lunes, 15 de septiembre de 2014

Seré Millones, de perversas


Seré breve -o intentaré serlo.

Seré Millones es una película burda, nostálgica. ¿De qué? De un mundo que afortunadamente se les escurre de las manos a machirulos misóginos y homofóbicos, que vienen a ser lo mismo. Una suerte de Gente que busca Gente de las revolucionariedad viriloide heterofacha de aquellos años.

Hoy sabemos cosas que en los 70 tal vez no estaban tan claras, voy a darles el beneficio de la duda. Sin embargo, no voy a ir a las obviedades que todo el mundo sabe o debería saber y sin ninguna pena dejar atrás sin más como la pesadilla que son: que todos los partidos son estructuras verticales jerárquicas de poder opresor piramidal, aparatos de captura de las potencias insurrectas que quedan anquilozadas ahí. Por el contrario, iré a un hecho aun más corrosivo y dificil de digerir para todas las muchachas y muchachos -y no tanto- cuyas entrepiernas se mojan en la excitación de días más álgidamente entusiastas y peligrosos: que la buena conciencia de las izquierdas idealistas siempre son microfascistas. Siempre. Lo fueron entre sus filas, lo fueron con los de afuera. Lo son ahora. Siempre. Porque el mundo marxista está dividido en condiciones objetivas y subjetivas y porque hay objetivos principales y objetivos secundarios. Y porque las modificaciones de las guerras interiores contra la pando que todas y todos llevamos dentro son mucho más dificiles de trastocar que robar un banco sin dejar heridos.

Hoy sabemos cosas que hace años atrás no estaban tal vez tan claras. Sabemos que una película es más su montaje que otra cosa, que su narrativa está hecha en torno cómo se monta una historia en el recorte y el foco que se realiza. Y esta historia se monta sobre los chistes -que todo el mundo a sala llena festeja- de la homofobia y la misoginia de dos viejos fanfarrones, cualuncues, retrógrados, como cualquier viejo de mierda que anda hoy por ahí.

Como para muestra basta un botón analicemos tres escenas de la vida militante revolucionaria heterosexual:

1.
-Tené cuidado con las mulatas-, le dice uno al amigo casado, ya en Cuba, tierra segura para militantes de izquierda. -Y vos con los mulatos-, le retruca el otro viejo, vivo. Todos ríen. ¿Habrá homosexuales en esta sala? ¿Por qué ser maricón y mirar mulatos es un chiste? ¿Por qué no ser hetero es gracioso? ¿Por qué es gracioso ser un picaflor, un viejo verde, un mete-cuernos, un macho alfa, un agrandado que le falta el respeto a las mujeres? ¿Ninguno de los actores de esta película es homosexual?

2.
-...aunque yo sabía que andaba con mujercitas, yo lo quería igual-,dice la abnegada esposa del viejo homofóbico heteronormal, pero revolucionario, que para ser revolucionario de izquierda (y tal vez anarco también como ya nos advertía DeJacques) no es necesario modificar nigún tipo de estructural íntima represiva. La esposa, silenciosa, confiando ciegamente, jamás nerviosa, dejá todo atrás, y migra, por la causa revolucionaria, ella es la que acompaña, jamás discrepa, no tiene su propia voz, no reclama ni siquiera las infidelidades de su marido, revolucionario, ojo. Como dice ella se maquillaba “suave”.

3.
el señor revolucionario homofóbico invita a ver Espartaco a su señora esposa cornuda, silente, sumisa y abnegada, la buena mujer que todo revolucionario necesita a su lado para convertirse en héroe. Él le dice que actúa ese actor que a élla le gusta tanto, porque hay mucha libertad en este vínculo entonces él le permite que le caliente, un poquito, un actor de pantalla grande. Y ella, santa esposa devota de su matrimonio le dice que a ella le gusta ese actor porque le recuerda a él, todos los hombres hermosos le recuerdan a él, su galán personal de televisión, por eso le ha de perdonar todo y cuestionar nada, ay los viejos buenos tiempos donde los matrimonios duraban 42 años como éste, pese a que él es un viejo fastidioso, gruñón y machista. Y el señor revolucionario homofóbico le contesta que no, que él no se parece, porque ese actor parece que se la “come”. Y nuevamente todos ríen. ¿No hay homosexuales en una sala colmada? ¿Ni uno? ¿Quiénes recomiendan esta película? ¿No tienen amigas ni amigos putos? ¿Las personas que difunden este recorte tampoco lo ven o es algo menor? ¿Por qué estratégicamente para mostrarnos la realidad el chiste está colocado justo en la tomada de pelo al homosexual?

Lo voy a decir sin irnonías como si se lo explicara a un niño pequeño: en el gimnasio donde entreno kick boxing hay más conciencia política sobre el respeto a las mujeres y a los homosexuales que en esta película sobre dos héroes de la heroicidad izquierdista revolucionaria guevarista nestálgica heteronormada, falocéntrica.

Ciertamente, la película podría haber hecho dos cosas:

1. podría haber editando todos esos guiños heterosexistas de mal gusto revolucionario típicos de los 70 para salvaguardar la imagen de estos dos viejos microfachos encubiertos que obnubilan la percepción de una caterva de actores imbecilizados que no entienden nada de historia ni de política pero que se emocionan con la gesticulación idealista.

2. podría haber mostrado una imagen con fisuras de la militancia de los 70, esa que hoy sabemos, hecha de personas como son todos los humanos de este mundo, microfascistas, misóginos, homofóbicos, falibles. Una suerte de película que como en La decisión de Sofi muestre lo que no queremos ver.

Pero no. ¿Por qué no? Porque en el mundo de esta revolución viril, nostálgica, piramidal, lo que se echa de menos no es tanto el fusil, que también cuelga del brazo de la guerrillera y el guerrillero maricón que siempre los ha habido y los habrá, por cierto, sino los privilegios de ser macho en un mundo heterocentrado. Porque aquí la chanza homofóbica suma, cierra filas, crea adeptos, y reune en comunión en torno al mataputo.

Y habrá siempre algún gordito barbudo que reclame desde la comodidad de sus privilegios heterocentrados “los gays son capitalistas” (en realidad son algo peor, son heterosexuales como vos, señor director de film politicamente correcto) para justificar que él, señor director de película politicamente correcta y nostálgica de un pasado y un tipo de militante revolucionario que ojalá nunca más vuelva no tanto por su violencia -que eso es lo de menos y lo mejor- sino por su sostenida heteronormalidad falocéntrica jerarquizante que opresora y criminal (esos que ni siquiera le cantaron a los miembros del Frente de liberación homosexual “no somos putos no somos faloperos somos soldados de la FAR y Montoneros” porque ni siquiera les hablaban, por anormales, anormalidad que la lucha socialista ya iba a venir a erradicar, desviación pequeñoburguesa que se acabaría cuando los obreros tomarán el poder).
Siempre hay un director de la buena conciencia, esa que pintó carteles como estudiante y repartió papelitos de jovencito, para lavar las culpas que nunca tiene por no dejar de ser un sorete machista y cabrón que crea que Pando es una hiena o una nearthal (cosas todas buenas por cierto si supiera algo de prehistoria o zoología), cuando Pando y sus secuaces, en esto y mucho más, se parecen a vos, señor director. Todos se ríen del puto y de la trava. ¿Y la torta? Bien, gracias; esa no existe, como tampoco existe la líder guerrillera.

¿Todo banquero es un ladrón? No querido, todo delincuente es un marginal y vos sos un mataputos machista y homofóbico.
Volveremos y seré millones ¿de qué? De perversas y perversos. Porque entre los gladiadores romanos, esos que inspiraron tanto la revuelta con la historietita hollywoodense de Espartaco lo que más abundaba era el homoerotismo.

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