viernes, 12 de diciembre de 2014

Foucault para encapuchadas by Natalia Veneno




Foucault para encapuchadas: anotaciones by Natalia Veneno



Hace poco me encontré con algunos videos, buceando opiniones de este libro que acabo de terminar de leer, y me pareció notable que lxs entrevistadxs por esa voz misteriosa respondieran a preguntas que lxs relacionaban de otra manera con el libro. De una manera muy personal. Y me sentí acompañada de alguna forma. Cuando me encontré con este libro sentí que me hablaba a mí. Me pasó lo mismo con “Ética amatoria…” y con algunos discos. No con muchos, esa sensación que te produce encontrarte con alguien que tiene tus mismos problemas, tus mismas inquietudes, tus mambos, que se hace las mismas preguntas. Como cuando encontrás otrx en el mundo que no asiente, sino que dice NO. Y no estás solx.
En la primera hoja hay una cita de Deleuze que me pegó bastante, principalmente porque lo que nos pasa a veces es que la certeza de que este mundo “normalizante” deja mucha gente afuera es un sentimiento que nos acompaña desde hace tiempo: los primeros grupos de afinidad siempre tuvieron entre sus integrantes a les anormales del barrio, de la escuela, y nos gustaba ser “lxs otrxs”, vivíamos la anormalidad con placer. Esta página dice: “No es fácil ser libre: huir de la peste, organizar encuentros, aumentar la capacidad de actuación, afectarse de alegría, multiplicar los afectos…” y parece que nos lo dice en la cara. ¿Dónde están les anormales?
Una vez en un poema escribí que era muchas, lo escribí para problematizarlo, pienso hoy que decir YO SOY es limitar nuestras potencias, dejar de lado todo lo que podremos ser mañana, en otro momento. “Devenir manada” soy manada en un solo cuerpo. ¿Qué diría la otra que escribió el poema? La única que queda frente al estado de las cosas es la fuga hacia la nada, el nomadismo permanente, desertar y encontrarnos en el desierto.
Leo otras cosas:
devenir no tiene que ver ni con ser, ni con padecer, ni con producir, ni con equivaler… […] El devenir pertenece al orden de la alianza (no de la filiación) y del rizoma (…); siempre una multiplicidad (a diferencia de las identidades que suponen individuos que las encarnan) en vinculación con una micropolítica de contagio y de afectación (…) entendiendo los afectos no como sentimientos personales sino como potencias de mandas que hacen vacilar el yo”
Vacilar el yo. Esa institución fija, cerrada, muerta que nos hace pensar que elegimos en función de ella, desde esa cárcel elegimos, nada más lejano a la libertad. Tenemos dentro de la cárcel un policía “autovigilante y vigilante de lxs otrxs, dispuesta a llamarnos al orden cada vez que nos salimos del sitio que la heternormalidad tiene reservado para nuestras identidades” y si hay alguien con la que es difícil pelearse es con vos misma. Te dirán loca, embrollera, necia, violenta, nosotras diremos “si no podemos ser violentas no queremos tu revolución”
Pero el capítulo que caló hondo fue “La barbarie comienza en casa…”. El título remite a una canción de Morrissey, que es quien, junto con otrxs me permitió pensar que ser diferente, violenta, odiosa, gritona y mala no significa siempre estar sola. Y que la soledad no es el infierno al que nos condenan como brujas, sino una salida posible donde encontrarnos con las demás: el “…desierto, donde crece la vitalidad…”
Otra frase de Morrissey pero que conocí por Fun People, que nos acerca el capítulo es “toda niño sensible sabrá entender” y ahí arrancamos. Lo que sabremos entender les niñes sensibles es que nos criaron para hacerle la vida fácil a nuestros progenitores y así será el modelo que continuaremos, como afirma el pedagogo A. S. Neill “[el niño] es casi un fanático de su deseo de ser normal, convencional y correcto” Y eso entendemos les sensibles, entendíamos que en una de esas no íbamos a ser normales, convencionales o correctas. Sospecharlo, hacer alianzas con nosotras mismas, decirnos que ya floreceremos, autoconvencernos y hacer planes de eterna soledad, porque tampoco la amistad era para nosotras. La familia opera entonces como el único reducto socializante y abusa de ello, se castiga todo desvío a la norma, toda desobediencia, todo desvío. Y me encuentro en esta mezcla de recuerdos que se destraban mientras sigo la lectura con una frase conocida: “hicimos lo (mejor) que pudimos” y mi voz se confunde con la de la manada de lobxs al responder: “Pudieron poco”.
Comparto una parte del texto que interpela a la manada antifamilia que vive en mí:
Escribimos para todas las víctimas sobrevivientes de la familia - estado impuesto a costa de la decisión propia, resignada diariamente para posibilitar pensar y expresar desde una mirada ácrata nuestra vida como hijas y contrarrestar su interpelación. Escribimos porque tenemos que empezar a hablar por fuera del relato familiar del exilio familiar y por fuera de lo que la ley nos permite decir”
Como vengo diciendo desde el principio, este libro nos habla a muchas, es la confirmación de un síntoma que venimos sintiendo desde hace tiempo, aquello de lo que nos juntamos a hablar, aquello que nos entristece, que nos impide “…desistir, dejarse caer, decir No…”. Decime que esto no te parece “familiar”:
Cada uno puede testimoniar las dosis de tristeza que condensan cada año las fiestas familiares, sus trabajosas sonrisas, los apuros de ver disimular en vano a todo el mundo, ese sentimiento de que hay un cadáver ahí, sobre la mesa, y que todo el mundo hace como si no pasara nada”
¿No será mejor desertar, decir no, ser la mala, la anti? Hace un tiempo renunciamos a tener un cadáver sobre la mesa. Pero la familia ahí. Inmune. No puedo evitar recordar algo en lo que pensé hace tiempo al respecto de las decisiones que unx toma por lxs crías. ¿Hay un momento clave en el que empezamos a esclavizarlxs? Claramente desde que lxs trajimos al mundo. Maternar es simplemente abusar de aquellxs que trajimos al mundo, controlar y administrar sus potencias.
Leo:
Este abuso podría ser definido como el abuso del vínculo apasionado sobre un ser que necesita como condición sine qua non para no cesar de existir, los cuidados psíquicos, físicos y espirituales de las personas que la tienen a su cargo”
Y me pregunto ¿Cómo no vamos a seguir siendo subordinadas si no hay forma de que nos separemos de nuestros amos?
Cualquiera que ha sido hijx sabe de qué se trata la familia “…ayudar a que nunca, nunca, se vaya lejos de la casa del Amo” y también sabemos lo que es ser le anormal al salirnos del ideal regulador familiar que, además de determinar qué formas de amor son posibles, también determina los tipos de odio: abajo el tabú de ya no amar más a la propia familia o de abandonarla.
Sin melancolía, dejar atrás agudamente el concepto “familia” (…): exilio familiar hacia la alegría de vivir sin ser hijxs, sin ser madres, sin poseer a nadie”




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