lunes, 11 de mayo de 2015

Nosotras parimos nosotras decidimos: La actualización del mito de Meda en Adriana Cruz



para Adriana Cruz, que no podrá escapar a su destino trágico
y cuyo nombre es menester recordar siempre, incluso pese a ella misma.


Medea

La noticia consterna a la audiencia. Algunos se rasgan las vestiduras, otros imploran, todos acusan, hasta la implicada en el hecho. Ya está dictada la condena de antemano. El juez se atreve a pedir perpetua en los medios.

Una mujer, brasilera radicada en Argentina desde hace 16 años, de mediana edad, clase alta y guapa, se auto-inculpa frente a a las cámaras de televisión sobre el asesinato de su hijo de 6 años, cuando la fuerza policial la saca esposada de su casa de barrio privado. Para “cagar a su padre”, dice en cámara, cuando explica por qué lo hizo.

¿Por donde empezar a desovillar la bola de horror que se nos arroja con total virulencia a la cara?



Dejarse caer



Norita Dalmasso y María Marta García Belsunce, solo por recordar dos de las más renombradas en los últimos tiempos, nos traen a la mente la brutal paradoja de la mujer ateniense del siglo V: aquello que más la incluye en la sociedad, más libertades te resta. Adriana Cruz también vive en una casa de un barrio privado.

Mientras las mujeres atenienses, las únicas que parían ciudadanos atenienses (como dijo la congresista chilena Ena Von Baer “las mujeres prestan el cuerpo” al niño que viene al mundo a nacer), vivían en un estado de reclusión total. Para las de las clases bajas y las mujeres no atenienses (porné y/o hetaira) el confinamiento debe haber sido difícil, ya sea por falta de esclavos que realicen las tareas del afuera (ir de compras, por ejemplo) ya sea por falta de kyrios (guardián encargarlo de mantenerla “protegida”, nexo con el exterior). Estas otras mujeres sin derechos se manejaban “solas”.

¿En la era post-Blumberg, qué estará pensando la clase media que desea progresar al referirse a la la inseguridad?

¿Cuándo?

Eurípides logra que su tragedia Medea, su segunda obra, se represente en el año 431 a.C. En aquella oportunidad,  no ganó la competencia, quedó en tercer puesto, una constante que se repetirá a lo largo de su carrera, consuelo paradójico para el tragediógrafo más popular y famosos hoy día si tenemos en cuenta que la tradición manuscrita de transmisión de textos antiguos lo benefició con la gracia de conservarle más textos que a Esquilo y Sófocles. El resto de los dramaturgos ni sobrevivió.
El mito de Medea, cuyo nombre aparece documentado en Teogonía de Hesíodo, surge en el marco del ciclo de héroe de Jasón, su esposo, a quien conoce y de quien se enamora cuando éste viaja a su país la Cólquide, a robar el bellocino de oro.
Según el historiador Pausanias, sus hijos fueron lapidados hasta la muerte por los habitantes de Corinto como castigo porque Medea asesina a la novia princesa con quien se desposará su marido tras abandonarla a ella. El motivo del asesinato de los niños o mitema, mínima unidad en la que un mito puede descomponerse, parece haber sido incorporado por “contaminación” con el mito de Procne y Filomela.

Lanam Fecit. Tejía

Proce y Filomela son dos hermanas griegas. La primera es obligada a casarse con Tereo, un bárbaro aliado de su padre, como poco más que botín de guerra. Vive desde ese casamiento en tierra lejana pero no puede olvidar a su hermana, a quien quiere profundamente. Sororidad. Ruega a su marido que la traiga. Él accede y trae a Filomela (nombre que significa ruiseñor en griego), pero antes de que ellas se re-encuentren, Tereo la viola, y para que no hable, le corta la lengua y le entrega un telar (dispositivo por definición de sometimiento de las mujeres en la antigüedad) para que ocupe la mente y las manos mientras lo espera entre violación y violación. Procne queda convencida de que su hermana fallece durante el viaje. Filomela teje el acontecimiento y lo hace llegar a la reina Procne quien descifra la tela, medio privilegiado del relato; rescata a su hermana, y juntas plantean la venganza. De repente, oh fatalidad del destino, Itis, el hijo pequeño producto de la relación entre Procne y Tereo, ingresa a la escena. Y su madre no duda, como Romina Tejerina, ve la cara del padre, el violador. Mata y cocina a Itis, y lo sirve en una cena especialmente preparada para Tereo, que gustoso devora el manjar.
Tejer, la sabiduría femenina al servicio del oikos, el hogar, de donde saldrá nuestra palabra economía, la ley del hogar. La tela tejida, el regalo de bodas con el que Medea comienza a destruirlo todo. El tejido de Aracne denunciando a los Olímpicos y sus vejaciones, contra Palas Atenea, diosa civilizatoria que regala a los varones el telar para mantener ocupadas en la casa a las ansiosas mujeres.
El las tumbas romanas cuando una mujer ha sido decente, honesta y buena figura «lanam fecit», tejía, quien teje mantiene la mano ocupada, y la mente también contando las vueltas del huso.

La confesión

Demóstenes afirma «Tenemos hetairas para nuestros placeres, concubinas para servirnos, esposas para nuestra descendencia.»
Tales de Mileto, a través del relato de Diógenes de Laercio en Vidas de filósofos comenta «Agradezco a los dioses por haber nacido humano y no animal, varón y no mujer, griego y no bárbaro.»


El padre, la madre y los hijos


Medea (y todas las filicidas) engloban simultáneamente tres características definitorias de lo execrable: femenidad, animalidad, barbarismo. El caos que ellas encarnan trastoca el orden heteronatural del parentesco propio de la masculinidad hegemónica que representa Jasón y todo padre. Jasón necesita a sus hijos para asegurarse la descendencia. Son los hijos varones los que transmiten hoy los apellidos, y ayer los encargados del culto a los ancestros. Con el asesinato, Medea pone fin a su estirpe, y se asegura que nunca más nadie entregue a su hija en matrimonio para que Jasón vuelva a reproducirse. ¿Quién casaría a su hija con Jasón estando Medea con vida? Medea no es castigada en el mito. Por el contrario, escapa, con los cuerpos de sus hijos en el carro de su tío, el Sol, y luego se casa con el rey Egeo, con quien volverá parir.
Medea aniquila el ámbito doméstico que es propio de la mujer y resiste el papel de pura reproductora del linaje de su esposo, respuesta reactiva a la exclusión/seclusión de las mujeres en Atenas en el siglo V. Ella transgrede la noción misma de la moral imperante como reacción a la opresión y a la humillación recibida. Objetivamente su matanza no es mayor –ni peor- que la del héroe épico promedio, de hecho, su violencia es asistemática y privada.
En la antigüedad clásica, donde las Espartanas hacían volar por el monte Taigeto a los hijos defectuosos para ser  guerreros útiles, donde los niños podían ser expuesto (abandonados) en las calles sin más por sus padres, donde solo las mujeres tenían control absoluto sobre la reproducción y la parición de la prole, y el aborto llegaba hasta el momento de parir, donde una parturienta podía elegir en complicidad con quienes la asistiesen en ese transe o sola, si el bebé vivía o no, que una madre asesine a un hijo no era motivo para que nadie se rasgue las vestiduras.
El instinto maternal, mito sobre de la modernidad y pilar fundamental donde se asienta hoy el heterocapitalismo. Al fin y al cabo, si parir y ser madre fuera tan divino, no habría 42 % de abortos sobre nacimientos totales, al año.


La Herencia


En el mundo antiguo, los hijos, que solo son del padre, cargan con las culpas de sus progenitores, generación tras generación. La raza tebana descendientes de Layo así lo demuestran: de Edipo a Antígona, ninguno queda en pie. El único crimen lo cometió el abuelito que no tiene mejor idea que violar las leyes de hospitalidad, y abusar del hijo de su anfitrión.
En el mito grecolatino, las culpas se castigan, la ley es divina. Trabalenguas mítico: Clitemnestra mata a su esposo, y su hijo Orestes debe vengar la sangre, su sangre, derramada. Hijo pródigo y ejemplar atrapado en la tragedia de tener que matar a su madre para vengar a su padre, a su vez, asesino de su hermana Ifigenia. Solo el “milagro” divino lo salvará luego de la venganza de las Euménides, que castigan los crímenes de sangre por el asesinato de su propia madre.
Insistimos en esto: Medea no es castigada por los Dioses porque no comete ningún crimen. Por el contrario, su acción le ahorra a sus vástagos una condena en vida, lavando las manchas que sus padres adquirieron, por eso los dioses no accionan contra ella. Medea sabe que la vida futura de sus hijos no será vida, casado Jasón nuevamente, y ella lejos, con esos progenitores como toda prosapia, esos hijos ya están muertos.

Si los hijos son del Estado a través del padre, si la madre cede su cuerpo cual receptáculo y lo presta para que la vida se reproduzca, matar a esos hijos, casi podría ser pensando como un aborto retrospectivo, un acto de empoderamiento de la mujer, una apropiación del poder.


El siglo de Pericles


Pericles, pese a tener una esposa atenienese, como correspondía a un hombre de su posición, pasó una buena parte de su vida adulta (20 años) con una junto a hetaira, Aspacia de Mileto, con quien tuvo un hijo. En el año 451, sanciona una ley que suprime la ciudadanía de los hijos que las mujeres extranjeras tuvieran con ciudadanos atenienses. De ahora en más, para ser ateniense hay que nacer de padre y madre atenienses.
20 años después, para cuando Medea llega a escena, el público de Atenas sabe perfectamente bien que la pretendida situación de igualdad -prometida por Jasón- de los hijos de una extranjera con respecto a otros nacidos de una madre griega es una mentira. Jasón, una vez más, la está usando, y especula qué le conviene a él.



La decisión de Sophie


Una madre con un niño y una niña. El nene como de 10 máximo, la nena 4, tal vez. Los tres esperan para ser subidos a un tren que los llevará a un campo de concentración, un tren común, un destino común, una fosa común. Fatal el destino que le lleva a esa madre hermosa a tener que lidiar con el sadismo de un oficial de alto rango de la SS. El milico le dice que le cree cuando ella alega, suplicante, que no es judía, que es un error, que es alemana, que no deberían estar ahí. Y como le cree le permite elegir a uno de sus dos hijos. Ella no puede y no quiere elegir, se niega a hacer lo que le piden, se ofrece ella misma como víctima, se sacrificaría por sus hijos, pide por favor que los salve, que ella toma su lugar. El nazi da una orden y un soldado arranca de las manos de la mujer a los niños. Entonces, la madre, presa de la desesperación grita: Llévense a la niña, déjenme al varón.
No recuerdo cómo termina la escena y no me he atrevido nunca a volver a ver esa película que tan profunda impresión forjó en mí. Mi recuerdo duda si entonces dejaron al niño o si prosiguieron llevándose a los dos. Lo cierto es que Sophie sobrevive a sus hijos, después de terminada la guerra, y debe vivir con su decisión el resto de su vida. Y casualmente, elige al varón...

¿Qué significa ocupar el mismo verbo para un hijo (o dos) que para una casa o un coche?
Somos nuestros propios hijos, en perpetua posesión, como botín de guerra por el poder de progenitores dementes dentro de un régimen de opresión.


Nosotras
¿Cuál es el precio que se paga por la autonomía radical sobre nuestros cuerpos cuando en vez de una línea de fuga bien por fueras de las lógicas de la heterosexualidad como régimen político, se reactiva y reacciona contra ese poder? Yo los parí yo los mato, parece gritarnos Medea a todas las filicidas, bajo cuyo arquetipo hoy somos leídas. Ella es poderosa, desestima la lógica falocéntrica de Jasón, se eleva por encima de él y como una divinidad furiosa, lo castiga, lo obliga a vivir muerto, a no tener quien lo honre posteriormente, le demuestra que él es completamente impotente para impedirle que se lleve a sus hijos. Medea le demuestra que ella tiene el poder, e intenta, con el asesinato de sus hijos, recuperar la virginidad perdida y volver al viejo orden perdido, el de su tierra natal, donde empezaron los asesinatos y las traciones, por amor a Jasón.
Medea apunta más allá de la posibilidad que surge cuando se encuentran los límites de las políticas de la representación. Se apropia del último recurso que le resta, el último bastión para ejercer la autonomía, y la soberanía, pero por dentro de las lógicas que Jasón delimita, no él, sino el régimen que él encarna. Ella retira de la mano del control paterno, sin duda, a sus hijos. Pero es incapaz (¿quién podría serlo?) de trazar una línea por fuera de esas lógicas totalitarias que el varón tiene sobre la disposición de estas vidas, de todas las vidas, incluso la de ella misma. Una trayectoria que le permita conservar a sus propios hijos, tal como ella le expresa a Jasón.
Autonomía: falacia del pensamiento que siempre se construye dentro de un orden dado por un sujeto, efecto irrestricto y privilegiado del poder, que se empodera.
La tragedia no puede ser re-escrita, banal pensar qué podría haber hecho ella y todas. Sin embargo, Medea nos alerta: es menester construir líneas de fuga, devenires, por fuera todo poder heteronormativo.

Amo Amor

Eris, la discordia, no es invitada a las bodas que Zeuz planifica para Tetis, con Peleo. ¿Quién invitaría a la discordia a una fiesta feliz? En venganza, esta diosa trama un plan: crea un concurso de belleza (las divinidades también son femeninas y superficiales) para la más hermosa de todas. Palas Atenea, Hera y Afrodita compiten. Paris Alejandro, el troyano hermano de Héctor, es el juez. El premio: una manzana. Pese a lo que vulgarmente suele creerse, no gana la más bella sino la más astuta. Afrodita es la única que comprende a su juez y oferta lo que es necesario: a Paris no le interesan ni guerras, ni territorios, no le interesa la gloria de la masculinidad hegemónica griega en lo más mínimo. Afrodita le ofrece una vida de placeres con la mortal más hermosa del mundo. Paris no lo duda, y dictamina que el galardón le corresponde a ella, la diosa del Amor. Hay un problema en la ejecución de la promesa: la mortal más hermosa ya tiene un dueño. Helena entonces es sustraída de las manos de su marido y llevada a la cama de Paris, desencadenando la guerra de Troya que dura casi 10 años y termina con la caída de la ciudad sitiada.
Desde entonces las mujeres estamos sometidas al dispositivo de subjetivación más potente que se haya creado jamás y como valijas somos llevadas de una casa de un varón a otra sin dilación, permanentemente enamoradas.
Amor: una enfermedad, pasión desenfrenada, vulnerabilidad absoluta -del latín vulnus, herida o tajo- con la que se subjetiva a las mujeres, especialmente a las jóvenes, para dejarse arrastrar hacia la muerte.


Indubio pro reo

Para el juez la mujer "se valió de la indefensión de la víctima para provocarle la muerte", detalló una fuente judicial al diario La Nación.

“¿Lo mataste para vengarte de tu marido?”, preguntó el periodista de televisión. "Sí", fue la respuesta contundente de Adriana Cruz. “Para cagarlo”.

"Psicópata, manipulador, mentiroso”, pintó en las paredes de la habitación con baño en suite, donde dentro del jacuzzi, ahogó a su hijo. Un mensaje para su hija mayor decía que se tenía que salvar, que se independice, que tenía que ser “ella misma”.

No se ha detectado “ninguna patología psiquiátrica de base" en la mujer, razón que lleva al fiscal Heredia a pensar que "estaba en su sano juicio en el momento de cometer lo que cometió”.

La voz del periodista agrega: “la madre no mostró arrepentimiento...cuando esperamos encontrarnos con una mujer vulnerable escuchen lo que dicen vean las imágenes.... fue muy impactante porque vos esperás encontrarte con una mujer quebrada, arrepentida, pero me encontré con una persona resentida que esta más bien enceguecida por el odio a su ex marido que por el crimen que cometió...nos encontramos con una mujer fría que no estaba quebrada por la situación.”


Madre Ejemplar

Maru Botana es la más famosa de las respoteras de la Argentina, horneando tortas forjó un imperio. Rubia, hermosa, siempre joven, de rulitos, simpática, alegre, parió más de 8 hijos del mismo padre.
En el 2008 uno de sus hijos muere a los 6 meses, del “síndrome de muerte súbita”, mientras Maru, que “siempre exhibió su devoción por la maternidad” y vivía cada “con mayor felicidad” esquiaba en el lujoso resort Las Leñas. El pequeño bebé Facundo estaba a cargo de la abuela. Una mujer somete a otra de generación en generación. Así, cualquiera puede.
Maru expresó en una nota a la revista Pronto: “Siento que nací para ser mamá. La maternidad viene incorporada a mi de manera natural, está en mi ADN... Para mí, tener una familia numerosa no es demasiado trabajo. Ser madre no me quitó mis espacios. Jamás cambiaría una hora de spa por un tiempo de juego con mis hijos. Yo elegí esta vida y soy feliz así”, es una de las tantas afirmaciones que respaldan el estilo de vida de Maru, quien hasta el nacimiento de Facundo vivió embarazada más de la mitad de los últimos ocho años.
Maru Botana gracias al séquito de esclavas que, abnegadamente y por dinero también, como tantas otras de su misma clase social, por ejemplo Juanita Viale, la ayudan a no sobrecargarse con los engorros de la maternidad, permanecer bellas, parir muchos hijos, que otras criarán y cuidarán, tener 4 locales de un servicio de catering para una ciudad de 5 millones de habitantes, y un programa de televisión, escribir libros de cocina, y tener sexo con su marido, sin que un rulo de su dorada cabellera se aje.
Otras, menos perfectas, y menos asistidas, entramos en crisis que de la mano de Freud se llaman histéricas, por un taza fuera de lugar.
Maru, el ejemplo para todas nosotras de que ser madre es lo mejor que te puede pasar en la vida, y que incluso con tantos hijos, se puede ser hermosa, delgada, esbelta, regia, espléndida, saludable, sin arrugas, sin maquillaje, sin cirugía plástica, y desarrollar una vertiginosa carrera económica, especialmente si nos dedicamos a alguna actividad tradicional, como cocinar tortas, sin perder la compostura, y la simpatía.
Maru, el modelo de familia feliz a seguir por todas nosotras, su sonrisa contagiosa parece decirnos “querer es poder, no hay por qué resignar nada”.
Maru, la promesa más acabada del heterocapitalismo al cual toda mujer hetero o no hoy aspira llegar.
Pero a Maru también se le mueren los hijos, oh casualidad, cuando los cuida la abuelita...y ser madre es algo tan hermoso que muchas mujeres pobres se perforan el útero con agujas de tejer con tal de no volver a parir ni una vez más.



El desafío

Leer el mito desde su narración trascendental, que nos remite a un presente político y a los griegos, en el mismo gesto. La historia que narra el mito desemboca en el presente, el de los griegos, y el nuestro.

Sin embargo, nuestro tiempo es obcecado, y visita el mito antiguo, con la indignación del presente, donde el filicidio es la peor de las afrentas al orden heteronatural, porque nada es más sagrado que el amor maternal que sustenta la dieta reproductora del heterocapitalismo, nada es más sagrado que la vida, que se sostiene, fundamentalmente, sobre las madres que la dan.

Si se logra retornar al mito sin las categorías del presente que no es lo mismo que decir sin las armas que hoy conocemos, el mito todavía nos habla. Pero lo que dice es un llamamiento: está dirigido a quienes aún pueden oír.

Medea habla claro desde Eurípides hasta hoy y nos advierte sobre el empoderamiento, o la toma del poder, dentro de las lógicas que se vienen a combatir. Especialmente, sobre el amor, por un varón (o por quién sea) como único sostén de la vida de un cuerpo biopolíticamente asignado a la violencia de género llamada mujer.

martes, 5 de mayo de 2015

Entrevista a Leo Silvestri por Florencia Arriola

“Creo que el feminismo, de seguir así, un día estará en contra del aborto”

Leonor silvestri, escritora
11106458_974755552537219_1089877854_n
Florencia Arriola
Supo intentar ser especialista en filología antigua y, aunque ha vivido muchas muertes en su existencia, hoy se dedica a dar clases en su casa como una sofista en la antigüedad. Poco humana y radical, deconstructora del amor romántico y destructora de la heteronorma, Leonor Silvestri hace poesía, escribe, practica deportes de combate y baila dancehall y reggaetón. Así es como se empodera y se reinventa mientras busca nuevas formas de afectación más potentes que dejen a un lado el heterocapitalismo.
¿Quién es Leonor Silvestri?
Pues no hay un quién sin un cómo. Leonor Silvestri es un personaje conceptual que, a través de ese nombre parlante, dinamiza ideas y conceptos que suelen incomodar. La verdad no suelo preguntarme acerca de los quién y los por qué, sino de los cómo. Te puedo decir que me siento poco humana, más cerca de una plataforma orgánica conectada a lo animal y lo cyborg,
¿Cómo empezó tu activismo y militancia?
Al vivir en una familia cuando me di cuenta que mi hermano recibía un trato diferencial (risas). La verdad no me considero activista y militante jamás, que viene de miles, en latín soldado. Pienso que soy una escritora de poesía y ensayo que hace filosofía. Alguien que no solamente entrega armas para pelear en esta guerra, sino que intenta construírselas para su propia existencia cotidiana para vivir hoy como se supone me gustaría vivir mañana.
Dejaste la universidad…
¿O ella me dejó a mí? (risas). La historia es vieja: mi profesora de grupo de investigación de latín me dijo que tenía que elegir entre mi visibilidad de activista LGTB en ese momento y una carrera académica, y elegí. Afuera me encontré con un mundo donde me gusta más vivir. Me siento mejor que cuando estudiaba ahí. La universidad fue un error. Probablemente no sería quién soy y muchas cosas no sabría, pero sería otra persona, también muy deseante, que se hubiera dedicado desde siempre a lo que ahora me dedico, como los deportes de combate. Perdí tiempo, vida, recursos y fue el período de mayor sufrimiento y normalización de mi existencia hasta este momento. La mierda esa lesbofóbica me hizo un gran favor al echarme. De cualquier modo, no soy una persona que sostenga una misma identidad o actividad por siempre. He sido otras cosas en mi vida, he vivido varias muertes en esta existencia, y soy muchas personas al mismo tiempo. Lo disfruto así.
Las performances no te gustan
Hay que ver si alguna vez me gustaron… En realidad creo que me gustaba hacerlas a mí, me divertía esa exposición, ponerme en pelotas, mostrar el cuerpo e incomodar con lo que hacía con él a las personas. Hubo una vez que me derramé tanta sangre menstrual guardada durante por lo menos un día que la gente abandonó el sitio por el olor. Con el correr del tiempo no sólo adquirí una postura crítica acerca de cómo el dispositivo artista (que incluye a quienes hacen performances) reterritorializa lo peor que tiene el ego como artificio político para ofrecer desde celos hasta propiedad privada, pasando por sentirse superior y, al mismo tiempo, toda esa insensata exposición de un YO me dejó de divertir e interesar, me aburrió. Especialmente la performance que suele ser, en la mayoría de los casos, ya no una experiencia del acontecimiento -puesto que no acontece nada-, sino una foto bien tomada cuando mucho, a veces ni eso. Creo que la performance en la actualidad, excepto alguna honrosa excepción, pertenece al dominio de la fotografía, quienes hacen performances suelen obtener mejores imágenes fijas para colgar en alguna red social o agregar a su página que conmover a nadie o estimular las potencias de nadie, ni siquiera las propias. Pero en general, son becarios y becarias de universidades o gente que aspira a eso.
Los honores, finalmente, captan el espíritu a tal punto que hay que estar atento sin cesar al juicio de la plebe, adaptarse para ser reconocido en Spinoza o la prudencia, de Chantal Jacque.
Tu relación con el cuerpo ¿campo de batalla o máquina?
A la batalla se lleva una máquina ¿no? Una espada, una catapulta, un palo, un labrys, un ariete, una servatana, un mortero. Cada batalla tiene su tecnología con la que pelear. Si el cuerpo es simplemente territorio de saqueo, disputa y conflicto, si el cuerpo no puede ser más que el lugar donde se libra la guerra, entonces no vamos a tener con qué ganarla ni con qué oponernos. Solo será territorio devastado, lugar colonizado, tierra yerma conquistada, esclavitud. Creo que el cuerpo es el campo de batalla donde el deseo puede librar una lucha cómo máquina de guerra, especialmente, sobre las pasiones tristes, o desempoderamientos propios del heterocapitalismo.
¿Cómo te llevas con Crohn?
Muy bien, por suerte. Ha sido el vehículo e incremento de muchas potencias. Soy afortunada, así me siento, de tenerla, y ella a mí. Una gran compañera y maestra. Escribo un diario sobre nuestra relación que se conoce bajo el nombre de Games of Crohn y en breve saldrá un documental que hemos hecho sobre una posible vida con Crohn. No veo ni las enfermedades ni las discapacidades como enemigos a derrotar, sino como huéspedes o diversidades funcionales que enriquecen nuestras existencias. No soy mucho de tener novia, pero esta es claramente una. Como buena novia, me internará y me hará doler, me dañará, ya lo ha hecho, y lo volverá a hacer. Pero ésta, a diferencia de las humanas, me hace sentir viva.
¿Qué pensaste cuando te dicen que tienes una enfermedad como esta?
Como todo me costó acomodarme. Pero soy resiliente. Las veces que pensé que no podría tuvo que ver más con el dispositivo médico ya que estuve 60 días de corrido internada, 40 sin comer hasta pesar 39 kilos, y un total de 100 adentro con recaídas. Crohn en sí es llevadera, habría que ver si es una enfermedad, puesto que no tiene cura ¿no?
¿Por qué decir no a la maternidad?
En principio, porque es de mal gusto, antiestético (risas). Fuera de broma, creo que esta cuestión hay que atacarla desde varios ángulos o vórtices conceptuales aunque no está de moda ir contra el aparato del futurismo reproductivista y hasta las supuestas paladines de la subversión postporno queer hacen campaña pro maternidad.
Primero una cuestión antiespecista o cuestionamiento del antropocentrismo. Desde este punto de vista, y teniendo en cuenta cuál ha sido el resultado de esta empresa de la Modernidad llamado progreso y humanismo, no resiste el menor análisis suponer que podemos seguir reproduciéndonos, cuando la humanidad es la responsable de todos los daños habidos y por haber contra este mundo. Cuando somos por mucho hipernumerarias y ya no hay espacio para un solo ser humano más; cuando hemos perdido toda capacidad de afectación y de organización de algo que podamos llamar ecosistema en torno a otras especies sin esclavizarlas, torturarlas y diezmarlas sin pensar la nuestra como superior y ama propietaria de todas las demás, sin creer que nuestros deseos y comodidades son más fundamentales que los de una lombriz. Es decir, si queremos que el resto de lo que existe sobre este planeta, y el planeta mismo como un todo, continúe con vida, es menester que el ser humano reduzca su número considerablemente y que su subjetividad se vea modificada para dejar de considerar aquello que llamamos “naturaleza” como algo que está a nuestra disposición. Asimismo, es vital una transvaloración del proyecto del humanismo, porque la noción misma de humanismo supone soberanías sometidas, al decir de Foucault. Lo cual me lleva a la segunda cuestión, la objeción o al menos la sospecha de los deseos. Si el inconsciente es una fábrica y el deseo su producción, como parecen pensar Deleuze y Guattari; si como dice Preciado es menester cuestionar nuestros deseos, que forman parte de una producción subjetiva a escala global; si hemos llegado a un nivel de análisis donde se cuestionan hasta las formas más sutiles de agenciamiento y de deseo al nivel de la sexualidad y nadie toma por cierto y natural la heterosexualidad, no veo entonces cómo no cuestionar el deseo de maternidad, de maternar y de reproducirse. De continuar con la especie humana, en especial tal como está subjetivada en Occidente y sus zonas de privilegiado confort. Este deseo, además de que forma parte de los cálculos de producción del heterocapitalismo global cognitivo a escala de masa, me parece un error, como dijimos antes en términos de superioridad hegemónica de la especie. No comprendo los feminismos que no contemplan no solo el análisis y la crítica a los deseos (heterosexuales, como la maternidad) sino también el de integrar las huestes de reproducción del régimen heterosexual so pretexto de acrecentar las arcas de lo humano por sobre todo lo otro que existe; como si el deseo humano de un útero de reproducirse fuera más radical, importante y revolucionario que otras formas de vida y otros existentes que se ven en riesgo y sesgados cada vez que somos más humanos nacidos bajo este proyecto llamado Modernidad. Tercero, sigo pensando que el feminismo radical, especialmente el italiano, pienso en Carla Lonzi, pero no solamente, o ciertas críticas que Beauvoir realizó como “la libertad empieza por el vientre” estaban en lo cierto: quienes portamos un útero debemos cerrar la fábrica de producción del ejército de reserva de esclavos heteronormativos, desafiliarnos de las filas hetero-humanas, dejar de proclamar la unión natural y esencial útero-vida-tierra y comprender que si alguna ha podido realizar algún tipo de proyecto emancipador, por decirle de algún modo, es porque o tiene dinero, o porque tiene dinero, ya sea para no trabajar, ya sea para pagarle a otra mujer por la crianza, lo cual me parece éticamente un sinsentido en términos feministas, excepto para esos feminismos blancos y liberales. Finalmente, Lee Edelman explica en su tenaz libro No al Futuro que bajo el pretexto de las futuras generaciones a proteger (hijes queer o no queer, hijes feministas o no feministas, derechos para les hijes, etc.) se desprotege o se ataca o se desdeña todas aquellas formas-de-vida no reproductivistas que tienden o bien hacia la nada o bien hacia el aquí y ahora, y en el mismo movimiento se reterritorializa la noción del Bien y el Mal, de lo sano y lo enfermo para el futuro de la humanidad, como si la humanidad fuera algo deseable y como si nada tuviera más valor que un útero paridor especialmente el de esos artefactos políticos caros al heterocapitalismo llamados “mujer”. Ese niñx que se nos invita a proteger es el mejor dispositivo de coerción de toda un tendal de formas de organizarse sexo afectivamente sin propósito reproductivista. Creo que es filosóficamente fundamental, es decir vital en términos de existencia, crear teorías multi-especies que permitan pensar y acceder a formas de vida no humanas, siendo lo humano un territorio siempre indefinido que necesita de la creación de una otredad (un día las personas de color, siempre les animales, otro las judías, las palestinas o las gitanas, etc.) sin la cual, como la heterosexualidad, no se sostiene. Tener un devenir Shulamith Firestone porque parir es como cagar calabazas, tal como decía ella, sino porque ciertos axiomas no deberían ser solo pancarta para prólogo de libro, sino formas-de-vida.
Entonces, ¿el deseo es cuestionable y/o reprimible?
El deseo es a todas luces cuestionable, objetable y manipulable. No creo en la idea de deseos reprimidos, o deseos de Otro vs. deseos que se viven o que son propios. Esa es una teoría que sirve para hacer pasar por natural y saludable la creación, estimulación y gestión de todo un heteroimperio a escala global. Cada vez que alguien dice tener deseos “por naturaleza” un cervatillo muere de cáncer en el claro de un bosque que está siendo talado. Creo en la posibilidad de producir contra deseos, deseos que atenten contra este mundo y especialmente deseos que incrementen las potencias del cuerpo. El sistema nos quiere no solo heterosexuales y heteronormales, también nos quiere débiles, entristecidas, incapaces de sublevarnos y con miedo, compitiendo entre nosotras pero incapaces de cuestionarnos las unas a las otras.
Hablando de deseos, según Oscar Guash (La crisis de la heterosexualidad) tanto la heterosexualidad como la homosexualidad son inventos de nuestra época ya que, por ejemplo, en la Antigua Grecia no existía la homosexualidad, si no que había ciudadanos activos que dominaban el propio deseo.
No conozco la tesis de Guash, así dicha coincido con la primera parte y como especialista en filología antigua que supe ser, digo que habría que complejizar mucho más ese segundo aspecto. Pero sin duda la heterosexualidad, y su variable menor, son inventos recientes, lo mismo que “varón” y “mujer”. Y para eso nos sirve mucho el estudio de la antigüedad, tanto como el de culturas y gentes que no son las nuestras, para comprender que la heterosexualidad no tiene nada de natural ni de a-histórico.
Cuando dices “Libérate de la libertad sexual” ¿qué quieres decir?
Pues va en línea con todo lo dicho anteriormente en torno a la tarea fundamental de desconfiar de los deseos. Se sabe que mientras Deleuze trabajaba sobre las teorías del deseo, Foucault estaba más interesado en repensar un ars erotica lato sensu que incluyera no solo un hedonismo sexual, sino por el contrario cierto ascetismo sexo-político y cierta capacidad de disfrute y elaboración de prácticas en torno a las tecnologías de los placeres: desde el BDSM pasando por la comida, las drogas y la amistad como modo de vida. Sin embargo, Deleuze sostenía que no se puede confiar en el principio del placer cuando el placer ya está estratificado y segmentarizado desde el nacimiento: consideramos que cierta zona es genital y erógena porque ha sido nuestra propia progenitora la que nos ha limpiado y estimulado la entrepierna, de una manera placentera, por ejemplo usualmente se nos cambia el pañal con un algodón y caricias no con papel de lija. Es decir, el sujeto tiende a reconocer y a concebir como placer ciertas formas por encima de otras que usualmente han sido encarnadas por ese cuerpo junto con su subjetividad. No hay cuerpo a liberar en el sentido clásico emancipatorio del cuerpo, porque ese cuerpo que se nos invita a liberar ya es un producto del régimen heterosexual. Si bien creo que Foucault y Deleuze se entendían y coincidían en esta cuestión más de lo que da para saber, pienso que Gilles tiene un punto. De allí que uno de las armas de manipulación y control de aquellos cuerpos llamados “mujer” o “femeninos”, porten la genitalidad que porten, es la producción de un deseo donde nos tornemos voluntariamente, de la mano de la emancipación sexual hetero, las prostitutas impagas del heterocapitalismo: la chica cosmo, sex and the city son el ejemplo más rotundo de este tipo de subjetividad. No es que pensemos que hay ciertos deseos que no nos pertenecen o cierta posible vuelta a un grado cero del deseo, o a un deseo natural. Creemos, de la mano de las teorías de Spinoza, que esos deseos propios del heterocapitalismo no incremetan nuestras potencias ni permiten la precipitación de devenires aquí y ahora contra el régimen mismo. En el placer no se puede confiar, no es bajo punta de pistola que la mayor parte de las que portamos un cuerpo con vagina voluntariamente engrosemos las filas del heterocapitalismo, sino mediante un sistema de premiaciones, líneas duras de pertenencia, estimulación semiótica, técnica y molecular. Prefiero medir el grado de la potencia en la alegría, como pensaba Baruch, porque el placer ya se encuentra territorializado, cuando no creado, por la heterosexualidad como régimen político y su matriz.
¿De qué manera crees que maternidad y familia como instituciones controlan la sexualidad de las mujeres?
Tenemos una vedette aquí en Argentina muy turbia, no por ello menos sagaz, que dice siempre que lo único que se puede esperar de un burro es una patada. Familia del latín famulus, esclavo rústico, familia significa conjunto de esclavos. Sostengo que para crear nuevas formas de afectación habrá que crear nuevos lenguajes para habitarlas. La familia, la sangre, el Edipo, la pareja, forman parte de los grandes dispositivos de control, con una coerción subjetiva muy sutil en tanto y en cuanto es casi un insulto y motivo de expulsión ir contra ella, cuando formó parte del feminismo radical de los 70. Parece que la heterosexualidad como régimen político pega la vuelta y gana a nivel subjetivo, a la altura de los deseos, dado que no puede vencer extinguiendo las desviaciones sexuales produce deseos heteronormales incluso entre personas no heterosexuales: deseo de familia, reproducción, casamiento, pareja monogámica, etc.; e intenta convencer que cualquier “elección” que hagamos ya sea por pereza, incapacidad o ímpetu volitivo para fugar del sistema, es radical, deconstructiva y subversiva, es decir, desconoce que estamos programadas subjetivamente para tener ciertos deseos y otros no. Y en el mismo movimiento hace pasar no solo cualquier otro deseo como no legítimo o cualquier otra lucha como menos importante, aunque les jóvenes se siguen suicidando por no ser heterosexuales, sino también coloca cualquier crítica a esas instituciones (que fueron criticadas por el feminismo y las corrientes de pensamiento usualmente denominadas post-estructuralistas años atrás) en el lugar de la obstrucción, la utopía inconcebible y la violencia autoritaria contra las libertades individuales, contra la ficción de un yo que elige libremente lo que desea (aunque parece que la mayor parte del mundo desea lo mismo. ¿Será por instinto, entonces, como la migración de las aves, tal vez, que todas quieren ser madres y tener pareja?). Personalmente, yo he nacido de una familia, no se me ocurre escenario peor al cual volver, no me lo he olvidado y se me ocurren miles de cosas más interesantes que criar a otro humano.
¿Qué piensas, entonces, del derecho al matrimonio igualitario o del derecho a que parejas homosexuales adopten?
Pienso que han servido a la visibilización del microfascismo y del fascismo macro y declarado y han puesto a los enemigos en las calles y al frente: marchas multitudinarias de oposición. Se me ocurren muchas otras luchas más estimulantes para personas no heterosexuales que la integración voluntaria al heterocapitalismo y su matriz deseante. Vivo en una región de vanguardia con respecto a derechos civiles tales como matrimonio, salud de reproducción asistida y ley de identidad de género y sin embargo la misoginia, la transfobia, la lesbofobia, los crímenes de odio, el suicidio de adolescentes no heterosexuales continúa y el aborto es ilegal y la primera causa de muerte de “mujeres”. ¿Cómo no desconfiar entonces? Creo que hemos perdido de la guerra y que el mundo que Monique Wittig nos prometió con sus hordas de amantes amazonas lesbianas no esencialistas no está aconteciendo. Lo mismo que como acontece con el tema de la maternidad pienso que hay que dejar de celebrarse, darse medallas y felicitarse cuando una realiza una acción en su vida tal como casarse o continuar con los deseos de reproducir la raza humana y su hegemonía. Creo en la reducción de daños y en el detener el juicio moral, pero también creo en dejar de hacer pasar como radical o cuestionador aquello que hace que el mundo continúe tal cual está, produciendo nuevas exclusiones al incluir a antiguas y antiguos denostados. Nuestros impulsos deberían encaminarse a la desaparición del paradigma en el cual vivimos, no a hacer esta esclavitud más amena, tolerable y políticamente correcta.
La lógica del mercado en el siglo XIX llevó a algunas feministas a decir que la relación entre una esposa que no trabaja fuera y el marido que la mantenía no era muy diferente de la prostitución ¿Crees que esto es cierto?
Mi profesor de jiu jitsu, ante cualquier calamidad que te ocurre, dice: “pensá que peor es estar casada”. Creo que sí hay diferencias entre el trabajo sexual y el matrimonio. El primero puede ser autogestivo, interesante, creativo y una buena manera de ganar ingresos elevados de forma independiente, en circunstancias más o menos favorables. En cambio, no se me ocurre posición peor en la cual estar que ser la esposa de alguien. Emma Goldam, la famosa anarquista, hoy considerada feminista (en su tiempo el feminismo era pura y exclusivamente sufragista entonces las que hoy son consideradas anarcofeministas, pues no se decían a sí mismas así, para desmarcarse de las otras) ya planteaba que una trabajadora sexual vende su cuerpo por hora y a varios clientes mientras que una esposa lo hace una vez y para siempre y a un solo varón. Hoy, gracias a las compañeras por la lucha por el trabajo sexual, sabemos que no se vende el cuerpo sino un servicio, especialmente el de cumplir fantasías y deseos y que puede ser una gran manera de ganarse la subsistencia dentro del heterocapitalismo donde es mejor trabajar por buen dinero y poco tiempo que mucho y a bajo costo. Asimismo, creo que la relación que se entabla a nivel de captura subjetiva dentro del dispositivo de subjetivación y de coerción llamado pareja (sea matrimonio, sea lésbica, sea abierta) es uno de los mayores peligros a la construcción de las potencias de aquellos cuerpos usualmente considerados por el régimen heterosexual como mujeres o feminizados (voluntaria o involuntariamente), y un gran obstáculo para pensar otras formas de compañerismo, acompañamiento y apoyo mutuo por fuera de los enclaves disciplinares del amor y la pareja. Pienso que justamente si una labor fundamental amerita el feminismo es el trabajo sobre la emancipación de ciertas corporalidades a una dependencia afectiva en pos de la creación de un tendido de redes amicales y de dispositivos tecnológicos que nos permitan habitar el mundo de una manera donde lo humano no siga reproduciéndose cual plaga. Me refiero a la capacidad de incrementar las potencias de los cuerpos en su diversidad, con las asistencias y los sostenes necesarios para cada corporalidad singular, (yo necesito inyecciones de una medicación que me mantiene viva, es decir, prótesis molecular) por fuera de las territorializaciones edípicas que buscan nuevas formas de mantener las cosas en su lugar (a quién las llama maternidades subversivas ahora, pero siguen siendo lo mismo de siempre porque una gran parte de las instituciones de la modernidad, como la familia nuclear, no son resignificables ni resemantizables). En otros tiempos muchas feministas radicales postulaban que debíamos ponerle precio a nuestra sexualidad en el terreno patriarcal, que la emancipación sexual no nos emancipaba sino que nos hacía más esclavas y que la familia era una de las instituciones del patriarcado a destruir. Creo que es menester volver a esa radicalidad y dejar de suponer radicalidades donde no las hay. El dictum feminista de lo personal es político no significa que cualquier cuestión en nuestra vida es sinónimo de radicalidad, especialmente para las académicas universitarias y las artistas abanderadas de la disidencia sexual.
¿Qué es para ti el patriarcado? ¿Te consideras víctima? ¿Crees que hay que quitarse ese ‘papel’ de encima?
Pues yo también a veces me pregunto qué rayos es el patriarcado. Como la historiadora Joan Scott, no coincido tampoco mucho con las teorías que se centran en él, al menos las que usualmente se conocen y se leen por estos lares, más que como un uso claramente estratégico para visibilizar estrategias de dominación y violencia heterosexual. Prefiero hablar de heterosexualidad como régimen político, como lo hacía Monique Wittig, porque me parece mucho más insultante y ofensivo, y porque creo que el problema no es varones malos y patriarcales vs. varones buenos y anti-patriarcales sino la noción misma de cómo hemos llegado a crear este cuerpo llamado “varón”, “macho”, “hombre” que controla y es hegemónico, a veces con buenos modos y por ende, debemos agradecerles o a veces con golpizas y, por ende, le denunciamos. Todo lo que existe sobre la faz del planeta, como esa matriz heterosexual organiza todos los asuntos consientes e inconscientes y todos los existentes animados o inanimados. También rechazo la noción de víctima por desempoderante. Prefiero pensar estrategias de resiliencia, sobrevivencia o supervivencia, empoderamiento a partir de haber logrado o tenido la suerte de sobrevivir a situaciones que claramente no comenzaron con el capitalismo ni su heterosexualidad, pero que hoy son propias de este régimen y que se han convertido sutilmente subjetivas haciéndosenos carne en los deseos: el deseo de tener una pareja que nos cele, el deseo de no ser solas, que no es lo mismo que aisladas, el deseo del amor absoluto y su ideología como toda trascendencia. Como dice Joan Scott, uno de los graves problemas de las teorías del patriarcado es que no demuestra cómo las desigualdades entre géneros estructuran el resto de las desigualdades, cómo afecta el género aquellas áreas de la vida que parecen no estar conectadas con él y cómo se construyó el género. Básicamente no explica el cómo. Tanto si la dominación procede de la apropiación por parte del varón de la labor reproductiva de la mujer o de la reificación sexual, el análisis anti-patriarcal descansa en la diferencia física como dato real biológico, dado y transparente, esencial y universal.
¿Tú cómo sobrevives?
Si es que te referís a cómo pago las cuentas, trabajo de profesora, especialmente de inglés pero también doy cursos y talleres de filosofía queer y feminista y post-estructuralista, escritura, poesía, y mitología grecolatina, en el ámbito post-académico (risas). Es decir, en mi casa, para cualquiera, como una sofista de la antigüedad. O como Spinoza y salvando las distancias.
No, no me refiero a cómo sobrevives económicamente si no a cómo te empoderas tú.
Para empoderarme depende de qué quiera empoderar. Ciertamente los deportes de combate, entrenar y correr me empoderan. Sentir que soy un cuerpo que puede responder un ataque y que tiene acceso a la violencia me hace muy bien. Y después los grandes “no” o las máquinas célibes: no casarse, no ser madre, no tener hijes, no tener pareja. Más las grandes afirmaciones: el antiespecismo, la anarquía (que no son los anarquistas), el lesbianismo (que no son las lesbianas), y así…
¿Existe la sororidad?
¿Existe la “soror”, del latín hermana? No creo en los seres humanos como especie, por ende no creo en ninguno de sus vínculos. Creo en los acontecimientos, en entregarse al caos, y en el exponerse cautelosamente a los encuentros para ver si combinamos o no, para experimentar el incremento de las potencias. Creo en la posibilidad construir algo mejor que una familia y más potente que una hermana. Creo en la intensidad de lo efímero de esa construcción. Creo en el contagio pero no en la sangre, creo en la complicidad más que en el Edipo.
¿Tienes contradicciones?
¿Quién no? Lo que tengo pocas son culpa e inconsistencias; no digo algo, vivo de otro modo y no hago una panacea de mi mediocridad, aquello para lo cual soy acomodaticia no lo torno bandera. Con el correr del tiempo voy acortando la brecha entre la palabra y la acción no tanto por una cuestión de programa sino por una cuestión de incremento de las potencias: no tener hijes, no tener parejas, no vivir heteronormadamente será más difícil y hasta tal vez más peligroso pero es más empoderador y alegre. Y especialmente he dejado de esconderme de quién sea, de cualquier tipo de policía que exista por ahí queriendo marcar el bien y el mal, que no es lo mismo que lo bueno y lo malo, lo que conviene al cuerpo y lo que no conviene, y no solo a mi cuerpo sino a todo aquello existente a lo cual mi cuerpo está conectado, como una flor y el polen están conectados al colibrí.. Todo ha sido, en gran parte, mérito del paso del tiempo. Te va importando todo cada vez menos.
¿Las cuestionas?
¡Claro! Es una de las cosas más deliciosas examinar mi existencia y hacerla un objeto agraciado a mi propia contemplación que resulte repelente a enemigos que les deje de piedra, que sea mi Medusa. Pierdo una buena parte del tiempo autoanálizandome, observándome, cuestionándome, puliendo la piedra. Haciendo de mi existencia la existencia que deseo.
Te gusta bailar reggaetón ¿por qué es compatible con ser feminista?
Igual que bailar ballet clásico, hacer boxeo o gimnasia artística. De todas maneras si el feminismo es compatible con las madres, el abolicionismo del trabajo sexual, y el Estado, las presidencias, el ser blanca y heterosexual, entre otras tantas cosas, no veo por qué no podría serlo con otras cosas menos repelentes y asquerosas como bailar reggaetón, que es más divertido y menos cosificador que el amor (siempre romántico, no hay otro), o la pareja. Esas dicotomías acerca de lo que está bien y lo que está mal, son territorios morales. Es menester detener el juicio moral para producir una ética de manada, claro una manada no humana antropocentrista con lo cual habrá grandes “no” y cuestionamiento de nuestros deseos más encarnados. Creo que el feminismo un día estará en contra del aborto, si sigue por este camino, (risas).
¿Cuál es tu idea del amor?
¡La peor! Es un aparato de captura, privilegiado en nuestra civilización y el mayor inhibidor de las potencias para aquellos cuerpos asignados a la violencia de género usualmente conocida como mujer. Porque por amor se sellan los más terribles pactos: pareja, monogamia, celos y maternidad. Si el amor fuera tan maravilloso, no veo cómo es que le es tan necesaria tal cantidad de publicidad al heteroimperio. Es la subjetividad imperante del heterocapitalismo, es el Amo y esto ya ha sido dicho por un tendal de compañeros maricas en su día a Preciado y casi más fueron excomulgados de la Iglesia queer por esa objeción. Hay que irle en contra al amor, por duro que suene, para encontrar nuevas formas de afectación más potentes, formas de afectación y de armar amistad no solidarias con el heterocapitalismo. Pero qué se puede esperar si aún no circulan de manera gratuita y online la mayoría de los libros que la gente presuntamente activista y radical produce….
¿Y qué pasa si te enamoras?
Lo hago poco y bajo circunstancias especiales, y excepcionales. Como cuando estás con tantas ganas de tener sexo que igual lo haces con quién no conviene por pura calentura. No es un vicio que tenga ir enamorándome por ahí. Antes lo hacía más. He querido a algunas personas de ese modo. Y me ha ido como a todo el mundo, fatal. Cuando me pasa tengo algunas técnicas. La limpieza es la primera: tomar tiempo, distanciarse físicamente, dejar de depender, a través de dejar de pensar, dejar de hacer, deshabituarse. Todo esto redunda en la resignificación del vínculo que a veces salva la amistad de fondo que pueda haber, cuando la afinidad y el cariño son saludables, y permite una nueva entrega a un nuevo devenir incierto cuyas potencias no se conocen apriorísticamente. Y otras veces, se pierden a las personas en el mar del olvido. De todas formas las cosas no son para siempre. Prefiero otras maneras de sentir, por difícil que sea conseguirlas: prefiero el mundo de la capacidad de afectación. Y para eso se necesita soledad y un cierto grado de independencia afectiva, especialmente. No vivo así por principio, no es una cuestión de programa. Realmente creo que se vive mejor.
¿Qué proyectos tienes en mente en un futuro no muy lejano?
Además de no morirme ya mismo, estamos haciendo dos libros y tratando de editarlos, Games of Crohn, una suerte de ensayo filosófico sobre mi internación y externación por la enfermedad; y un Spinoza para feministas con la colectiva Yiya Murano, que continúa la línea de Foucault para encapuchadas de Manada de Lobxs. Quiero meter alguna pelea de kick, para que el ring no haya tenido gusto a tan poco, y participar algunos torneos de jiu jitsu, y todos los cinturones que me faltan en ambas disciplinas (lo cual va a llevarme mucho tiempo). Y seguimos produciendo material audiovisual como Quiero flashear ser Progre, y viendo si podemos filmar las encíclicas feministas del padre Leo, mi drag king. Y ver si logro realizar algunos viajes más antes de que se me agote la energía vital por completo y deba quedarme en casa leyendo todos los libros que aún no me he leído.
Básicamente, seguir incomodando ¿no?
A puro jab y fuga de cadera, perreando y twerkeando.