domingo, 18 de enero de 2015

Chivo expiatorio moda lesbiana


Miro a los seres humanos y sus prácticas en muchas cosas como el famoso caballo de Tolstoi los miraba en su texto conocido como Jolstomer. 



Creo que facebook los terminó de destruir a todos. Los devastó. Les dio la oportunidad de ser alguien, de compartir sus mambos y de crear nuevos. La cuestión del perfil falso obviémosla porque en realidad qué perfil no lo es. Pero los usos de facebook y las intrusiones son desopilantes. Por un lado me imagino toda una caterva de retardadas y retardados sociales, abúlicos y abúlicas heteras y heteros, mendicantes de vitalidad y vitalismo, intentando chuparnos la sangre, hacernos perder el tiempo.

Me encantaría poder esta vez, como hago siempre, echarle la culpa a los heteros, pero quienes mejor manejan el largo látigo de la lengua de la no son estos privilegiados del régimen sino las mismisimas tortas. De allí que no pueda ver el lesbianismo como la tierra prometida de amazonas que Monique Wittig nos prometio a todas ni pueda alegrarme de ser una de ellas, o de considerarme yo una de ellas. Me hubiera encantado encontrar a las compas prometidas fugitivas de la esclavitud hetero...¿pero qué se encuentra?

La exclusión lésbica endogámica donde yo vivo funciona de la siguiente manera: si por un motivo Z le cae mal a A y todo un grupo de bcdfhijks, por ende, acriticamente defenestrarán a Z, sin darse la más mínima posibilidad de conocerla. ¿Por qué? Simple, el lesbianismo local suele operar como una congregación de temerosas mujeres celosas que ante la posibilidad de quedar excluidas ellas, hacen causa común con el prejuicio, no vaya a ser que la próxima en caer sea una, no?

También existe otras posibilidades además de haber caído en desgracia con una de las Alfas lésbicas (motivos para caer en desgracia abundan, desde los políticos hasta los inventados, porque cuando no hay razones, nos las inventamos, lo importante es tener un chivo expiatorio a quién poder lapidar para poder hacer causa común). Por ejemplo, no estar haciendo lo que los distintos grupos de pertenencia de líneas duras del ser lesbiano están haciendo, no estar a la moda torteril del momento: no jugar al fútbol ni al roller derby (dos deportes con alto índice de lesiones y que como contraprestación a eso no enseñan nada de nada, excepto a competir tan a las ñapis como el boxeo con las congéneres), no bailar tango sino reaggetón, no escuchar música tocada por canta-autoras con guitarrita, no ser ni lo suficientemente carnívora ni lo suficientemente vegana, no querer tener hijos ni hijas, no querer casarse ni encerrarse en una pareja que convive y donde no se incluye a nadie más, ser bisexual (estas solo son admitidas cuando son la calienta entrepierna de las chongo, mientras funcionan idealizadamente nunca ejerciendo su rol lésbico, porque si una vira lesbiana y a su vez osa comer bepi alguna vez, vade retro satanás, será señalada y quemada en la hoguera de las impuras); entre otros tantos ejemplos. Si por el motivo que sea no estás comulgando con las modas lesbianas del momento que van desde el abolicionismo del trabajo sexual hasta la monogamia parejocracia maternaloide procreacionista y el kirchnerismo, tus posibilidades de entablar relaciones con otras tortas desciende estrepitosamente. Si a esto le sumaste algún que otro entredicho con alguna alfa, como decíamos antes, que puede dar rienda suelta a una catarata de críticas infundadas, maldicientes, chismosas e inventadas, lo que te conviene es tomar los hábitos y convertirte en monja, donde todavía ostentás alguna chance de entablar un vínculo afectivo intenso no heteronormativo (puesto que todas las monjas primero se garchan a jesutito, el espíritu santo y dios y por ende no pueden ser monogámicas ni madres).

Otra tendencia que está muy al corriente ultimamente por estas regiones además de 1. haber caído en desgracia y ser la persona impresentable que nadie quiere cerca porque sino las otras no se le acercan; 2. no estar a la moda de la buena lesbiana deportista del momento; 3. o no ser lo suficientemente lesbiana pura sangre; es la fluidez de género. Esta tendencia que se viene registrando en toda Saudakalandia prescribe que las cosas tienen que estar bien claritas y cortadas de un lado u otro como con una katana, una división que cauterice. O femme o butch. Nada de esas cosas queer importadas raritas. Si sos butch chongo chongo y vale tener kilos de más, pero por favor, nada de estampados ni telas de maricón, ni colores pastel, nada de tener una masculinidad tipo mariquita. Si sos femme dos posibilidades o pin up (y ahí unos kilitos de más están bien para el estereotipo), o señora delgada y elegante de su casa (nada de gorditas si no vas a estar a la moda de los años 50 , ok?). 

La verdad es que todo esto tiene un cierto tufillo a lesbofobia microfascista internalizada o de cómo odiarnos todas entre todas con todas un poquito más mientras hacemos nuestro mejor esfuerzo en ser cada día un poco más hetero a la altura de nuestras prácticas y nuestros deseos. Como cuando íbamos a la escuela, lo que importa es ser popular o al menos estar entre las populares, nada de grasas o gente que incomode a los distintos partidos lesbianos ya sea progresistas radicalizados, radicales policíacos o claramente retrógrado conservadores. Nada de no querer agradar a las demás o de salirse del espacio de las comunes, a quién se le ocurre tamaña sandez!

Mientras tanto, las buenas noticias son que las hetero están mucho peor y por ende ese mundo no tienta ni medio; escaso consuelo si pensamos que cada día nos parecemos más a lo que nunca deberíamos haber sido desde un comienzo y de lo que supuestamente estaríamos fugando.

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