lunes, 13 de octubre de 2014

Melina Romero somos todas. Somos malas tenemos que ser peores.


Dicen que las que quieren transformar el mundo se proveen ante todo de fusiles. Dicen que ellas parten de cero. Dicen que empieza un nuevo mundo. Las guerrilleras de Monique Wittig



Dicen que un texto de arenga política debe ser breve si quiere lograr el efecto de estimular una acción. Este no será el caso aunque se piense a sí mismo como un texto de guerra. Y no será breve porque no está escrito para simplemente realizar una acción un día-palo-y-a-la-bolsa-y-mañana-será-todo-mejor-yo-puse-mi-granito-de-arena. Este texto pretende conmocionar, quedan todas formalmente advertidas. Si siguen leyendo es bajo su propio riesgo. Riesgo de querer sostener un estado que supere la foto publicada en fachabuk para la promoción personal.

El relato de las últimas horas de vida de Melina es tan atroz que quién haya tenido el coraje para someterse a la escucha de la lectura de la declaración de su amiga Melody es probable que no consiga recuperar la calma me atrevo a decir en un mucho tiempo.

Cuando Daniel Torres fusiló a la Pepa Gaitán me amargué porque otra menos de esas chonga espléndidas, esas que te dan ganas de ser más chonga marimacho, se nos iba en manos de un heterosexual asesino. Del hecho tengo la imagen de la foto de la Pepa pelo corto y musculosa que circuló por todos lados y que aún hoy lo hace: un bomberazo hermoso sonriendo con franqueza, una torta con la que saldría encantada a dar una vuelta en moto y mucho más.

Cuando Alejandro Angulo, Raúl López, Fabián Mora y Patricio Ahumada aka Pato Core torturaron durante 6 horas en pleno centro de Santiago de Chile al joven Daniel Zamudio, que murió pocas semanas después debido a las heridas inflingidas en su cuerpo por parte de estos tipos lloré mucho, mucho. Tengo una imagen sonora grabada que no vi pero que mi cerebro reconstruye hasta tal punto de sentir que es a mí a quien se lo hicieron o como si por lo menos hubiera estado ahí: es el crack del hueso roto de la pierna de Daniel; “Como cuando se rompe un hueso de pollo” declaró uno de sus asesinos. Recuerdo que fui a la casa de un amigo que tenía en aquel entonces y escribimos dos textos que hoy se conoce como Daniel y Ninguna agresión sin respuesta. Organizar la rabia o el Pete ese. Fue nuestra manera de reclamar venganza y de hacer catarsis con una risa que siempre intentábamos no perder como travestismaricalesbianas estupendas que éramos. Como desde la masacre de Trelew, decimos venganza. Luego nada pasa.

Ahora la asesinaron a Melina. Circulan muchas fotos de ella porque era realmente bonita y fotogénica, pero hay una selfie, que marca el ritmo de nuestros tiempos, donde yo la veo hermosa, alegre, entusiasmada, con ganas de hacer con su vida algo copado, divertido, original, tal vez distinto que el ciclo de escuela de mierda novio celoso maternidad adolescente y forzosa matrimonio abusivo violencia doméstica y de género pobreza endémica alimentación a farináceos estrogenización patologizante personal de maestranza servicio doméstico trabajo de mierda que se le reserva a las rochas o culisueltas de nuestro país. Melina tenía ganas de pasarela bien, de hacer con su vida algo más que ser la buena madre de familia y hogar devota de su castidad pudor e hijos que se pretende de cada cuerpo con vagina de este universo hetero, como muchas de nosotras, como la Pepa y como Daniel, incluso como María Soledad Morales. Pero acá no hay ninguna monja que avale y legitime a la oveja descarriada para que se organice una tras otra marchas que salven el honor de una vida que no se salvó. Del asesinato de Melina Romero, de cuyos asesinos conocemos el nombre de Joel Fernández, aka el Chavo o el Chavito, Javier El Pelado Rodríguez, Toto hijo del César Sánchez, Elías Juan Carlos El Narigón Fernández (que no tiene la nariz grande), me toman por entera detalles que no quiero recordar más: la cantidad de horas que la violaron (desde las 3 de la tarde por lo menos hasta las 23hs), la manera en la que a golpes la hicieron mierda, hasta le faltaba un ojo de tanto que le pegaron en la jeta incluso patadas tendida ya en el piso para poder violarla una y otra y otra vez hasta ya no tener más ganas, hasta quedar completamente saciados de violencia en la carnicería en la que convirtieron el cuerpo de una chica de 15 años y luego, aún con vida y respirando colocarle una bolsa de plástico en la cabeza para tirarla al río, literalmente. No quiero hacerte yo mierda a vos pero tengo que pedirte que la mires conmigo una vez más, que nos agarremos la mano y nos sumerjamos en la producción de un recuerdo que no tuvimos pero que necesitamos sentir como si fuera nuestro el cuerpo que estuvo ahí siendo masacrado por la inclemencia violadora de esas pijas asesinas heterosexuales y patriarcales con nombre apellido y familia, porque no son monstruos, o errores, estos tipos son hijos sanos del heteropatriarcado, y porque pese que esto podría haberle pasado a cualquier de nosotras, no nos pasó a nosotras pero es menester sentirlo en la carne como si nos hubiera pasado a todas y cada una de nosotras, poder ser todas Melina. 

Necesito que la veamos en sus últimas horas, defendiéndose de brutales penetradores heterosexuales que se aprovecharon de que eran muchos, como hacen las bandas, de que estaba drogada, como una se pone cuando piensa que está entre gente amiga, de que eran varones, se aprovecharon porque vivimos en un régimen donde es posible hacer esto y que nadie, pero nadie se indigne como se indigna la gente cuando se le quitó la vida, sin duda de manera injusta, a un chico rubiecito de la clase alta en un secuestro extorsivo de un empresario (como el hijo del así llamado ingeniero Blumberge) al punto tal de reformar el código penal; o cuando una patota sindical asesina, sin duda injustamente, asesinó a un chico blanco de la clase media estudiante comprometido por la causa socialista como aconteció con Mariano Ferreyra del Partido Obrero. La tortura infinita, la violación seguida de muerte de Melina correrá una suerte aún peor que la de Luciano Arruga. Tampoco hay, como ya dije antes en referencia al caso de María Soledad Morales, una monjita buena y virtuosa que subsane las faltas morales que la sociedad le achaca a Melina y que justifica para esta sociedad que produce este modelo de virilidad hegemónica su asesinato. Para Melina no hay marcha, no hay manifestación, no se cortará ninguna calle, no se manifestará ningún partido, no se movilizará ninguna individualidad, no estará el movimiento estudiantil secundario y universitario reclamando nada en las calles, no se quemará ningún patrullero ni dependencia policial, su cara no será retratada en murales en plazas públicas o banderas, las notas periodísticas harán hincapié en su condición de “fanática de los boliches”, en la joda, en la noche, en que dejó la escuela, en que tenía muchos perfiles en redes sociales y ningún novio fijo, todos pecados de la buena conducta microfascista que explican por qué le hicieron lo que le hicieron, porque a las chicas buenas nadie las mata (por eso María Marta García Benzulce también está muerta, en un barrio privado y en manos de su marido, no?); nadie, repito, se va a indignar publicamente al punto de boicotear o accionar o hacer nada porque matar a las melinas no solamente es algo tan común y corriente que pasa usualmente desapercibido, sino que goza del beneplácito del común denominador de la apática población que sustenta el orden heterosexual criminal violador y hegemónico donde todo el tiempo se viola, se tortura y se mata a travestis, transexuales, tortilleras (las marimachas especialmente) y mariquitas. Las mismas personas que se lamentan por el asalto del turista gringo en el barrio de La Boca a manos del motochorro, que no osarían jamás burlarse y se acongojan de la mala fortuna de la familia Blumberg o Ferreyra son las que no solo se alegran de la muerte tras violación y tortura durante casi 10 horas de una chica adolescente sino que criminalizan a su madre y su amiga junto con la asesinada por ser mujeres no blancas, pobres y no concordar con los estándares de pacífica decencia que se le ordena a cualquier cuerpo no “varón” dentro de la heterosexualidad como régimen político. Se lo buscó, una menos, por algo será, y que querés, le pasó por puta y drogadicta, se lo merece...

Hoy me invade la repugnancia y el asco de ser humana, de estar sexuada, de pertecer a esta raza maldita de pestilencia que es capaz de penetrar durante muchísimas horas de una tarde infinita hasta con la bombacha puesta con sus pijas heterosexuales de mierda el cuerpo de una chica a la cual se encargaron de drogar y cagar bien cagada a trompadas y patadas de la manera más cobarde que hay, sangrando por todos lados y meter incluso respirando dentro de una bolsa su cabeza, tal como se nos enseñó que se hacía con los animales y por eso lo repetimos entre nosotros y nosotras; hoy que siento repugnancia y asco de haber sido biopoliticamente forzada dentro de la violencia de género llamada “mujer” que crió a estos hijos sanos del heteropatriarcado que creen que Melina, todas las Melinas, puede ser torturada de tal manera porque no vale nada, porque las Melinas no valemos nada.

Repito los nombres de los asesinos porque espero que nunca puedan reclamar lo que hicieron, porque deseo que alguien los reconozca, buceando en las profundidades de infernet, y les defenestre para siempre y por siempre. Y por eso también uso el mío, porque espero sacarnos de la desidia, de la apatía y de la pasividad de la foto de facebook haciendo tu buena acción del día en el mejor de los casos.

Melina que podría haber tenido una vida más prolongada llena de intensidades, deseos, hallazgos y aventuras por lo menos tiene que ser recordada. Por ella tenemos que dejar la cómoda y confortable pasividad a la cual somos sometidas, tenemos que levantarnos temprano, esforzarnos en ir y participar en todas las acciones que en su nombre se realizan, conmover el barrio donde vivía, mostrar nuestra presencia, enseñar que estamos ahí que estamos con ella, con Melody que se animó a hablar pese a todo lo que le están haciendo y le hicieron (¿o se piensan que ver violar y masacrar hasta la muerte el cuerpo de una amiga pero salir ilesa es una pavada?), organizarnos con la gente que encontró el cuerpo y lo defendió para que no quede todo en la nada otra vez. Tenemos que levatarnos e ir hasta donde tengamos que i y responder el ataque que ellos inicieron contra todas nosotras para que todos los tipos de este mundo sepan que No es No, que solo un Si expreso y reiterado es consentimiento, que si nos zarpan a una nosotras nos vamos a zarpar nosotras también, que responder la violencia del agresor no es ser una agresora, que empoderarse supone defenderse, no quedarse callada que el silencio y la inacción no nos van defender, que las autoridades siempre estarán del lado de los que hicieron esto, que las leyes no están para defendernos a nosotras.Tenemos que dejar de temer porque si seguimos temiendo lo que nos puede llegar a pasar si nos volvemos salvajes, indómitas, malditas nos va a ocurrir de todas maneras lo mismo que le ocurrió a Melina. Tenemos que dejar de lado el rencor y el encono que a veces nos agrieta las una contra las otras aunque más no sea momentáneamente e ir hasta allá donde todavía Melina vive en el recuerdo y el aroma de quienes la querían y la respetaban tal cual era porque tal cual era merecía vivir, porque tal cual era su vida era valiosa, respetable, íntegra y maravillosa. Tenemos que salir sin temor a mostrarles a todos los que hicieron esto o acompañan y avalan hasta con su desidia y su apatía que estamos ahí y nos estamos armando porque todas, absolutamente todas nosotras somos Melina Romero, porque donde nos matan a una, como una Hidra de mil cabezas vamos a volver, siendo millones para atacarles con nuestro odio enfurecido y excitado de malditas furias que somos y cortarles el chorro (o la pija). Para que cuando digamos somos malas podemos ser peores no sea simplemente un slogan que sublima catárticamente lo que nunca nos vamos atrever a hacer. Para que Melina siga bailando eternamente con nosotras cumbia y reggaetón en nuestro corazón lesbiano.



1 comentario:

  1. Categórico y aplastante razonamiento sobre una realidad que va a seguir siendo de mierda, sino se reacciona.

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