lunes, 29 de agosto de 2016

Los exitoso no tenemos fans, ya lo dijo Melero

El viernes se hizo la variete de las putas. Y fue un éxito porque se llenó el lugar y fueron muchas abolicionistas supuestamente paquequeras, dadas vuelta, que se están repensando, según dijeron.

¿Fue un éxito? ¿Es un éxito que se hayan apersonado tantas y tantas personas que intentaron hacer todo este tiempo no solo imposible nuestras vidas con sus prácticas abolicionistas de mierdas sino artivistas (así se le dice a esa mezcla ahora de artista con activista que no sabe hacer ni una cosa ni la otra) que han ganado dinero, fama y prestigio recibiendo fondos internacionales con supuestas performances y acciones llenándose la boca con la equiparación a trabajo sexual a trata (aún recuerdo cuando me negué a aceptar la invitación de la señora recolecta al camino de trata en el microcentro por famoso grupo feminista radicalisimo y escencialoide)? Personalmente sentí una mezcla de miedo y paranoia intensa. Al fin de cuentas todas sabemos de qué son capaces las abolicionistas

Creo que a veces hay que pensar como lo haría una persona que vive en Palestina, al fin de cuenta la tierra de las putas es una tierra ocupada por los órdenes hegemónicos de las potencias del bien y la moral. Imaginemos que una grupa local hace una varieté para juntar fondos para la lucha contra la ocupación del estado genocida de Israel y llegan a la fiesta un montón de personas del bien de las agrupaciones sionistas porque se están repensando, gente que ha ganado desde viajes, becas, oportunidades, notas en los diarios a punta de justificar lo injustificable. ¿Qué harían las personas que organizaron la fiesta? ¿Se alegrarían del repentino cambio mágico y maravilloso de estas personas confundidas que ahora según parece entran en razón? ¿Les invitarían a expresarse publicamente? ¿Les invitarían a retirarse?

En el mundo de la moda pasa algo similar al mundo de la política: hay buscadores y marcadores (índices) de tendencia: lo in, lo out, lo que viene, bla bla bla. Porque como dice López Petit, la democracia es solo la articulación entre el Estado-Guerra y el Fascismo Posmoderno (fuerza ecuménica de choque tipo topadora que aplana toda singularidad). Habrá quienes estén buscando siempre cuál es el último grito de la moda del feminismo hoy, habrá quienes crean que pueden usar ese repentino interés a favor de sus reivindicaciones, y habremos quienes creamos que lo mejor es estar definidas por nuestros No: dejarse caer, preferir no hacerlo, desistir, decir que No, opt out, negarse. Porque si algo ejecuta el Fascismo posmoderno es neutralizar la política evacuando todo conflicto por medio del consenso más opresivo sobre la apariencia ecuménica del respeto, del cambio y de la hermandad donde podemos estar todas juntas sin arrugas, sin disenso, mediante el todo bien.

No creo en los milagros. Nace macho queda facho. No estamos hablando de jóvenes y despistadas muchachitas que de repente se sensibilizaron. Estamos hablando de gente cruel, ladina, sin escrúpulos que se enriqueció siendo abolicionista y ahora se va dando cuenta que si quiere seguir haciendo platita ni quedar como una tremenda burra tiene que empezar a arrimarse para donde va la tendencia. Ya lo vimos pasar en el movimiento feministas con las lesbianas y con las trans.

Para ser presidente, hay que dejar de ser negra como Angela Davis para pasar a ser negro como Obama; es decir, banalizar toda la sangre afrodescendiente esclavizada por la opresión y procesos de racialización de los privilegiados en pos de llegar vaya a una a saber donde y qué se creen que hay ahí, por la paz.


Como yo creo que las complilcidades se tejen de otras maneras y con otros modos, otros cómos, es tiempo de la retirada ofensiva como dicen los Tiqqun, seremos nadie, pero mi capital es la consistencia, es decir, tener también el timing para saber cuando salir (como en el kick boxing que no es todo el tiempo palo por palo).

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