domingo, 22 de marzo de 2015

Games of Crohn ¿Elegirías enfermarte si pudieras hacerlo? Compañera Crohn


 


Para Nico Godzilla Vigna, amigo luchador de MMA y a su compañero Asma.



ell them

those traveling
with you now
far in-
side
the unforgivable 
how it was us
[who are with you
always]
pushed you
hard
deeper in-
to
the deep
where you found
our most bitter
dreams
our sweetest
dreams too
and how later
later
back and forth
back and forth
in the hollow of our
inextinguishable names
together we learned to fly
again
to fly away
again
together
in our name

Federman


¿Elegirías enfermarte si pudieras hacerlo?
Nada más extraordinario, nada más potente, nada más interpelador, nada más intenso me ha ocurrido en la vida. Ninguna experiencia más singular que haya posibilitado tanta expansión de límites corporales cuando en apariencia me acorta y me acota.
¿Elegirías enfermerarte? ¿Elegirías una discapacidad?
La pregunta está mal formulada. Nunca existe un sujeto que elige, ficción ideal de autonomía en la Modernidad del Heterocapitalismo. El primer diagnóstico de la primera enfermedad es como “varón” y “mujer” dentro de las segmentaridades y estratificaciones con las cuales nuestras potencias se ven materialmente moldeadas dentro del régimen heterosexual. Nuestros cuerpos son así definidos y diagnosticados de acuerdo a una arbitraria categorización de funciones solidarias al régimen, en vez de por sus modos, su capacidad de afectar y afectarse, por los afectos de los que es capaz. El Yo que elige encarna este delirio, esta taxonomía con la fruición con la que no encarnamos el acontecimiento de algo que ese mismo régimen llama “enfermedad”. El Yo que elige su desempoderamiento, su propio sometimiento.
¿De qué afectos es capaz una enfermedad autoinume discapacitante? ¿La enfermerdad compone? ¿Una mutación genética compone? ¿Es una enfermedad? ¿Qué queda de mi-yo si soy descompuesta hasta devenir otra? ¿Se llora al yo? ¿Se lo vela? ¿Se hace duelo por él?
Se trata de saber si las relaciones pueden componerse directamente para formar una nueva relación más extensa o si los poderes puede componerse para constituir una potencia más intensa. La gente que me quiere odia a Crohn más que yo misma. Yo la siento una compañía y una compañera. Me siento como conmigo misma. No me llevo de cuentos, hago oídos sordos a quienes predican a las personas como “difíciles”, sé exactamente a qué se refieren cuando te advierten o te compadecen, sobre el lomo abundan un tendal de “es una jodida”. Conozco que Crohn más adelante me causará dolores, me enfermará y me internará. ¿Pero que novia no lo hace? Esta al menos me hace sentir viva, y eso algo que no siempre acontece. Escribo con ella una nueva educación sentimental.
¿Cómo podría haber alcanzado las alturas y las intensidades que logré con mi cuerpo y con otros cuerpos sin Crohn?
En los mitos de la antigua Grecia, cada vez que un sentido se perdía, los dioses compensan con otro: Palas Atena ciega a Tiresias, y a cambio se le concede el don de la adivinación.
¿Elegirías enfermarte si pudieras hacerlo? ¿Cómo algo que no tiene cura puede llamarse enfermedad? ¿No se trata acaso de una condición del cuerpo, como la altura o el color de piel?
Convivo con un huésped. Ya nunca me siento sola. Nunca me abandonará. Siento mi cuerpo cómo, más que antes, se me constituye por un conjunto de relaciones que no dejan de componerse las unas con las otras y de descomponerse, también. Deleuze dice que “Aprender de memoria a Spinoza sirve para la vida”. Spinoza dice que dos relaciones convienen cuando se componen con una tercera relación más compleja.
¿Y si prefiero a Crohn no como aquello que me descompone sino como el driver de agenciamiento que precipita las pasiones alegres? ¿Con qué complejidades me compone?
Persevero en mi misma en la medida en que ese conjunto de relaciones que me constituyen es tal que las relaciones más complejas no cesan de constituirse en relaciones más complejas. Movimiento y reposo. Todo cuerpo tiene un número de partes que le pertenecen conforme a una determinada relación de movimiento o de reposo que le caracteriza. Lo malo vendría a ser aquello que descompone la totalidad o parte de mis relaciones constitutivas. Es decir, aquello que fuerza a mis partículas a tomar otra relación que no corresponde a mi conjunto. Lo malo, que no es el Mal, debe concebirse como una intoxicación, un envenenamiento o una indigestión, una intolerancia o una alergia. Lo malo tiene lugar cuando circunstancias exteriores determinan que las partes extensivas que nos son propias conforme a una relación entren en relaciones distintas, o bien cuando se nos echa encima una afección que excede nuestra capacidad para ser afectadas. Solo mediante la experiencia puede saberse de una cosa qué es un veneno. Entiende mi cuerpo entonces la enfermedad o sus antídotos como datos experienciales/experimentales. Spinoza explica que una lógica de las relaciones es distinta de una lógica de atribución, siendo ésta la relación de la cualidad con la sustancia. Cuando digo “soy enferma” (porque Crohn no se cura, por eso me consideran legalmente discapacitada, no tengo remedio, así me quedó por el resto de mi vida), atribuyo una cualidad o predicado a un sujeto: el sujeto es “yo” y “enferma” es la cualidad o predicado. La relación, en cambio, no es una cualidad atribuible a una cosa. Se llamará bueno a todo objeto cuya relación se componga con la mía de una manera en la que le conviene a mi cuerpo. Se llamará malo a aquello que descomponga mis relaciones constitutivas. Las enfermedades según Deleuze pueden modificar de tal modo las relaciones que una llega a preguntarse si realmente subsiste el mismo individuo: “hay muertes que no esperan la transformación del cuerpo en cadáver”, y esto vale para cuerpos supuestamente sanos, válidos, capaces, capacitados. Prefiero desafiar con mi desatino el régimen que postula que deficiencia significa un problema en la función corporal o alteración en la estructural corporal como por ejemplo la ceguera o la parálisis; y que limitaciones en la actividad significa dificultades para realizar actividades como por ejemplo comer.
¿Quién estipula quién está enfermx? ¿Quiénes se erigen sanxs sobre lxs enfermxs?
Un mundo que habla de la enfermedad como camino pero no habla de la enfermante, enfermador, y enfermo que es su estar sano, adaptado y cómodo; que calla y acalla lo enfermo de su salud. Mi cuerpo, los cuerpos, necesitan apoyos, asistencias, técnicas en su esencia singular; no obstante algunos viajan en primera clase de la ciudadanía de salud total.
¿La modificación, no obstante, puede ser de tal género que nuestra parte modificada se comporte como un veneno y disuelva las otras partes volviéndose contra ellas?
Un acto es malo si descompone directamente una relación constitutiva mientras que es bueno cuando compone directamente su relación con otras relaciones. Hay algo que atestigua una última irreductibilidad de lo “malo”: la tristeza, o disminución de la potencia de acción, del poder de afección que se manifiesta tanto en desesperación infeliz y en odios resentidos y rencorosos.
¿Y si fuera necesario destruir una parte de mí para precipitar un devenir, para reconstruir? ¿Cómo puede ser destructivo, envenenarte, nocivo algo que me da entidad, algo que está dentro de mi cuerpo, que forma parte de él?
La destrucción como una pasión creativa. Crohn, entre otras autoinmunes, entre otras diversidades genéticas, entre otras mutaciones y modificaciones que ponen en jaque la buena conciencia y visibilizan el microfascismo del standard de normalidad hetero-humano, forma mi cuerpo como una parte constitutiva singular que vehiculiza nuevas potencias insondables de otros modos. Mi cuerpo autoinmune, máquina deficiente y defectuosa, funciona, logra su objetivo al límite de su poder, como cualquier otro cuerpo, funciona como cualquier máquina, rompiéndose, dañándose, ni infinitas ni por siempre. Cada cuerpo goza de la suerte que puede soportar hasta el extremo del continente de la espesura de su territorio móvil y dinámico. Todo cuerpo necesita ciertos aparatos técnicos para funcionar: zapatos, bastón, silla de ruedas. Todo desplazamiento necesita una tecnología asociada a un cuerpo. Cambia la tecnología en función de la singularidad de un cuerpo y la estadística hiere letalmente en el corazón a la pequeña mutante que había ahí. La primera monita más fea que se bajó o la bajaron del árbol. Lucy aburrida, buscó con su pulgar oponible qué hacer: fuego y algoritmos. Ahora, no volver al árbol, ahora armar un mundo que no se deshaga de sus diversidades, que no las obture y que conviva sin extinguirlo con los mamuts: Neandertal que cuida de todes les miembres de la manada y no dejan a nadie atrás, desterrados del mundo por los proto sapiens cromags, que practican la caza intensiva hasta el aniquilamiento, de quienes descienden los sapiens sapiens. Ningún cuerpo organiza su existencia sin una técnica y sin un agenciamiento a ciertos dispositivos tecnológicos, una cierta tecnología, fuera de nuestros cuerpos, un cuerpo pudiente no es un cuerpo autosuficiente que supone una idealización de la autonomía corporal viril occidental heterosexual: ni siquiera aquel varón alfa blanco en su mejor momento alcanza esa autonomía que depende del hecho oculto de una opresión de otros cuerpos distintos al de él que lo sostiene. Somos tecnovivas conectadas, cyborgs de materia orgánica. Mutantes que explicitan desde su plataforma los flujos de cooperación, apoyo mutuo e interdependencia que el concepto de normalidad, capacidad, salud y autonomía menosprecian.
¿Tengo la capacidad corporal para soportar a Crohn?
Pienso en Crohn como Beatriz Kiddo piensa en Pai Mei en la película Kill Bill, no es fácil lidiar con un maestro tan severo pero se aprende cosas que nadie sabe, que a otras no enseña. Me niego a ver a Crohn como lo malo, como un enemigo a vencer, un extranjero, me niego a ver la extranjería de de mi auntoinmune como algo que no me compone en un cuerpo vitalmente más potente, aunque me descomponga, me niego a ver la medicación con la que me agencio para inhibir mi factor de necrosis tumoral exacerbado, nervioso y desquiciado, como veneno, aunque soy consciente de que me chuto cada 15 días el régimen farmacopornográfico molecularme en mi torrente sanguíneo directo al corazón. ¿Acaso la bicicleta que hoy es el símbolo de la autonomía autogestiva no es un invento de la Modernidad? Me rehúso a entender los remedios contra la enfermedad como parches porque eso supone una idea de cuerpo con una salud total, cuerpos ciudadanos plenipotenciarios de pleno derecho vs. cuerpos lúmpenes, marginales, migrantes, descastados, precarizados. La idea de que ciertos cuerpos en algún momento alcanzan una ciudadanía de salud total y universal que otros no la tienen o que la perderán con el correr del tiempo es una idea a la cual es menester oponerse: es el principio sobre el que se ampara la idea de normales y anormales, la idea de capaces e incapaces, capacitadas y discapacitadas, la puerta que se abre al ideal androgenético de superioridad física de esta virilidad heterosexuante construída molecularmente, tan molecularmente como mi vida hoy, que depende de un chute de anticuerpos mono clonados anti factor de necrosis tumoral, tanto como las pastillas anticonceptivas y sus efectos secundarios: hacernos mujeres donde antes había potencias insondables.
¿Elegirías enfermarte si pudieras hacerlo? ¿Por qué yo?
La tentación de reterritorializar la culpa del Edipo es grande. Los agentes de la medicina piensan el cómo lo hace y operan sobre él. Prefiero indagar qué potencias despliega esa ignorancia, esa falta de reconocimiento, ese desquicio. Deleuze considera las así llamadas autoinmunes como enfermedades de información, algo en los flujos de información se desconectó. Me dicen que mi propio cuerpo no reconoce sus propias moléculas, las trata como intrusas, las ataca.
¿Elegirías no enojarte con tu enfermedad, no verla como una atacante foránea, una invasora, una migrante sin papeles? ¿Cuerpos extranjeros en su propio cuerpo que no hablan su mismo código? ¿Si el cuerpo soporta esta modificación en el flujo de información no se estará acaso vehiculizando alguna otra cosa? ¿Y si en realidad tuvieran un lenguaje caótico que hace vibrar en una lengua inaudible a la razón? ¿Qué relaciones compone en mí Crohn? ¿Qué potencias pueden ser desplegadas a partir de ahí?
Rechazo la sintaxis con la que la narrativa occidental organiza sus rituales. Me re-escribo otra historia donde devengo replicante nexus 6, con 5 años de funcionamiento. Luego, vemos, a no perder tiempo en capturas y pasiones tristes. No dejarse capturar por la estadística y entregarse sin pausa a la incertidumbre. Lucy de Luc Bresson. No odiar a Crohn. No entristecerme. No resentir. Armar bioma, perseverar en mi ser. Por caso, ya nunca ando sola, la tengo a ella y ella me tiene a mí en esta relación simbiótica que me acomoda la humanidad en su punto más alto: donde no me dejo vencer por las tristecitas bobas de quién no tiene nada de que quejarse como el resto de quienes se creen sanos y saludables y salvos. La hago lucha, resistencia, devengo virus, bacteria, me vuelvo más resiliente, vulnerable y frágil, con experiencia, fuerte, bacteria. Si durante nuestra existencia hemos sabido componernos en más partes aumentando nuestro poder de acción, experimentaremos una gran cantidad correspondiente de afecciones que solo dependen de nosotras mismas, es decir, de nuestra parte intensa. Elijo componerme con Crohn.
¿Si las enfermerdades autoinmunes no son externas, ergo cómo puede ser malas, como pueden querer aniquilarme?
Portadoras de acontecimientos e intensidades objetan la durabilidad del cuerpo en un fogonazo de vitalidad. Cuanto más nos elevamos durante nuestra existencia a estas autoafecciones menos cosas perdemos al perder la existencia, al morir o incluso al sufrir, y tanto mejor podremos afirmar efectivamente que no había mal o que nada o muy poco de lo malo pertenencia a la esencia, porque nada en mi esencia está ahí para destruirme. Ergo, como puede mi esencia portar el germen de mi destrucción: “Nadie tiene aversión ni se da muerte en virtud de la necesidad de su naturaleza sino por causas exteriores”.
¿Será que conservarse a veces signifique perecer? ¿Será que a veces es necesario perecer para conservarse?
Time enough: “..sabemos que es bueno o malo aquello que conduce realmente al conocimiento, o aquello que puede impedir que conozcamos”. Llamamos “bueno” o “malo a lo que aumenta o disminuye, a lo que favorece o reprime nuestra potencia de obrar. Entonces una cosa que es completamente distinta a la nuestra no puede ser ni buena ni mala. Y algo que aumenta mi potencia de obrar, mi potencia de conocer, por dura que sea no puede ser mala. En la medida que una cosa concuerda con nuestra naturaleza es necesariamente buena. Cuánto más concuerda una cosa con nuestra naturaleza tanto más útil o mejor es para nosotras, cuánto más útil es una cosa para nosotras tanto más concuerda con nuestra naturaleza. La experiencia corporal me convence de que a mi cuerpo le conviene Crohn en un sentido inusual, bizarro, poco frecuente. El desafío de un cuerpo potente, pura vitalidad. Crohn aleja en mi la muerte en tanto me hace disfrutar la vida en un presente que tiene la certidumbre del aquí y ahora: “[una salud] tal que uno no sólo la tenga, sino que además continuamente la adquiera porque cada día la entrega de nuevo y tiene que entregarla… Y ahora cuando llevábamos ya mucho tiempo de este modo, los argonautas del ideal, acaso con más ánimos que lo que sería prudente, habiendo naufragado bastantes veces y sufriendo estragos, pero como se ha dicho, más sanos que cuando alguno quisiera permitirnos, peligrosamente sanos y volviendo a estar sanos” (Nietzsche, Die fröliche Wissenschaft). Crohn, una gran salud, que me permite vivir "peligrosamente sana". Una salud que puede entregarse, perderse y adquirirse de nuevo; que me permite naufragar y sufrir estragos, y volverme a poner a salvo en las orillas de una nueva salud recientemente conquistada. Una salud que no me descompone a mí sino que enferma la seguridad en los estándares de normalidad de funcionamiento de un cuerpo y sus dispositivos técnicos aceptables. Cuerpos que se mueven en maneras transvaloradas, aquellos que causan disgusto e incomodidad a quienes desean encarnan la heteronorma social, cuerpos que utilizan sus partes en maneras que desestratifican los usos regulatorios: una mano para tal cosa, la nariz para tal otra, el intestino y el culo deben funcionar así. Mover el cuerpo de otras maneras significa alejarse de la humanidad, ponerla en jaque. Impedimento es lo que mi cuerpo es, lo que el cuerpo médico dice que mi cuerpo tiene, sus diagnósticos. Una gran salud que hace necesaria la enfermedad, que la solicita para poder superarse a sí misma, arriesgarse, perderse y poder arribar a otra salud más sana que desafió a la otra, delirio que decrece mis potencias con su delirio. Mi condición como el agenciamiento necesario que precipite otras otras formas de vida, ir más allá, no sólo perseverar en mi ser, sino expandirme, devenir. Miedo a perder la seguridad “la gran organización molar que nos sostiene, las arborescencias a las que nos aferramos, las máquinas binarias que nos proporcionan un estatuto bien definido, ...'los valores, las morales, las patrias, las religiones y las convicciones íntimas que nuestra propia vanidad y nuestra propia complacencia nos conceden generosamente, son otras tantas moradas que el mundo prepara para los que así piensan mantenerse, de pie y en reposo, entre las cosas estables; no pueden imaginar hacia qué terrible fracaso se encaminan!"” (Deleuze y Guattari) Crohn me permite oponerme a la aura mediocritas que considera las potencias corporales de las mutaciones como enfermedades, discapacidades, fealdades. Crohn premio a mi trayectoria ano(r)mal, concepción positiva de la “enfermedad”. Crohn ya no firme, inmóvil, fósil, terrateniente propietario miedoso de la inseguridad que asegure al propio cuerpo su propiedad privada de sano, sino ligereza, cambio, de improvisación. Ya no tengo un matrimonio monógamo y heterosexual con mi salud sino un cambio de costumbres donde quienes mutamos, esta horda de ostensibles cyborgs, oponemos nuestras prótesis moleculares y de las otras a quienes se creen que existe algo así como cuerpo sano y normal: “Por cierto, estoy sinceramente agradecido desde el fondo de mi alma a toda esta desgracia mía —al estar enfermo y a cuanto es continua imperfección en mí, porque del mismo modo me deja abiertas cientos de puertas por donde puedo evadirme de las costumbres duraderas.”(Nietzsche, Die fröliche Wissenschaft). Crohn, enfermedad que hace posible la salud creativa de todo lo vivo, creación de las transvaloraciones necesarias frente a lo fijo y monolítico de los estados inamovibles. Crohn plataforma de experimentación afectiva, torrente de experiencias que intentan ensayar nuevas formas de vida, en pos de la expansión y la fortaleza. La enfermedad forma parte de este experimento. Porque la vida está dada, como el bosque enseña, por su capacidad de expansión, de afectación, de contagio. Cuerpo que ha de encaminarse a grandes riesgos. Cuerpo al que vuelvo, cuerpo que vuelve. Enfermo aquel cuyo cuerpo ha olvidado en la decadencia: “Enfermos y moribundos eran los que despreciaron el cuerpo y la tierra, y los que inventaron las cosas celestes y las gotas de sangre redentora” (Nietzsche, Also sprach Zarathustra). Cuerpo que se pregunta qué puede al conocer sus afecciones. Cuerpo que se define por aquello de lo que es capaz de crear, de desear, destruir, asimilar y dominar. Cuerpo que vuelve a poseerse en su plena potencia en los momentos más agudos de la suma pérdida: salud del normal, identidad capacitista petrificada tanto o más dañina que la peor de las enfermedades, índice de que la debilidad se ha apoderado del cuerpo. Discapacidad como represión social de esa encarnación única y singular que no se ve signada a conformarse con los estándares de heteronormalidad, la subjetivación social y la creación material de esa otredad discapacitante que reconcilia el cuerpo normal esclavo con su esclavitud autoelegida. Discapacidad como los efectos discapacitantes de una sociedad que nos necesita para sentirse sanos. Desafiar la forma tradicional del cuerpo ideal, sin esencia ni morfología ni funcionamiento correcto, idealismos que instauran las fronteras de lo humano con otros existentes y nos impide armar una ecología entre todo lo que vive. Habitar en un mundo donde nos asistimos las unas a las otras, donde asistirnos no sea un tema individual, sino donde podamos ser los distintos modos de un mismo ser. Y sin embargo, algunas necesitamos de otras asistencias no usuales para sostener el cuerpo por las cuales es menester luchar.
¿Elegirías enfermarte si pudieras hacerlo? ¿Cómo podría ser esta la disminución de mi potencia cuando nada me hace más fuerte?
Ni enemigo ni pasión triste, dinamizador de serenidad, de calma, de equilibrio, de disciplina en las alturas, tecnología del yo a reírme sin mala sangre. No se nace ni libre ni racional, sino que nacemos a merced de los encuentros, es decir a merced de la descomposición, a merced de cada Crohn. Se reina sobre los esclavos disminuidos en sus potencias, que nada tienen que ver con las mutaciones antropoides conectadas a dispositivos técnicos: desde sillas de ruedas hasta implantes de toda índole. Lick my wheels and be my bitch. Se instaura el régimen de la tristeza, del arrepentimiento, del resentimiento y del odio contra el cuerpo, su olvido en pos de la estabilidad de una salud supuestamente perenne, la cual es menester salvaguardar contra cualquier riesgo. Todo es peligroso, vivir es peligroso. Si lo bueno tiene lugar cuando un cuerpo compone su relación con nuestras relaciones y aumenta nuestra potencia, no puede haber una esencia autodestructiva. Por ende si nuestra esencia lleva en si el germen autoinmune no será entonces que no descompone si no que nos compone en algo superior, no será que somos para ese organismo lo mismo que la comida es para nos y que así mutamos. Lo bueno es organizar encuentros unirse a lo que conviene a nuestra naturaleza, aumentar la potencia. No convenir puede significar expropiarnos de nuestras potencias, entristecernos, volvernos esclavos, es decir, diagnóstico sano, pero enfermos.


.

No hay comentarios:

Publicar un comentario