domingo, 5 de julio de 2015

Postales



Postales

para Macky, sit tibi terra levis


Cuando una de mis alumnas de 70 y pico de años se moría de cáncer el año pasado, después de luchar contra él 8 años, me contaba que su marido estaba harto, cansado, peleaban. Ella me decía “él no entiende que yo no elijo estar así”.

En un encuentro antiglobalización del 2009 en Copenhagen se había armado algo que se llamaba el Trauma Support, para activistas que quedaban después de las manifestaciones y de la represión sensibles y vulnerables. La idea la había tenido un muchacho inglés que en una acción directa se había roto las dos piernas y tuvo que estar postrado meses. El había recibido toneladas de solidaridad y apoyo. Pero su compañera, que probablemente le limpiaba el culo todos los días había quedado más rayada que una cebra, y más que el “gracias” de él, no había recibido nada de apoyo. Sin ahondar en cuestiones de género sobre el papel de las mujeres eternas cuidadoras, la realidad es que el mundo entero identifica -o al menos tiende e intenta identificar- a la persona damnificada, pero no a la locura y desazón que la enfermedad produce en quien cuida de quien enferma. Y quien enferma quisiera guarecer a quien le cuida, pero no tiene resto ni cuerpo para hacerlo.

Una existencia formidable da la batalla final en un lugar lejano de mi casa en este preciso instante. Si bien todas nos estamos muriendo, algunas se nos van antes, y no precisamente durmiendo a la noche placidamente y sin darse cuenta. Da bronca, furia, diría, habiendo tanta gilada por ahí que no se merece ni un poco la vida, que justo sea esta persona la que padezca. Yo la he seguido a ella mucho más que ella a mi. Yo he sabido más de ella que ella de mi. He aprendido más yo, no sé si he podido devolverle algo. Y nos está enseñando a todas como la kohan que es una lección de cómo vivir, y cómo morir, y de qué es la teoría y la práctica y el feminismo y el lesbianismo y el queer. Nos está enseñando a no quejarnos, a estar alegres incluso cuando parece que no podemos nada, a sanar. Nos ha hecho a algunas más amigas, y a todas, sus compañeras, incluso a mí, que no he sido nada en su vida más que una admiradora. Quisiera que fuera casi cualquier otra persona que estuviera en su lugar, quisiera que no se vaya, del mismo modo que a veces me gustaría no tener Crohn. Cuando una persona así pelea su última batalla, no mucho más tiene importancia, excepto la alegría y aprender. Te digo gracias como forma de decir te quiero, siento que compartimos un camino, nos toca este arduo andar. Ojalá me sientas tu compañera tanto como te siento al lado mío, me dijo, yo no me atrevería a decir tanto. Cuando pienso en ella, pienso no tengo tiempo para sentirme mal, solo tengo tiempo para seguir sanándome hasta que Crohn esté tan estable que solo nosotras dos sepamos que vive en mí.

Adoro el boxeo de Sergio Palma, campeón supergallo de 1980 a 1983, cuando una lesión irrecuperable en la mano lo hizo colgar los guantes.

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