lunes, 15 de diciembre de 2014

La pedagogía del opresor


Va de suyo que educar a los cuerpos usualmente conocidos como “varones” debe ser descartado. Esta ha sido en nuestra época la función natural de los cuerpos usualmente conocidos como “mujer”: educar gente y/o criar niñes. También, es sabido que adonde hay más de dos de esos cuerpos con vagina lo que se produce habitualmente es la reterritorialización de los dos temas femeninos por preferencia: el cuidado de otrxs, el amor por alguien (especialmente un varón, pero no exclusivamente). Imposible dejar de hablar de esos temas porque mujer es en nuestra época una señora que cría y cuida mientras ama, protege y sufre.
Tampoco es motivo de alegría o celebración que la gente necesite que se le enseñe a base de cometer las grandes aberraciones y actos de discriminacion aparándose en “cada quien tiene sus tiempos”. Especialistas en esta política de “me deconstruyo discriminando” son aquellas que nos reclaman modales de maestra jardinera a la hora de explicar cuestiones que ya deberíamos saber todas. Nos piden que no nos burlemos de sus dislates (recordemos que el humor es un buen antídoto antes que largarse a llorar dándose por aludida en esa discrminación o pegarles). ¿Cómo saber si una está diciendo lisa y llanamente una pelotudez atros? Recomiendo la técnica de la catálisis para saber si una está incurriendo en un simple hecho de discriminación que se oculta bajo el lema “estoy aprendiendo, tengo mis tiempos y vagina, parche y morral por ende puedo decir cualquier gilada”. Por ejemplo, alguien dice la siguiente frase “quiero que revisemos la inclusión de una trans a nuestro grupo de autodefensa”; si reemplazo “trans” por “índigena”, “migrante”, “negra”, ¿verdad que suena fatal? Si no les suena fatal cuando dicen “trans” es porque son microfascistas. Otro ejemplo, que ya he comentado en alguna ocasión, una señorita dice “besé a una mujer y no fue lo mismo”, si cambio “mujer” por “negro”, “judío”, “chino”, “villero”, “indígena” ¿verdad que les suena fatal? Si me atrevo a decir “¿por qué las mujeres pobres deben ser las putas de los discapacitados? como quien dice “es mejor limpiar mierda de toilette de casa feminista”... bueno esta suena fatal hagamos lo que hagamos, no tiene solución. ¿Sáben por qué? Porque la frase es fatal, lisa y llanamente, y ninguna temporalidad individual de deconstrucción ni ningún punto de enunciación con vagina amerita que se digan terribles atrocidades y que todas digamos “mmm que interesante compañera lo que traes es para pensar” cuando de lo que se trata es de una frase vulgar discriminadora.
No solo es agotador sino que también distrae tener que estar todo el tiempo contestando dudas muy básicas tales como que los “feminismos son machismos invertidos” en espacios feministas y encima estar obligadas a hacerlo cual madre nutricia cambiando pañales o alimentando con papilla al bebé para ayudarla a reflexionar a aquellas personas que no se detuvieron un segundo a pensar sus propios privilegios, ni a googlearlos en infernet, ni que pueden mantenerse calladas bajo la excusa de la libertad, la democracia y el aprender. No son solo esos cuerpos usualmente conocidos como “los varones” los que deben autoeducarse (o dejar de ser varones, eso sería maravilloso, pero ¿alguna vez conocieron a una persona con mucho poder adquisitivo que dejara voluntariamente de pertenecer a las clases superiores?). También son los cuerpos usualmente conocidos como “las mujeres” quienes deben aceptar que ser mujeres no las hace niños de jardín de infantes o depositarias infalibles de de buena leche, que ya sea por ignorancia o por pereza y pese a tener vaginas dicen y hacen toda suerte de atrocidades discriminativas, y que además denuncian “agresividad” o “violencia” y se victimizan cada vez que alguien no las trata como bebés incapaces cuando dicen o hacen esas atrocidades. Me recuerdan a los jugadores de fútbol que se tiran al piso para que el árbitro cobre un penal cada vez que alguien jugó mejor y les quitó la pelota. Estas chicas son la contrapartida de los microfachos porque además del buen muchacho que puede ser parte de la solución, el compa con el cual se debe perder invaluable tiempo porque está tratando de entender, y una, estúpida, eterna maestra de los machos alfas, explica; siempre está la chica linda y lista suave y modocita que te espeta un “que agresiva...”, y gracias a la cual la cabrona que no tiene a bien reterritorializar a la mamá sumisa que todas llevamos dentro queda fuera del juego. Ambas partes logan soberanía inventando cucos cada vez que les convienen, cada vez que alguien les pone los puntos. Y así se hacen los grupitos, o peor, las gangs microfascistas.
Por el contrario, la gente que genuinamente está tratando de entender por primera vez complejidades que hacen tambalear su comodida se mantiene en silencio antes de decir cualquier pavada. Ese brutal ejercicio de la democracia de la palabra que bajo el derecho de puedo decir cualquier cosa por errada que sea total se me debe escuchar y se me debe enseñar con la ternura con la que se le cambia un pañal a un recién nacido desposeído que sufre lesiones cerebrales irreparables, esos cuerpos no deberían ir desperdigando su ignorancia como si su bioasignación les protegiera de decir cualquier atrocidad solo por haber sido originalmente bioasignadas donde lo están ahora porque pese a las buenas intenciones autopercibidas muchas personas se benefician de esos órdenes que no intentan cuestionar y que por el contrario reafirman con sus preguntas idiotas o sus poses infantiles o sus victimismos baratos. Vienen a mi memoria los dichos de una lujosa feminista diciendo cosas como “pero se les dice negros porque son negros” o “le prometí que si venía a la presentación la ayudaba a conseguir un novio”.... El argumento de ser educada para aprender es una buena excusa para no hacerse responsable de las propias responsabilidades de aprender a no discriminar solas, porque no se puede aprender a no discriminar discriminando, porque no se puede una empoderarse victimizandose (en especial cuando no ha habido siquiera un hecho, que mirar fijo y hablar vehemente no es ejercer violencia), que no se puede dejar de ser por siempre una nenita indefensa alegando necesidades pedagógicas infantiles.
Aquelles (porque entiendo que está es la raza que no les molesta el uso de la “e” y lo alienta pero jamás usará la “a” todo en pos del queer nuestro de cada hetero) que esgrimen incosciencia a la hora de solicitar a otras que desvíen sus energías para gratificar sus deseos de aprendizaje en sus términos idiotas que refuerza las dinámicas de poder que supuestamente quieren entender y deconstruir: que es siempre un cuerpo de un orden menor el encargado de hacer comprender un privilegio a un privilegiado y que no solo debe hacerlo, sino que debe hacerlo sin tener ningún sentimiento más que el de amor y ternura e infinita paciencia porque si nos ponemos malas y nos enojamos entonces nadie aprende y nuestra función en este mundo es explicar.
Estudiar feminismos y todo lo que a su alredor encontramos (estudios discas-tullido, post y descoloniales, queer no fashion, etcs.) no fue una ventaja ni un privilegio, fue algo buscado, hecho a contrareloj, entre trabajos, por las noches, cuando otras salen a disfrutar la compañía de sus novies y sus amigas. No tuvo que ver con privilegios sino con esfuerzos que no le dieron cabida a la tentación de ceder al deseo de ser reconocidas como feministas buenas, de bien, aquellas que siempre tienen tiempo de explicar obviedades y sandeces, lindas educadas y sexys, repletas y pletóricas de amigas que les dicen “hermosa, te extraño” con cada pelotudez de facebook. Sin embargo, ese feminismo buena onda de la buena conciencia significa nuestra propia derrota, porque como leí por ahí que decía Audre Lorde cada vez que se espera que una persona afrodescendiente y negra eduque a las personas blancas cuando se espera que las mujeres eduquen a los varones, cuando se espera que gays y lesbianas eduquen a los heterosexuales, es el opresor quien matiene su posición y evita responsabilizarse sobre sus propias acciones.
Mientras tanto, algunas están haciendo la revolución para el derecho a los varones a ser aún más privilegiados, es decir, su derecho a hacer cualquiera todo el tiempo, pero ahora con el beneplácito y el amparo de conceptos tales como relaciones abiertas y libres, la deconstrucción o estar aprendiendo, armando una red de contención y una piscina bien llenita de almohadones donde todo los heteros y varoncitos de este mundo anarco caerán sin hacerse ni un magullón mientras sus compañeras y amigas libertarias tocan cumbias anarcolésbicas del corazón. Y otras, no.

viernes, 12 de diciembre de 2014

Foucault para encapuchadas by Natalia Veneno




Foucault para encapuchadas: anotaciones by Natalia Veneno



Hace poco me encontré con algunos videos, buceando opiniones de este libro que acabo de terminar de leer, y me pareció notable que lxs entrevistadxs por esa voz misteriosa respondieran a preguntas que lxs relacionaban de otra manera con el libro. De una manera muy personal. Y me sentí acompañada de alguna forma. Cuando me encontré con este libro sentí que me hablaba a mí. Me pasó lo mismo con “Ética amatoria…” y con algunos discos. No con muchos, esa sensación que te produce encontrarte con alguien que tiene tus mismos problemas, tus mismas inquietudes, tus mambos, que se hace las mismas preguntas. Como cuando encontrás otrx en el mundo que no asiente, sino que dice NO. Y no estás solx.
En la primera hoja hay una cita de Deleuze que me pegó bastante, principalmente porque lo que nos pasa a veces es que la certeza de que este mundo “normalizante” deja mucha gente afuera es un sentimiento que nos acompaña desde hace tiempo: los primeros grupos de afinidad siempre tuvieron entre sus integrantes a les anormales del barrio, de la escuela, y nos gustaba ser “lxs otrxs”, vivíamos la anormalidad con placer. Esta página dice: “No es fácil ser libre: huir de la peste, organizar encuentros, aumentar la capacidad de actuación, afectarse de alegría, multiplicar los afectos…” y parece que nos lo dice en la cara. ¿Dónde están les anormales?
Una vez en un poema escribí que era muchas, lo escribí para problematizarlo, pienso hoy que decir YO SOY es limitar nuestras potencias, dejar de lado todo lo que podremos ser mañana, en otro momento. “Devenir manada” soy manada en un solo cuerpo. ¿Qué diría la otra que escribió el poema? La única que queda frente al estado de las cosas es la fuga hacia la nada, el nomadismo permanente, desertar y encontrarnos en el desierto.
Leo otras cosas:
devenir no tiene que ver ni con ser, ni con padecer, ni con producir, ni con equivaler… […] El devenir pertenece al orden de la alianza (no de la filiación) y del rizoma (…); siempre una multiplicidad (a diferencia de las identidades que suponen individuos que las encarnan) en vinculación con una micropolítica de contagio y de afectación (…) entendiendo los afectos no como sentimientos personales sino como potencias de mandas que hacen vacilar el yo”
Vacilar el yo. Esa institución fija, cerrada, muerta que nos hace pensar que elegimos en función de ella, desde esa cárcel elegimos, nada más lejano a la libertad. Tenemos dentro de la cárcel un policía “autovigilante y vigilante de lxs otrxs, dispuesta a llamarnos al orden cada vez que nos salimos del sitio que la heternormalidad tiene reservado para nuestras identidades” y si hay alguien con la que es difícil pelearse es con vos misma. Te dirán loca, embrollera, necia, violenta, nosotras diremos “si no podemos ser violentas no queremos tu revolución”
Pero el capítulo que caló hondo fue “La barbarie comienza en casa…”. El título remite a una canción de Morrissey, que es quien, junto con otrxs me permitió pensar que ser diferente, violenta, odiosa, gritona y mala no significa siempre estar sola. Y que la soledad no es el infierno al que nos condenan como brujas, sino una salida posible donde encontrarnos con las demás: el “…desierto, donde crece la vitalidad…”
Otra frase de Morrissey pero que conocí por Fun People, que nos acerca el capítulo es “toda niño sensible sabrá entender” y ahí arrancamos. Lo que sabremos entender les niñes sensibles es que nos criaron para hacerle la vida fácil a nuestros progenitores y así será el modelo que continuaremos, como afirma el pedagogo A. S. Neill “[el niño] es casi un fanático de su deseo de ser normal, convencional y correcto” Y eso entendemos les sensibles, entendíamos que en una de esas no íbamos a ser normales, convencionales o correctas. Sospecharlo, hacer alianzas con nosotras mismas, decirnos que ya floreceremos, autoconvencernos y hacer planes de eterna soledad, porque tampoco la amistad era para nosotras. La familia opera entonces como el único reducto socializante y abusa de ello, se castiga todo desvío a la norma, toda desobediencia, todo desvío. Y me encuentro en esta mezcla de recuerdos que se destraban mientras sigo la lectura con una frase conocida: “hicimos lo (mejor) que pudimos” y mi voz se confunde con la de la manada de lobxs al responder: “Pudieron poco”.
Comparto una parte del texto que interpela a la manada antifamilia que vive en mí:
Escribimos para todas las víctimas sobrevivientes de la familia - estado impuesto a costa de la decisión propia, resignada diariamente para posibilitar pensar y expresar desde una mirada ácrata nuestra vida como hijas y contrarrestar su interpelación. Escribimos porque tenemos que empezar a hablar por fuera del relato familiar del exilio familiar y por fuera de lo que la ley nos permite decir”
Como vengo diciendo desde el principio, este libro nos habla a muchas, es la confirmación de un síntoma que venimos sintiendo desde hace tiempo, aquello de lo que nos juntamos a hablar, aquello que nos entristece, que nos impide “…desistir, dejarse caer, decir No…”. Decime que esto no te parece “familiar”:
Cada uno puede testimoniar las dosis de tristeza que condensan cada año las fiestas familiares, sus trabajosas sonrisas, los apuros de ver disimular en vano a todo el mundo, ese sentimiento de que hay un cadáver ahí, sobre la mesa, y que todo el mundo hace como si no pasara nada”
¿No será mejor desertar, decir no, ser la mala, la anti? Hace un tiempo renunciamos a tener un cadáver sobre la mesa. Pero la familia ahí. Inmune. No puedo evitar recordar algo en lo que pensé hace tiempo al respecto de las decisiones que unx toma por lxs crías. ¿Hay un momento clave en el que empezamos a esclavizarlxs? Claramente desde que lxs trajimos al mundo. Maternar es simplemente abusar de aquellxs que trajimos al mundo, controlar y administrar sus potencias.
Leo:
Este abuso podría ser definido como el abuso del vínculo apasionado sobre un ser que necesita como condición sine qua non para no cesar de existir, los cuidados psíquicos, físicos y espirituales de las personas que la tienen a su cargo”
Y me pregunto ¿Cómo no vamos a seguir siendo subordinadas si no hay forma de que nos separemos de nuestros amos?
Cualquiera que ha sido hijx sabe de qué se trata la familia “…ayudar a que nunca, nunca, se vaya lejos de la casa del Amo” y también sabemos lo que es ser le anormal al salirnos del ideal regulador familiar que, además de determinar qué formas de amor son posibles, también determina los tipos de odio: abajo el tabú de ya no amar más a la propia familia o de abandonarla.
Sin melancolía, dejar atrás agudamente el concepto “familia” (…): exilio familiar hacia la alegría de vivir sin ser hijxs, sin ser madres, sin poseer a nadie”




viernes, 5 de diciembre de 2014

Tugce Albayra


Hay muchas cosas que son muy molestas pero hay tres específicamente que me sacan de quicio:
1. los heterosexuales criticando instituciones heterosexuales cuando las usan las maricas, es decir, los heterosexuales criticando el matrimonio igualitario, por ejemplo.
2. las maricas defendiendo a los heteros y sus instituciones en pos de una supuestamente libertad de elección, es decir las maricas y las tortas internalizando la heterosexualidad como régimen político.
3. la gente cobarde y mediocre neutralizando la radicalidad con un ”yo no soy tan radical como vos”, es decir, el ninguneo.


En general estas cosas son dichas en nombre del RESPETO. Por ejemplo, hace poco un querido amigo aceptó el convite a un evento en uno de los templos de la progresía manochaoista zapatista heterolocal organizado por una joven y guapísima feminista allá Femen donde se había convidado también a un reconocido misógino y agraviador de mujeres, que algunos desentendidos le creen escritor porque ha gozado de los privilegios de la alfabetización y la escolarización. No daré nombres porque con cada quien he hablado en privado y saben lo que pienso (menos con el misógino que con él no hay nada que hablar, hay que encontrarlo con los lompas bajos en alguna ocasión y hacerlo cagar), y no deseo que se martiricen y victimicen porque se me ocurrió de aburrida nomás escribir un vomitito en mi diario; y todas sabemos cuál es la tendencia a la victimización y el martirologio de la buena conesciencia progresista de minita + rancierismo heteropgrogre. Cuando pedí explicaciones se me dijo que al agresor de mujeres se lo había invitado porque “la temática que vamos a tratar escapa un poco a eso” y porque “... también me interesa si el chabón es un polémico discutir con él en vivo.” “Eso” es la misoginia y el agravio público de mujeres, “un polémico” se le dice a un agresor. Pero también se me informó que no daba no invitarlo porque “no me parece censurarlo sino que todo lo contrario”. E insistió “igual, me parece que las temáticas que vamos a tratar van por otro lado”. Y de un plumazo y con su excelsa belleza que la valida de hacer cualquier mierda contra otras borró de un plumazo “lo personal es político” porque el feminismo que se aprende de los discursos de Emma Watson quedará bonito en el parche de la cartera, pero lo único que haces es abultar la entrepierna violadora del heteropatriarcado. De todas formas, se me agradeció con un “gracias igual por avisarnos, yo no estaba enterada”, después de por lo menso 3 notas en medios masivos grandes, grandes.
¿Para qué construir espacios seguros de reciprocidad y deconstrucción, si podemos ser eternas artistontas apolíticas for ever mendigando fama, popularidad y éxito? ¿Para qué crear lógicas afirmativas para nuevos encuentros donde no se subestime a una mujer si podemos tener un escandalete mediático lumpenpuanero y seguir enunciándonos “feministas” cuando lo único que hacemos es engordar la billetera de la fama de un sorete estimulador de agresiones? Polémico sería organizar una mesa de debate con trabajadoras sexuales que quieren seguir siéndolo, o con feministas anti-maternidad, o cómo realizarse un aborto casero, o socialización de ténicas de escrache a agresores, o talleres de desprogramación de la monogamia. Polémico no es invitar al enemigo a que venga a decir lo que ya ha dicho por todas partes, una vez más, solo porque vos alguien aún no lo oyó. Polémico sería organizar un comando anti-él e ir a buscarle y hacerle alguna zorrada. Polémico no es darle una vez más el micrófono del descargo otra vez para que engrose su discurso anti-concha. Polémico sería dejar de beneficiarse de los privilegios de hacerse pasar por boba.
Claramente no se trata de avisarle de nada a nadie, de avivar gilas y giles, sino de visibilizar que contra los misoginos heterofascistas debería haber escrache y denuncia no diálogo; visibilizar que en el mundo de la guerra hay posiciones, y algunas ocupan acríticamente la causa comun con el enemigo; que a un violador, a un bardeador misógino no se lo invita, no importa cuán buen escritor sea, que no es el caso (huelga decir que en el templo manochaoista no se invitaría a Vargas Llosas por conservador... pero sí a un misógino); visibilizar que un día van a tener que responder por esta alianza machista y que cuando la agraviada sea la organizadora del evento por uno de estos soretes (porque hasta la más linda un día se vuelve feíta) igual vamos a salir a respaldarte, incluso las que nos detestamos mutuamente pero que cuando las papas queman, nos metemos el rencor donde no llega el sol, y vamos y escrachamos porque tenemos claro que una cosa es no aguantarse y otra cosa son los hetero-misóginos (y sus colaboradoras que un día serán ellas agraviadas, repito). Mientras tanto me pregunto cómo se sentirán las compañeras insultadas humilladas y amenazadas por este heteromacho cuando ven que no importa cuánto se lo haya denunciado siempre está la que dice “ay ni sabía”, como se sentirán nosotras mismas que somos ellas. Y quién no entienda eso que vuelva a jugar con el set de belleza que mami le regaló mientras espera al príncipe, o a la princesa, en su caballo alado.
Obviamente el intercambio terminó con un “no exageremos” (recordemos que “exagerada” es algo que te dicen los chabones cuando les decís “me estás violando” y ellos solo te metieron la puntita porque te agarraron un poco desprevenida, che.... no exageremos), entendiendo que la tentativa de organizar un escrache contra él y la organización el día del evento era una “amenaza” y obviamente dentro de la lógica heterocapitalista que tanto rédito de privilegios le da a la minita joven linda un “te respeto, te quiero y te valoro como escritora, amiga..” lo cual es absolutamente falso porque cuando estoy internada muriendo o viva y fuera de la clínica tampoco es que sale conmigo o me viene a visitar o comparte nada de su hermosa vida llena de privilegios dada su belleza y su juventud, y el hacerse bien pero bien la pelotuda que eso en el mundo de los chabones siempre te da créditos (porque si hubiera dicho “che, no, no lo invitemos, es un heterofacho” seguro que sus amigos organizadores la hubieran injuriado) y pidiendo que “ no es necesario llegar a las amenazas, ni a la violencia”. Violencia, claro, es avisarle “che vos seguís invitando al agresor y nosotras vamos y te jodemos el evento”, pero violencia no es obviamente invitar a un tipo que publicamente hace su carrera y su fama apelando a su capacidad de con su verga desbaratar algo del cuerpo o el intelecto de una mujer (lo cual tampoco es muy cierto porque este pseudo nicolás cabré del poetaje hasta donde se ve tampoco le va también ni con las minitas, como al primero, ni desbaratando nada con su pitito, por mucho que guste escribir de su pitito en las redes sociales).
La violencia es el tropos al cual acuden las personas que nunca la padecen (o eligen no padecerla en pos de negar que existe como ocurre con las chiquitas que con tal de tener un lugarcito dentro del partido de los machos se hacen las moscas muertas, las yo-no-sabía, la mejor-no-digo-nada). Alegar “violencia” es el recurso miserable típico cuando quedan acorraladas ante SU violencia. Violencia es lo que hace ese muchacho misógino al cual se lo puso sin objeciones en un panel, y nadie pero nadie dijo nada. ¿Las que hablan de violencia nunca les pasó lo que nos pasa a todas? ¿Nunca las garcharon contra su voluntad? ¿Nunca las pegaron, las abusaron, las humillaron, les gritaron fea, gorda, puta, trola, torta en la calle? ¿Nunca no las invitaron adonde estaban todas invitadas menos una por todos los insultos antes dicho y más, por ser infumables e incogibles, impopulares? ¿Nunca les quebró la poli un bastonazo en la cabeza, traicinó su familia, abandonó su mamá? ¿Cómo se le dice a alguien que realiza una actividad en la cual incluye a un agresor de mujeres y defiende esa inclusión con un “no sabía, no estaba enterada, el panel es sobre otro tema”? ¿Cómo se le dice entonces a alguien que hace eso, qué palabra tengo que utilizar para que no se sienta violentada la amiga violetta del violín? ¿Le interesa a ella saber que una se siente profudamente vulnerada y violentada por la inclusión de un psicoapata al cual nadie, por pura pereza, piensa dejar afuera de nada? ¿Cómo se le dice a este acto de agresion que significa darle cabida a terrible mamarracho?

Alguien tan tibio y débil como esta organizadora y a quien por diversos motivos no dejo de querer aunque me gustaría un día dejar de hacerlo me dijo “es muy verde”. Esta semana fue desconectada el día de su cumple 23 una pibita que se llamaba Tugce Albayra, que en la ciudad de Offenbach, Alemania, evitó que dos hombres abusaran de dos adolescentes en estado de ebriedad que no conseguían defenderse en el baño de un estacionamiento. Inmediatamente pidió auxilio y mientras dos personas sacaban a los agresores del baño, Tugce intentaba calmar a las víctimas que se encontraban en estado de pánico. Mientras eran expulsados del restaurante uno de los agresores le gritó a Tugce: “Nos vemos afuera”, dice la nota que estoy leyendo. “Poco después, cuando Tugce salió del restaurante fue atacada por un joven de 18 años, quien con un golpe la dejó inconsciente. Versiones señalan que la agresión fue provocada por una piedra o un bat, o incluso que su cabeza se estrelló contra el pavimento.”
De la vida se sale muerta. Todas nos vamos a morir. Algunas antes de hacerlo vamos a divertirnos un rato sin miedo, aunque lo que nos diverita no nos conduzca a prolongar la vida pero si a incrementar la potencia. Algunas vamos a elegir el cómo. Y ese cómo va a ser contra aquellos que nos ponen de rodillas para que le chupemos su argumento o contra la pared para que mientras nos abren las nalgas y nos meten su argumento hasta la médula no les veamos la cara. Esa alegría de sublevarse y no hacerse la pelotuda, no tiene edad. Y hay todo un sostén retórico que las minitas monas y los cobardes también mantienen con su silencio colaboracionista cada vez que no se paran para decir que no a algo que incuestionablemente está mal: su propia heterosexualidad como régimen político.
Estuve pensando que a nosotras nos falta trabajo sobre la que supongo, erradamente, sin duda, nuestra cultura, la cultura no heterosexual, porque finalmente lo que hacemos es copiar y reproducir la cultura del opresor, la cultura heterosexual, esa que nos hace mujeres, sin la cual no somos mujeres. Tenemos que aprender del trabajo activista de las personas negras, cómo trabajan sobre su propia cultura para que los negros y las negras no terminen todas como OBAMA. Tal vez así comprendamos la diferencia entre hacerte de sparring y mostrarte los flancos flacos y la violencia que comenzaron ellos y ahora que nos paramos de manos no se la aguantan.