lunes, 15 de diciembre de 2014

La pedagogía del opresor


Va de suyo que educar a los cuerpos usualmente conocidos como “varones” debe ser descartado. Esta ha sido en nuestra época la función natural de los cuerpos usualmente conocidos como “mujer”: educar gente y/o criar niñes. También, es sabido que adonde hay más de dos de esos cuerpos con vagina lo que se produce habitualmente es la reterritorialización de los dos temas femeninos por preferencia: el cuidado de otrxs, el amor por alguien (especialmente un varón, pero no exclusivamente). Imposible dejar de hablar de esos temas porque mujer es en nuestra época una señora que cría y cuida mientras ama, protege y sufre.
Tampoco es motivo de alegría o celebración que la gente necesite que se le enseñe a base de cometer las grandes aberraciones y actos de discriminacion aparándose en “cada quien tiene sus tiempos”. Especialistas en esta política de “me deconstruyo discriminando” son aquellas que nos reclaman modales de maestra jardinera a la hora de explicar cuestiones que ya deberíamos saber todas. Nos piden que no nos burlemos de sus dislates (recordemos que el humor es un buen antídoto antes que largarse a llorar dándose por aludida en esa discrminación o pegarles). ¿Cómo saber si una está diciendo lisa y llanamente una pelotudez atros? Recomiendo la técnica de la catálisis para saber si una está incurriendo en un simple hecho de discriminación que se oculta bajo el lema “estoy aprendiendo, tengo mis tiempos y vagina, parche y morral por ende puedo decir cualquier gilada”. Por ejemplo, alguien dice la siguiente frase “quiero que revisemos la inclusión de una trans a nuestro grupo de autodefensa”; si reemplazo “trans” por “índigena”, “migrante”, “negra”, ¿verdad que suena fatal? Si no les suena fatal cuando dicen “trans” es porque son microfascistas. Otro ejemplo, que ya he comentado en alguna ocasión, una señorita dice “besé a una mujer y no fue lo mismo”, si cambio “mujer” por “negro”, “judío”, “chino”, “villero”, “indígena” ¿verdad que les suena fatal? Si me atrevo a decir “¿por qué las mujeres pobres deben ser las putas de los discapacitados? como quien dice “es mejor limpiar mierda de toilette de casa feminista”... bueno esta suena fatal hagamos lo que hagamos, no tiene solución. ¿Sáben por qué? Porque la frase es fatal, lisa y llanamente, y ninguna temporalidad individual de deconstrucción ni ningún punto de enunciación con vagina amerita que se digan terribles atrocidades y que todas digamos “mmm que interesante compañera lo que traes es para pensar” cuando de lo que se trata es de una frase vulgar discriminadora.
No solo es agotador sino que también distrae tener que estar todo el tiempo contestando dudas muy básicas tales como que los “feminismos son machismos invertidos” en espacios feministas y encima estar obligadas a hacerlo cual madre nutricia cambiando pañales o alimentando con papilla al bebé para ayudarla a reflexionar a aquellas personas que no se detuvieron un segundo a pensar sus propios privilegios, ni a googlearlos en infernet, ni que pueden mantenerse calladas bajo la excusa de la libertad, la democracia y el aprender. No son solo esos cuerpos usualmente conocidos como “los varones” los que deben autoeducarse (o dejar de ser varones, eso sería maravilloso, pero ¿alguna vez conocieron a una persona con mucho poder adquisitivo que dejara voluntariamente de pertenecer a las clases superiores?). También son los cuerpos usualmente conocidos como “las mujeres” quienes deben aceptar que ser mujeres no las hace niños de jardín de infantes o depositarias infalibles de de buena leche, que ya sea por ignorancia o por pereza y pese a tener vaginas dicen y hacen toda suerte de atrocidades discriminativas, y que además denuncian “agresividad” o “violencia” y se victimizan cada vez que alguien no las trata como bebés incapaces cuando dicen o hacen esas atrocidades. Me recuerdan a los jugadores de fútbol que se tiran al piso para que el árbitro cobre un penal cada vez que alguien jugó mejor y les quitó la pelota. Estas chicas son la contrapartida de los microfachos porque además del buen muchacho que puede ser parte de la solución, el compa con el cual se debe perder invaluable tiempo porque está tratando de entender, y una, estúpida, eterna maestra de los machos alfas, explica; siempre está la chica linda y lista suave y modocita que te espeta un “que agresiva...”, y gracias a la cual la cabrona que no tiene a bien reterritorializar a la mamá sumisa que todas llevamos dentro queda fuera del juego. Ambas partes logan soberanía inventando cucos cada vez que les convienen, cada vez que alguien les pone los puntos. Y así se hacen los grupitos, o peor, las gangs microfascistas.
Por el contrario, la gente que genuinamente está tratando de entender por primera vez complejidades que hacen tambalear su comodida se mantiene en silencio antes de decir cualquier pavada. Ese brutal ejercicio de la democracia de la palabra que bajo el derecho de puedo decir cualquier cosa por errada que sea total se me debe escuchar y se me debe enseñar con la ternura con la que se le cambia un pañal a un recién nacido desposeído que sufre lesiones cerebrales irreparables, esos cuerpos no deberían ir desperdigando su ignorancia como si su bioasignación les protegiera de decir cualquier atrocidad solo por haber sido originalmente bioasignadas donde lo están ahora porque pese a las buenas intenciones autopercibidas muchas personas se benefician de esos órdenes que no intentan cuestionar y que por el contrario reafirman con sus preguntas idiotas o sus poses infantiles o sus victimismos baratos. Vienen a mi memoria los dichos de una lujosa feminista diciendo cosas como “pero se les dice negros porque son negros” o “le prometí que si venía a la presentación la ayudaba a conseguir un novio”.... El argumento de ser educada para aprender es una buena excusa para no hacerse responsable de las propias responsabilidades de aprender a no discriminar solas, porque no se puede aprender a no discriminar discriminando, porque no se puede una empoderarse victimizandose (en especial cuando no ha habido siquiera un hecho, que mirar fijo y hablar vehemente no es ejercer violencia), que no se puede dejar de ser por siempre una nenita indefensa alegando necesidades pedagógicas infantiles.
Aquelles (porque entiendo que está es la raza que no les molesta el uso de la “e” y lo alienta pero jamás usará la “a” todo en pos del queer nuestro de cada hetero) que esgrimen incosciencia a la hora de solicitar a otras que desvíen sus energías para gratificar sus deseos de aprendizaje en sus términos idiotas que refuerza las dinámicas de poder que supuestamente quieren entender y deconstruir: que es siempre un cuerpo de un orden menor el encargado de hacer comprender un privilegio a un privilegiado y que no solo debe hacerlo, sino que debe hacerlo sin tener ningún sentimiento más que el de amor y ternura e infinita paciencia porque si nos ponemos malas y nos enojamos entonces nadie aprende y nuestra función en este mundo es explicar.
Estudiar feminismos y todo lo que a su alredor encontramos (estudios discas-tullido, post y descoloniales, queer no fashion, etcs.) no fue una ventaja ni un privilegio, fue algo buscado, hecho a contrareloj, entre trabajos, por las noches, cuando otras salen a disfrutar la compañía de sus novies y sus amigas. No tuvo que ver con privilegios sino con esfuerzos que no le dieron cabida a la tentación de ceder al deseo de ser reconocidas como feministas buenas, de bien, aquellas que siempre tienen tiempo de explicar obviedades y sandeces, lindas educadas y sexys, repletas y pletóricas de amigas que les dicen “hermosa, te extraño” con cada pelotudez de facebook. Sin embargo, ese feminismo buena onda de la buena conciencia significa nuestra propia derrota, porque como leí por ahí que decía Audre Lorde cada vez que se espera que una persona afrodescendiente y negra eduque a las personas blancas cuando se espera que las mujeres eduquen a los varones, cuando se espera que gays y lesbianas eduquen a los heterosexuales, es el opresor quien matiene su posición y evita responsabilizarse sobre sus propias acciones.
Mientras tanto, algunas están haciendo la revolución para el derecho a los varones a ser aún más privilegiados, es decir, su derecho a hacer cualquiera todo el tiempo, pero ahora con el beneplácito y el amparo de conceptos tales como relaciones abiertas y libres, la deconstrucción o estar aprendiendo, armando una red de contención y una piscina bien llenita de almohadones donde todo los heteros y varoncitos de este mundo anarco caerán sin hacerse ni un magullón mientras sus compañeras y amigas libertarias tocan cumbias anarcolésbicas del corazón. Y otras, no.

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