lunes, 5 de diciembre de 2016

Games of crohn: Nota para Quebec!

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Games of Crohn, diario de una internación

Entrevista a Leonor Silvestri x Myriam Thibault
¿Cómo empezaste a escribir Games of Crohn ?
Internada, y lo continué ya externada, no dada de alta, por recomendación psiquiátrica dado que el encierro hospitalario, los médicos y sus operaciones y modus operandi me estaban volviendo loca literalmente. Apelamos a ese recurso e hicimos un agenciamiento para poder sobrevivir no tanto a Crohn sino a la humanidad y sus dispositivos cuando se presenta algo como Crohn: desde amigas egoístas y abandónicas que no supieron cuidar hasta el sistema hospitalario y buena parte de la institución médica que te produce como paciente deprimida infantilizada. En ese sentido, el diario fue una máquina de guerra vital contra aquello que me estaba quitando la fuerza que no era necesariamente Crohn.
¿Qué es  Crohn?
Se designa con el nombre de Crohn una condición auto-inmune muy amplia que puede afectar de la boca al ano cualquier zona del tracto gastrointestinal y digestivo, una modificación en el modo de funcionar del factor de necrosis tumoral de las células. Para mi es el nombre de mi cuerpo hoy, mi huésped y mi vida. Y es una oportunidad de desafiar la operación de diagnóstico que me produce.
En el documental homónimo, te oponés a la  que un proceso de curación sería entonces una lucha para la expulsión del cuerpo indeseable. 
Prefiero vivirme como una persona afectada, en el buen sentido spinoziano del término, con una mutación genética que no se lleva bien con el medio que le tocó pero de ningún modo como un enemigo a derrotar o vencer. Hemos llegado a un acuerdo y nos hemos convertido en una unidad. Nos llevamos muy bien. Soy una persona Crohn, como hay personas Down, daltónicas, etc. No he cedido mi agencia a la operación del diagnóstico. Hacemos parte a la biodiversidad de este mundo, somos cuerpas que funcionamos de una manera que desafía los estándares de normalidad. Nada está funcionando mal en mí, solo requiero unas prótesis moleculares de accesibilidad si quiero vivir en este mundo tal cual está hoy organizado, del mismo que una persona ciega cuenta hoy con software de adaptación de lo que no está en braille, es decir, casi todo. No sabría decidirme si quiero organizarme una narrativa como especie en peligro de extinción o como mutación genética que dará lugar a nuevos cuerpos. Pero sin duda no me siento enferma aunque a veces uso el término discapacitada para separarme de la norma. Porto mi inadecuación o mala adaptación como una medalla al mérito o una condecoración. Por supuesto, estos postulados son muy contrarios a las familias que hubieran deseado tener una prole normal y que no puede aceptar que tal vez para su peque la mejor manera de no cooperar con un mundo que es realmente una máquina de exterminarlo todo sea tener un devenir autista… pero bueno.
 ¿Cómo aparece esta categoría de “enfermedad” o “locura”?
Foucault diría que no hay ni locura ni enfermedad ni condición en estado natural o salvaje sino que son productos de la mirada médica en particular desde una perspectiva histórica de los dispositivos como operaciones de creación de los cuadros de inteligibilidad. No podría estar más de acuerdo. La mujer loca de hoy encerrada en un hospicio llamado psiquiátrico, siendo utilizada para realizar pruebas y experimentaciones por su bien, es la sacerdotiza del templo de Apolo en Delfos de ayer. Y te juro que por encerrada que vivan ambas, no da lo mismo ser la medium de un dios como Apolo que ser una paciente de hospital neuropsiquíatrico. Personalmente, agregaría que la esencia singular de todos los cuerpos es la frágil vulnerabilidad, como explica Butler; en vez de intentar superar esta esencia vulnerable que todo cuerpo tiene, hay que construir mundos posibles donde la fragilidad pueda ser abrazada, deseada, vivible porque no hay cuerpo, por alfa que se crea, que no vaya a terminar envejeciendo o que no haya sido frágil al empezar su vida. El problema no es tanto, entonces, enfermar, o decaer, o perder tal o cual aptitud, en tanto y en cuanto, toda condición (vejez, locura, enfermedad, muerte, etc.) tiene potencias alegres a invocar sino organizar un mundo donde esa esencial vulnerable del cuerpo sea vivible de una manera deseante y gozosa.

 ¿Pudo el Crohn afectar a tu cuerpo alegremente?
Puede, pudo, está pudiendo. De ahí nuestro encuentro, este libro, mi vida hoy. No hay dolor que no me haya llevado a un lugar más límite extramoral y por fuera del cogito cartesiano. Me parece que lo que la medicina llama enfermedades o lo que la psiquiatría llama locura tiene potencias a invocar. Esas potencias son singulares. No podría decirte cuáles son para cada cuerpo, al fin de cuentas nadie sabe lo que cada cuerpo puede en su singularidad hasta que no lo pone a experimentar, con cautela, siempre. Sé cuáles han sido mis potencias para el mío. No creo que eso que llamamos patologías sean tristes sino que el mundo es entristecedor, nos quieren deprimidas. Este  mundo hace pasar sus creaciones sociales, es decir ciertas afecciones, especialmente las mentales, como problemas y responsabilidades personales a resolver de manera individual, cuando se trata de producciones sociales del capitalismo, conflictivas, probablemente sin superación, con las que hay que convivir, invocando lo que haya para invocar, que siempre hay. Si me preguntás si quisiera un cuerpo sin Crohn, la verdad, ni me lo pregunto. Tampoco me pregunto cosas tales como si quisiera 3 piernas. Tengo el que tengo, ahora es un cuerpo Crohn, quizás siempre lo haya sido, y estoy preparándome para cualquier devenir que se me presente -desde el cáncer de colón hasta la ostomía- de manera alegre, potente, empoderada. Mi guerra no es contra mi cuerpa, sino contra el hospital, las instituciones estatales, y el capitalismo y sus efectos sobre mi cuerpa, entre otras guerras contra la moral toda.
Hablas de las narrativas oficiales que nos entristecen y de la necesidad de contarse otros cuentos. Contame más sobre eso…
Creo que nos vivimos contando historias. Algunas, por desgracia, no son nuestras en el sentido que nadie realmente se narra su propia historia, sino más bien pertenecen a este período y son globalmente compartidas sin objeciones, de manera obediente por todo el mundo. Nos contamos la historia mujer, varón, la historia heterosexual, blanco, la historia progreso, avance, democracia, la historia recibirse en la universidad, la historia mérito, esos cuentos. Como nos vivimos contando historias, y la mayoría NO incrementan nuestras potencias, y como no siento que haya nada más material que una ficción, entonces, dentro de lo posible, que es mucho, me cuento historias que intente incrementar mis potencias.  Una puede vivir un Crohn por ejemplo como una discapacidad catastrófica que te anula, como el miedo sin fin a morir o perder el colón, o puede imaginarse que es mutante y sentir cómo sus potencias Crohn nos sustraen de las cartografías de control heteronormal capitalístico, frente a otras capturas. No digo que yo esté exenta de capturas, pero en definitiva mis potencias Crohn nos ponen en declarado pie de guerra contra el régimen. A eso me refiero. Mutantes y orgullosas, las más fuertes cuidan a las más débiles en la guerra contra la humanidad devastadora de toda la biodiversidad de este planeta, estoy un poco parafraseando Xmen e inventandome una historia que no sea el  gospel usual de “Uy, lo lamento, qué pena”, cuando hablás de tus intestinos. A propósito, la barra de morfina es libre, envidienme.
 ¿Qué hacemos con el hospital, con la industria farmacológica, con la contradicción?
A mi no me gusta la palabra contradicción porque le abre la puerta a las reterritorializaciones puristas inmaculadas. Si hilamos fino, todo tiene crueldad, eso lo aprendí en el especismo. Creo en la reducción de daños y en dar batallas donde te toca batallar, en la modificación de la subjetividad, por medio de en un término más amable y culinario, aunque también puede ser propio de la albañilería o la repostería, que es la “consistencia”. Una masa tiene una consistencia, una mezcla, una salsa, un tipo de batido, y también una co-existencia que en español rioplatense suenan muy parecido. La consistencia tiene que ver, tal como yo la percibo, con intentar hacer coincidir el deseo con la condición. Ya no estoy para tener una carrera como deportista de combate de la UFC y no solo por Crohn, también tengo 40 años que no son pocos (en otro tiempo, cuando había menos agua corriente a disposición y peores formas de conservación de los alimentos, ya estaría bajo tierra); por ende, la verdad, tampoco la deseo. Porto deseos más cercanos a lo que mi cuerpo puede hoy que tampoco sabemos bien qué es hasta que lo vamos haciendo. A eso le digo yo consistencia. Lo cierto es que no conozco nadie que no viva en la incertidumbre y en la interrogante, no comprendo por qué es menos contradictorio tener pareja, amar, tener hijos, estudiar en la universidad, tener un trabajo asalariado, ganar dinero, vender servicios y productos, tener familia, visitar a los padres, usar computadora que depender del dispositivo médico tal como hoy está formulado, con el cual, como te imaginarás, tampoco concuerdo. La delgada línea entre reterritorializar un juez que va por la vida dictando lecciones de moral a les demás e intentar modificar la propia subjetividad mientras una se deja caer, o agencia máquinas célibes o de guerra contra los poderes. No tengo solución a ese dilema, pero siempre intento  que mis críticas a los órdenes no signifiquen juicios contra lo que las personas van pudiendo, que ya sabemos siempre es poco, siempre podemos menos que lo que idealmente deberíamos. Por eso el ideal es tan peligroso, porque nos pone nota. Lo cierto es que algunas de nosotras ya no somos del todo humanas y dependemos de una serie de dispositivos que por mierda que sean en este momento sino eso no podemos vivir. Al mismo tiempo creo que muchos de esos dispositivos son resemantizables, resignificables, no todos, por supuesto, pero sí algunos. Al fin de cuentas, recordemos, que la bicicleta, hoy el epítome de la autogestión y la autonomía, es un invento de la modernidad junto con otras máquinas mecánicas; que la dinamita que los mineros aymaras usan para luchar por sus derechos y libertades tiene la misma pólvora que las balas de la policía que les reprime, que los estrógenos de las mujeres trans y especialmente las travestis sudakas es la misma sustancia de docilización de las mujeres Cis… y la lista sigue. El agua que cae del cielo en forma de lluvia está ácida y tiene glifosato, es hora de dejar de pensar en purismo, moverse hacia la reducción de daños, detener el juicio moral y aceptar que somos cyborg, algunas más que otras, máquinas sensibles. No confío en quienes en vez de mostrar otros modos de vida juzgan los ajenos en pos del bien moral de la corrección política. Por supuesto que a veces las objeciones a un régimen se hacen con risa, sarcamos e ironía y eso le sienta muy mal a la gente del bien. Estamos hundidas en el fango del capitalismo y no hay realmente adónde escapar. No hay vida ni exterior ni interior sin conflicto, a las auto-inmunes me remito, y la isla de la fantasía era una serie mala de los 80. Hay que construir un aquí y ahora sin resignarse a acatar esperando un mañana.
¿Cómo organizar una autonomía respecto a las instituciones para los cuerpos que necesitan soporte tecnológico o emocional, que sea crónico o temporal?
¿Por qué quisiera yo una autonomía? ¿Cómo entendés autonomía? ¿Algo así como arreglármelas siempre sola? ¿Quién puede eso? ¿Es acaso eso deseable? Creo en las heteronomías. Todas somos dependientes, de las unas y de las otras, de un código para comunicarnos, de elementos protésicos para agenciarnos. ¿Por qué debería alguien con piernas de fibra de carbono dejar de usar su soporte técnico-emocional? ¿Por qué un soporte o prótesis debe ser abandonado como abandonamos las rueditas de la bicicleta para no caernos cuando éramos peques? Existió un tiempo de médicas sin dispostivo hospital, de personas con saberes técnicos sin ese dispositivo de saber/poder. Puede volver a existir entonces en otro tiempo incluso aquí y ahora. Pero no creo en la autonomía. Más bien apuesto a la cooperación, dependencia reciproca y a los contra dispositivos que eviten, obstaculicen o demoren las reterritorializaciones; no siento que las asimetrías produzcan a priorísticamente dominación. La horizontalidad total lo mismo que la autonomía son mitos liberales propios de quien cree en individuos (plataforma necesaria para poder producir un sujeto contemporáneo humano-masa-individualizado); al fin de cuentas Locke ya hablaba, y todos los contractualistas, incluido Marx, se creyeron que nacemos libres e iguales por naturaleza. Yo creo algo distinto: nacemos unidas, dependientes, frágiles y vulnerables y cooperantes formando agenciamientos entre máquinas y animales, híbridas somático-orgánicas multi-especie entre objetos técnicos que portan un espíritu y nuestros devenires animales. No hay cuerpo que no necesite soporte técnico-emocional. Solo que los zapatos o los lentes de contacto del oficinista no gozan del mismo estigma que la silla de ruedas o la inyección de anticuerpos monoclonados antifactor de necrosis tumoral.  La libertad se construye, como el placer y la sexualidad, y tenemos que construir contra los dispostivos de reproducción del capitalismo. La independencia es un mito fatal, nadie es por completo independiente. De hecho suele llamarse  independencia y autonomía a lo que un sujeto varón heterocis promedio puede realizar (por ejemplo limpiarse el culo solo) aunque después dependa de la opresión de muchas miles de mujeres -especialmente- para sostenerse a diario (desde la confección industrial de su ropa hasta su empleada doméstica o esposa que limpia, cría, procrea, da placer sexual, cocina). Si los índices de independencia fueran otros, todos los heterocis de este planeta serían considerados absurdos retardados mentales, cosa que de hecho, son, aunque nadie se los haya dicho porque se le dice “tonto” a otra especie neurodivergente que no se les parece. Desgraciadamente, vivimos en un mundo que clasifica dentro del marco de referencia de autismo a personas hiperconectadas con su entorno de una manera tan anticapitalista e inútil para el capitalismo que deberíamos haber nacido muertas para el régimen. Ciertas mutantes no les somos útiles ni para extraernos capital. Crónico y temporal es lo mismo puesto que todo esta medido y depende del tiempo, que al decir de Nietzsche lo aniquila todo: no hay cuerpo que no tenga dependencias crónicas, no hay cuerpo que no vaya a verse afectado por estados valetudinarios, y eso tiene una gran potencia a invocar. Yo no quiero ser independiente, quiero ser extramoral.  El progreso a eliminado la posibilidad de ese tendido amical de redes y cuidados tan ostensiblemente necesarios en las cuerpas fatigadas por tener que lidiar con los dispositivos médicos que tenemos hoy.



Acerca del libro
Crohn designa el diagnóstico de una inusual condición autoninmune discapacitante que puede afectar el tracto intestinal, de la boca al recto. Este ensayo auto-biográfico narra las distintas estadías de la autora en el hospital durante alrededor de 100 días. Es, a su vez, un lúcido relato sobre la diversidad funcional que aúna criticamente ciertas obsesiones de la modernidad, el poder médico y biopolítico encarnado hasta en las nuevas morales de la buena conciencia como el veganismo y el feminismo. Reflexiones que Silvestri agencia a partir de pensar la enfermedad como acontecimiento junto a sus desarrollos sobre Spinoza, la teoría queer y las filosofías de la antigüedad grecolatina para construir un sistema inmunológico que combata las pasiones tristes, sus aparatos de captura y sus formas de contagio. Un intento por afirmar la existencia singular y dotarla de una forma que fugue de la obediencia a la salud.
Acerca de la autora
Leonor Silvestri, poeta y traductora especializada en poesía clásica, profesora de filosofía, deportista de combate y discapacitada legal. Su recorrido vital y político puede leerse como una búsqueda de la consistencia consigo misma. En este trayecto ha construido una obra que incluye performances, manifiestos, fanzines, ensayos filosóficos, activismo, hondos desencuentros, programas de radio y videos, bandas de punk-rock, exhibicionismo y rumores: una obra en la que ella misma, como cuerpo, es la materia prima y el producto siempre in progress. Algunos de sus libros son la tetratología La guerra en curso (Nos es nada, Paris, 2016), Guerra Fría (Germinal Costa Rica 2014), El Don de Creer (Curcuma. 2010; Germinal, Costa Rica; Santa Muerte Cartonera México, 2009); el curso. mitología grecolatina (libro-objeto CD-rom. Voy a salir y si me hiere un rayo. 2006); y Nugae, Teoría de la traducción (Simurg. 2003); Irlandesas, 14 poetas contemporáneas (de Bajo la Luna 2011); y del ensayo Catulo, Poemas. Una introducción crítica (Santiago Arcos. 2005). Con Ludditas Sexxxuales publicaron en esta editorial Ética Amatoria del deseo libertario y las afectaciones libres y alegres (2012) y con Manada de Lobxs, Foucault para encapuchadas (2014). Junto a Mai Staunsager, filmó el documental homónimo, “Games of Crohn” y Trabajo Sexual en Primera persona, serie de videos que donde hablan las protagonistas del trabajo sexual elegido para Ammar CTA entre otras piezas audivosiales como quiero Flashear ser progre, Foucault para encapuchadxs y Nadie sabe lo que el cuerpo puede. Actualmente forma parte de la plataforma editorial Queen Ludd.

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