miércoles, 28 de enero de 2015

Aborto retrospectivo de la heterosexualidad como régimen político, una entrevista con Frieda Frida Freddy by Leo Silvestri


Hace un tiempo viajando por Brasil escuché a una joven bixa activista decir que si bien fachabuk era una mierda, como todas sabíamos, te acercaban  mundos y personas descastadas y posibles que de otro modo no conocerías debido las distancias geográficas. No recuerdo ni cuándo ni cómo empecé a reparar en los estados de Frieda Frida  (https://www.facebook.com/frieda.freddy?fref=ts) uno de los personajes conceptuales más ricos de las redes sociales, si ella me agregó a mí o yo a ella o cómo fue. Tampoco importa. La inclemencia, el desparpajo, la intransigencia de los enunciados de su praxis vital llevada adelante desde México la llena de enemistades e intolerancias que la hacen tan cara a mí, a veces creo que no nos une por suerte el amor, sino el espanto o el escarnio parafraseando a Borges. Son las marginales, las vapuleadas, las que dicen con las armas que tienen en cada momento, ya no lo que otres no se animan a decir, lo que siquiera se atreven a pensar. Desde allí y a propósito de sus talleres de "aborto autogestivo en casa" en un territorio donde el aborto es legal se nos ocurrió hacerle esta entrevista para que todas nos veamos interpeladas por ella y su manera de vivir. Sin duda habría mucho más para dialogar y debatir, pero eso quedará para la próxima. Roguemos a las divinidades que nuestra querida amiga no sea seducida por las hegemonías que a punta de halagos terminan desafilando la radicalidad para congraciarte. Gracias Frieda por tus palabras...cada día más contenta de contarnos juntas re-pensándonos y amigas.




1. Si mal no me equivoco, México fue el primer país del continente americano en legalizar el aborto. Sin embargo, vos das talleres de aborto autogestivo en casa. Me da la sensación que la situación de legalidad de México alerta al feminismo sobre este fetiche que se suele tener con las leyes, el Estado y la alianza médico-jurídica. Sin ir más lejos, acríticamente el slogan local de la buena conciencia sobre este tema es “aborto legal para no morir, anticonceptivos para no abortar, educación sexual para decidir”. Quisiera que expliques cómo ves vos este tema con respecto a las ventajas de continuar realizándonos abortos autogestivos en casa versus la confianza ciega de ciertos feminismos en las instituciones médico-jurídicas, y cuáles son tus motivaciones para realizar estos talleres y reinventar estos conocimientos.

La rancia idea de que el aborto TIENE (así imperativamente en mayúsculas) que ser dentro de un hospital y con un médico porque si no es así entonces NO PUEDE SER, ¿cierto? “No está bien”, te dicen, “es sumamente riesgoso, qué irresponsable, no, no, no, muy mal”...

Y fíjate, es rancia porque es una idea falsa, qué digo falsa, ¡es tramposa y manipuladora! Alimenta esa falacia buenrollista, polite y muy del activismo progre derechohumanista victimizante, maternalmente arropador; le hace el caldo gordo al Estado, al progresismo bienpensante, redentor, salvador, único, verdadero; repito: falso.

A mi esa frase pedorra que mencionas me da nausea y urticaria, es como si la dijera cualquier señora burguesa católica que se las da de incluyente, consciente, leída y académica, pero no deja de alzar el dedo rector y misógino a la menor provocación. Se asume que cuando te dan educación sexual ya no tendrías que embarazarte jamás, porque ya lo sabes todo y sabes cómo “cuidarte”, entonces si te pasa será “por tonta, por irresponsable”, ¡porque tú lo sabías y mira lo que te pasó! Culpabilizando con ello, otra vez, una vez más, para no variar, a las mujeres. Además, ningún método anticonceptivo es cien por ciento seguro, ni uno. ¿Por qué se asume entonces que si usas alguno no tendrías que embarazarte? Muchas quedan embarazadas con el DIU puesto o el implante. Y por último, eso de aborto legal para no morir, bueno, qué te digo Leonor, la creencia generalizada que los hospitales y los médicos salvan vidas y son dioses, ah, y que allí todo se resuelve y no pasa nada, nada, más que el bien, ¡sí cómo no! Cuando lo cierto es que en el hospital también muere mucha gente a cada minuto por negligencia, por misoginia, porque los médicos por muy médicos que sean han sido criados y creados en este mundo heterosexual y macho, y las violencias que ahí se generan de parte de ellos y la ciencia médica hacia los cuerpos de mujeres y una decisión de aborto, son altas y muy violentas. Aborto legal para no morir, ¿viste? Por lo tanto aborto ilegal igual a muerte parece ser ahí la consigna católica y burguesa implícita. ¡Asco!

Pero nadie lo dice, nadie dice que los médicos no son dioses y también matan gente, la matan social y físicamente, y menos lo dicen las activistas derechohumanistas que viven del erario público y de las políticas que papá Estado a través de sus organismos esposos e instituciones machistas otorga. Porque lo importante será siempre salir en la foto, en portada, con el encabezado “ya avanzamos, enhorabuena, lo logramos, ya hay una ley digna, esto es un logro en la lucha”; para este activismo, igual que para la democracia y el Estado, las mujeres son sólo una estadística, un número, las cifras importan y pesan mucho más para hacer el reporte mensual y anual de la ONG y/o la asociación civil, o del periodo de gobierno. Y nada más.

Hartita estoy del cuento de que si no es con leyes que el Estado “generosamente reconoce y otorga”, no podemos abortar de forma segura, de que si no es en un quirófano todo lo demás es igual a hemorragia, charcos y charcos de sangre, dolor, tortura y muerte, ¡y pues no! De ninguna manera, ¡claro que podemos abortar en casa de forma muy segura! Muy segura.

Las mujeres han abortado desde siempre con o sin ley, y lo seguirán haciendo. Que han muerto muchas mujeres en ese hacerlo, es cierto, yo no lo estoy negando, pero no es por el proceso en sí sino por la falta de información o la información errónea sobre cómo llevarlo a cabo y la estigmatización, el miedo y la culpa que siembran sobre realizarlo en casa y no en el nosocomio. Nuevamente consumimos el cuento que la medicina y los médicos salvan vidas como con superpoderes y son los únicos que pueden hacer algo en estos (mal)llamados espacios de “salud”, ¡porque, oh, oh, tampoco es verdad!

El aborto en casa no tiene que ser con un gancho o una tiara, ni golpeando el vientre o rodando por las escaleras, como hicieran muchas mujeres al sentirse solas, desesperadas y vulnerables. Ahora ya no están solas, no tienen que estarlo. Hay que informar e informar sin sesgos y feministamente sobre cómo hacerse un aborto seguro en casa, amplia y detalladamente paso a paso, con todos los detalles alrededor, con todas las medidas de seguridad pertinentes, y también hablar y señalar la solución a posibles problemas secundarios que pudieran ocurrir durante el proceso de aborto en casa.

Así que habiendo hecho este pequeño e ilustrativo paréntesis, déjame contarte que mi taller de aborto en casa pues es, qué te digo, ¡es una monada! Básicamente se trata de desmontar esta falacia de que la legalidad es una maravilla y la “ilegalidad” así entre comillas, es horror, tragedia y muerte, ¿y cómo lo hago? Lo hago con especial énfasis en el lenguaje y toda la carga sociocultural que conlleva, porque es con la manera de nombrar y señalar cotidianamente como han logrado cimentar, reproducir y perpetuar todo este sistema que oprime y asfixia a diario, así lo han construído.

Por ejemplo, les digo que dejemos de decir que el aborto es ilegal, porque no lo es, no lo es de verdad. El aborto como tal ha estado desde décadas en la constitución mexicana, como ha estado en muchas otras constituciones del mundo también... Lo que varía son las causales, y a partir de ahí le llamamos restricción, porque eso es lo que es, restricción y no ilegalidad, por eso te decía hace un momento lo de las entrecomillas. Y como este ejemplo de empezar a desmontar el aborto desde el lenguaje hay montones más en el taller. Así empezamos las sesiones y luego encarreradas nos seguimos hablando de sexualidad más allá de la genitalidad y el coito, que es donde manipuladoramente la han sumido. Nadie te dice nunca que cogemos sólo porque nos gusta, porque nos calentamos, porque sentimos rico, y que coger no es equivalente a un embarazo, pero que si este ocurre, un embarazo no es igual a un parto, para eso hay un proceso largo de más de 35 semanas, y antes, es donde se sitúa el tan satanizado y estigmatizado aborto. Lo que yo trato de hacer con las amigas que van al taller es que tiren la culpa al inodoro y le bajen tres veces a la palanca para que se vaya lejos toda esa mierda al caño, así metáforicamente te lo digo.

Y finalmente les comparto un protocolo de aborto con pastillas. Son dos sesiones de 5 horas cada día lo que dura este maravilloso taller transfeminista, antinorma y antiestado que doy.

Nos centramos en concientizar nuestro cuerpo, hacernos fuertes, autónomas, todo eso que no le gusta al sistema; el mundo social ayudado por el onegeísmo, las instituciones y las buenas conciencias, lo que quieren siempre es que hagamos las cosas y vivamos como ellos y ellas mandan, detestan la autonomía. Yo voy por la independencia, la autogestión, nuestro empoderarnos a través de nuestro cuerpo y todo lo que acontece allí, sin seguir la pauta y la guía de las grandes, las ilustradas, las líderes, las directoras, ¿porque adivina con quienes están líadas y casadas ellas? Con el mismo Estado macho, misógino y feminicida, que nos mata.

Considero que cuando aceptas con la mano extendida lo que una ley benefactora te da, estás aceptando que te controlen y te hagan creer y sentir lo contrario, así funciona el sistema y el mundo. Y eso es algo de lo que vemos en este taller, que por eslogan dice: taller entre amigas. Las que no dejan de alzar el dedo rector y culpabilizándonos sutilmente y a veces no sutil sino directamente, esas, no son nuestras amigas. Y acá no entran.
¿Cuáles son mi motivaciones me preguntas? Y yo te digo que mi interés y motivación surgió justo haciendo trabajo de acompañamiento a mujeres que abortan por casi un año a hospitales públicos y privados de acá de la ciudad de México, de ver todo el maltrato simbólico, cultural y discursivo que padecen por parte de esa gente que se dice Provida, y del personal médico, y de la gente fanática religiosa que aguarda a las puertas de los hospitales para agredirlas en aras de “yo también tengo derecho a la libertad de expresión”... Hay hasta secuestros por parte de esta gente para que las mujeres no aborten, secuestros fíjate bien la gravedad del asunto, secuestros para que no lo hagan o tortura verbal para que lo hagan sintiéndose lo peor de este mundo, unas asesinas seriales y vivan con esa carga el resto de sus vidas. Yo lo ví y lo viví, a mi nadie me lo cuenta. De modo que es muy bonito que enaltezcan una ley, hablen maravillas, se hagan muchas selfies en el senado, vayan a congresos, hablan ante la ONU mujeres, blá blá blá... pero se callen toda esta violencia y abuso, y muerte social que se da en la legalidad, porque lo importante es la ley y tener un aborto en el hospital, ¿verdaaaaaad?

En algunos lugares privados como Marie Stopes ni anestecia local les ponen a las mujeres para hacerles el AMEU porque “tienen pocas semanas de embarazo”, argumentan... Misoginia pura, eso es, que sufran, “para que abrieron las piernas”, y a ver si aprenden, ¿no? ¡Viva la legalidad!

Te digo Leonor, tú y quien quiera puede hacerse un aborto en casa sin ir a que una sarta de gente pelotuda te agreda, te estigmatice, y hasta te secuestre, lo puedes hacer en tu casa, con suma tranquilidad y sin sufrir una tortura, o un calvario, de verdad que se puede.

2. Sé que estás interesada en lo que llamaría los devenires animales o por lo menos el devenir post-humano por fuera de las categorías humanas como hombre y mujer, es decir, categorías siempre sexuadas. ¿Cómo relacionás vos esto con tu trabajo en relación al aborto y en especial a las maternidades lésbicas, tan moda en por estos lares, cuando se suponía que las lesbianas no eran mujeres, tal como había dicho Monique Wittig?

Yo soy antimaternal te lo digo. Para mí podrán hablar mucho de derechos, derechos por aquí, derechos por allá, y claro, cómo no hablar de derechos, que para eso el sistema y el Estado invierte muy bien en ese progresismo que te cuento... Podrán hablar de derechos, de maternidades subversivas, lésbicas, dos mamás, familias homoparentales, de maternidades alternas, blá blá blá... Pero tácitamente seguir pariendo es seguir reproduciendo esa etiqueta de que una mujer es igual a una vulva, y una vulva igual a una fábrica de bebés, y que es lo más natural, normal y más hermoso de la vida, el mejor regalo de quién sabe quién, el fruto del amor y demás pavadas. La primera gran liberación del cuerpo de las que han sido construídas y son leídas mujeres en este mundo capitalista y heterosexual, misógino y macho, es poner cese a la fábrica. Ni más ni menos.

¿Pero qué crees? Si lo dices eres una microfascista, no eres buena feminista, una feminista de verdad, ¡cómo te atreves! Siempre será mejor escudarse en el discurso de los derechos humanos y las maternidades elegidas, y agredir a quienes decimos esto desde la rebeldía y la deconstrucción de raíz, antes que autocuestionarse lo aprendido, lo que les fue enseñado desde que un médico, la ciencia y la vida les determinó mujer aún cuando ni sabían qué era cuerpo, qué era vulva, y ni hablar podían.

Además que seguir pariendo y criando, no sólo reproduce el mundo normal, sino que continúa estigmatizando y criminalizando a todas las que tienen vulva y no quieren ser mujeres, ni mamás, ni mucho menos embarazarse jamás. ¿Te molesta severamente que te tachen de mujer a medias, de que no tienes el famoso instinto maternal o no se te ha desarrollado, que no sabes lo que quieres, que no has hallado un buen hombre, el indicado para la familia, que no has madurado, que esto, que lo otro? Agradécelo a las que siguen con su práctica alimentando la idea de maquila de bebés en pos del amor a la vida y a la pareja. Al sueño de realización princesa disney... Y vivieron felices para siempre. A ellas todo el logro y el estigma.

Todo este mundo normal y natural, del “yo también soy humano y persona, y pago impuestos y por eso, y mis derechos”, y puedo tener una familia como todos, así con la horrida y genérica O, se lo ha tragado literalmente ese mundillo o comunidad LGBT, eh, eso es un gran logro para el capitalismo y el Estado. Nadie parece ver más allá de sus narices. Pareciera que la banderita de colores que ondean a sus frentes les nubla la vista y la razón.

Cuando la realidad es que no importa con quién cojas mientras continúes perpetuando la institución esencialista de la sociedad, del mundo controlador y el progresismo, y no cuestiones ni por un instante las estructuras, las raíces vaya.

¡Uy, caray! Pero se creen gente revolucionaria por sus prácticas sexuales, ah, “tengo un pene y me meto el de otros a la boca”; ¡soy lesbiana mírenme, soy lesbiana! Ni tiempo tienen para pensar las categorías sociales de poder que llevan a cabo y reproducen a diario con todas sus otras prácticas heterosexuales. No se les ocurre que hay mil posibilidades de hacer o de dejar de hacer familia, el chip del bebé les fue muy bien introyectado, y el del coitocentrismo lo tienen hasta tatuado.

¿Y sabes? Ni se les va a ocurrir mientras sigan lloriqueando inclusión, y no entiendan que tienen la oportunidad histórica de desmontar toda una estructura y un mundo que les oprime, y que no es rosa, ni de colores, ¿cómo? Dejando de alzar banderas y rogando inclusión, y abortando la normalidad. Eso, la normalidad, es lo que nos ha jodido siempre.

En este contexto el aborto, y más en específico el aborto autogestivo, sigue siendo lo único deconstructor y una manera digna de ingobernabilidad al cuerpo, pienso y siento.

3. Es decir, el aborto como desobediencia sexual del heterocapitalismo... Diría que nos encontramos en un momento post-wittig y su idea de que las lesbianas no son mujeres; y a pesar de que también estamos en un momento donde los varones (trans) pueden embarazarse y las mujeres (trans) embarazar, cierto feminismo continúa considerando el aborto como un tema pura y exclusivamente de cuerpos cuya denominación es “mujer” al momento de nacer sin atisbo de duda, generando toda una serie de exclusiones y malos entendidos tales como suponer que el coito o la penetración y sus riesgos es siempre de matriz heterosexual, cuando un muchacho trans podría quedar embarazado de otro chico no trans durante una relación homosexual. ¿Cómo entendés vos desde tu cuerpo desobediente este tema, cómo lo vivís y cómo te lo hacen vivir esas feministas escencialistas hembro-mujeristas biologisistas que reafirman las políticas binarias de la heterosexualidad como régimen político?

Son una pesadas, ¡y tontas además! No las soporto. Desde las que siguen llamando “señores de barba con vestido” a las mujeres transexuales, hasta las que no salen del coitocentrismo, pasando por las analíticas que siguen incluyendo a las mujeres trans en sus proyectos y políticas HSH de VIH, por ejemplo.

Te voy a decir algo, el coito apesta y es enfermo, no sólo por las infecciones que pueden surgir de allí, jajaja, ¡es enfermo socioculturalmente!

Yo, además de intervenir mi cuerpo y usar estrógeno y progestina, como una lucha ética y política desde mi cuerpo contra las estructuras, hice una automutilación o autocensura del pene y fugué (no sólo de mi género, de mi rol de género y demás mierda que me educaron y socializaron desde que tuve el infortunio de caer en este mundo de humanos); fugué sobre todo del coito y me entregué al placer sexual, a la exploración, al reconocimiento y a mi propia construcción del deseo sexual mientras dinamitaba el que me dijeron que así tenía que ser.
También por una cuestión ética, porque mi feminismo es trans, es transfeminismo, radical, honesto, deconstructor y es praxis sobre todo, mis maneras de disfrutar placer sexual con otras corporalidades salen del típico, aburrido y heterocentrista mete y saca, saca y mete... Adiós pene, bienvenidas manos, lengua, dedos, dildos, besos, boca, y un montón de posibilidades más. El sexo-afecto que emanó de este fugar mío y el autocuestionarme las normas, me he dado libertad y me ha abierto las puertas a un mundo sexual donde disfruto de plena autonomía, de radical autonomía mejor dicho, y no la libertad de vitrina que da el afamado discurso de los derechos sexuales y reproductivos hoy día.

¿Yo embarazar a un chico trans? ¡Jamás! No sólo porque estoy convencidísima de la alta violencia que generan los elevados índices de natalidad, sino porque yo no tengo coito, eso lo tiene la gente normal, binaria, educada, que no entiende ni aprende. Lo mío no es transbinarismo, es transfeminismo... Y aquí es donde la comunidad chic y fashion de colores y la gente trans-normal, me odia y pide que ruede mi cabeza. No me importa. Te lo digo. Yo cuestiono y critico estructuras, raíces, no a gente que ni conozco, idiota estaría si perdiera mi tiempo haciendo críticas individuales, son a estructuras, si se sienten aludides es su asunto, el no autocuestionarse, no soy yo Frieda quien les está atacando, honestamente lo digo.

Pero bueno, respondiendo a tu pregunta, claro que hay muchos hombres transexuales que se embarazan y tienen partos, acción que por supuesto evidencia que el tema de aborto es de cuerpos y no de género, ¡pero alégale a las feministas biologicistas! Pesadas. Tontas.

4. Existe un ala radical dentro de cierto feminismo, usualmente acallada entre tanto feminismo de la buena conciencia, la paz, la cordura y las instituciones, que considera el infanticidio como aborto retrospectivo y el aborto en sí como el último bastión no sólo de un método anticonceptivo de emergencia sino de desobediencia sexual anti-heterosexualidad como régimen político. ¿Cuál es tu postura al respecto?

Jajaja. Me encanta. Es justo la crítica de la buena conciencia y la gente anti-mujeres: “Deberían cuidarse más”, “para qué abrieron las piernas”, “eso hubieran pensado antes”, “el bebé-angelito no tiene la culpa”, “hay quienes lo usan como método anticonceptivo y abusan de la libertad que se les da”, etcétera.

A mí todo lo que sea desobediencia me alegra. Estoy convencidísima que cuando pides aceptación, inclusión, un poquito de respeto, que te miren porque tú como el resto son parte de la ciudad, la sociedad y el mundo de cajita feliz mac donalds, ahí ya te fuiste directito al carajo, y ya te domesticaron alegremente como al resto, con burbujitas de una gaseosa.

La desobediencia, la ingobernabilidad, la rebeldía, es lo único para existir en este mundo de la re-gran mierda que no te deja vivir, y que te orilla a (sobre)vivir. Toda inclusión es subordinación, no hay mucho que escarbarle ahí, me parece.

Hay una frase que no sé de quién es y que me fascina, dice: “La lucha contra el sistema que nos rodea, no es más importante que la lucha contra lo que del sistema tenemos interiorizado”, y es ahí, en el autocuestionarnos y enfrentarnos con ética a nosotres mismes, donde nace toda esta moda-revolución de redes virtuales: muchos posts, mucho tuit, mucho tumblr, mucho compartir y retuitear, pero apagan la compu y vuelven a ser la misma gente normal y pelotuda de siempre. La revolución es ahora de mucha palabra y de poca o nada práctica, tristemente.

5. Han circulado dos textos tuyos por los cuales se ha generado ya sea gran rencor ya sea gran fascinación, ambas de maneras viscerales. Me refiero tanto al texto donde abordas el tema de las maternidades trans y a la imposibilidad de ser varón y feminista, donde también incluís el tema de las nuevas masculinidades y de los varones trans; lo cual exige de tu parte un gran valentía porque es como ponerle el cascabel al gato. Me gustaría que nos comentes cuál es la relación entre estos temas y aborto, y cuál ha sido en general la recepción de tales críticas que nadie en la actualidad se atreve a realizar.

¡No sabes cómo se ofendieron! Tan sensible la gente. Muy culta, muy preparada, muy open mind, muy revolucionaria, de izquierdas, tan Ché, Marx, de Beauvoir o Rosa de Luxemburgo, pero les tocas tantito el mundo heterosexual y se ofenden cual artista plástico al que no le alabas la porquería de obra que todavía osa y se atreve a exponer.

Me han amenazado con golpearme o violarme porque “lo que me hace falta es una buena cogida”, me han insultado hasta el hastío, retirado amistades, echado de asociaciones civiles, por “grosera y no respetar”, llamado microfascista, impositiva, pendeja, puta, y hostil. Hostil me gustó. Puta yo no sé cómo alguien puede pensar que es insulto, pero bueno, te decía, me ha ido terriblemente mal.

Yo siempre digo, que uno de los mayores problemas mundiales de eso que llaman escuela es el déficit de comprensión de lectura, la gente no sabe leer aunque lea. Jamás dije que no sean hombres, y jamás dije que hombre es un pene, y jamás dije que nadie se embarace. Pero ahí tienes a la horda sensible y lastimada en su mundo natural y normal. Pobre gente, pobrecita, pobre gente, toda la gente, dijera Liliana Felipe en su canto. Jajaja.

Aunque también han habido quienes entendieron perfecto los textos, que déjame te presumo ya se tradujeron al inglés e italiano, mucha de esa gente son hombres, y muchas de ellas madres. No todo está perdido y podrido como se ven tan a menudo, supongo.

¿Cómo lo relacionaría con el tema de aborto? No lo había pensado fíjate, pero indudablemente me remite al cuerpo político, al cuerpo ya no como campo de batalla, como el estira y el afloja, como el asunto de voto en el senado, sino como arma de destrucción a todo este heteroimperio, ese cuerpo político que se pierde en la mar de los discursos esencialistas, médicos, legales, capitalistas, feministas de la buena conciencia... quienes son los que te construyen el cuerpo como algo fijo de nacimiento y como sexo biológico. A eso me remite.

6. Al momento de nacer se te asignó al sexo privilegiado al cual abdicaste posteriormente en pos de un devenir crítico contra el binomio. Esta desobediencia de género, este despojarte de tus privilegios de una masculinidad hegemónica, esa renuncia al órden mayor en una región con políticas claramente aniquiladoras de formas de vida antagónicas al heterocapitalismo te otorga, no obstante, un estatuto de “modelo” o “superioridad” por sobre aquellos varones que, pese a postular afinidad con las luchas de “minorías sexuales, mujeres y lesbianas”, lato sensu, nunca realizan los actos performativos y nunca adquieren las formas de vida que les removerían de su lugar de privilegio dentro de la heterosexualidad como régimen político. Lo que intento decir es que ese devenir menor en el cual vivís, por el cuál te conocemos y nos interesa tu labor es también la posible puerta de entrada a una peligrosa reterritorialización. Me gustaría que nos cuentes como estás viviendo una existencia como ejemplo personificado de que que para ser varón anti-patriarcal se debe dejar de ser varón, lo cual, paradojicamente produce un efecto de voz privilegiada por sostener materialmente un devenir radical: aquello que te desposee de tus privilegios de género te convierte en una interlocutora más legítima que otras voces, y por lo tanto voz más atendida y oída que otras desobedientes. Asimismo, ¿cómo se podría desmontar el binomio desde una corporalidad asignada políticamente a “mujer” al momento de nacer desde tu implacable crítica a las nuevas masculinidades y cierto “machirulismo” con concha, en tiempos donde hasta las lesbianas desean ser mujeres heterosexuales, a la altura de los deseos?

¿En serio te preocupa la opresión de las mujeres y la violencia hacia sus cuerpos? Hazte la vasectomía sin sentir que te mutilan, te quitan tu hombría, te violan o te tasajean la masculinidad, y libera así el cuerpo de las mujeres de tanta intoxicación anticonceptiva... dije un día, y en menos de 120 segundos tenía yo a un ejército de “onvres” buenos y solidarios, conscientes y respetuosos, “feministas” atacándome y dándome un sinfín de razones por las cuáles no hacerlo... Por ejemplo.

Yo no sé si renuncié a algo a lo que nunca me adscribí o sentí membresía, ¿sabes? Yo salía a la calle desde la infancia y era a recibir puros insultos y hasta golpes por “parecer niña”, por “hablar como niña”... Cuando crecí un poco más fui hasta violada, y tras concluir la universidad fui siempre excluída del mundo del éxito, el desarrollo profesional y el mercado laboral, por verme como “mujer”, “como una nena”, y padecí, y padezco (aunque claro jamás como lo padece una corporalidad con vulva) acoso sexual callejero. Es decir, claro que nunca fui hombre tal como se conoce en este mundo, con todos los privilegios y estereotipos de género, ni tampoco era mujer de la misma forma para el mundo y la sociedad binarios, pero el mundo y la sociedad sí fueron muy buenos para maltratarme como si fuera una, ¿te das cuenta?

Aunque mira, este ejemplo del acoso sexual callejero, es ideal para ilustrar esos privilegios que mencionas. Yo sé lo que es el acoso sexual, claro, pero yo por mi sola corporalidad con pene, sin senos ni vulva, y por lo tanto no leída mujer, sino hombre, en este mundo binario, eso me exoneraba privilegiadamente de no padecer acoso y abuso sexual todos los días, cada hora, cada instante, por donde vaya o camine, tal como lo padecen las corporalidades con vulva, sólo por ese hecho genital. Mientras yo no hablara, o no me moviera, podía pasar desapercibida por este rapaz mundo de hombres machos y falocentrista. Ese privilegio de poder, de superioridad, desde luego que estaba de facto aunque te repito, jamás me adscribiera o me sintiera parte de la enferma membresía “onvre”.

Yo soy antihombres totalmente, lo digo frontal y sin tapujos, y no como genocidio ni arrancar penes con una motosierra, sino como destrucción-extinción de la categoría social de poder, no hay manera de reivindicar esa categoría, por más nuevas masculinidades, copy and paste de las teorías de género feministas, que hagan. No la hay. Pero ese es hoy día el nuevo discurso y política pública del Estado y el onegeísmo, hacerles creer y sentir y pensar al progresismo consciente y revolucionario, que sí, y que a los hombres hay que reeducarlos y llenarlos de nuevas masculinidades. Una mierda tragada con gusto y consentidamente por donde le mires. Y de la que me da asco hablar, y ya no hablo más. Perdón por la respuesta. El sólo tema me enerva. Si los hombres quieren dejar de ser patriarcales, que lo hagan solos y por allá lejos, sin esperar que se les agradezca o se les aplauda, pues no están haciendo un favor. Es lo mínimo que podrían hacer, y callarse.

Ahora que doy taller de aborto en casa, y el taller de roles de género y violencias en las relaciones sexo-afectivas -y pronto daré ya el de salud sexual más allá de las políticas públicas-, mucha gente me dice: Tengo que aprenderte. Y me choca, te lo digo con toda la sinceridad, me choca porque parece que no entienden que todo lo infame y asfixiante que no nos deja ser libres y vivir, es justo la maldita educación y lo que hemos aprendido acá. La gente parece no darse cuenta que lo que yo hago no es enseñar nada, sino desaprenderlo todo, destruírlo todo, deseducarme... Yo no apuesto ni creo en una buena y nueva educación, re-educación, como dicen... Insisto: deseducarse, pero no para volver a educarse “de otra manera”, sino para emanciparse, rebelarse, ser libres. Se puede vivir sin género y sin educación, ¡pero es que no lo ven carajo!

Yo no tengo nada qué enseñar, ni quiero, yo no soy pedagoga, yo soy combativa. Me niego a ser un modelo o ejemplo de algo, o de cualquier cosa. Considero que la gente tiene que pelear con lo que en su cabeza tiene de heteropatriarcado, sola. Eso es autonomía, eso es emancipación. Me cagan los llamados líderes o lideresas. Si la gente no fuera por ahí aprendiéndoles, o siguiendo líderes, o admirándoles, tal vez no iría leyendo hombre o mujer y demás mierdas, a quien no quiere ser leíde ni viste así. Ni iría legislando o legitimando el culo de nadie.

¿Cómo poder desmontar el binomio desde una corporalidad con vulva asignada mujer desde el nacer, me preguntas? Hace rato di una respuesta anticipada: dejar de parir; clausura total al útero como fábrica de bebés. ¿Qué tal empezar por allí?

En general, déjame te digo, yo hago muchas cosas para mí y para mi vida, que no difundo por mis redes porque no soy modelo de nada, ni quiero, como te dije, y creo que ya las hacía, con una conciencia diferente claro, desde antes de hallar al feminismo y hacerlo mi praxis de vida. Y eso es lo que me tiene libre y feliz conmigo, aún cuando tenga la desgracia de habitar este mundo de humanos y personas, y este siglo de revoluciones queer, izquierdistas y progresistas, y con tecnocracia de género.

7. ¿Pero no dirías que naciste “mujer”? ¿Cómo entendés este “ser mujer” en tu contexto de operaciones contra el heterocapitalismo lesboterrorista mexicano?

Yo me nombro en femenino porque femenina siempre fuí. Y ese ser femenina no me convierte por default en mujer, mujer y feminidad no son sinónimos, y esta última no tiene por qué condicionar o determinar a la categoría de género, ¡ojalá el mundo lo entendiera ya! Sin embargo, me asumo mujer por estrategia política, porque es necesario hacerlo. Así mismo me enuncio trans, no transgénero ni transexual, sino trans, y por ahí hay textos y audios míos circulando en la web para ahondar en qué quiere decir esto de sólo trans.

Con el uso de la progestina y estrógeno que estoy empleando actualmente, no estoy transitando el género, yo lo estoy transgrediendo, y mi interés es quedarme ahí, en la transgresión. Comúnmente se pensaría que si nací hombre y jamás “logré o pude serlo”, entonces no me quedaba otra opción más que ser mujer, y que si uso hormonas es porque quiero ser “una verdadera chica”, o “lo más parecido a una mujer”. Jaja.

Nada más alejado de mi devenir y mi fugar por este mundo binario y normal. Yo estoy dinamitando lo poquito que quedaba de hombre en mí, y te digo, es necesario e importantísimo nombrarme mujer, pero en mi praxis, tal como lo decía Monique Wittig, yo no soy mujer porque no seré el complemento de ningún hombre, ni un cuerpo más donde la economía falocéntrica y misógina eche raíces, no seré yo la esposa, ni la madre, ni la que cuida de familia, yo prendí fuego a esa categoría de poder hombre... y me alesbiané. Comprendí mi identidad sexual (género, orientación y política), y una vez comprendida fugué.

Mi lesbiandad es conversa porque yo elegí construir mi deseo sexo-afectivo con y entre lesbianas, como una suma de fuerzas antiheteropatriarcado, y hasta como un acto amoroso sororario. La lesbiandad va más allá de una simple orientación y es una lucha política para contrarrestar toda una organización social, jerárquica, abusiva e impositiva, la lesbiandad política y feminista implica una descolonización y desterritorialización del cuerpo construído socialmente y estereotipado, una dinamitación del régimen heterosexual, una afronta anticapitalista, una gran fiesta lúdica y placer, y mucho más.

Acá en México, en la ciudad de México sobre todo, hay muchas lesbianas que comenzaron desde hace tiempo a hablar de lesboterrorismo como un goce de hacer y crear entre lesbianas y mujeres, sin el apoyo, aprobación y alianza con hombres, y eso causó un gran terror, y ataques, muchos ataques. Ya ves, el mundo binario y heterosexuado que no concibe un mundo sin la categoría hombre y sigue pensando la heterosexualidad como una orientación sexual y nunca como una cantidad de mecanismos de control de cuerpos y vidas, no se hizo esperar.

Nosotras nos reímos, y nos besamos, y nuestras risas y besos causan terror. Soy lesboterrorista porque estoy contra la dicotomía, tan carcelaria pero normalizada, contra el control de cuerpos que han cimentado sobre nosotras, y porque te repito, lo gozamos. Somos mujeres por estrategia, sólo por eso. Así entiendo el ser mujer, desde mi corporalidad y mi rebeldía.
8. ¿Cómo te posicionás acerca del valor cósmico y kármico que se le da a los fetos abortados? ¿Cuál es tu postura respecto a esta simbología que me atrevería a decir pretende pacificar la culpa que crea en ciertos activismos la radicalidad de extirpar de nuestros cuerpos la humanidad que en ellos puede habitar, para devenir algo que no estamos siendo ahora?

¡Eso! Pacificar la culpa. Sobre la culpa han cimentado muchísimo de lo que nos oprime, y se han hecho transnacionales y empresas exitosas y productos con la culpa: la iglesia católica y papa Francisco, dos grandes muestras fehacientes.

¿No abortes en martes porque el feng shui dice que te da tres años de mala suerte, o cómo? ¿Al abortar hazlo de noche y prende una veladora para que dios y la vida te perdonen, o cómo?

Yo te decía hace rato que a la culpa la botamos al excusado en mi taller, ¿recuerdas?

Comentarios como el aura del bebé, me han venido por supuesto, desde gente muy radical y anarquista, ¡no te creas! Pero es que te digo, una cosa es el discurso, otra la práctica, ahí es donde se les acaba su “vamos acabar con la opresión”.

Siempre he dicho que no basta con enunciarse feminista, sino terminamos por desheteropatriarcalizarnos, desheterosexualizarnos, abortar no sólo fetos, sino principalmente la familia como el primer y más grande enfermo agente socializador que hay; no basta sino abortamos además la culpa, el amor romántico, la presión estética, la gordofobia, el capitalismo, el colonialismo, sino abortamos todo. DesEducarse, DesAprender, Destruir. No hay más. Y abortar, abortar, abortar, ese es el inicio.

8. Finalmente, me gustaría qué te expreses acerca de cómo haces para homogenizar unas lecturas críticas locales y un saber de las subalternidades propias de contextos no europeocéntricos cuando se nos dice todo el rato que las teorías post-identitarias y las desobediencias sexuales pertenecen a grupúsculos artistoides con pasaportes de privilegio.

Jajajaja. Yo llegué al feminismo “sin saber” nada de feminismo, déjame decirte, mi acercamiento fue con activistas y onegeístas, y me maravillé, pero luego asenté muchas cosas en mi cabeza, y en retrospectiva miré mis viejas lecturas, miré mi infancia, mi adolescencia, entonces me dí cuenta que yo feminismo hacía desde que no permití, por ejemplo, que la mujer que me parió me pusiera unas botas de piel de víbora, porque yo “era hombre” y vivía en el norte, y entonces tenía que verme como charro o vaquero. Oponerme a lo socialmente establecido con mi accionar y mi corporalidad, eso es feminismo. Desde ese momento, empecé a abortar también toda la escuela, toda la teoría y toda la universidad que había hecho.

El feminismo dejó de ser un movimiento (gracias por conseguir que las mujeres votáramos y fuéramos a la universidad, pero perdón, no sirve mucho si hoy día mis opciones en esta democracia androcéntrica son votar por los mismos rateros, nepotistas y misóginos de siempre, ni ir a la facultad a que me viole un profesor con doctorado en Londres y me digan puta por denunciar), el feminismo para mí no es un movimiento que busca iguales derechos blá, blá, blá, a mi se me hizo praxis cotidiana, porque ya lo había sido mucho antes sin ser consciente y darme cuenta. Mi práctica radical y ética no cabe en ningún libro, ni mi cuerpa lesbiana, ni mi hacer diario.

Empecé hacer radio en 2012 y empecé hablar con la gente, sin teorizar y platicando sólo de sus cotidianeidades, y cha cha chaaaaan, me hallé más feminismo que en la ONG y la nota de prensa.
Y ahí me quedé.

Creo que no ocupé resumir u homogenizar textos ni las lecturas hechas, creo que lo que hice fue bajarlas del limbo donde las ponen todas estas gentes que piensan y sienten que publicar un libro o hacer la tesis y complejizar a Foucault o seguir a Preciado como los 12 apóstoles a Cristo es un activismo académico, las bajé y las aterricé en la señora religiosa de Puebla con dos hijos adolescentes, que fue a un taller mío, y terminó diciéndome luego de que les pregunto al final qué pueden concluir de las sesiones: yo por muchos años me he visto obligada a tener relaciones con mi marido, pero ahora, luego de escucharte, sé que eso era violación, y que no tengo qué aguantarme ni siquiera por los hijos.

Y eso, querida, ya quiero ver que lo logré Marcela Lagarde dando conferencias rimbombantes en auditorios escolares, o la mismo Butler en una clase de la universidad. Lo quiero ver. Quiero ver que el activismo académico logré algo, un día.

Mientras llega ese día, yo seguiré acá, abortándome y abortando todo.

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