse en la cárcel”.
Bonus Track. Te dejo este poema porque no hay daño que nos robe la potencia de nuestras palabras:
DAÑOS
Desprecio con énfasis a quien disfruta del morbo de observar el sufrimiento del otro, simulando interés.
Me importan un bledo algunas posiciones que lo relativizan: no se daña a nadie.
Niego con rabia toda teoría que intente demostrar que la víctima es responsable por permitirlo: la responsabilidad es de quien daña. Siempre.
Aborrezco a quien se empeña en hacer todo lo necesario para angustiar al otro, promoviendo actos o palabras para llegar a ese lugar doliente ajeno y apuntar allí con habilidad, y tenerlo contra las cuerdas a puro placer.
Abomino a quienes hacen de la burla su oficio; del desprecio su labor; de la mentira sostenida, su encanto; del engaño su guarida.
Sólo los capaces de dañar necesitan apelar al disfraz de buena persona.
Patricia Calo Lustre


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