miércoles, 28 de enero de 2015

Aborto retrospectivo de la heterosexualidad como régimen político, una entrevista con Frieda Frida Freddy by Leo Silvestri


Hace un tiempo viajando por Brasil escuché a una joven bixa activista decir que si bien fachabuk era una mierda, como todas sabíamos, te acercaban  mundos y personas descastadas y posibles que de otro modo no conocerías debido las distancias geográficas. No recuerdo ni cuándo ni cómo empecé a reparar en los estados de Frieda Frida  (https://www.facebook.com/frieda.freddy?fref=ts) uno de los personajes conceptuales más ricos de las redes sociales, si ella me agregó a mí o yo a ella o cómo fue. Tampoco importa. La inclemencia, el desparpajo, la intransigencia de los enunciados de su praxis vital llevada adelante desde México la llena de enemistades e intolerancias que la hacen tan cara a mí, a veces creo que no nos une por suerte el amor, sino el espanto o el escarnio parafraseando a Borges. Son las marginales, las vapuleadas, las que dicen con las armas que tienen en cada momento, ya no lo que otres no se animan a decir, lo que siquiera se atreven a pensar. Desde allí y a propósito de sus talleres de "aborto autogestivo en casa" en un territorio donde el aborto es legal se nos ocurrió hacerle esta entrevista para que todas nos veamos interpeladas por ella y su manera de vivir. Sin duda habría mucho más para dialogar y debatir, pero eso quedará para la próxima. Roguemos a las divinidades que nuestra querida amiga no sea seducida por las hegemonías que a punta de halagos terminan desafilando la radicalidad para congraciarte. Gracias Frieda por tus palabras...cada día más contenta de contarnos juntas re-pensándonos y amigas.




1. Si mal no me equivoco, México fue el primer país del continente americano en legalizar el aborto. Sin embargo, vos das talleres de aborto autogestivo en casa. Me da la sensación que la situación de legalidad de México alerta al feminismo sobre este fetiche que se suele tener con las leyes, el Estado y la alianza médico-jurídica. Sin ir más lejos, acríticamente el slogan local de la buena conciencia sobre este tema es “aborto legal para no morir, anticonceptivos para no abortar, educación sexual para decidir”. Quisiera que expliques cómo ves vos este tema con respecto a las ventajas de continuar realizándonos abortos autogestivos en casa versus la confianza ciega de ciertos feminismos en las instituciones médico-jurídicas, y cuáles son tus motivaciones para realizar estos talleres y reinventar estos conocimientos.

La rancia idea de que el aborto TIENE (así imperativamente en mayúsculas) que ser dentro de un hospital y con un médico porque si no es así entonces NO PUEDE SER, ¿cierto? “No está bien”, te dicen, “es sumamente riesgoso, qué irresponsable, no, no, no, muy mal”...

Y fíjate, es rancia porque es una idea falsa, qué digo falsa, ¡es tramposa y manipuladora! Alimenta esa falacia buenrollista, polite y muy del activismo progre derechohumanista victimizante, maternalmente arropador; le hace el caldo gordo al Estado, al progresismo bienpensante, redentor, salvador, único, verdadero; repito: falso.

A mi esa frase pedorra que mencionas me da nausea y urticaria, es como si la dijera cualquier señora burguesa católica que se las da de incluyente, consciente, leída y académica, pero no deja de alzar el dedo rector y misógino a la menor provocación. Se asume que cuando te dan educación sexual ya no tendrías que embarazarte jamás, porque ya lo sabes todo y sabes cómo “cuidarte”, entonces si te pasa será “por tonta, por irresponsable”, ¡porque tú lo sabías y mira lo que te pasó! Culpabilizando con ello, otra vez, una vez más, para no variar, a las mujeres. Además, ningún método anticonceptivo es cien por ciento seguro, ni uno. ¿Por qué se asume entonces que si usas alguno no tendrías que embarazarte? Muchas quedan embarazadas con el DIU puesto o el implante. Y por último, eso de aborto legal para no morir, bueno, qué te digo Leonor, la creencia generalizada que los hospitales y los médicos salvan vidas y son dioses, ah, y que allí todo se resuelve y no pasa nada, nada, más que el bien, ¡sí cómo no! Cuando lo cierto es que en el hospital también muere mucha gente a cada minuto por negligencia, por misoginia, porque los médicos por muy médicos que sean han sido criados y creados en este mundo heterosexual y macho, y las violencias que ahí se generan de parte de ellos y la ciencia médica hacia los cuerpos de mujeres y una decisión de aborto, son altas y muy violentas. Aborto legal para no morir, ¿viste? Por lo tanto aborto ilegal igual a muerte parece ser ahí la consigna católica y burguesa implícita. ¡Asco!

Pero nadie lo dice, nadie dice que los médicos no son dioses y también matan gente, la matan social y físicamente, y menos lo dicen las activistas derechohumanistas que viven del erario público y de las políticas que papá Estado a través de sus organismos esposos e instituciones machistas otorga. Porque lo importante será siempre salir en la foto, en portada, con el encabezado “ya avanzamos, enhorabuena, lo logramos, ya hay una ley digna, esto es un logro en la lucha”; para este activismo, igual que para la democracia y el Estado, las mujeres son sólo una estadística, un número, las cifras importan y pesan mucho más para hacer el reporte mensual y anual de la ONG y/o la asociación civil, o del periodo de gobierno. Y nada más.

Hartita estoy del cuento de que si no es con leyes que el Estado “generosamente reconoce y otorga”, no podemos abortar de forma segura, de que si no es en un quirófano todo lo demás es igual a hemorragia, charcos y charcos de sangre, dolor, tortura y muerte, ¡y pues no! De ninguna manera, ¡claro que podemos abortar en casa de forma muy segura! Muy segura.

Las mujeres han abortado desde siempre con o sin ley, y lo seguirán haciendo. Que han muerto muchas mujeres en ese hacerlo, es cierto, yo no lo estoy negando, pero no es por el proceso en sí sino por la falta de información o la información errónea sobre cómo llevarlo a cabo y la estigmatización, el miedo y la culpa que siembran sobre realizarlo en casa y no en el nosocomio. Nuevamente consumimos el cuento que la medicina y los médicos salvan vidas como con superpoderes y son los únicos que pueden hacer algo en estos (mal)llamados espacios de “salud”, ¡porque, oh, oh, tampoco es verdad!

El aborto en casa no tiene que ser con un gancho o una tiara, ni golpeando el vientre o rodando por las escaleras, como hicieran muchas mujeres al sentirse solas, desesperadas y vulnerables. Ahora ya no están solas, no tienen que estarlo. Hay que informar e informar sin sesgos y feministamente sobre cómo hacerse un aborto seguro en casa, amplia y detalladamente paso a paso, con todos los detalles alrededor, con todas las medidas de seguridad pertinentes, y también hablar y señalar la solución a posibles problemas secundarios que pudieran ocurrir durante el proceso de aborto en casa.

Así que habiendo hecho este pequeño e ilustrativo paréntesis, déjame contarte que mi taller de aborto en casa pues es, qué te digo, ¡es una monada! Básicamente se trata de desmontar esta falacia de que la legalidad es una maravilla y la “ilegalidad” así entre comillas, es horror, tragedia y muerte, ¿y cómo lo hago? Lo hago con especial énfasis en el lenguaje y toda la carga sociocultural que conlleva, porque es con la manera de nombrar y señalar cotidianamente como han logrado cimentar, reproducir y perpetuar todo este sistema que oprime y asfixia a diario, así lo han construído.

Por ejemplo, les digo que dejemos de decir que el aborto es ilegal, porque no lo es, no lo es de verdad. El aborto como tal ha estado desde décadas en la constitución mexicana, como ha estado en muchas otras constituciones del mundo también... Lo que varía son las causales, y a partir de ahí le llamamos restricción, porque eso es lo que es, restricción y no ilegalidad, por eso te decía hace un momento lo de las entrecomillas. Y como este ejemplo de empezar a desmontar el aborto desde el lenguaje hay montones más en el taller. Así empezamos las sesiones y luego encarreradas nos seguimos hablando de sexualidad más allá de la genitalidad y el coito, que es donde manipuladoramente la han sumido. Nadie te dice nunca que cogemos sólo porque nos gusta, porque nos calentamos, porque sentimos rico, y que coger no es equivalente a un embarazo, pero que si este ocurre, un embarazo no es igual a un parto, para eso hay un proceso largo de más de 35 semanas, y antes, es donde se sitúa el tan satanizado y estigmatizado aborto. Lo que yo trato de hacer con las amigas que van al taller es que tiren la culpa al inodoro y le bajen tres veces a la palanca para que se vaya lejos toda esa mierda al caño, así metáforicamente te lo digo.

Y finalmente les comparto un protocolo de aborto con pastillas. Son dos sesiones de 5 horas cada día lo que dura este maravilloso taller transfeminista, antinorma y antiestado que doy.

Nos centramos en concientizar nuestro cuerpo, hacernos fuertes, autónomas, todo eso que no le gusta al sistema; el mundo social ayudado por el onegeísmo, las instituciones y las buenas conciencias, lo que quieren siempre es que hagamos las cosas y vivamos como ellos y ellas mandan, detestan la autonomía. Yo voy por la independencia, la autogestión, nuestro empoderarnos a través de nuestro cuerpo y todo lo que acontece allí, sin seguir la pauta y la guía de las grandes, las ilustradas, las líderes, las directoras, ¿porque adivina con quienes están líadas y casadas ellas? Con el mismo Estado macho, misógino y feminicida, que nos mata.

Considero que cuando aceptas con la mano extendida lo que una ley benefactora te da, estás aceptando que te controlen y te hagan creer y sentir lo contrario, así funciona el sistema y el mundo. Y eso es algo de lo que vemos en este taller, que por eslogan dice: taller entre amigas. Las que no dejan de alzar el dedo rector y culpabilizándonos sutilmente y a veces no sutil sino directamente, esas, no son nuestras amigas. Y acá no entran.
¿Cuáles son mi motivaciones me preguntas? Y yo te digo que mi interés y motivación surgió justo haciendo trabajo de acompañamiento a mujeres que abortan por casi un año a hospitales públicos y privados de acá de la ciudad de México, de ver todo el maltrato simbólico, cultural y discursivo que padecen por parte de esa gente que se dice Provida, y del personal médico, y de la gente fanática religiosa que aguarda a las puertas de los hospitales para agredirlas en aras de “yo también tengo derecho a la libertad de expresión”... Hay hasta secuestros por parte de esta gente para que las mujeres no aborten, secuestros fíjate bien la gravedad del asunto, secuestros para que no lo hagan o tortura verbal para que lo hagan sintiéndose lo peor de este mundo, unas asesinas seriales y vivan con esa carga el resto de sus vidas. Yo lo ví y lo viví, a mi nadie me lo cuenta. De modo que es muy bonito que enaltezcan una ley, hablen maravillas, se hagan muchas selfies en el senado, vayan a congresos, hablan ante la ONU mujeres, blá blá blá... pero se callen toda esta violencia y abuso, y muerte social que se da en la legalidad, porque lo importante es la ley y tener un aborto en el hospital, ¿verdaaaaaad?

En algunos lugares privados como Marie Stopes ni anestecia local les ponen a las mujeres para hacerles el AMEU porque “tienen pocas semanas de embarazo”, argumentan... Misoginia pura, eso es, que sufran, “para que abrieron las piernas”, y a ver si aprenden, ¿no? ¡Viva la legalidad!

Te digo Leonor, tú y quien quiera puede hacerse un aborto en casa sin ir a que una sarta de gente pelotuda te agreda, te estigmatice, y hasta te secuestre, lo puedes hacer en tu casa, con suma tranquilidad y sin sufrir una tortura, o un calvario, de verdad que se puede.

2. Sé que estás interesada en lo que llamaría los devenires animales o por lo menos el devenir post-humano por fuera de las categorías humanas como hombre y mujer, es decir, categorías siempre sexuadas. ¿Cómo relacionás vos esto con tu trabajo en relación al aborto y en especial a las maternidades lésbicas, tan moda en por estos lares, cuando se suponía que las lesbianas no eran mujeres, tal como había dicho Monique Wittig?

Yo soy antimaternal te lo digo. Para mí podrán hablar mucho de derechos, derechos por aquí, derechos por allá, y claro, cómo no hablar de derechos, que para eso el sistema y el Estado invierte muy bien en ese progresismo que te cuento... Podrán hablar de derechos, de maternidades subversivas, lésbicas, dos mamás, familias homoparentales, de maternidades alternas, blá blá blá... Pero tácitamente seguir pariendo es seguir reproduciendo esa etiqueta de que una mujer es igual a una vulva, y una vulva igual a una fábrica de bebés, y que es lo más natural, normal y más hermoso de la vida, el mejor regalo de quién sabe quién, el fruto del amor y demás pavadas. La primera gran liberación del cuerpo de las que han sido construídas y son leídas mujeres en este mundo capitalista y heterosexual, misógino y macho, es poner cese a la fábrica. Ni más ni menos.

¿Pero qué crees? Si lo dices eres una microfascista, no eres buena feminista, una feminista de verdad, ¡cómo te atreves! Siempre será mejor escudarse en el discurso de los derechos humanos y las maternidades elegidas, y agredir a quienes decimos esto desde la rebeldía y la deconstrucción de raíz, antes que autocuestionarse lo aprendido, lo que les fue enseñado desde que un médico, la ciencia y la vida les determinó mujer aún cuando ni sabían qué era cuerpo, qué era vulva, y ni hablar podían.

Además que seguir pariendo y criando, no sólo reproduce el mundo normal, sino que continúa estigmatizando y criminalizando a todas las que tienen vulva y no quieren ser mujeres, ni mamás, ni mucho menos embarazarse jamás. ¿Te molesta severamente que te tachen de mujer a medias, de que no tienes el famoso instinto maternal o no se te ha desarrollado, que no sabes lo que quieres, que no has hallado un buen hombre, el indicado para la familia, que no has madurado, que esto, que lo otro? Agradécelo a las que siguen con su práctica alimentando la idea de maquila de bebés en pos del amor a la vida y a la pareja. Al sueño de realización princesa disney... Y vivieron felices para siempre. A ellas todo el logro y el estigma.

Todo este mundo normal y natural, del “yo también soy humano y persona, y pago impuestos y por eso, y mis derechos”, y puedo tener una familia como todos, así con la horrida y genérica O, se lo ha tragado literalmente ese mundillo o comunidad LGBT, eh, eso es un gran logro para el capitalismo y el Estado. Nadie parece ver más allá de sus narices. Pareciera que la banderita de colores que ondean a sus frentes les nubla la vista y la razón.

Cuando la realidad es que no importa con quién cojas mientras continúes perpetuando la institución esencialista de la sociedad, del mundo controlador y el progresismo, y no cuestiones ni por un instante las estructuras, las raíces vaya.

¡Uy, caray! Pero se creen gente revolucionaria por sus prácticas sexuales, ah, “tengo un pene y me meto el de otros a la boca”; ¡soy lesbiana mírenme, soy lesbiana! Ni tiempo tienen para pensar las categorías sociales de poder que llevan a cabo y reproducen a diario con todas sus otras prácticas heterosexuales. No se les ocurre que hay mil posibilidades de hacer o de dejar de hacer familia, el chip del bebé les fue muy bien introyectado, y el del coitocentrismo lo tienen hasta tatuado.

¿Y sabes? Ni se les va a ocurrir mientras sigan lloriqueando inclusión, y no entiendan que tienen la oportunidad histórica de desmontar toda una estructura y un mundo que les oprime, y que no es rosa, ni de colores, ¿cómo? Dejando de alzar banderas y rogando inclusión, y abortando la normalidad. Eso, la normalidad, es lo que nos ha jodido siempre.

En este contexto el aborto, y más en específico el aborto autogestivo, sigue siendo lo único deconstructor y una manera digna de ingobernabilidad al cuerpo, pienso y siento.

3. Es decir, el aborto como desobediencia sexual del heterocapitalismo... Diría que nos encontramos en un momento post-wittig y su idea de que las lesbianas no son mujeres; y a pesar de que también estamos en un momento donde los varones (trans) pueden embarazarse y las mujeres (trans) embarazar, cierto feminismo continúa considerando el aborto como un tema pura y exclusivamente de cuerpos cuya denominación es “mujer” al momento de nacer sin atisbo de duda, generando toda una serie de exclusiones y malos entendidos tales como suponer que el coito o la penetración y sus riesgos es siempre de matriz heterosexual, cuando un muchacho trans podría quedar embarazado de otro chico no trans durante una relación homosexual. ¿Cómo entendés vos desde tu cuerpo desobediente este tema, cómo lo vivís y cómo te lo hacen vivir esas feministas escencialistas hembro-mujeristas biologisistas que reafirman las políticas binarias de la heterosexualidad como régimen político?

Son una pesadas, ¡y tontas además! No las soporto. Desde las que siguen llamando “señores de barba con vestido” a las mujeres transexuales, hasta las que no salen del coitocentrismo, pasando por las analíticas que siguen incluyendo a las mujeres trans en sus proyectos y políticas HSH de VIH, por ejemplo.

Te voy a decir algo, el coito apesta y es enfermo, no sólo por las infecciones que pueden surgir de allí, jajaja, ¡es enfermo socioculturalmente!

Yo, además de intervenir mi cuerpo y usar estrógeno y progestina, como una lucha ética y política desde mi cuerpo contra las estructuras, hice una automutilación o autocensura del pene y fugué (no sólo de mi género, de mi rol de género y demás mierda que me educaron y socializaron desde que tuve el infortunio de caer en este mundo de humanos); fugué sobre todo del coito y me entregué al placer sexual, a la exploración, al reconocimiento y a mi propia construcción del deseo sexual mientras dinamitaba el que me dijeron que así tenía que ser.
También por una cuestión ética, porque mi feminismo es trans, es transfeminismo, radical, honesto, deconstructor y es praxis sobre todo, mis maneras de disfrutar placer sexual con otras corporalidades salen del típico, aburrido y heterocentrista mete y saca, saca y mete... Adiós pene, bienvenidas manos, lengua, dedos, dildos, besos, boca, y un montón de posibilidades más. El sexo-afecto que emanó de este fugar mío y el autocuestionarme las normas, me he dado libertad y me ha abierto las puertas a un mundo sexual donde disfruto de plena autonomía, de radical autonomía mejor dicho, y no la libertad de vitrina que da el afamado discurso de los derechos sexuales y reproductivos hoy día.

¿Yo embarazar a un chico trans? ¡Jamás! No sólo porque estoy convencidísima de la alta violencia que generan los elevados índices de natalidad, sino porque yo no tengo coito, eso lo tiene la gente normal, binaria, educada, que no entiende ni aprende. Lo mío no es transbinarismo, es transfeminismo... Y aquí es donde la comunidad chic y fashion de colores y la gente trans-normal, me odia y pide que ruede mi cabeza. No me importa. Te lo digo. Yo cuestiono y critico estructuras, raíces, no a gente que ni conozco, idiota estaría si perdiera mi tiempo haciendo críticas individuales, son a estructuras, si se sienten aludides es su asunto, el no autocuestionarse, no soy yo Frieda quien les está atacando, honestamente lo digo.

Pero bueno, respondiendo a tu pregunta, claro que hay muchos hombres transexuales que se embarazan y tienen partos, acción que por supuesto evidencia que el tema de aborto es de cuerpos y no de género, ¡pero alégale a las feministas biologicistas! Pesadas. Tontas.

4. Existe un ala radical dentro de cierto feminismo, usualmente acallada entre tanto feminismo de la buena conciencia, la paz, la cordura y las instituciones, que considera el infanticidio como aborto retrospectivo y el aborto en sí como el último bastión no sólo de un método anticonceptivo de emergencia sino de desobediencia sexual anti-heterosexualidad como régimen político. ¿Cuál es tu postura al respecto?

Jajaja. Me encanta. Es justo la crítica de la buena conciencia y la gente anti-mujeres: “Deberían cuidarse más”, “para qué abrieron las piernas”, “eso hubieran pensado antes”, “el bebé-angelito no tiene la culpa”, “hay quienes lo usan como método anticonceptivo y abusan de la libertad que se les da”, etcétera.

A mí todo lo que sea desobediencia me alegra. Estoy convencidísima que cuando pides aceptación, inclusión, un poquito de respeto, que te miren porque tú como el resto son parte de la ciudad, la sociedad y el mundo de cajita feliz mac donalds, ahí ya te fuiste directito al carajo, y ya te domesticaron alegremente como al resto, con burbujitas de una gaseosa.

La desobediencia, la ingobernabilidad, la rebeldía, es lo único para existir en este mundo de la re-gran mierda que no te deja vivir, y que te orilla a (sobre)vivir. Toda inclusión es subordinación, no hay mucho que escarbarle ahí, me parece.

Hay una frase que no sé de quién es y que me fascina, dice: “La lucha contra el sistema que nos rodea, no es más importante que la lucha contra lo que del sistema tenemos interiorizado”, y es ahí, en el autocuestionarnos y enfrentarnos con ética a nosotres mismes, donde nace toda esta moda-revolución de redes virtuales: muchos posts, mucho tuit, mucho tumblr, mucho compartir y retuitear, pero apagan la compu y vuelven a ser la misma gente normal y pelotuda de siempre. La revolución es ahora de mucha palabra y de poca o nada práctica, tristemente.

5. Han circulado dos textos tuyos por los cuales se ha generado ya sea gran rencor ya sea gran fascinación, ambas de maneras viscerales. Me refiero tanto al texto donde abordas el tema de las maternidades trans y a la imposibilidad de ser varón y feminista, donde también incluís el tema de las nuevas masculinidades y de los varones trans; lo cual exige de tu parte un gran valentía porque es como ponerle el cascabel al gato. Me gustaría que nos comentes cuál es la relación entre estos temas y aborto, y cuál ha sido en general la recepción de tales críticas que nadie en la actualidad se atreve a realizar.

¡No sabes cómo se ofendieron! Tan sensible la gente. Muy culta, muy preparada, muy open mind, muy revolucionaria, de izquierdas, tan Ché, Marx, de Beauvoir o Rosa de Luxemburgo, pero les tocas tantito el mundo heterosexual y se ofenden cual artista plástico al que no le alabas la porquería de obra que todavía osa y se atreve a exponer.

Me han amenazado con golpearme o violarme porque “lo que me hace falta es una buena cogida”, me han insultado hasta el hastío, retirado amistades, echado de asociaciones civiles, por “grosera y no respetar”, llamado microfascista, impositiva, pendeja, puta, y hostil. Hostil me gustó. Puta yo no sé cómo alguien puede pensar que es insulto, pero bueno, te decía, me ha ido terriblemente mal.

Yo siempre digo, que uno de los mayores problemas mundiales de eso que llaman escuela es el déficit de comprensión de lectura, la gente no sabe leer aunque lea. Jamás dije que no sean hombres, y jamás dije que hombre es un pene, y jamás dije que nadie se embarace. Pero ahí tienes a la horda sensible y lastimada en su mundo natural y normal. Pobre gente, pobrecita, pobre gente, toda la gente, dijera Liliana Felipe en su canto. Jajaja.

Aunque también han habido quienes entendieron perfecto los textos, que déjame te presumo ya se tradujeron al inglés e italiano, mucha de esa gente son hombres, y muchas de ellas madres. No todo está perdido y podrido como se ven tan a menudo, supongo.

¿Cómo lo relacionaría con el tema de aborto? No lo había pensado fíjate, pero indudablemente me remite al cuerpo político, al cuerpo ya no como campo de batalla, como el estira y el afloja, como el asunto de voto en el senado, sino como arma de destrucción a todo este heteroimperio, ese cuerpo político que se pierde en la mar de los discursos esencialistas, médicos, legales, capitalistas, feministas de la buena conciencia... quienes son los que te construyen el cuerpo como algo fijo de nacimiento y como sexo biológico. A eso me remite.

6. Al momento de nacer se te asignó al sexo privilegiado al cual abdicaste posteriormente en pos de un devenir crítico contra el binomio. Esta desobediencia de género, este despojarte de tus privilegios de una masculinidad hegemónica, esa renuncia al órden mayor en una región con políticas claramente aniquiladoras de formas de vida antagónicas al heterocapitalismo te otorga, no obstante, un estatuto de “modelo” o “superioridad” por sobre aquellos varones que, pese a postular afinidad con las luchas de “minorías sexuales, mujeres y lesbianas”, lato sensu, nunca realizan los actos performativos y nunca adquieren las formas de vida que les removerían de su lugar de privilegio dentro de la heterosexualidad como régimen político. Lo que intento decir es que ese devenir menor en el cual vivís, por el cuál te conocemos y nos interesa tu labor es también la posible puerta de entrada a una peligrosa reterritorialización. Me gustaría que nos cuentes como estás viviendo una existencia como ejemplo personificado de que que para ser varón anti-patriarcal se debe dejar de ser varón, lo cual, paradojicamente produce un efecto de voz privilegiada por sostener materialmente un devenir radical: aquello que te desposee de tus privilegios de género te convierte en una interlocutora más legítima que otras voces, y por lo tanto voz más atendida y oída que otras desobedientes. Asimismo, ¿cómo se podría desmontar el binomio desde una corporalidad asignada políticamente a “mujer” al momento de nacer desde tu implacable crítica a las nuevas masculinidades y cierto “machirulismo” con concha, en tiempos donde hasta las lesbianas desean ser mujeres heterosexuales, a la altura de los deseos?

¿En serio te preocupa la opresión de las mujeres y la violencia hacia sus cuerpos? Hazte la vasectomía sin sentir que te mutilan, te quitan tu hombría, te violan o te tasajean la masculinidad, y libera así el cuerpo de las mujeres de tanta intoxicación anticonceptiva... dije un día, y en menos de 120 segundos tenía yo a un ejército de “onvres” buenos y solidarios, conscientes y respetuosos, “feministas” atacándome y dándome un sinfín de razones por las cuáles no hacerlo... Por ejemplo.

Yo no sé si renuncié a algo a lo que nunca me adscribí o sentí membresía, ¿sabes? Yo salía a la calle desde la infancia y era a recibir puros insultos y hasta golpes por “parecer niña”, por “hablar como niña”... Cuando crecí un poco más fui hasta violada, y tras concluir la universidad fui siempre excluída del mundo del éxito, el desarrollo profesional y el mercado laboral, por verme como “mujer”, “como una nena”, y padecí, y padezco (aunque claro jamás como lo padece una corporalidad con vulva) acoso sexual callejero. Es decir, claro que nunca fui hombre tal como se conoce en este mundo, con todos los privilegios y estereotipos de género, ni tampoco era mujer de la misma forma para el mundo y la sociedad binarios, pero el mundo y la sociedad sí fueron muy buenos para maltratarme como si fuera una, ¿te das cuenta?

Aunque mira, este ejemplo del acoso sexual callejero, es ideal para ilustrar esos privilegios que mencionas. Yo sé lo que es el acoso sexual, claro, pero yo por mi sola corporalidad con pene, sin senos ni vulva, y por lo tanto no leída mujer, sino hombre, en este mundo binario, eso me exoneraba privilegiadamente de no padecer acoso y abuso sexual todos los días, cada hora, cada instante, por donde vaya o camine, tal como lo padecen las corporalidades con vulva, sólo por ese hecho genital. Mientras yo no hablara, o no me moviera, podía pasar desapercibida por este rapaz mundo de hombres machos y falocentrista. Ese privilegio de poder, de superioridad, desde luego que estaba de facto aunque te repito, jamás me adscribiera o me sintiera parte de la enferma membresía “onvre”.

Yo soy antihombres totalmente, lo digo frontal y sin tapujos, y no como genocidio ni arrancar penes con una motosierra, sino como destrucción-extinción de la categoría social de poder, no hay manera de reivindicar esa categoría, por más nuevas masculinidades, copy and paste de las teorías de género feministas, que hagan. No la hay. Pero ese es hoy día el nuevo discurso y política pública del Estado y el onegeísmo, hacerles creer y sentir y pensar al progresismo consciente y revolucionario, que sí, y que a los hombres hay que reeducarlos y llenarlos de nuevas masculinidades. Una mierda tragada con gusto y consentidamente por donde le mires. Y de la que me da asco hablar, y ya no hablo más. Perdón por la respuesta. El sólo tema me enerva. Si los hombres quieren dejar de ser patriarcales, que lo hagan solos y por allá lejos, sin esperar que se les agradezca o se les aplauda, pues no están haciendo un favor. Es lo mínimo que podrían hacer, y callarse.

Ahora que doy taller de aborto en casa, y el taller de roles de género y violencias en las relaciones sexo-afectivas -y pronto daré ya el de salud sexual más allá de las políticas públicas-, mucha gente me dice: Tengo que aprenderte. Y me choca, te lo digo con toda la sinceridad, me choca porque parece que no entienden que todo lo infame y asfixiante que no nos deja ser libres y vivir, es justo la maldita educación y lo que hemos aprendido acá. La gente parece no darse cuenta que lo que yo hago no es enseñar nada, sino desaprenderlo todo, destruírlo todo, deseducarme... Yo no apuesto ni creo en una buena y nueva educación, re-educación, como dicen... Insisto: deseducarse, pero no para volver a educarse “de otra manera”, sino para emanciparse, rebelarse, ser libres. Se puede vivir sin género y sin educación, ¡pero es que no lo ven carajo!

Yo no tengo nada qué enseñar, ni quiero, yo no soy pedagoga, yo soy combativa. Me niego a ser un modelo o ejemplo de algo, o de cualquier cosa. Considero que la gente tiene que pelear con lo que en su cabeza tiene de heteropatriarcado, sola. Eso es autonomía, eso es emancipación. Me cagan los llamados líderes o lideresas. Si la gente no fuera por ahí aprendiéndoles, o siguiendo líderes, o admirándoles, tal vez no iría leyendo hombre o mujer y demás mierdas, a quien no quiere ser leíde ni viste así. Ni iría legislando o legitimando el culo de nadie.

¿Cómo poder desmontar el binomio desde una corporalidad con vulva asignada mujer desde el nacer, me preguntas? Hace rato di una respuesta anticipada: dejar de parir; clausura total al útero como fábrica de bebés. ¿Qué tal empezar por allí?

En general, déjame te digo, yo hago muchas cosas para mí y para mi vida, que no difundo por mis redes porque no soy modelo de nada, ni quiero, como te dije, y creo que ya las hacía, con una conciencia diferente claro, desde antes de hallar al feminismo y hacerlo mi praxis de vida. Y eso es lo que me tiene libre y feliz conmigo, aún cuando tenga la desgracia de habitar este mundo de humanos y personas, y este siglo de revoluciones queer, izquierdistas y progresistas, y con tecnocracia de género.

7. ¿Pero no dirías que naciste “mujer”? ¿Cómo entendés este “ser mujer” en tu contexto de operaciones contra el heterocapitalismo lesboterrorista mexicano?

Yo me nombro en femenino porque femenina siempre fuí. Y ese ser femenina no me convierte por default en mujer, mujer y feminidad no son sinónimos, y esta última no tiene por qué condicionar o determinar a la categoría de género, ¡ojalá el mundo lo entendiera ya! Sin embargo, me asumo mujer por estrategia política, porque es necesario hacerlo. Así mismo me enuncio trans, no transgénero ni transexual, sino trans, y por ahí hay textos y audios míos circulando en la web para ahondar en qué quiere decir esto de sólo trans.

Con el uso de la progestina y estrógeno que estoy empleando actualmente, no estoy transitando el género, yo lo estoy transgrediendo, y mi interés es quedarme ahí, en la transgresión. Comúnmente se pensaría que si nací hombre y jamás “logré o pude serlo”, entonces no me quedaba otra opción más que ser mujer, y que si uso hormonas es porque quiero ser “una verdadera chica”, o “lo más parecido a una mujer”. Jaja.

Nada más alejado de mi devenir y mi fugar por este mundo binario y normal. Yo estoy dinamitando lo poquito que quedaba de hombre en mí, y te digo, es necesario e importantísimo nombrarme mujer, pero en mi praxis, tal como lo decía Monique Wittig, yo no soy mujer porque no seré el complemento de ningún hombre, ni un cuerpo más donde la economía falocéntrica y misógina eche raíces, no seré yo la esposa, ni la madre, ni la que cuida de familia, yo prendí fuego a esa categoría de poder hombre... y me alesbiané. Comprendí mi identidad sexual (género, orientación y política), y una vez comprendida fugué.

Mi lesbiandad es conversa porque yo elegí construir mi deseo sexo-afectivo con y entre lesbianas, como una suma de fuerzas antiheteropatriarcado, y hasta como un acto amoroso sororario. La lesbiandad va más allá de una simple orientación y es una lucha política para contrarrestar toda una organización social, jerárquica, abusiva e impositiva, la lesbiandad política y feminista implica una descolonización y desterritorialización del cuerpo construído socialmente y estereotipado, una dinamitación del régimen heterosexual, una afronta anticapitalista, una gran fiesta lúdica y placer, y mucho más.

Acá en México, en la ciudad de México sobre todo, hay muchas lesbianas que comenzaron desde hace tiempo a hablar de lesboterrorismo como un goce de hacer y crear entre lesbianas y mujeres, sin el apoyo, aprobación y alianza con hombres, y eso causó un gran terror, y ataques, muchos ataques. Ya ves, el mundo binario y heterosexuado que no concibe un mundo sin la categoría hombre y sigue pensando la heterosexualidad como una orientación sexual y nunca como una cantidad de mecanismos de control de cuerpos y vidas, no se hizo esperar.

Nosotras nos reímos, y nos besamos, y nuestras risas y besos causan terror. Soy lesboterrorista porque estoy contra la dicotomía, tan carcelaria pero normalizada, contra el control de cuerpos que han cimentado sobre nosotras, y porque te repito, lo gozamos. Somos mujeres por estrategia, sólo por eso. Así entiendo el ser mujer, desde mi corporalidad y mi rebeldía.
8. ¿Cómo te posicionás acerca del valor cósmico y kármico que se le da a los fetos abortados? ¿Cuál es tu postura respecto a esta simbología que me atrevería a decir pretende pacificar la culpa que crea en ciertos activismos la radicalidad de extirpar de nuestros cuerpos la humanidad que en ellos puede habitar, para devenir algo que no estamos siendo ahora?

¡Eso! Pacificar la culpa. Sobre la culpa han cimentado muchísimo de lo que nos oprime, y se han hecho transnacionales y empresas exitosas y productos con la culpa: la iglesia católica y papa Francisco, dos grandes muestras fehacientes.

¿No abortes en martes porque el feng shui dice que te da tres años de mala suerte, o cómo? ¿Al abortar hazlo de noche y prende una veladora para que dios y la vida te perdonen, o cómo?

Yo te decía hace rato que a la culpa la botamos al excusado en mi taller, ¿recuerdas?

Comentarios como el aura del bebé, me han venido por supuesto, desde gente muy radical y anarquista, ¡no te creas! Pero es que te digo, una cosa es el discurso, otra la práctica, ahí es donde se les acaba su “vamos acabar con la opresión”.

Siempre he dicho que no basta con enunciarse feminista, sino terminamos por desheteropatriarcalizarnos, desheterosexualizarnos, abortar no sólo fetos, sino principalmente la familia como el primer y más grande enfermo agente socializador que hay; no basta sino abortamos además la culpa, el amor romántico, la presión estética, la gordofobia, el capitalismo, el colonialismo, sino abortamos todo. DesEducarse, DesAprender, Destruir. No hay más. Y abortar, abortar, abortar, ese es el inicio.

8. Finalmente, me gustaría qué te expreses acerca de cómo haces para homogenizar unas lecturas críticas locales y un saber de las subalternidades propias de contextos no europeocéntricos cuando se nos dice todo el rato que las teorías post-identitarias y las desobediencias sexuales pertenecen a grupúsculos artistoides con pasaportes de privilegio.

Jajajaja. Yo llegué al feminismo “sin saber” nada de feminismo, déjame decirte, mi acercamiento fue con activistas y onegeístas, y me maravillé, pero luego asenté muchas cosas en mi cabeza, y en retrospectiva miré mis viejas lecturas, miré mi infancia, mi adolescencia, entonces me dí cuenta que yo feminismo hacía desde que no permití, por ejemplo, que la mujer que me parió me pusiera unas botas de piel de víbora, porque yo “era hombre” y vivía en el norte, y entonces tenía que verme como charro o vaquero. Oponerme a lo socialmente establecido con mi accionar y mi corporalidad, eso es feminismo. Desde ese momento, empecé a abortar también toda la escuela, toda la teoría y toda la universidad que había hecho.

El feminismo dejó de ser un movimiento (gracias por conseguir que las mujeres votáramos y fuéramos a la universidad, pero perdón, no sirve mucho si hoy día mis opciones en esta democracia androcéntrica son votar por los mismos rateros, nepotistas y misóginos de siempre, ni ir a la facultad a que me viole un profesor con doctorado en Londres y me digan puta por denunciar), el feminismo para mí no es un movimiento que busca iguales derechos blá, blá, blá, a mi se me hizo praxis cotidiana, porque ya lo había sido mucho antes sin ser consciente y darme cuenta. Mi práctica radical y ética no cabe en ningún libro, ni mi cuerpa lesbiana, ni mi hacer diario.

Empecé hacer radio en 2012 y empecé hablar con la gente, sin teorizar y platicando sólo de sus cotidianeidades, y cha cha chaaaaan, me hallé más feminismo que en la ONG y la nota de prensa.
Y ahí me quedé.

Creo que no ocupé resumir u homogenizar textos ni las lecturas hechas, creo que lo que hice fue bajarlas del limbo donde las ponen todas estas gentes que piensan y sienten que publicar un libro o hacer la tesis y complejizar a Foucault o seguir a Preciado como los 12 apóstoles a Cristo es un activismo académico, las bajé y las aterricé en la señora religiosa de Puebla con dos hijos adolescentes, que fue a un taller mío, y terminó diciéndome luego de que les pregunto al final qué pueden concluir de las sesiones: yo por muchos años me he visto obligada a tener relaciones con mi marido, pero ahora, luego de escucharte, sé que eso era violación, y que no tengo qué aguantarme ni siquiera por los hijos.

Y eso, querida, ya quiero ver que lo logré Marcela Lagarde dando conferencias rimbombantes en auditorios escolares, o la mismo Butler en una clase de la universidad. Lo quiero ver. Quiero ver que el activismo académico logré algo, un día.

Mientras llega ese día, yo seguiré acá, abortándome y abortando todo.

domingo, 18 de enero de 2015

Chivo expiatorio moda lesbiana


Miro a los seres humanos y sus prácticas en muchas cosas como el famoso caballo de Tolstoi los miraba en su texto conocido como Jolstomer. 



Creo que facebook los terminó de destruir a todos. Los devastó. Les dio la oportunidad de ser alguien, de compartir sus mambos y de crear nuevos. La cuestión del perfil falso obviémosla porque en realidad qué perfil no lo es. Pero los usos de facebook y las intrusiones son desopilantes. Por un lado me imagino toda una caterva de retardadas y retardados sociales, abúlicos y abúlicas heteras y heteros, mendicantes de vitalidad y vitalismo, intentando chuparnos la sangre, hacernos perder el tiempo.

Me encantaría poder esta vez, como hago siempre, echarle la culpa a los heteros, pero quienes mejor manejan el largo látigo de la lengua de la no son estos privilegiados del régimen sino las mismisimas tortas. De allí que no pueda ver el lesbianismo como la tierra prometida de amazonas que Monique Wittig nos prometio a todas ni pueda alegrarme de ser una de ellas, o de considerarme yo una de ellas. Me hubiera encantado encontrar a las compas prometidas fugitivas de la esclavitud hetero...¿pero qué se encuentra?

La exclusión lésbica endogámica donde yo vivo funciona de la siguiente manera: si por un motivo Z le cae mal a A y todo un grupo de bcdfhijks, por ende, acriticamente defenestrarán a Z, sin darse la más mínima posibilidad de conocerla. ¿Por qué? Simple, el lesbianismo local suele operar como una congregación de temerosas mujeres celosas que ante la posibilidad de quedar excluidas ellas, hacen causa común con el prejuicio, no vaya a ser que la próxima en caer sea una, no?

También existe otras posibilidades además de haber caído en desgracia con una de las Alfas lésbicas (motivos para caer en desgracia abundan, desde los políticos hasta los inventados, porque cuando no hay razones, nos las inventamos, lo importante es tener un chivo expiatorio a quién poder lapidar para poder hacer causa común). Por ejemplo, no estar haciendo lo que los distintos grupos de pertenencia de líneas duras del ser lesbiano están haciendo, no estar a la moda torteril del momento: no jugar al fútbol ni al roller derby (dos deportes con alto índice de lesiones y que como contraprestación a eso no enseñan nada de nada, excepto a competir tan a las ñapis como el boxeo con las congéneres), no bailar tango sino reaggetón, no escuchar música tocada por canta-autoras con guitarrita, no ser ni lo suficientemente carnívora ni lo suficientemente vegana, no querer tener hijos ni hijas, no querer casarse ni encerrarse en una pareja que convive y donde no se incluye a nadie más, ser bisexual (estas solo son admitidas cuando son la calienta entrepierna de las chongo, mientras funcionan idealizadamente nunca ejerciendo su rol lésbico, porque si una vira lesbiana y a su vez osa comer bepi alguna vez, vade retro satanás, será señalada y quemada en la hoguera de las impuras); entre otros tantos ejemplos. Si por el motivo que sea no estás comulgando con las modas lesbianas del momento que van desde el abolicionismo del trabajo sexual hasta la monogamia parejocracia maternaloide procreacionista y el kirchnerismo, tus posibilidades de entablar relaciones con otras tortas desciende estrepitosamente. Si a esto le sumaste algún que otro entredicho con alguna alfa, como decíamos antes, que puede dar rienda suelta a una catarata de críticas infundadas, maldicientes, chismosas e inventadas, lo que te conviene es tomar los hábitos y convertirte en monja, donde todavía ostentás alguna chance de entablar un vínculo afectivo intenso no heteronormativo (puesto que todas las monjas primero se garchan a jesutito, el espíritu santo y dios y por ende no pueden ser monogámicas ni madres).

Otra tendencia que está muy al corriente ultimamente por estas regiones además de 1. haber caído en desgracia y ser la persona impresentable que nadie quiere cerca porque sino las otras no se le acercan; 2. no estar a la moda de la buena lesbiana deportista del momento; 3. o no ser lo suficientemente lesbiana pura sangre; es la fluidez de género. Esta tendencia que se viene registrando en toda Saudakalandia prescribe que las cosas tienen que estar bien claritas y cortadas de un lado u otro como con una katana, una división que cauterice. O femme o butch. Nada de esas cosas queer importadas raritas. Si sos butch chongo chongo y vale tener kilos de más, pero por favor, nada de estampados ni telas de maricón, ni colores pastel, nada de tener una masculinidad tipo mariquita. Si sos femme dos posibilidades o pin up (y ahí unos kilitos de más están bien para el estereotipo), o señora delgada y elegante de su casa (nada de gorditas si no vas a estar a la moda de los años 50 , ok?). 

La verdad es que todo esto tiene un cierto tufillo a lesbofobia microfascista internalizada o de cómo odiarnos todas entre todas con todas un poquito más mientras hacemos nuestro mejor esfuerzo en ser cada día un poco más hetero a la altura de nuestras prácticas y nuestros deseos. Como cuando íbamos a la escuela, lo que importa es ser popular o al menos estar entre las populares, nada de grasas o gente que incomode a los distintos partidos lesbianos ya sea progresistas radicalizados, radicales policíacos o claramente retrógrado conservadores. Nada de no querer agradar a las demás o de salirse del espacio de las comunes, a quién se le ocurre tamaña sandez!

Mientras tanto, las buenas noticias son que las hetero están mucho peor y por ende ese mundo no tienta ni medio; escaso consuelo si pensamos que cada día nos parecemos más a lo que nunca deberíamos haber sido desde un comienzo y de lo que supuestamente estaríamos fugando.

viernes, 9 de enero de 2015

Se dice de mi...la fealdad que Dior me dio, mucha mujer me la envidió


Advertencia: no intenten esto en sus casas, chicas, podrían que quedarse sin amigas para ir al recital de familia de ukeleles.



Si las tilingas del lesbofeminismo y del queer no me dan respiro lamento informarles que tendré que convertirme en una vil diatribista tipo Johnatan Swift. Tampoco estaría tan mal, aunque no es tanto mi estilo. Tampoco es tanto mi estilo empezar los textos con el nombre propio de las personas en cuestión porque siento, como nos enseñó Moria Casán a todas, que se me cuelgan de las tetas, en mi caso de las tetitas, o debería decir del culo y las piernas.
Como sea, que ya es chistoso, comienza este relato con el famoso y mediático, pacífico, divertido, y bien intencionado supuesto escrache devenido fiesta en la puerta de Kentucky del año pasado por la discriminación hacia una reputada pareja (obvio abierta) de lesbofeministas que estaban allí solucionando no sé bien que temas romántico-amatorios (según rezaba la convocatoria) el día que fueron discriminadas (porque si algo dejó bien en claro la convocatoria es que eran pareja y que se estaban reconciliando, ay el miedo de que te soplen a la mina tuya no?). Rauda y solidariamente me dirigí hasta allí con mi bicicleta luego de mi clase de dancehall, de más está decir que siempre esas son buenas oportunidades, o así parecen al menos, de conocer chicas lindas, como luego comprobaremos en este relato eso es un grave error de mi parte. En algún momento, después de varias horas de mover la cocotera al ritmo de lo que la cumbia queer de baires dispone (un poco de miss boluda reterritorializada en video hetero, un poco de alika -aunque no sé si esto me lo inventé yo- otro poco de cumbia queers, algo de chocolate remix -pese a las represalias que suele sufrir cualquier canción que hable explicitamente de sexo-), alguien dijo que como el sonido es alquilado debemos hacer una vaquita para poner un poquito más de dinero. Se me ocurre la genial idea de ingresar al local y pedirle a la gente reunida en el lugar plata, entre ellos a los mozos, cosa que hago acompañada de otra compañera (pieza clave en esta cuestión donde ahora policialmente algunas me piden pruebas y peritajes para demostrarle a la corte suprema rebozada de torta que no soy una delincuente, ohhhhhh), y consigo reunir la friolera suma de $30, tanto como 2 dólares un día de buena cotización blue. Salgo del local, porción de pizza en mano abanicandome con el dinero como si se trataran de 300 dólares y digo la mortal frase “le saqué $30 a los mozos chicas”. Algo así como 2 meses más tarde una amistad en construcción que me cae muy bien me cuenta que la famosa y bien renombrada madre de familia sadomaso lesbofemiqueer anarquista rubia y blanca como la nieve María Luisa Peralta, a quien solo vi una sola vez en mi vida en persona en una reunión de otra gloria local del activismo, dijo que ella había visto (luego parece que tan solo escuchado) que yo le había robado la billetera con toda la recaudación de la noche al mozo; dicho que le hizo llegar a la muchacha discriminada en cuestión en cuyo honor se estaba haciendo el escrache, la famosa dramaturga activista periodista enamorada poliamorosa y bisexual Magdalena Magda de Santos, que a su vez, puesto que como según me contó, odia el chisme activista, se encargó de hacer proliferar el rumor que llegaron hasta los oídos de estas amistades en construcción. El rumor es aún más hiperbólico: no solo le robé el dinero de toda su recaudación a un pobre obrero proletario el cual probablemente luego fue o despedido, o no cobró nada esa noche o pasó un mal momento (se reunieron para debatir conjeturar y realizar todas estas elucubraciones parece ser algunas noches) sino que además, no contenta con eso, invité a drogarse, emborracharse y darse todo tipo de lujos pequeño burgueses anti clasistas a un grupúsculo de jóvenes (presumiblemente menores de edad y vírgenes) que engatuzadas por el dinero de esta vieja turbia ladrona me habrían seguido para snifar rayas de cocaína largas como la avenida rivadavia y embrigarse con toneles de elixires como speed y vodka a nombre de la casa.
Tristemente, y pese a lo que me gustaría, el rumor es falso. Y es falso desde tantos puntos de vista que no resisten el menor análisis. Por ejemplo, luzco yo como una persona tan idiota que no ha aprendido de errores del pasado del tipo “en todos lados hay cámaras” como para ostentar mis logros criminales en la comisión de un delito delante de una caterva no solo de moralistas madres de familia lesbianas sino de las cámaras de la agencia Telam que cubrían la fiesta escrache? Por otro lado, realmente creen que 300 pesos alcanzan para tanta gira? Se ve que hace mucho que no salen, ejerciendo el oficio de mamá y de novia de pareja abierta poli-romántica sado, porque las entradas a los boliches para las conchas suelen ser gratis -hasta determinada hora- pero adentro el trago y la merca es un poquitito más caro y si quiero invitar un par de wachas necesitaría más guita. Tercero, no saben que basta tener buen culo, linda sonrisa y una zanja (incluso menos) como para sacarle a cualquier pajerto tres monedas sin que haga falta robárselas? Como dice Moria Casán, nuevamente, una de nuestras intelectuales más despiertas, no hace falta abrir las piernas para conseguir lo que una quiere, y agrega, aunque no está mal hacerlo si es necesario...; lo que quiero decir es que como todavía compito en el fútbol de primera división y no me liberaron el pase -cosa que no pueden decir algunas de mis detractoras pese a que son mucho más jovencitas- usualmente no me es necesario robarle dinero a los hombres, porque solo pidiéndoselo suelen darmelo, habitualmente a cambio de nada más que mi sonrisa o lo que ellos leen como la posibilidad de hacerse los copados/langa, como fue este caso, donde la recaudación fue demasiado escasa, porque fue lisa y llanamente una provocación.
Sin embargo, el problema tampoco es tanto todo eso o la comprobación desde la buena conciencia de si delinquí o no. Para mi el problema, como me hizo entender esta amistad en construcción es otro: ¿por qué las tortas de la buena conciencia están más preocupadas por si un señor mozo hombre y como tal, machista y patriarcal (aunque quizás los mozos de esa sucursal discriminadora de Kentucky estén yendo a los grupos de reunión de varones antripatriarcales, quién sabe, démosles el beneficio de la duda, quizás también sean ellos compañeros lesbofeministos) sufrió y la pasó mal a manos de una torta puto vándala que si un grupo de tortilleras se cogieron rico post fiesta de excesos obtenidos todos de la caridad delictiva? Como vemos, la identificación con el falo a partir del Bien y el Mal (bien está escrachar pacíficamente y cada una en su sitio según lo que se le corresponde, mal es robar y tomar frula rodeada de minas) está a la orden del día. Y de paso cañazo, que bueno tener un chivo expiatorio contrahecho a quien lapidar en la plaza pública de los pecados militontas para tapar el hecho de que a quien se le ocurre firmar un libro de quejas y dejar asentados los nombres de buenas consumidoras exigiendo sus derechos al consumo cuando somos repudiadas en vez de tramar acciones directas o para ocultar que aparentemente (esto también es un rumor) de la buena acción del día anti-discriminación se consiguió la desvinculación de la empresa al empleado discriminador. Voilá, lesbianas bisexuales mediáticas blancas haciendo echar a empleados negros paraguayos por el derecho a consumir pizza como cualquier hijo de hetero. Hasta la Victoria Secret, diría Coco Chanel.
Debo confesar que todos estos dimes y diretes a mi también me tiene un poquitito consternada porque en vez de disfrutar de sus propias vidas, bailar, drogarse, comer rico, coger, hacerse amigas, bañarse en el río, en la pelopincho, cocinar pizza, jugar al scrabble, dormir, tener temas para conversar que no giren en torno a qué hacen otras personas y mastubarse pierdan tanto tiempo armando juicios sumarios, osbtaculizando procesos amicales de personas en común -o al menos intántandolo-, provocando exclusiones -que luego condenan en sus papers y notas-, agrediendo con su pasiva violencia y fijando tanto la mirada en lo que yo hago. Comprendo que bailo mejor que nadie en el mundo del activismo -aunque soy muy mediocre comparada con mis compañeras de clase de danza-, comprendo que tengo muchos tatuajes, que soy pintosa, y me paro arriba de un par de piernas y nalgas que causan envidia pese a tener casi 39 años y una enfermedad autoinmune con 4 operaciones en un año encima, comprendo que produzco más y de mejor calidad que casi cualquiera que conozca; pero no se dan cuenta que me agrando cada vez que se arman estas cosas, que me doy cuenta que pierden tanto la cabeza ocupándose de que olor son mis flatos o concediendome el inmenso poder de desestabilizar mediante mis nefandos crímenes toda una acción? No vieron el último capítulo de South Park, ese acerca de como los comentarios te hacen crecer en popularidad? No ven que se pasan las horas hablano de mí, teniéndome en la mente? Y eso pese a que se me subestima si piensan que no sé cómo robar (nena, no se roba delante de cámara y una nunca dice qué delito cometió ni siquiera delante de las afines, siempre es Yo No Fui como la editorial, viste?, cuando está la poli y los medios cerca, es decir las lesbobuenaconciencias...). Sé que les gusto y uds saben que no es muto, que uds me repugnan y también saben por qué. Lo lamento.
Discúlpenme los arrebatos de soberbia pero me tengo que tomar estas y otras pavadas de esta manera porque sino entristezco, y obviamente estas acciones están dirigidas al entrestecimiento, para contagiarnos con la tristeza y el fraude que invaden sus vidas carcomidas por la mediocridad de ser igual o peor a las heterosexuales que hacen invivible -o al menos lo intentan- la vida de las putitas de barrio que todo barrio tiene; porque en definitiva podríamos definir a la mujer desde un enfoque no biológico por su capacidad de chismorrear, cotillear, chusmear sobre lo que hacen otras y ellas ni osan ni se atreven ni pueden ni tienen la capacidad de hacer, mujer como aquellos cuerpos que en vez de afectarse o dejar afectar a otras se ocupan de sembrar el rumor la malidicencia e intentar que otras, sumisas, acalladas, ovejas, acaten y se alejen de toda posibilidad de perder un segundo conociendo aquello que no les es familiar, mamarrachas moralistas que penalizan cualquier intento de salirse del espacio de las iguales, al decir de Celia Amorós, un espacio reducido a sus líderes, sus cortesanas serviles, sus exegetas, y sus sacerdotes, verdaderas maltratadoras. Minitas, preocupadas más por los varones, aunque lesbianas y feministas, que se esfuerzan en obtener alegrías indirectas y compensatorias de espíritus esclavos con su deseo de joder a las que se dejan joder prestando sus oídos y sus potencias al chisme. A veces se inventan que bajé de una performance e invité a todo el público a tomar cocaína, se ve que no me conocen, no soy tan sociable; a veces perfiles anónimos que nadie sabe quienes son -especialmente yo- en grupos de fachabuk dicen que “intenté violarla”, cosa que está muy de moda entre putites que no saben fumar porro y que no saben lo que es la violación (sino sabrían distinguirla feacientemente), luzco acaso como una persona que si intenta algo falla, como una de esas personas que no sería capaz de reducir a alguien, y si no lo consiguiera (lo cual es poco posible) entonces como reclamar esa victimización?
¿No sería acaso mejor fugar de allí y tener iniciativa de discurso, propositivamente cronstruir mundos nuevos y dejar de ser la típica mujercita de barrio que critica a las demás de una buena vez; detener el juicio moral y dejar de reterritorializar jueces? Cada tanto alguna de esas cachivacheras me escribe un mail disculpándose o queriendo que esté todo bien pasado el tiempo, mensajes que obvio llegan siempre tarde y que las hace quedar aun más estúpidas de lo que ya son: se disculpan por defender al maridito o maridita de turno que finalmente como lo anticipé las cagó, por haberme borrado de fachabuk en un brote de delirio paranoide entre muchas otras cosas.
Pese a que a veces genera un poco de hartazgo tener que lidiar con tanta mierda y con la mierda que contagia la mierda, porque abundan las esbirras de taradas trovadoras y una al fin de cuentas tal vez se encuentra menos acompañada, (de cualquier forma quién quiere la compañía de las personas que con tal de no perder presuntas amistades, con tal de quedar bien con tal o cual, no se toman el trabajo de tener una experiencia de primera mano, una experiencia propia, y de ser conmovidas por la irnonía cínica, que obviamente no es para toda chica selfie instangram); pese a eso, la realidad es que sería maravilloso que se dedicaran a sus propias vidas porque la mía se ha acortado y por desgracia tal vez no cuente con el tiempo suficiente para devolverles la gentileza en persona y cara a cara cuando me las vuelva a topar (a veces, como no retengo resentimiento ante cosas sin importancia pasa que alguna boludita tipo Victoria Justina me viene a saludar en ¿son de paz? después de haberme dicho “depilate bigotuda” como quien dice un insulto y yo de colgada nomás no recuerdo quién es hasta el día siguiente y en vez de escupirle un ojo (porque si le rompo la trompa seguro me mandan presa) la saludo, oh idiota de mí desatenta; pero como les decía sería genial que se dediquen a hacer todas las cosas magíficas que están haciendo y que tantas alegrías y éxitos en la vida les están dando en vez de dedicarse a mi porque como gozo de menos tiempo y lo tengo muy ubicado en ocuparme de asuntos alegres no podré, cuando sea el momento propicio, devolverles las caricias, que a cada chancho le llega su san martín y yo soy bien capaz de cobrarmela cuando menos se lo esperen. Por las dudas, miren para atrás al caminar. (Ay, sí, apología del delito, ay sí amenaza, oh que mala soy, oh seguro que este año quemaré viva a otra persona, ay sí sí, quién llama a la policía y a los medios?).
Ah, ni se les ocurra pensar que lograran hacerme suicidar con su pusilánime reactiva hostilidad general y su capacidad de excluir a fuerza de pelotudez, buena conciencia, chusmerío y mentiras (o verdades) para que luego puedan hacer un encuentro homenaje, publicar un libro, filmar un corto, recital o demás pavadas que hace con las asesinadas por ustedes las hostilizadoras de verdad, las que entregan y emiten los carnets de comunión e inclusión al lesbofeminismo; a mi me lleva el Crohn, o mi propia mano, pero por la pérdida psicofísica de aquello que ustedes me envidian, y a eso, estoicamente les digo, chiquitas de bien, pese a sus intentos no tienen acceso.
Besos en el amor romántico poli para todas. Tengan cuidado, estoy mirando a tu novia y qué, ella me gusto y yo a ella también, oh sí, y qué. Y por favor, en honor a nuestra consagrada cantautora registra propiedad privada y marca S. P., tengan a bien no ser tan cobardes, si van a inventar, luego aguanten los trapos, como ella. 
Y no dirán que me engrupí por qué modesta siempre fui.



domingo, 4 de enero de 2015

dios pareja patagónico

Imposible competir contra el dios pareja. Adonde vayas, él viene. Incluso se presenta en formas reterritorializadas más sofisticadas. Lo tendrás hasta en la fiesta de un grupo de amigas donde ninguna es pareja de la otra. Si hay 5, una se queda afuera. A veces me recuerda a la triangulación neurótica, aunque seamos múltiples, el dios pareja se las arregla para hacer de todo dos: Ellos y vos. Ellas y vos. Donde esté el dios no entra nadie más. Donde está el dios se pone un fin la horizontalidad, los devenires, las posibilidades, el juego, lo incierto. Sabés bien cómo van a ser las cosas, él te lo dice, te dice con quién te vas, cómo, adónde y cuándo, le entregás tu libertad y él te deja tranquila y segura; te dice con quién te quedás y a quién preferís, te dice qué hacer y cómo. Si no tenés pareja, te la inventa: dos amigas contra otra, o tres contra una, lo importante es que la cuenta de dos, el famoso nosotros y ellos. Lo importante es encontrar al chivo expiatorio, el fusible, que garantice que el dios viva feliz y contento en su mismidad. El dios pareja es siempre heterosexual, aunque quienes estén involucradas no lo sean.

Demos ejemplos.
Escena 1.
Famoso anarcopunk queer cirquero body art modification en el contexto de una fiesta se escabia y penetra con consentimiento de todas las partes, incluida su novia, a la cual se le dice compañera, al más mariconcito del jolgorio y gana así un cocarda más a su pechera queer de deconstrucción + amor libre. La pareja está ahí intacta, para que el señor tenga su aventura, pero no pierda su sostén y su apoyo y pueda jugar al puto en tanto y cuanto él sea el activo.

Escena 1.
Famoso grupo de lesbianas feministas implota y sus esquirlas altera todo el bioma de una comunidad fragilmente sostenida cuando la pareja alfa del grupo se ve  embestida por los viejos y queridos cuernos. La pareja abierta resulta no tan abierta, y el queer resulta subrepticio y silencioso, con práticas sexo afectivas de una ética rayanamente hetero. Al fin de cuentas, bien o mal, de manera más o menos elegante (porque seamos realistas, no siempre se puede ser elegante en un mundo plagado de parejas y reterritorialización) estamos hablando de unos polvos, que terminan en escenas de violencia de género (a las cuales me referiré en otro episodio, porque realmente creo que algo debe ser dicho acerca de la diferencia entre violencia sistémica y un exabrupto producto de prácticas sexo-afectivas poco agraciadas) que se expanden no solo hacia el cuerpo de la novia que tiene sexo fuera de su noviazgo sino a toda y cualquier persona que haya sabido del hecho pero no dijo nada (tal vez para no meterse donde no la invitan, tal vez para no traicionar amistades) y hasta cualquier persona que tenga trato con esas personas que sabían del hecho y no dijeron nada (personas que ni son ni quieren ser amigas de la pareja lésbica alfa abierta que se pelea a las trompadas por un par de polvos).

No sé realmente cómo esperan que reaccione una persona bastante desconfigurada dentro de esos sueños románticos de amor eterno y casamiento cuando se entera por tercerxs de que su novia le está lisa y llanamente metiendo los cuernos con una persona cercana, que varias lo saben, y que ella es el último orejón del tarro. Tampoco logro comprender por qué tanto escandalo por algo tan poco valioso como coger (ay el sexo sagrado propio de la pareja, el sexo especial, magnificado, ay el sexo por amor). Ni comprendo por qué las cosas no son claras blanco sobre negro: cojo con tal, quiero coger con tal, cogí con tal, cogeré con tal y espero que podamos seguir juntas y trabajarlo abiertamente porque no es tan grave lo que ando deseando. Menos comprendo, ¿será que me ando volviendo viejo?, que caliente el secreto, lo clandestino, lo oculto, lo que me recuerda tanto a lo hetero: las mentiras, las confesiones a ternceras. No comprendo que no te la seque como una pasa coger con alguien cuyos relacionamientos, el consentimiento y la distribución de la información es tan poco apropiada, horizontal y transparente.
Quedaron atrás mis años de pensar que expropiar conchas monogámicas era liberar mujeres, como expropiar tierras, robar en el supermercado, o destruir la heterosexualidad como régimen político. Tal vez lo sea, pero a mi me aburre. Lo que me calienta no abunda: grupo de amigas que politizan la sexualidad para algo más que la foto en la muestra de arte queer y que hacen de la amistad un modo de vida, no el coto privilegiado de reterritorialización de la familia donde cualquier comentario que hagamos sobre alguien del clan, por acertado que sea, desatará la furia propia de la madre defendiendo la potestad sobre el hijo, o de la hermana dejando en claro que si no hay lazo de sangre lo creamos contra cualquier cosa que desestabilice esa consanguinidad. Puedo entender que no nos guste que nos digan ciertas cosas o nos hagan ciertas observaciones, pero a esta altura cómo todavía se nos ocurre pretender no escuchar...

Prometo pronto escribir más sobre el dios pareja y la exclusión.
Pero por el momento dejémoslo acá.