miércoles, 27 de agosto de 2014

Perdimos la guerra. Games of Crohn diario de una externación


Games of Crohn
Perdimos la guerra
26/8/14

Perdimos la guerra

La soledad era fría, es cierto, pero también era tranquila, maravillosamente tranquila y grande, como el tranquilo espacio frío en el que se mueven las estrellas
Herman Hesse

Para Isaac

Esta semana tengo la clara sensación de que se perdió la guerra -que no es lo mismo que decir que conviene entregarse-. Con la muerte de Hija de Perra -una de las muchas bajas y enfermedades sufridas este año y los venideros que por desgracia no se detendrá la Parca aquí, dentro de aquello que podríamos tentativamente denominar movimiento de disidencia o desobediencia sexual sudaka- queda en el cuerpo la sensación no de fracaso, sino de algo de lo cual no siempre se vuelve, la derrota: la que no está muerta, se nos está muriendo, o está súper enganchada a alguno de los dispositivos de control farmacopornográficos, como yo con mis queridos mejores amigos Crohn, Humira e Imuran, algunas de las vedettes del laboratorio Abbot. O aún peor, las que quedan sanas o vivas, están idiotas, más que nunca. Peligro de extinción. Nos extinguimos: la incongruencia de género nos va a dejar a todas en nuestro lugar, varones o mujeres, heterosexuales u homosexuales, parejas por todas partes. El rarismo va a dejar de existir en pos de un universo claramente heterosexual, imposible pensar por fuera de esas categorías, imposible pensar un mundo sin Estados Nazion incluso para el queer o el cuir, como más les guste. Todos son heterosexuales en este mundo, hasta los gays y las lesbianas, hasta las lesbofeministas, hasta los trans in between sin operar. Hasta la pontífica Pol Beatriz Beto Marcos Europa no matter what Preciado escribiendo sobre la pareja y el amor, y el dolor por el fin de la pareja, porque no alcanzaba con escribir sobre la paz y la ciudadanía, sigue escribiendo, una y otra vez, pavadas y todas celebrándolas...
Argentina siempre adelantada a toda latinoamerica...; como no era suficiente con arte queer y talleres posporno vestidas de novia con la policía dentro del departamento de policía y para la policía, como hace en México reputada activista trans, nosotrxs acá no solo tenemos matrimonio igualitario y ley de identidad de género, también tenemos policía trans que nos cuidará. Ya no el palurdo pinche de escritorio de la metropolitana varón trans un toquecito mano larga. Ahora tenemos una con chalecto antibalas, pistola, balas, palo y esposas en la cintura, una policía trans de verdad. Supongo que los defensores de la igualdad están festejando con sus amigas. De hecho, Buenos Aires es la capital internacional de los heteroqueer, hispters con disforia de clase, trasnfeminismo abolicionegacionista porno de paseo turísitico por anormalandia pero con novia, antropólogos sexuales realizando trabajo de campo para tener una anécdota para contarle a sus nietitos transgénicos. Denominamos turismo sexual a aquellas personas claramente dentro de los cómodos marcos regulatorios de la heterosexualidad como régimen político y sin ningún interés en dejar atrás sus privilegios de género, sexo, clase, raza (mediante mil excusas de todo tipo tales como la afirmación de que sus vidas también son irregulares) pero que se interesan en todas estas polémicas propias de las vidas de les anormales psico-físicos-sexuales. Chicas bien interesadas en el tema queer pero que se casarán, parirán y harán lo que hay que hacer, sin chistar, simpatizantes del queer como si la anormalidad fuera un club para pasar los domingos en familia. Paridoras de niños como dispositivos de coerción generizante que te vuelven, como un novio, mamá y mujer, es decir, lo mismo. Niños promesa perenne de inocencia que aparentemente es corrompida por sus progenitores. ¡Viva la diversidad y la integración mientras Lanata se autodeclara practicamente preso político ante sus exabrutos trans-misógino! El nomos pasando por physis a la orden del día, ni Platón se atrevió a tanto. Cuando veo la proliferación irrestricta de las familias, con sus niñitos, me siento como un alien. Mi nave espacial me abandonó aquí, perdió las coordenadas y ya no pueden encontrarme.
¿Seremos las últimas? Al fin de cuentas hubo una última cátara o un último jacobino (la idea no es mía, ya se lo preguntaba Ferrer con respecto a les anarquistas y les ludditas) ¿Pelotudez degenerativa congenita o ataque súbito de idiotismo? ¿Cambia mi percepción sobre quienes antes consideraba afiladas filosofías para emprender cortantes alianzas o será que los dioses, nuevamente, nos han abandonado y se volvieron resueltamente taradas acomodaticias? La buena conciencia adquiriendo la potencia de un bisturí, cercenando toda posibilidad de vida social que no sea el entregarnos a este mundo de pares homogeneizados pacivicados con sus distintos rituales. Y la que no condice con la norma de la buena conciencia que garantiza el statu quo de la comunidad lésbica confortable de la burbuja de iguales es menester echarla. Que nada ponga en riesgo la estabilidad.
No hay autobiografía posible pero partimos de la experiencia personal que es siempre política para emprender la transformación. Un día te morís y cabe la posibilidad que pese a tus mejores amigas venga una vieja cantante lesbiana al estilo Sandra Mianovich y le haga todas las preguntas incorrectas a una persona sarnosa y resentida como la asquerosa virgen homosexual de Sebreli o le dé cabida a todas las infradotadas académicas que se llenarán la boca con una vida que ya no está y con la cual no podrían. Antes de morir, quemarlo todo. Que no queden rastros ni documentos ni testimonios, porque cuando estirás la pata todas hablan aún más de lo que te hablaron en vida, todas tienen algo para decir, todas son tus viudas.
Bienvenidas al maravilloso mundo de Crohn donde si estás internada hay canilla libre de morfina pero una vez libre no hay analgésico posible que mitigue tanta irritación. Que venga ya el meteorito y remedie este tedio. Mientras tanto, como dice la feori Munita, “en el mundo, una perra menos / en el cielo, una estrella más. Buen viaje, Wally querido. No nos dejaremos vencer por la pena.” No, no nos dejaremos aunque nos dejaste solas, perra, y aunque no es momento, seguramente, me pregunto por la parte de complicidad médica en tu muerte y cómo no estamos preparadas para hacerles frente. Que nuestro paraíso sea un lugar donde todas las perras, las lobas y las gatas te saltan al encuentro.



martes, 26 de agosto de 2014

Vero Arauzo y Leo Silvestri en el Rosa Luxemburgo!

Desde una manada de lobxs y desde una de Perrxs malxs devenimos en la desconstrución os planteamos tecnicas para despertaros a vuestra realidad y combatirla Fusionamos nuestras luchas pues son contra las mismas estructuras el enemigo es común,.
Nuestras variables están condicionadas con las variables de el entorno pero con distintos pelajes todxs somos Manada ...si alguna vez quisiste saber y preguntar a los grupos de diversidad DISIDENTES esta es tu oportunidad te esperamos te follaremos la mente



de 18:00 a 22:00


C D Rosa de Luxemburgo, Carlos Calvo 546 C.A.B.A.




lunes, 18 de agosto de 2014

Eres tu el príncipe azul que yo soñé. Un caso de acoso lésbico por parte de Mariel Rodriguez Correa. Games of Crohn. Diario de una externación


 Eres tu el príncipe azul que yo soñé. Un caso de acoso lésbico por parte de Mariel Rodriguez Correa. Games of Crohn. Diario de una externación

17/8/14


Todo reino que se precie tiene -además de una princesa de la buena conciencia y su coro de ángeles- un príncipe, siempre azul y valiente. Dado que este reino ha sido definido por un prestigioso abusador mediático como un “quilombo” donde tenemos 54 opciones en fachabuk para colocar nuestra identidad o expresión de género -excepto tortillera y maricón- el príncipe azulvaliente de este reino, todos los príncipes de este reino, pueden tener pene o vagina, da igual, porque ser príncipe azulvaliente más que una manera de interpretrar unas particularidades físicas es una manera de habitar el mundo, una forma de vida, definida por su relación hacia esos otros cuerpos que, como el mío, han nacido con vagina y que por ende ,han sido asignados biopolíticamente a la violencia de género llamada “mujer”. El prícipe se cree salvador, mesías, cuidador, boyscout, siempre listo. El príncipe jamás piensa que no todas somos princesas que queremos ser rescatadas, que no todas somos princesas carentes y necesitadas de todo el amor que él dice tiene para darnos, y en realidad quiere imponernos como alimento balanceado en granjas de gansos, que no todas somos princesas que queremos salir con él.

En particular este reino tiene un prícipe acosador, hostigador, pesado, molesto. Príncipe stalker que no se da nunca por vencido, porque como el abusador que es, nada es más importante que su yo embebido en narcisismo, nada es más fundamental que sus sentimientos. No importa cuantas veces se le diga No, no importa cuantas veces se le ignore, no importa cuantas veces se le diga Ya basta, no importa cuantas veces no se le diga nada ni se le hable, no importa cuantas veces se le intente alejar, el príncipe azulvaliente de la vagina butch insistirá porque somos todas estúpidas infradotadas que no nos dejamos amar, porque él tiene el verdadero amor, el amor verdadero, el amor de la claridad de príncipe azulvaliente, y nada es más importante en este mundo que SU amor, no importa que no sea correspondido, ya lo será, ya cambiaremos de opinión, él nos convencerá, o nos matará (de aburrimiento en este caso con su pesada insistencia o con su rifle de aire comprimido nos sacará un ojo según nos ha amenazado alguna vez) ¡Cómo no querer a alguien así que durante meses y meses intenta persuadirnos de que nada pero nada hay más fundamental que SUS sentimientos de príncipeazulvaliente esencialista microfascista hacia nosotras, porque él, la minibutch que no quiere nunca envejecer (este príncipe azul tiene la misogina manía de la fobia a la vejez) nos ama! Porque todo príncipe azulvaliente, con vagina o sin ella, es un microfascista. Porque hay que ser fascista para ser un príncipe rescata princesas con su amor de dictador implacable abusivo. El príncipe azulvaliente esta dotado de la fe de los mesíanicos fanáticos. El amor todo lo puede, ya lo decía San Pablo. Su amor puede mover montañas, abatir deseos, perseguir infieles. Pero sobre todo su amor es lo más importante porque donde esta SU AMOR ya no hay espacio para nada más, especialmente los deseos que una pueda tener, una no existe, existe solo él con tu fila de ex novias a las cuales ha maltratado y mancillado con su racismo cuando no quisieron salir más con él, y también estamos las que no gustamos nunca de él. A la mierda con los deseos que una pueda tener, a la mierda, ya. Eso no es importante, porque nada que no sea él es importante, él y su amor, su amor es lo más sagrado de este mundo y si una no lo ve, y si una le dice andate, y si una le dice ya fue, y si una le dice calmate, nada está bien porque su amor es fundamental. Su amor amor amor amor amor amor amor amor amor persigue, acusa, dicta, agrede, su amor de lesbiana controladora que sentencia policiacamente el deber ser lésbico y quiere enloquecernos con la miseria afectiva en la que él está sumido. Pero por amor todo es perdonable, por amor borrón y cuenta nueva, por amor que importan sus tendencias violentas, sus manipulaciones. Por amor vamos a perdonarle que quiera tatuarse unas esvásticas.

Ay el pobre príncipe valienteazul con vagina, día y noche velando su amor hacia nosotras, día y noche haciéndonos recapacitar con sus increpaciones que debemos estar agradecidas por él, como un diosito personal, nos ama, nos cuida, nos quiere proteger, nos desea, nos anhela, nos aguarda y guarda en cada post nuevo del espacio virtual. Pobrecito príncipe desengañado, como una especie de Fito Páez queer en eterna serenata tirana pidiendo, rogando, arrastrándose humanamente, implorando miserablemente para hacerse con el preciado botín de guerra, porque un príncipe, la virilidad hegemónica, con vagina o sin ella, lo prohibe, no puede perder, marine del amor, retroceder nunca rendirse jamás, el príncipe no tien oídos por eso no puede escuchar que además de su amor, existen otros deseos que no son coincidentes con su amor. El príncipe no tiene párpados, por eso no puede dormir por su amor y vive encandilado por su propia pasiónansia. El príncipe no tiene nada, ni espíritu, ni gracia, ni genio, por eso vive para amar su amor no amado. Príncipe vampiro devorado por su no darse por vencido en su gesta cruzada de si o si vas a quererme como no podeś hacerlo no ves que yo te amo como nadie que mi amor es el mejor que nadie puede quererte como yo. No importa si una no quiere ser princesa. No importa si una no quiere ser princesa ni tener príncipe. No importa si una no quiere ser princesa y hacer otra cosa: rascarse el ombligo, lavarse el pelo, mirar una serie, prepar panqueques-. No. lo único que importa es prestarle atención al príncipe egolatra infantil y engreído, detenido en el tiempo, metrosexual de las cremas, adorando su subjetividad teen siempre adolescente sin arrugas almidonado que no puede aceptar, como buen varón, con vagina o sin ella, un NO por respuesta. Lo único que importa es que él quiere amarnos.

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lunes, 11 de agosto de 2014

Había una vez la princesa Annie de la Buenaconciencia


Games of Crohn
Había una vez la princesa Annie de la Buenaconciencia

11/8/14

Había una vez una princesa que se llama Annie la Buenaconciencia. Era pequeña, de preciosos risos colorados que orlaban con piruetas deliciosas la fina piel blanca de su rostro besado por pocas y pequeñas pecas que acariciaban la lisa superficie de sus mejillas de criatura divina y celestial de buena cuna. La bella princesa, como todas las bellas princesas-atrapa potencias de las pequeñas nenas, ocultaba secretos, secretos que a nadie podía confesar, y por los cuales de noche sufría en soledad llorando mares de lágrimas de sal marina que la sirvienta de la reina, su madre, recogía en un pocillo de fría porcelana china para sasonar los manjares que la cocinera creaba sin tregua ni pausa en el palacio. Pero la blanca y colorada princesa atrapa potencias jamás confesaba su secreto, y sola roía su pena. De tanto engullir feminidad y vergüenza, la princesa Annie de los risos de cobre se volvió irónica y pérfida, enturbiando toda palabra con vil sarcasmo. No era maldad lo que la habitaba, como un fantasma a una casa abandonada, puesto que las femeninas princesas no pueden ser maléficas. Era una hiedra aún más venenosa que corroe el espíritu de las jóvenes nenas y maricas del mundo con malsana ponzoña de bilis color verde esperanza dólar paralelo de padres progres y profesionales. Lo que carcomía su carne por dentro, lo que atenazaba su corazón color de cielo hasta volverlo dura piedra petróleo, eran la envidia y el resentimiento, porque la princesa Annie risos de cobre justiciera no podía vivir sus deseos con desparpajo, era simplemente incapaz de cualquier cosa que no fuese lo de siempre, lo normal, lo que la buena conciencia dicta. Annie había sido expurgada hasta la médula no solo de toda capacidad de gustar sexualmente a otros cuerpos con vagina sino de poder desear penes sin sentirse humillada al respecto. Annie era incapaz, asimismo, de afrontar que no siempre somos amadas por todo el mundo. Annie quería ser querida, aceptada, ser una más como todas. Por eso, el resentimiento y la envidia se la fueron devorando hasta dejarle un exoesqueleto de latón que cubría con zapatillas Salomon carísimas y sus finas ropas baggy al estilo punk autogestiva okupa europeizante con el cual intentaba, en vano, parecer menos como todas las demás. Annie senía resentimiento y envidia contra esas otras, putillas de poca monta vulgares y agresivas, que si lograban que todo les importe tres carajos y así realizar su voluntad. Así la buena princesa solo podía construir un “nosotras/nosotros” de la única manera en la que esas palabras se construyen: edificando con sus ladrillos de resentimiento buenrollista una franja de Gaza donde del otro lado queden todas aquellas con las que está todo mal: es decir, las putillas vulgares que les importa todo tres carajos, con las cuales Annie inventaba falsos pleitos y entredichos inexistentes solo porque muy dentro de ella las envidiaba.

En el reino de la buena conciencia progre de Annie vivía una puntilla especialmente. Una nene chiquito, menudo y feo, de cara redonda, mentón de tortuga y ojos de huevo que a la bellísima Annie perdurbaba especialmente. Es que este putilla era molesto, provocadora, y especialmente desestabilizante, como un terremoto. Este pequeño, temible y demoníaco ser era pura potencia de obrar su propio deseo, porque quien no tiene ni salud ni belleza, ni juventud ni riqueza (todos bienes con los que las princesas cuentan siempre), tienen confianza, ingenio y temeraria ferocidad (como los animales del bosque que moran salvajes y libres en la helada tundra y que pueden jugar solas sin necesidad de un rebaño esclavo). Hubo una especial ocasión donde Annie se sintió profundamente transtornada en su acomodaticia progresia ante la presencia del pequeño monstruito animalesco y así asomó la imparable necesidad de crear con el monstruito una diatriba, una enemistad, una persecusión, una exclusión, una segregación so pretexto de que el monstruito pequeño y potente era un riesgo para bienestar de la comunidad que Annie risos de cobre construía excluyendo, armando su zona de confort palaciego mediante la expulsión demonizante del monstrenco terrorista. Porque bien se sabe que todas las princesas bonitas y buenas arman un grupito y dictan quién pertenece a él y quién merece vivir fuera del reino. Tal como Israel hace con Palestina. Tal como todos los estados Nazion gestan microfascismos en nuestros corazones impotentes. Porque todas las princesas de la femineidad de la buena conciencia (esa que no es nunca ni muy femenina ni muy masculina como para incomodar a nadie nadie nunca nunca) ejercen el oficio de la policía del género. Así Annie un día creó el “nosotras/os”, le colocó al lado un “todo mal”, y lo arrojó como una saeta, pero que digo, como una bala, pero no, aún más como un rayo lazer fulminante contra el afilado putilla monstrenco de malos modales en la mesa de la corrección política que, como en realidad tiene una pata renga, se desestabiliza con un escupo bien lanzado. El ínfimo pero poderoso putilla estaba tan acostumbrada a estas afrentas que su piel estaba resguardada por una gruesa capa de finos camafeos de nácar azulverde y espinas de cactus que nada, pero nada de lo que las princesas como Annie pudieran decir-hacer podía penetrarla. Por el contrario su piel anfibia y andrajoza tenía el poder mutante de tomar casi cualquier oportunidad como un espacio incomensurable para la resignificación y la reapropiación noble y soberana que solo pueden tener las monstruas de la gleba. Y con el resentimiento y la envidía que sus pocas pero insoslayables potencias producían en todas las princesas, y especialmente en Annie de los risos de cobre, realizaba esas labores con las que las princesas de la buena conciencia podían soñar porque estaban muy ocupadas confabulando sus grupos de autoayuda de princesas que no pueden estar solitarias.

En el reino vivía también una niña que gustaba mucho de la putillas pero tenía terror y pánico de quedar solita. La niña que soñaba con ser ella misma una putilla y no una princesa buena o peor una sierva lacaya del coro de ángeles de la buena conciencia que desafina la canción de la corrección política había sido contagiada con el pus pestilente del querer ser amada que la pérfida princesa había derramado en su ojo de ahora en más. Si bien las putillos intentaban convecer a la niña mediante sus actos que del otro lado, fuera del espacio de las comunes, serás más libre en este laberinto llamado “me importa tres carajos”, allí podrías combinar el naranja con el marrón, podrás alimentarte con aquello que sane tu cuerpo, no tendrás que quedar bien con nadie, podrás ser tan libre que tendrás la potencia de tu locura sin temor. Ven ven aquí querida donde el incomodar a las princesas acomodadas es filigrana con la que se decoró la plataforma para despegar en vuelo fugaz. Pero la niña dudaba y dudaba y no se decidía a afrontar el bellísimo riesgo de la transgresión sin importar el que dirán las otras niñas que juntas, en el espacio de las comunes, se acompañan impotentes, excluyendo, confundiendo manada de lobxs con nido de humanas, cómplices y secuaces con potente afinidad. Al fin de cuentas, entre las obsecuentes, la pobre niña, que había estado tanto tiempo sola, alimentándose de raíces arrancadas de la helada tierra, había encontrando, bien o mal, entre estas autocondescendientes mediocres, un seralguien, de algún modo se había encontrando un ellamisma, que ahora no quería resignar. Pero como el precio que pagan las sirenas que quieren caminar sobre la faz de la tierra cuando no les corresponde su tiempoforma, la niña había sacrificado en el altar de la compañía cualquier potencia incierta e inconmensurable que otorga el don del proceso de la sagacidad prepotente y empecinada con su propio deseo máquina de guerra. El precio de no caminar sola es condenar la astucia en el altar de la sabia masa molar mediocridad de las muchas en el orden menor de la dádiva concedida por el orden mayor. En cambio las putillas cabalgan, mitad yeguas, sobre el microocéano de la minoría molecular.

Les putillas no tenían un nosotras para ofrecer porque en el bosque solo hay líneas de fuga perpendiculares jamás rectas ni sectas. Solo le podían mostrar lo evidente: se es lo que se puede, y lo que se puede solo se conoce colisionando con aquellos cuerpos orbitales que desprendan en una las partículas de la potencia no masacrada dentro del cuerpo, tomando posición sin temer sin temor
.

Así los putillas monstruosas del reino de las buenas princesas de risos de cobre dorados siguieron libres y salvajes, solitarias afectándose, galopado sobre las olas de desopilante risa incontenible y rabia mientras la niña, de tanto dudar acerca de si tomar posición o no contra los embates principescos contra lo que ella tanto gustaba, se convirtió en un pequeño hígado pusilánime y tímido que ya no pudo revelar su insondable potencia. Pero eso sí, siempre tuvo amigas para merendar por la tarde en tacitas de jade, opalina y porcelana fría, como buenas vecinas y atentas señoras de alcurnia, mientras se habla el lenguaje del “todo mal” y se despelleja a las putillos que no se adaptan a las normas del género trazadas en el reino de la buena conciencia.

miércoles, 6 de agosto de 2014

Deimos y Fobos, hijos de Ares. Games of Crohn. Diario de una externación


Games of Crohn
Diario de una externación
Deimos y Fobos, hijos de Ares.



Games of Crohn
Diario de una externación
Deimos y Fobos, hijos de Ares.

Tengo horror de que me ocurra algo que veo usualmente que ocurre en muchas celebrities del underground anarco-queer-artistoide-under-activista-poetopunkrocker. Tengo miedo de algo que, me digo y reitero, es imposible que justo a mi culo inquieto insobornablemente intransigente me pase. Tengo miedo de que los jóvenes tengan razón y con el paso del tiempo volverme más decrepita aún, corrupta, mediocre, acomodaticia, achanchada, conservadora, una versión degradada tipo MTV de mi radicalidad -como veo que le ocurre a tantas por aquí-. Tengo miedo de repetirme, reiterarme, auto-copiarme, perder toda innovación, ocurrencia, desparpajo, insolencia, caradurez, y volverme la traducción mal hecha de mi propia rebeldía, una fotocopia vencida de una foto de Syd Vicius, un fantoche payasesco de un hubo un tiempo de gloria. Tengo miedo de que no se me ocurra nada nuevo, y en una mecedora de pogo y ego, amacarme refritando mis loas de antaño, otrora todo tiempo fue mejor. Tengo miedo de solo poder contemplar mis logros de la niñez mientras me cubro los hombros con una mañanita tejida de condescendencias y chupadasdemedia. Tengo miedo de dejar de acecharme y empezar a creerme tan genial que ya no corrija el furcio mal dicho en la recitación 21,567 del mismo poema, en la misma perfo de vodevil cansino al cual solo asisten espectadores como quien va a ver a una mujer barbuda o el crimen de la tauromaquia en un rodeo. Tengo miedo de ya no ser lacerante, afilada, hiriente, provocadora, desafiante e imprimir una y otra vez la única buena idea que pude tener. Tengo miedo de dejar de ser cuchilla andante. Tengo miedo de que dejen de temerme. Tengo miedo de que en una reversión aún más cruel del cuento Las Ropas nuevas del emperador que me tenga a mi por protagonista nadie ose decirme que ando desnuda y me han timado no por miedo, sino por respeto. Tengo miedo de que ya no quede nadie que me diga “estás desnuda en realidad, te vendieron un buzón”. Tengo miedo de hacerme tan vieja que ya no quiera ofender más y solo piense en gustar y ser aceptada y ser amada por una multitud de buchonas obsecuentes. Tengo miedo de volverme tan mediocre que ya no sepa discernir entre el elogio, la lamida de culo y los efectos de las drogas causados en otros cuerpos. Tengo miedo de solo tener pasado. Tengo miedo de que mi presente no sea ya futuro. Tengo miedo de quedarme tal cual soy hoy para siempre inyectándome un botox de condescendencias antiarrugas. Tengo miedo de que envejecer signifique volverse menos potente intentando en vano impedir el inexorable paso del tiempo y su maravilosa huella en mi cuerpo que se vuelve todo océano tranquilo, paz, calma chicha, pacificación malsana de desear no importunar. Tengo miedo de un día confundir amistad con cómplices o fanáticos o groupies. Tengo miedo de ser tan brillante e hiperbórea que alguien me crucifique como el mesías personal de su propia calamidad y ya no podes desclavarme. Tengo miedo de ser alguien y ser algo que nunca pueda dejar partir, cuando ya solo seamos un par de zapatillas gastadas. Tengo miedo de querer enternamente remendar el mismo traje con el mismo parche crust. Tengo miedo en convertirme en el clown pobre de los heterosexuales, en la reina del punk, en la trastornada infeliz siempre de turno, en una vieja que sube fotos de su joven mancebo que se consagra pegándose a mi lado, eterna pizarnik de feria. Tengo miedo de que me de tanto miedo el qué dirán que ya no pueda evitar hacer cosas para estar en boca de todos hablando de mi de tal modo que ya no pueda pensar más. Tengo miedo de un día no darme cuenta que estoy festejando arriba de un escenario que no todos los policías son iguales. Tengo miedo de nuestra producción se convierta en un campo de concentración semillero de Xipolitakis el trabajo las hará libres. Tengo miedo de que ya no quede nadie. O de que Humira me haga vivir más allá del tiempo de descuento. Tengo miedo de que Crohn no me destierre al mundo que me está prometiendo y me fuerce a vivir entre los normales.


Presentación de Mariela Singer : Focault para encapuchadas


Presentación de un
libro-máquina-de-guerra
by Mariela Singer

Hay algo que creo no puede dejar de mencionarse sobre este libro, algo que para mí lo vuelve necesario, y que de algún modo está expresado en los dos epígrafes con que comienza la introducción: “este libro es una acción” y “yo soy bruma”, la frase de Vanina Escales.
Este libro es una acción”: afirmación que, desde otros “santos”, amigos de Foucault (“los gorriones de Paris”, según los refiere Manada…, Deleuze y Guattari), podríamos expresar en términos de que este texto es un “libro-máquina-de-guerra”, frente al libro-aparato-de-Estado al que estamos tan acostumbrades. Ese libro-aparato-de-Estado que implica una relación bien específica “mundo-libro-autor”: el libro constituyendo una suerte de “imagen” (especular, analítica, interpretativa, representativa) del mundo, y a la vez obra de un “autor”, de un “yo”, de una “identidad”; esa “fábrica del Buen Dios” que opera cada vez que atribuimos la producción de un libro a un sujeto, a un “yo” que lo crea. Este libro escapa a eso, e irrumpe en cambio como máquina-de-guerra.
Libro-máquina-de-guerra. Por qué… Porque esa relación entre libro, mundo y autor se diluye; no hay acá un libro que se pretenda simple “imagen” (especular) del mundo. Máquina-de-guerra también por el tipo de dispositivo de enunciación que genera: el “yo es bruma”. No se atribuye la producción del texto a una individualidad, a un Dios-individuo. En lugar de un “yo” que enuncie, una manada de lobxs: es otro el lugar de enunciación (más allá de quién sea la o el emisorx concretx, no importa porque no nos referimos a “personas” sino a subjetividades).
Y eso tiene que ver con una idea que insiste en el libro: la de que el “yo” no es el terreno de la singularidad ni de la libertad, más bien de hecho lo contrario, el de la mayoría y la sujeción. Estamos acostumbrades a pensar al “yo” como el ámbito de la libertad, como lo que escapa a lo social, a las constricciones de la masivo; aquí se nos dice que es al revés, que es el terreno de la imposición y de lo mayoritario. Que el individuo es lo masivo. No lo singular sino lo universalizante, no diferencia sino identidad: lo idéntico, lo homogéneo, lo normativizado, lo subordinado a la norma.
Entonces me parece coherente este lugar de enunciación, porque son dos aspectos relacionados. Un libro-máquina-de-guerra no podría escribirse desde un yo. Y este texto de algún modo dice eso también: que ninguna política de resistencia, de fuga, de transformación de sí, etc., puede practicarse desde un “yo”. Que cualquier política de resistencia o fuga supone trascender el “individuo”. Que es condición sine qua non hacerlo. Por eso no conforma una “opción” para este libro sino una especie de “inevitabilidad” renunciar al yo.
Por otro lado, es un lugar de enunciación que tiene que ver con la experimentación, a diferencia de lo que estamos acostumbrades en la mayoría de los libros aparato-de-Estado, en los que no se habla desde un lugar de exploración de otras formas-de-vida. En este caso, no es desde la habitualidad académica ni el interés “exegético” o la interpretación “teórica”, ni desde ninguna práctica desimplicada desde la que se enuncia. Sino desde la experimentación concreta de otras formas-de-vida, de búsquedas ético-políticas, de prácticas en consecuencia. Y me parece que es un lugar interesante para escuchar: qué es lo que emerge desde ese lugar de experimentación, qué preguntas surgen de ahí. De la vida en definitiva (y “no hay compromiso posible con el arte o las ganancias cuando urge la vida”, dice Manada…)
Entonces, unx enunciadorx que escapa al yo y que enuncia desde la experimentación. Por otro lado: máquina-de-guerra porque su dispositivo de enunciación implica también un tipo de destinatarix. El libro crea unx destinatarix, y eso no es menor si de lo que se trata es de intervenir en la subjetividad. No se dirige a una subjetividad (ya) constituida, ni siquiera “minoritaria”, al menos si seguimos pensando la minoría en términos de identidades (otra vez, esto más allá de quiénes sean lxs receptorxs concretxs, distingamos emisorxs/receptorxs de enunciadorxs/destinatarixs; puesto que más que las “personas” interesan los dispositivos y las subjetividades). No necesariamente le destinatarix construidx se condice con la subjetividad de receptorxs concretxs. Pero eso no conforma ninguna “desventaja”: porque justamente esx destinatarix es una máquina-de-guerra para operar en esas subjetividades.
Este libro no interpela identidades ni se dirige a “mujeres”. El destinatarix que construye no es una “mujer”, de hecho, va contra esa identidad. “Foucault para encapuchadas” puede leerse como “feminismo no identitario”; es que Foucault inaugura toda una forma de pensamiento que permite romper con los discursos identitarios, específicamente en vinculación con el género. Y esta máquina-de-guerra se dirige a encapuchadas; no a “mujeres” ni a sujeto o grupo alguno que pudiera “identificarse”, que fuera “identificable”: la capucha guerrea la identidad (como los devenires, tiene su propia consistencia, rehúye a una externa que la capture).
Máquina-de-guerra entonces, también, porque este feminismo escapa a lo identitario, se orienta a deconstruir-destruir el tipo de artefacto político que, como subraya el texto, constituye la “mujer”: un artefacto del heterocapitalismo que implica todo un modo de vida y toda una economía de las prácticas y de la existencia, un dispositivo político de sujeción que opera a nivel de la modulación de nuestros deseos, en los ámbitos más diversos y en los modos más capilares. Este feminismo acentúa que mientras continuemos reivindicando “mujeres”, seguiremos reforzando un lugar de dominación que opera transversalmente en nuestra existencia y cotidianidad.
Por eso la necesidad de este libro, porque este mundo está lleno de “varones” y “mujeres”: acá en este bar, si salimos a la puerta, en las calles, plazas, bares, universidades, hospitales, boliches, televisión, etc. Está lleno de “varones” y “mujeres”, por todos lados. Nos creemos muy superades en relación con el género y la verdad es que este mundo está estructurado en función de ese binomio (bueno, nos creemos superades y todavía escuchamos también con demasiada frecuencia que “el feminismo es lo mismo que el machismo pero al revés”; por otro lado si el feminismo es para “mujeres” y reivindica a la “mujer” habría que repensar algunos planteos…)
Este texto guerrea ese binomio, y eso involucra una lucha política de una relevancia insustituible, tanto si se considera a ese binomio y al artefacto político “mujer” en toda su dimensión, como si se tiene en cuenta lo poco que resulta problematizado en discursos críticos y/o de género. Porque este feminismo sin mujeres no es un posicionamiento posible en discursos identitarios, como decía, y tampoco se hace presente en la izquierda tradicional, que -preocupada por la ideología- desconsidera la cuestión de la creación de otras formas-de-vida. Desconsidera la diferencia, la singularidad, minimiza o desdeña la dimensión micropolítica; como si “micro” acaso significara “menor”, cuando lo que en cambio “micro” acentúa es que la sociedad no constituye una entidad externa y/o ajena a las prácticas, que las prácticas y su politicidad no pueden desatenderse desde ninguna perspectiva con preocupaciones ético-políticas (“mínimos organizativos generan máximos expresivos”, dicen los gorriones de París”, y desde ahí podría pensarse también la micropolítica).
Todo esto hace, en definitiva, de Foucault para encapuchadas una máquina-de-guerra: su dispositivo de enunciación, el tipo de enunciadorx que propone, el tipo de destinatarix que crea, la fuga respecto de los discursos identitarios propios del heterocapitalismo, la apelación a un feminismo sin mujeres, y un activismo de género que habla desde la experimentación concreta y la creación de otras formas-de-vida, que no es precisamente lo que sobra.

Las relaciones que debemos trabar
con nosotros mismos
no son de identidad,
sino más bien de diferenciación,
creación e innovación”
dice Foucault

……………………………………………………………………………


A continuación un breve texto, elaborado a partir de un párrafo de Preciado en el que plantea algunos códigos semióticos pertenecientes a la femineidad, que hizo de disparador para un párrafo más extenso, luego de intercalar algunos planteos que aparecían explícitos y/o implicados en el libro de Manada… y otros que emergían a partir de la lectura….

Códigos semiótico-técnicos pertenecientes a la feminidad propios de nuestra “ecología política farmacopornográfica”:


Mujercitas, el coraje de las madres, la píldora, cóctel hipercargado de estrógenos y progesterona, el honor de las vírgenes; La bella durmiente, la bulimia, el deseo de un hijo, la vergüenza de la defloración; La sirenita, el silencio frente a la violación; Cenicienta, la inmortalidad última del aborto, saber hacer una buena mamada, la vergüenza de no haberlo hecho todavía; Lo que el viento se llevó, decir no cuando quieres decir sí, quedarse en casa, tener las manos pequeñas, el cuidado del cabello, la moda, decir sí cuando quieres decir no, la anorexia, el secreto de saber que quien te gusta realmente es tu amiga, el miedo a envejecer, la necesidad constante de estar a dieta, el imperativo de la belleza, la compasión, la cocina obligada, levantar la mesa, incomodarte por no levantarla; la sensualidad, la manicura, no hacer ruido al pasar, no hacer ruido al comer, no hacer ruido, el algodón inmaculado y cancerígeno del Tampax, la certitud de la maternidad como lazo natural, no saber gritar, no saber pegar, no saber mucho de casi nada o saber mucho de todo pero no poder afirmarlo, saber esperar, la elegancia discreta, el miedo de ser una perra calentona, no poder encarar; el Valium, saber contenerse, dejarse dar por el culo cuando hace falta, resignarse, la depresión, la seda, las bolsitas de lavanda que huelen bien, la momificación en vida del rostro liso de la juventud, que tu marido te deje por otra más joven, el amor antes que el sexo; Mister músculo, la limpieza doméstica, agradecer por la ‘colaboración’ en la limpieza, el piropo en la calle, el piropo del cana en la calle, el manoseo, la mirada viril desviada hacia el culo; la ayuda viril, la protección, la infantilización; la depilación justa del pubis, jabón Dove, la axila depilada, no tener barba, no tener pelo en la pierna, no tener pelo; tener pelo para no quedar calva; gritar de placer sin ganas, contener las ganas de gritar de placer, no insultar, no mear en la calle, cruzarse de piernas, abrir las piernas, conducir el lavarropas, acompañar en el auto, eternamente niña protegida, eternamente madre comprensiva, amiga comprensiva, hermana comprensiva, amiga protectora, culpa y más culpa, preocuparse, amar al Amo, maquillaje, tacos, faldas, flores, sonrisas; ocultar la menstruación, cremas; no engordar, no engordar, no engordar; no envejecer, no envejecer, envejecer y no coger, envejecer y ya no “ser mujer” -pero justamente por serlo-; muñeca deseada, intelecto no deseado; botox, “entrar por los ojos”, ser un buen maniquí; bailando por un sueño, objetualizada por un sueño, mercantilizada por un sueño; valorizarse, acercarse al equivalente general de belleza, quedarse afuera con los kilos, con los años; deseo contaminado de feminidad, deseo contaminado de virilidad; eternas minitas queriendo ser tratadas eternamente como niñas pequeñas aprendiendo en el jardín de infantes; sonreír, sonreír, sonreír.”


Llamame cuando ya no interpeles a la mujer
que en mí es oprimida por un varón”
dice Manada de lobxs



y dice también

que la heterosexualidad “no es una opción sino un mandato para poder existir en este mundo”

que “para poder existir psíquica y socialmente dentro del heterocapitalismo, debe haber dependencia y formación de vínculos heteronormados de posesividad y esclavización subjetiva”

que “lo que te define como heterosexual y varón no es lo que vos creías, que tenés pija y pensás que libremente has optado por las chicas; sino que sos varón en tanto practicás una manera de afectarte sexualmente con tu propio cuerpo y especialmente con el de otrxs”

que “no es la materialidad de tu cuerpo lo que no me permite afectarme con vos, como sí consigo hacerlo con los cuerpos con vaginas: es la materialidad de tus efectos y tus prácticas sobre mi subjetividad”

que el binomio varón-mujer es una relación de dominación

que el varón es privilegio

que la construcción de género es contingente

que necesitamos el feminismo para dejar de ser mujeres

pero

el feminismo no como movimiento,
no como identidad, no las feministas,
el feminismo como tendencia ética
hacia la deconstrucción de los géneros
y la abolición de la heterosexualidad
como régimen político”

el feminismo como ética de la existencia.


















(y dice Zaratustra que “quien escribe con sangre
no ha de ser leído, sino aprendido de memoria”)



Presentación de un
libro-máquina-de-guerra
by Mariela Singer
Hay algo que creo no puede dejar de mencionarse sobre este libro, algo que para mí lo vuelve necesario, y que de algún modo está expresado en los dos epígrafes con que comienza la introducción: “este libro es una acción” y “yo soy bruma”, la frase de Vanina Escales.
“Este libro es una acción”: afirmación que, desde otros “santos”, amigos de Foucault (“los gorriones de Paris”, según los refiere Manada…, Deleuze y Guattari), podríamos expresar en términos de que este texto es un “libro-máquina-de-guerra”, frente al libro-aparato-de-Estado al que estamos tan acostumbrades. Ese libro-aparato-de-Estado que implica una relación bien específica “mundo-libro-autor”: el libro constituyendo una suerte de “imagen” (especular, analítica, interpretativa, representativa) del mundo, y a la vez obra de un “autor”, de un “yo”, de una “identidad”; esa “fábrica del Buen Dios” que opera cada vez que atribuimos la producción de un libro a un sujeto, a un “yo” que lo crea. Este libro escapa a eso, e irrumpe en cambio como máquina-de-guerra.
Libro-máquina-de-guerra. Por qué… Porque esa relación entre libro, mundo y autor se diluye; no hay acá un libro que se pretenda simple “imagen” (especular) del mundo. Máquina-de-guerra también por el tipo de dispositivo de enunciación que genera: el “yo es bruma”. No se atribuye la producción del texto a una individualidad, a un Dios-individuo. En lugar de un “yo” que enuncie, una manada de lobxs: es otro el lugar de enunciación (más allá de quién sea la o el emisorx concretx, no importa porque no nos referimos a “personas” sino a subjetividades).
Y eso tiene que ver con una idea que insiste en el libro: la de que el “yo” no es el terreno de la singularidad ni de la libertad, más bien de hecho lo contrario, el de la mayoría y la sujeción. Estamos acostumbrades a pensar al “yo” como el ámbito de la libertad, como lo que escapa a lo social, a las constricciones de la masivo; aquí se nos dice que es al revés, que es el terreno de la imposición y de lo mayoritario. Que el individuo es lo masivo. No lo singular sino lo universalizante, no diferencia sino identidad: lo idéntico, lo homogéneo, lo normativizado, lo subordinado a la norma.
Entonces me parece coherente este lugar de enunciación, porque son dos aspectos relacionados. Un libro-máquina-de-guerra no podría escribirse desde un yo. Y este texto de algún modo dice eso también: que ninguna política de resistencia, de fuga, de transformación de sí, etc., puede practicarse desde un “yo”. Que cualquier política de resistencia o fuga supone trascender el “individuo”. Que es condición sine qua non hacerlo. Por eso no conforma una “opción” para este libro sino una especie de “inevitabilidad” renunciar al yo.
Por otro lado, es un lugar de enunciación que tiene que ver con la experimentación, a diferencia de lo que estamos acostumbrades en la mayoría de los libros aparato-de-Estado, en los que no se habla desde un lugar de exploración de otras formas-de-vida. En este caso, no es desde la habitualidad académica ni el interés “exegético” o la interpretación “teórica”, ni desde ninguna práctica desimplicada desde la que se enuncia. Sino desde la experimentación concreta de otras formas-de-vida, de búsquedas ético-políticas, de prácticas en consecuencia. Y me parece que es un lugar interesante para escuchar: qué es lo que emerge desde ese lugar de experimentación, qué preguntas surgen de ahí. De la vida en definitiva (y “no hay compromiso posible con el arte o las ganancias cuando urge la vida”, dice Manada…)
Entonces, unx enunciadorx que escapa al yo y que enuncia desde la experimentación. Por otro lado: máquina-de-guerra porque su dispositivo de enunciación implica también un tipo de destinatarix. El libro crea unx destinatarix, y eso no es menor si de lo que se trata es de intervenir en la subjetividad. No se dirige a una subjetividad (ya) constituida, ni siquiera “minoritaria”, al menos si seguimos pensando la minoría en términos de identidades (otra vez, esto más allá de quiénes sean lxs receptorxs concretxs, distingamos emisorxs/receptorxs de enunciadorxs/destinatarixs; puesto que más que las “personas” interesan los dispositivos y las subjetividades). No necesariamente le destinatarix construidx se condice con la subjetividad de receptorxs concretxs. Pero eso no conforma ninguna “desventaja”: porque justamente esx destinatarix es una máquina-de-guerra para operar en esas subjetividades.
Este libro no interpela identidades ni se dirige a “mujeres”. El destinatarix que construye no es una “mujer”, de hecho, va contra esa identidad. “Foucault para encapuchadas” puede leerse como “feminismo no identitario”; es que Foucault inaugura toda una forma de pensamiento que permite romper con los discursos identitarios, específicamente en vinculación con el género. Y esta máquina-de-guerra se dirige a encapuchadas; no a “mujeres” ni a sujeto o grupo alguno que pudiera “identificarse”, que fuera “identificable”: la capucha guerrea la identidad (como los devenires, tiene su propia consistencia, rehúye a una externa que la capture).
Máquina-de-guerra entonces, también, porque este feminismo escapa a lo identitario, se orienta a deconstruir-destruir el tipo de artefacto político que, como subraya el texto, constituye la “mujer”: un artefacto del heterocapitalismo que implica todo un modo de vida y toda una economía de las prácticas y de la existencia, un dispositivo político de sujeción que opera a nivel de la modulación de nuestros deseos, en los ámbitos más diversos y en los modos más capilares. Este feminismo acentúa que mientras continuemos reivindicando “mujeres”, seguiremos reforzando un lugar de dominación que opera transversalmente en nuestra existencia y cotidianidad.
Por eso la necesidad de este libro, porque este mundo está lleno de “varones” y “mujeres”: acá en este bar, si salimos a la puerta, en las calles, plazas, bares, universidades, hospitales, boliches, televisión, etc. Está lleno de “varones” y “mujeres”, por todos lados. Nos creemos muy superades en relación con el género y la verdad es que este mundo está estructurado en función de ese binomio (bueno, nos creemos superades y todavía escuchamos también con demasiada frecuencia que “el feminismo es lo mismo que el machismo pero al revés”; por otro lado si el feminismo es para “mujeres” y reivindica a la “mujer” habría que repensar algunos planteos…)
Este texto guerrea ese binomio, y eso involucra una lucha política de una relevancia insustituible, tanto si se considera a ese binomio y al artefacto político “mujer” en toda su dimensión, como si se tiene en cuenta lo poco que resulta problematizado en discursos críticos y/o de género. Porque este feminismo sin mujeres no es un posicionamiento posible en discursos identitarios, como decía, y tampoco se hace presente en la izquierda tradicional, que -preocupada por la ideología- desconsidera la cuestión de la creación de otras formas-de-vida. Desconsidera la diferencia, la singularidad, minimiza o desdeña la dimensión micropolítica; como si “micro” acaso significara “menor”, cuando lo que en cambio “micro” acentúa es que la sociedad no constituye una entidad externa y/o ajena a las prácticas, que las prácticas y su politicidad no pueden desatenderse desde ninguna perspectiva con preocupaciones ético-políticas (“mínimos organizativos generan máximos expresivos”, dicen los gorriones de París”, y desde ahí podría pensarse también la micropolítica).
Todo esto hace, en definitiva, de Foucault para encapuchadas una máquina-de-guerra: su dispositivo de enunciación, el tipo de enunciadorx que propone, el tipo de destinatarix que crea, la fuga respecto de los discursos identitarios propios del heterocapitalismo, la apelación a un feminismo sin mujeres, y un activismo de género que habla desde la experimentación concreta y la creación de otras formas-de-vida, que no es precisamente lo que sobra.
“Las relaciones que debemos trabar
con nosotros mismos
no son de identidad,
sino más bien de diferenciación,
creación e innovación”
dice Foucault
……………………………………………………………………………
A continuación un breve texto, elaborado a partir de un párrafo de Preciado en el que plantea algunos códigos semióticos pertenecientes a la femineidad, que hizo de disparador para un párrafo más extenso, luego de intercalar algunos planteos que aparecían explícitos y/o implicados en el libro de Manada… y otros que emergían a partir de la lectura….
Códigos semiótico-técnicos pertenecientes a la feminidad propios de nuestra “ecología política farmacopornográfica”:
“Mujercitas, el coraje de las madres, la píldora, cóctel hipercargado de estrógenos y progesterona, el honor de las vírgenes; La bella durmiente, la bulimia, el deseo de un hijo, la vergüenza de la defloración; La sirenita, el silencio frente a la violación; Cenicienta, la inmortalidad última del aborto, saber hacer una buena mamada, la vergüenza de no haberlo hecho todavía; Lo que el viento se llevó, decir no cuando quieres decir sí, quedarse en casa, tener las manos pequeñas, el cuidado del cabello, la moda, decir sí cuando quieres decir no, la anorexia, el secreto de saber que quien te gusta realmente es tu amiga, el miedo a envejecer, la necesidad constante de estar a dieta, el imperativo de la belleza, la compasión, la cocina obligada, levantar la mesa, incomodarte por no levantarla; la sensualidad, la manicura, no hacer ruido al pasar, no hacer ruido al comer, no hacer ruido, el algodón inmaculado y cancerígeno del Tampax, la certitud de la maternidad como lazo natural, no saber gritar, no saber pegar, no saber mucho de casi nada o saber mucho de todo pero no poder afirmarlo, saber esperar, la elegancia discreta, el miedo de ser una perra calentona, no poder encarar; el Valium, saber contenerse, dejarse dar por el culo cuando hace falta, resignarse, la depresión, la seda, las bolsitas de lavanda que huelen bien, la momificación en vida del rostro liso de la juventud, que tu marido te deje por otra más joven, el amor antes que el sexo; Mister músculo, la limpieza doméstica, agradecer por la ‘colaboración’ en la limpieza, el piropo en la calle, el piropo del cana en la calle, el manoseo, la mirada viril desviada hacia el culo; la ayuda viril, la protección, la infantilización; la depilación justa del pubis, jabón Dove, la axila depilada, no tener barba, no tener pelo en la pierna, no tener pelo; tener pelo para no quedar calva; gritar de placer sin ganas, contener las ganas de gritar de placer, no insultar, no mear en la calle, cruzarse de piernas, abrir las piernas, conducir el lavarropas, acompañar en el auto, eternamente niña protegida, eternamente madre comprensiva, amiga comprensiva, hermana comprensiva, amiga protectora, culpa y más culpa, preocuparse, amar al Amo, maquillaje, tacos, faldas, flores, sonrisas; ocultar la menstruación, cremas; no engordar, no engordar, no engordar; no envejecer, no envejecer, envejecer y no coger, envejecer y ya no “ser mujer” -pero justamente por serlo-; muñeca deseada, intelecto no deseado; botox, “entrar por los ojos”, ser un buen maniquí; bailando por un sueño, objetualizada por un sueño, mercantilizada por un sueño; valorizarse, acercarse al equivalente general de belleza, quedarse afuera con los kilos, con los años; deseo contaminado de feminidad, deseo contaminado de virilidad; eternas minitas queriendo ser tratadas eternamente como niñas pequeñas aprendiendo en el jardín de infantes; sonreír, sonreír, sonreír.”
“Llamame cuando ya no interpeles a la mujer
que en mí es oprimida por un varón”
dice Manada de lobxs
y dice también
que la heterosexualidad “no es una opción sino un mandato para poder existir en este mundo”
que “para poder existir psíquica y socialmente dentro del heterocapitalismo, debe haber dependencia y formación de vínculos heteronormados de posesividad y esclavización subjetiva”
que “lo que te define como heterosexual y varón no es lo que vos creías, que tenés pija y pensás que libremente has optado por las chicas; sino que sos varón en tanto practicás una manera de afectarte sexualmente con tu propio cuerpo y especialmente con el de otrxs”
que “no es la materialidad de tu cuerpo lo que no me permite afectarme con vos, como sí consigo hacerlo con los cuerpos con vaginas: es la materialidad de tus efectos y tus prácticas sobre mi subjetividad”
que el binomio varón-mujer es una relación de dominación
que el varón es privilegio
que la construcción de género es contingente
que necesitamos el feminismo para dejar de ser mujeres
pero
“el feminismo no como movimiento,
no como identidad, no las feministas,
el feminismo como tendencia ética
hacia la deconstrucción de los géneros
y la abolición de la heterosexualidad
como régimen político”
el feminismo como ética de la existencia.
(y dice Zaratustra que “quien escribe con sangre
no ha de ser leído, sino aprendido de memoria”)

viernes, 1 de agosto de 2014

Malas como las arañas o nemo me impune lacessit. Games of Crohn Diario de una externación


Games of Crohn
Diario de una externación
Malas como las arañas o Nemo me impune lacessit.
1/8/14

Mi mejor amiga, mi compa desde hace tantos años, siempre me dice que yo resuelvo conflictos nimios con misiles. ¿Tendré la diplomacia del Mossad? A veces creo que en realidad tengo la capacidad de excitación de un insecto, mucho más sensibles a los estímulos. Me cuesta mucho comprender la estupidez humana que llega a decibiles estridentes. Como una araña facilmente excitable, leo ciertos estímulos que quizás no prentenden ser tales, como provocaciones. En la calle se dice "sentirse zarpada". El otro día en mi barrio apuñalaron a un muchacho amigo porque alguien se sintió zarpado, y la escalada de Talión todavía anda corriendo por Consti. 
Como las arañas, frente a lo que leo como una provocación soy bien capaz de lanzarme encima en ataque. Lo cierto es que estoy condenada, como muchas otras arañas que andan por ahí, a vivir en un mundo que se hace el desentendido ante algo que se llama consenso y consentimiento, donde radica la diferencia entre hacer un mundo donde entremos todxs pese a nuestras diferencias y el abuso violatorio de la agresividad pasiva. Esa es la misma gente que cree que no poder compartir un espacio que por ejemplo, una dinamiza como ser la presentación de un libro de cuya plataforma  hago una parte vital, sin que medie un diálogo previo, un preguntar “¿da que vaya, porque no hemos vuelto hablar por mi propia decisión hace más de un año?” significa no poder coincidir en nada. Son personas amigas de la muerte, vampiros rencorosos, y pusilánimes, que si ante lo que bien la araña puede leer como provocación y responder a su agresión, reclamarían, denunciarían, se quejarían, ciudadanas. Personas acostumbradas a los libros aparatos del estado, como los denomina Mariela Singer, y no a los libros máquina de guerra. No se puede entablar una relación ausente donde la vida no cambie. Si la vida no cambia al entablar alguna suerte de cercanía con el libro máquina de guerra es porque se es sujeto de encefalograma plano de metrópolis imperial subjetivado en el encorsetamiento del libro aparato de estado, donde no hace falta afectarse con quienes producen el libro y con las formas en las que el libro fue producido sino solo con lo que está escrito en él. Las estéticas del show y el espectáculo que mencionaba una amiga. En cambio, con una máquina de guerra nos agenciamos, nos hacemos máquina, la combatimos o nos elimina. Una de tres.
La gente aparato del estado, en pos de la libertad (leí una vez por ahí que nada es mas libre que el mercado http://eticaamatoriadeldeseolibertario.blogspot.com), son bien capaces de auto-invitarse en tu fiesta de cumpleaños o en tu casa o a tu llamamiento, a sabiendas de que no son bien recibidas. Eso se llama irresponsabilidad, desafectación, patotear y bullying. No es que me molesta que eso exista. Lo que me molesta es que cuando existe, y quien lo hace existir es una lánguida damisela femenina (obviamente queer, claro está) en cuyas redes de admiración y fascinación hacia nuestra persona estupidamente sucumbimos a causa de otras pérdidas o de nuestra propia e insensata incapacidad para vadear el río más solas, no podemos responder, porque nuestra respuesta sería leída como ataque, porque nosotras somos las animalas violentas y agresivas de pelo corto, feas, antipáticas, antisociales, petizas y gorditas (no lo suficiente tampoco para hace de ello una bandera y un grupo donde estar), y seguro no espléndidas modelos femme del posporno artistoide sudamericano. Es decir, para pasarlo a porteño, cometimos la idiotez de darle bola porque nos dieron bola, y eso es algo que aprendimos a no hacer mas, o que al menos estamos aprendiendo, no dar bola porque me dan bola. Estas personas son las que usualmente, supongo, producto de habitar una feminidad más canónica que menos, creen que pueden ir adonde quieran cuando quieran sean cuales fueren los sentimientos de las personas afectadas. Porque todo el mundo sabe que si sos una suerte de marimacho o uno de sus subtipos (en las subculturas de EE. UU., se dice “the agressive” para denominar una variante de las butch) entonces no tenés ni de qué quejarte. También pienso que esto ocurre porque, sostenidas en su implacable belleza más canónica que no, piensan que sus largas piernas de salchica de viena sin tono muscular (hasta Shakira las tiene mas musculadas, por eso odio que se la critique como normativa) o su escuálido ser famélico proto anoréxico incapaz de poder defenderse de un chabón en una plaza (y por ende siempre hay que andar cuidándolas) debe ser bien recibido, y bien esperado donde sea que ella, The Queen, desee ir.
Tuve una vez una amante -amante es una figura poética, porque realmente solo tuvimos sexo dos veces, creo, y fue catastróficamente hetero, ella era, pese a su aspecto, como volver a tener sexo con varones-, que tenía a su vez una tempestuosa relación con su ex, a la cual acusaba de ser completamente invasiva y megalómana porque no había espacio que esta chica “amante” le interesara donde su ex pareja no fuera a arruinárselo con su presencia, sin que mediara ni un ápice de palabra ni consenso (no daré nombres, porque además de que es de mal gusto, la verdad es que ser nombradas es lo que más desean en el mundo ya que ambas dos migraron de sus regiones porque sentían que allí era demasiado pequeño para sus grandes ambiciones de ser alguien, y por ende se vinieron a este apestoso pozo de mierda y fama). La “amante” sufría y despotricaba contra su ex por esta razón todo el tiempo. Estoy más que segura, porque mínimanente conozco a las dos, que el deseo de la ex novia en cuestión no era joderle la vida, invadirla, molestarla. Era lisa y llanamente egoísmo, de ese heteromachohumano pernicioso y dañino: hago lo que se me canta. Este egoísmo a veces no es para nada ególatra, como creo que se trataba del caso; tenía más que ver con sentir que su presencia le era a la “amante” indiferente, que si la ex novia se presentaba a cosas del interés de la “amante” por qué habría de molestarle, si ella, la ex novia, ofrecía ausencia e idiferencia. Sin embargo, a la “amante” con la que me relacionaba le molestaba esta actitud acaparadora que juzgaba contra ella. 

A veces, como las arañas leemos estímulos que no son ad nominem contra nosotras. No obstante, esa lectura solo es factible porque en un mundo lleno de desafectación, desilusión, desengaño y malas prácticas forjadas en la fábrica de producir humanos (sean de la bioasignación que sean, y se nombren así mismxs como se nombren) es usual mover un cuadro, prender una luz en una habitación de una casa abandonada, tomar un libro de una biblioteca arrumbada, y esperar, antropocéntricamente no solo que ahí no habrá viviendo placidamente una araña cuya vida se ve trastocada por el ínfimo movimiento del descuido desafectado humano, sino que de haber esa araña, no nos atacará, porque para la humanidad, esas son acciones, carecen de importancia, y mucho menos son agresiones o provocaciones. 
En el mundo humano, no hay capacidad de afectación, por eso a veces es menester echar mano a esa herramienta llamada consentimiento, cuya única forma humana suele ser el diálogo. Creo que este tipo de lesbofeminascuasiqueer humanas no conciben que su presencia, tan hermosa, para el normal común denominador de los sujetos de la metrópolis imperial, no sea grata para un bicho solitario. Simplemente, no están acostumbradas no solo a no ser deseadas, sino a que alguien no guste de ellas. Piensan que en el peor de los casos, no se les prestará atención, lo cual ya es grave porque no quieren pasar desapercibidas (al fin de cuentas si realmente les interesara, por así decirlo, asistir a una presentación de libro, pongámosle, misteriosa y subrepticiamente lo harían sin anuncios, con gafas negras).

 Comprendo que no gustar, que la animaversión, o que la repugnancia son apegos y afectos tristes. Comprendo que lo mejor sería lisa y llanamente pasar de ellas, que vayan adonde quieran, que vengan adonde quieran, que se presenten hasta en nuestras fiestas de cumpleaños, nuestras pocas zonas autónomas temporarias, donde no tenemos que hacer consesiones porque nos armamos un pequeño lugar por breves horas de encuentro entre afines. Pero no siempre es posible. También sería maravilloso vivir en una tierra donde si esa magnifica hiperboricidad ideal de que todo nos chupe un huevo no se alcanza, del otro lado hubiera gente que consiguera entonces empatizar y comprender que su presencia no solo muchas veces no es deseada, sino que es motivo de desagrado. Solo así se puede convivir en un mundo lleno de cuerpos con imperfecciones pero que logran consensuar espacios, disposiciones, distancias y acercamientos. Lo otro, es pura provcación hacia las arañas, que somos malas, todo el mudno lo sabe, y algunas podemos ser peores: si yo me la estoy pasando mal, todxs se hunden conmigo, no engullo sola el desagrado. Si tuvieramos el tamaño de las arañas, tal vez aprenderíamos a pelear como ellas, a cuidarnos de la gente y a no confiar en sus supuestas buenas intenciones y bondad. Las reinas del queer local, que se trajeron al mundo de los anormales lo peor de su vida heterosexual y sus privilegios dado que las arañas no tienen sentimientos ni derechos, porque somos bichos, y nada puede hacernos mal o caernos mal, serán las primeras en señalarnos con el dedo y decirnos ora censoras (si no les permitimos imponer su voluntad sobre nosotras) ora defensivas (si reaccionamos a sus estímulos propios de humanas carentes de toda empatía). El único derecho que existe es el de hacer ellas su voluntad todo el tiempo, como sus madres malcriando sus caprichos les enseñaron, como les enseñaron la caterva de novios ante los cuales gratis se vendieron. La excusa siempre es “no pensé que te importara”. La araña se pregunta si no pensó porque no puede, lo cual es posible si se tiene en cuenta que belleza hegemónica no suele ir de la mano con la necesidad de pensar, o si en realidad lo que no puede es poder pensar en otrx que no sea ella misma. Una de las formas malsanas de la afectación humana tiene que ver con no poder tolerar que a veces le causamos desagrado a otra persona, como un mecanismo de defensa. Mientras tanto, tal como narra Jeanette Winterson en La Pasión “cuando el cuerpo tiene que sorportar demasiado se cierra, sigue su camino en silencio por dentro, dejándolo aterido y medio muerto”, como las arañas que fingen morir para saltarte al cuello, porque “el guerrero precisa no establecer demasiados vínculos”.

Así vamos las arañas siendo eliminadas de la faz de esta tierra por agresivas por hermosas beldades que temen nuestras reacciones a estímulos que ellas propiciaron, en vez de propiciar una convivencia. En Irlanda, las arañas traen buena suerte y son consideradas animales benéficas, ergo nadie las mata, pero la gente aprende a cohabitar un techo con esas pequeñas y feroces criaturas con las cuales hay que pensarse una manera de vivir juntas, como era el sueño de Roland Barthes, cuando investigaba en sus clases las formas de vida de monjes, ascetas, anacoretas, y sectas medievales, como era el hermoso poema de Rimbaud “revé pour l'hiver”.





Tu fermeras l'oeil, pour en point voir, par la glace,
Grimacer les ombres des soirs,
ces humains hargneuses, populace
de femmes et hommes.

Puis tu sentiras la joué égratignée...
un petit baiser, comme une folle araignée,
te courrra par le cou...

Et tu me diras: “Cherche” en inclinant la tete
-et nous prendrons du temps a trouver cette bette
qui voyage beaucoup