martes, 6 de diciembre de 2016

Mutantes & Orgullosas


Una vez un médico me confesó sin sonrojarse que él prefería estar del lado de los sanos, sin saberse él también un enfermo. Otro me contó que no hay nada poderoso en la enfermedad.
Una salud frágil favorece la escucha de la vida. No hay condición, por dura que sea, que no permita precipitar la invocación de sus potencias.
¡Qué fácil y cómodo, y trillado, sería caer en nociones como visibilización, respeto o inclusión. Copiar los perimidos modelos de aceptación social de minorías, diversidades, divergencias, portadas de revista, asimilacionismos!
Nuestra guerra es bien otra. Nuestro llamamiento está dirigido a quienes aun puedan oír.
La ciencia que delimita los bordes entre los sanos y las enfermas, y patrulla sus fronteras es el ojo interesado de una divinidad ficcional poderosa; poderosa pero no invencible; endiosada pero no invivible.
“La conceptualización de los cuerpos masculino y femenino como fundamentalmente diferentes más que semejantes es moderna, pues data apenas del siglo XVIII. La identificación del cuerpo femenino como lo Otro tuvo como consecuencia posicionarlo como la quintaesencia del objeto médico. El sexo y la reproducción se consideraban las características definitorias de las mujeres y ello se reflejó en el establecimiento de la ginecología como especialidad de la medicina. Con el auge de la endocrinología sexual en las décadas de 1920 y 1930, el concepto de cuerpo femenino como cuerpo reproductor se integró en el modelo hormonal. De este modo, los cuerpos de las mujeres se separaron para ser utilizados como ubicaciones principales de las practicas biomédicas.

...los discursos sobre el cuerpo natural conformaron la píldora y la píldora construyó los cuerpos de las mujeres como universales con respecto a sus funciones reproductoras. Los científicos que estaban desarrollando la píldora trataron de diseñar una tecnología contraceptiva universal de “talla única” porque para ellos todas las mujeres eran basicamente iguales. La píldora lilteralmente homogeneizó las funciones reproductoras de las mujeres a escala masiva.” El tecnofeminismo Judy Wajcman

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