martes, 15 de noviembre de 2016

adios al feminismo, teoría de la mala víctima 2


me pronto dentro de lo posible escribir cada día un poquito de lo que espero sea esta una novela

seguimos entonces con Adios al feminismo, teoría de la mala víctima

gracias por leer

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Cada día vivo como si grandes páginas me aguardaran, como si la historia me fuera absolver. Una amiga me dice “sabés todos los libros que se van a escribir de vos”. Trato de no suicidarme cada mañana. No darles el gusto. ¿Habrá futuro? Presente, te lo debo. Camino como Celine con 3 perros negros imaginarios que me protegen. Algún día alguien me la va a poner, por atrás. De frente nunca nada. También te debo aquello de “en la cara”. En la virtualidad somos todas denunciadoras, divulgadoras de rumores, difamadoras. Vivo a la vera de todo, al margen. Simplemente no pienso como el resto. Ni vivo. Ni amo. Ni siento. Como el resto. Mi cabeza, en la picota, tiene precio. No nos decidimos si me nombran el sex symbol o la enemiga pública de este pueblo. Mi mera existencia es la comprobación de que otras viven mal, pueden poco, de que hay otras posibilidades que muchas no han tomado ni tomarán por el mero hecho de no quedarse solas. Soy la excepción a la regla que sería más conveniente sacrificar en el altar de las malas víctimas que sostiene la buena conciencia. Psicótica es el epíteto con el que algunas hacen referencias a mí cuando otras, en otras regiones donde se me odia menos, preguntan por mí. Hay otros aun mas fuertes. Me siento Asterión. Una mezcla de imbécil con quimera epifánica mitológica más allá de lo humano. Un monstruo. Llevé más lejos el antiguo “Nadie es profeta en su tierra”. A mi se aplica un “Linchamiento público por el bien de todas” sin que nadie se inquiete ni se ofenda. No solamente desean mi daño. Otras muchas se confabulan para llevarlo adelante. Que alguien se encargue. Y como machos, instigan a quien me viola a seguir violándome. Como debería haberme muerto, no se me perdona que sigo viva.
Sin embargo, me niego a ser víctima. Sé que no hay nada ahí. Hace tiempo que no guardo valores, como me enseñó justamente alguna que otra feminista, no solo en mi vagina sino tampoco en mi ego. Prefiero ser perseguida. Hacer de ello una política. Que digan lo que quieran. Que hagan contra mi lo que quieran. No ponerme de rodillas no significa no adoptar la forma más cínica para poderla zafar. No trabajo en pos de la verdad. Flexible y elástica, como la elegancia del jiu jitsu. Flexibilidad y rapidez como la bestia animal que soy. No les pertenezco y por muchas redadas que me hayan tendido todavía no han logrado alcanzarme. No es el feminismo quien nos deja tirada, aunque le tengamos que despedirnos. Son las feministas que no han dejado -no podrían- dejar el mundo humano. No obstante lo que soy me lo han enseñado esas teorías y esas políticas y esas prácticas. Afirmativamente atreverme a decir soy más y soy muchas, soy legión. Imperdonable el instante aquel en el que una de nosotras deja el espacio de las iguales y las comunes para destacar. Hay que bajarla de un tiro de ser posible.

Como no soy tu ídolo ni tu estrella favorita de rock. Como no quiero un millón de amigas y como buena parte de lo que se hace no me interesa porque me intereso más yo y mi mundo produzco lisa y llanamente ira. Esa Ira azuza el fuego de la pira donde cuando puedan intentarán quemarme.

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