miércoles, 9 de marzo de 2016

Panegírico

Hubo un tiempo cuando creía en la escritura como quien cree en dios. Creía también en esa época que la sexo siempre excede los cálculos del poder y que la libertad tanto de expresión como de puesta en común era no solo posible sino vox populi.
Hoy no tengo ni el derecho a la tristeza, mucho menos la escritura, la libertad o la creencia de que la marginalidad surja nada más que propietarios, dueños de fundo, estancieros, señores feudales con derecho a pernada.
No soy ni he querido ser madre ni hija de nadie.
No soy esposa ni hermana de nadie.
Quienes así me llaman, solo utilizan una figura retórica. Metáfora.
No tengo pasado ni muertos a quienes llorar.
Se me exige continuidad en la vida. Eterno presente.
Mis amores no son ni los padres ni las madres de nada mío.
Nadie llama cuando alguien se pierde en mi vida para darme ningún pésame.
Nadie hace una tregua y trata de ubicarme para ver cómo estoy.
No tengo amigas ni amigos de la infancia.
No me he casado, ni lo haré.
Ni padres adoptivos con quien enojarme. Con los míos, biológicos, hemos hecho las paces como esas gentes que se sueltas sin dar demasiadas.
No me es lícito llorar a las muertes ajenas. Al no ser mías, lo único que se me permite es sostener la tristeza, o el rencor, o la pena, que no me toca. Se espera de mi que sostenga las muertes ajenas, como una actriz de reparto, o una enfermera existencial.
Obligada a existir sin derecho a pérdida. explicaciones. Simplemente no nos frecuentamos, y lo bien que hacemos.
Perder es algo que ostentan en mi rostro quiénes tienen algo. Vínculos o cadenas, la sangre es todo.
¿Cuándo es ahora? ¿Cuándo mi momento?
Todo lo mío puede ser interrumpido, jamás tiene la relevancia del parentesco porque no está inscripto en nada o nadie.
Quisiera poder llorar a algún muerto, aunque tuviera que contratarlo. Puedo pagarlo. Contrataré un difunto para saber a qué sabe el dolor que solo puedo sentir de manera transferida, por alguien más, en tanto no sea yo, puesto que solo poseo el azar.
Detesto el asqueroso contagio, el pringue que se adhiere a la piel de la tristeza casi tanto como la incapacidad de celebrar la epifanía.
¿Estoy sola acaso? Esta vez, sí.
Malditos y malditas hacedores de este mundo que disfrutan de lo que otras producimos como consumidores de nuestra miseria solitaria mientras verifican en rituales de manual lo que es poseer.
No es que me moleste ser una desposeída del afecto puesto que eso en parte lo he deseado; sino el carecer del derecho a llorar a quienes no tengo. Ser la ciudadana de segunda de las emociones que no me corresponden por derecho natural.
Inmunda hemoglobina mancha que traspasada en la mentira de los fluidos de gente carroñera en busca de ventajas, que confunde un exceso hormonal o una noche de juerga con amor y no acaba afuera, o peor: se inyecta semen.
Prohibido todo sentimiento más que el de ustedes, pútridas cadenas de sangre.
Maldigo el mundo que les pertenece y aplanan relegándonos al sitio de sus sostenedoras o acompañantes terapéuticos que no han pagado.
Leen, oyen, escuchan, cantan, bailan a quienes nos colgamos producto de la soledad donde ustedes, escorias familiares, nos han depositado como fotos añejas, soledad que gestan e incuban con su esperma de mierda en úteros estériles henchidos de pañales fermentando con su propia mediocridad.
Se reproducen.
Maldigo, insisto, porque hacen del mundo esta broma de mal gusto donde solo ustedes ríen y nos condenan a vivir como bufones para alegrar sus cohortes. Somos los payasos de sus abúlicas vidas caterva de glóbulos rojos y viscosidades blancas despreciada repugnancia mía y asco.
Ojalá muera pronto para no tener que soportarles jamás.
Permanezcan con su mundo y sus árboles genealógicos navideños, permanezcan con sus regalos bien envueltos como niños rechonchos e inescrupulosos que ustedes encuentran maravillosos.

Les detesto en cuerpo todo y espero vivan largas vidas mutilándose con sus amores de parentesco, incapaces de nada que no lleve sus restos genéticos, progenie y prosapia que colabora en la fétida tarea de reproducir su hediondez.

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