martes, 22 de noviembre de 2016

El truco más ingenioso del feminismo. Adios al feminismo. teoría de la mala víctima

Decir que vivimos en un mundo cuya presencia está en crisis significa afirmar que cada problema o exaltación personal, cada vez que a alguien se le salta la térmica, llora en público, se arranca los pelos, se agarra a golpes en la calle, o que se yo que otra cosa más es un problema persona subjetivo cuya solución es meramente individual. Por eso, aterroriza alejarse de la norma. Y no me refiero simplemente al delito puesto que una vida por completo dentro de los marcos de la legalidad es imposible hoy por hoy (¿quién no baja pelis y música de internet? ¿quién no fotocopia libros? ¿Quien no pasea a su perro en el pasto del parque? Etc.
Lo que percibimos no es separable de lo que conocemos. Si solo conocemos aquello que fuye construido como satánico solo veremos el diablo, solo percibiremos eso. ¿Pero cuál será la intensidad de lo que se viene a combatir, qué es lo que está en juego en esta partida para que por vías legales se intente ya no erradicar grandes masas de población como en la baja edad media y su cacería de “brujas” sino neutralizar por el medio que sea a quienes no se comportan y consiguen vivir por fuera de lo permitido e imaginable? Solo ofendiendo se pude traer a la presencia. Si la confesion es el testimonio que ratifique que a una la han echado de ciertos lugares con justa razón como se puede conseguir una visibilidad resistente.

El truco actual de la propaganda feminista de moda es contar las historias más truculentas que encontremos por ahí, con la morbosidad propia del mismísimo Sade, pero sin su alegría, elegancia, o exquisitez y al hacerlo indignarse. Porque si logro procedimiento retóricos de indignación suficientemente bien logrados y atractivos consigo hacerme propaganda sin poner el cuerpo. Al fin de cuentas para que la reacción salga del resentimiento tiene que pasar a la acción y la acción no puede ser nunca puro palabrería que siempre hable de cosas que ocurren más allá a otras personas que no soy yo y que jamás ofenda el espacio donde yo existo y donde me logré hacer un reducto más o menos cómodo (aunque tenga metido un palo en el culo) donde ser alguien y se me aplauda con cariño. Ya me lo advirtió una amiga: quien vive de contar mujeres muertas nunca se alegrará de las que estamos vivas. Y me alcanzó una bolsa de plástico negra de esas de consorcio. Por muy en primera persona que se escriba el relato si no cuenta las peripecias de la propia contradicción, o incomodidad es pura petulancia busca aplauso, busca abrazo. Alguien que vaya y le diga “gracias, grosa” y vas a ver como se calma, hasta la próxima víctima que pueda volver relato para vender entradas de teatro. Nadie está exenta esa es la primera regla. Pero en lo que a mi concierne y tal como Arlt me enseñó no pienso entregarte nada que te haga sentir bien hoy. Te devuelvo lo mismo que invertiste. Al fin de cuentas al mundo lo hacemos todas y todos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario