lunes, 15 de septiembre de 2014

Games of Crohn: Perrera vs Perrea. La correcta corrección política












La corrección política desea ser querida y amada por todas y todos, tener una referencia, un palenque y un corral donde apalancarse y aparcar el coche de su mediocridad que no les permite pensar.

La corrección política es como una stalker abusadora que te hace sentir culpable y responsable de tu autodefensa. No importa cuanto alguien te acose, prohibido defenderse dice la corrección política, prohibido abandonar las instituciones sociales, prohibido no someterse a los mandatos de las modas feministas queer, prohibido salirse del rebaño, dejar el espacio de las comunes. Prohibido, prohibido, prohibido especialmente andar sola.

La corrección política adora hacerte sentir vergüenza, que temas estar ir por tu camino. Le dice empoderamiento a ese té con masas y reunión de bridge en el cual feminismo se ha ido transformando, de a poco, gracias a sus temores de pegar el batacazo, hacer saltar la banca. Que nadie haga nada fuera de lugar.

La corrección política adora que nada se modifique.

La corrección política llama “bullying” a la ironía insider queer, suerte de patada en el orto que hace que puedas pensar más allá de los límites establecidos por la corrección política, brazo armado policíaco de la buena conciencia.

La corrección política es una patrulla de policías devenidas feministas de tanto ir a los encuentros de mujeres donde se les cantó “Mujer, escucha, únete a la lucha” y ahora andan patrullando las calles con sus esposas, sus reglas, sus normas: hasta dónde el corto de la pollera, hasta dónde el cavado de la tanga, hasta dónde el short metido en el culo, hasta dónde se baja cuando se perrea.

La corrección política es siempre joven, jamás demasiado gorda, jamás anoréxica, nunca vomita, nunca se autoagrede, nunca agrede a nadie, nunca hace nada incómodo, nunca se equivoca, nunca hace nada realmente. La corrección política se parece bastante a la burguesía en sus modales de mesa bien servida.


La corrección política es una máquina de dar condecoraciones a quienes se arriesgan a hacer algo distinto, algo que a ellas les atemoriza. La corrección política atrasa: en unos años las mismas que dijeron trabajo sexual=trata, perrero=patriarcado, travesti=varón invertirán el signo de la ecuación pero la moral, su moral, la ley, su ley quedará intacta.

La corrección política es ante todo ignorantonta, le encanta no aprender sin dejar de estar a la moda.

La corrección política es postporno heteroqueer y abolicionista-negacionista.

La corrección política tiene miedo de las putas, las zorras, y las yeguas.

La corrección política niega el deseo de los cuerpos con vagina y acusa a las que no la tienen cuando sí tienen deseos. La corrección política dictamina con quién sí y con quién no, dictamina cómo sí y cómo no. La corrección política es una vieja directora de escuela normal, una maestra de grado, una madre celosa y envidiosa de las potencias de su hija.

La corrección política tiene envidia.

La corrección política está enferma de celos, resentimiento, recelo y quiere contagiarte con su limpia alma de mujer blanca y privilegiada.

La corrección política son un grupito de chetas de escuela privada decidiendo quién va a la fiesta de cumpleaños y quién se queda afuera por negra, por sucia, por incorrecta, por calentona, por guarra, por, por, por...


La corrección política es un coro de ángeles rubicundas que repite el salmo de la buena conciencia de memoria.

Supuestamente esta semana me van a dar un certificado emitido por el Estado de la Nazión Argentina que afirma y ratifica algo que muchos esconderían. El certificado dirá algo que ya sabíamos, que soy una discapacitada, así le dicen a mi variación sobre el estandard de normalidad de mi cuerpo, así le dicen a mi incapacidad para adaptarme socialmente a una comunidad que no hace más que excluirme o algo peor negarme ignorando mi existencia. Mi certificado es como un premio a mi trayectoria; el reverso de una ley de matrimonio igualitario o de que se me permita escoger y fijarme en una identidad de género bipolar heteronormativa que me asegure un puesto de trabajo digno. Mi certificado, espero, haga todo lo contrario. Mi certificado es incorrectamente político. Es un premio a mis fallas. Así como hay quienes celebran las leyes igualitarias y progresivas, y con justa razón lo hacen porque les benefician tal vez en la concreción de deseos que tal vez sean desempoderantes, yo celebro, como explica Burroughs que se demuestre que Almuerzo desnudo tiene contenido social “que lo justifica” sino el cuestionamiento del “derecho a la censura a existir”.

Así también hay las que atacan a las que quieren casarse o tener un carnet de identidad con otra moral, ay la moral, siempre la moral de esa corrección política, pareja de novias posesivas que se tiene tanto miedo y tan poca confianza que no dejan que nada se les acerque vestidas full riñonera y parches por todos lados como indica la correcta moda feminista anarcotrola pero que critica, cual señoras de barrio misóginas, cual damas de bien, cual minitas de colegio privado a la que lleva la bucanera de taco aguja, la que tiene el rouge tan rojo que se le corre, la que se droga tanto que cae redonda al piso, la que es tan marimacha que le gusta agarrarse a las trompadas, las que no es ni quiere ser ni gusta de ellas. Las unas y las otras verificando a ver quién es la más feminista a fuerza de ponerles los puntos a todas las demás en su iglesia pseudo anarca.

Habemos de las otras, las que hacemos de su hostigamiento una medalla al buen gusto, los malos modales, y que se vayan bien, pero bien a la reconcha de su mamá.


La corrección política desea ser querida y amada por todas y todos, tener una referencia, un palenque y un corral donde apalancarse y aparcar el coche de su mediocridad que no les permite pensar.

La corrección política es como una stalker abusadora que te hace sentir culpable y responsable de tu autodefensa. No importa cuanto alguien te acose, prohibido defenderse dice la corrección política, prohibido abandonar las instituciones sociales, prohibido no someterse a los mandatos de las modas feministas queer, prohibido salirse del rebaño, dejar el espacio de las comunes. Prohibido, prohibido, prohibido especialmente andar sola.

La corrección política adora hacerte sentir vergüenza, que temas estar ir por tu camino. Le dice empoderamiento a ese té con masas y reunión de bridge en el cual feminismo se ha ido transformando, de a poco, gracias a sus temores de pegar el batacazo, hacer saltar la banca. Que nadie haga nada fuera de lugar.

La corrección política adora que nada se modifique.

La corrección política llama “bullying” a la ironía insider queer, suerte de patada en el orto que hace que puedas pensar más allá de los límites establecidos por la corrección política, brazo armado policíaco de la buena conciencia.

La corrección política es una patrulla de policías devenidas feministas de tanto ir a los encuentros de mujeres donde se les cantó “Mujer, escucha, únete a la lucha” y ahora andan patrullando las calles con sus esposas, sus reglas, sus normas: hasta dónde el corto de la pollera, hasta dónde el cavado de la tanga, hasta dónde el short metido en el culo, hasta dónde se baja cuando se perrea.

La corrección política es siempre joven, jamás demasiado gorda, jamás anoréxica, nunca vomita, nunca se autoagrede, nunca agrede a nadie, nunca hace nada incómodo, nunca se equivoca, nunca hace nada realmente. La corrección política se parece bastante a la burguesía en sus modales de mesa bien servida.


La corrección política es una máquina de dar condecoraciones a quienes se arriesgan a hacer algo distinto, algo que a ellas les atemoriza. La corrección política atrasa: en unos años las mismas que dijeron trabajo sexual=trata, perrero=patriarcado, travesti=varón invertirán el signo de la ecuación pero la moral, su moral, la ley, su ley quedará intacta.

La corrección política es ante todo ignorantonta, le encanta no aprender sin dejar de estar a la moda.

La corrección política es postporno heteroqueer y abolicionista-negacionista.

La corrección política tiene miedo de las putas, las zorras, y las yeguas.

La corrección política niega el deseo de los cuerpos con vagina y acusa a las que no la tienen cuando sí tienen deseos. La corrección política dictamina con quién sí y con quién no, dictamina cómo sí y cómo no. La corrección política es una vieja directora de escuela normal, una maestra de grado, una madre celosa y envidiosa de las potencias de su hija.

La corrección política tiene envidia.

La corrección política está enferma de celos, resentimiento, recelo y quiere contagiarte con su limpia alma de mujer blanca y privilegiada.

La corrección política son un grupito de chetas de escuela privada decidiendo quién va a la fiesta de cumpleaños y quién se queda afuera por negra, por sucia, por incorrecta, por calentona, por guarra, por, por, por...


La corrección política es un coro de ángeles rubicundas que repite el salmo de la buena conciencia de memoria.

Supuestamente esta semana me van a dar un certificado emitido por el Estado de la Nazión Argentina que afirma y ratifica algo que muchos esconderían. El certificado dirá algo que ya sabíamos, que soy una discapacitada, así le dicen a mi variación sobre el estandard de normalidad de mi cuerpo, así le dicen a mi incapacidad para adaptarme socialmente a una comunidad que no hace más que excluirme o algo peor negarme ignorando mi existencia. Mi certificado es como un premio a mi trayectoria; el reverso de una ley de matrimonio igualitario o de que se me permita escoger y fijarme en una identidad de género bipolar heteronormativa que me asegure un puesto de trabajo digno. Mi certificado, espero, haga todo lo contrario. Mi certificado es incorrectamente político. Es un premio a mis fallas. Así como hay quienes celebran las leyes igualitarias y progresivas, y con justa razón lo hacen porque les benefician tal vez en la concreción de deseos que tal vez sean desempoderantes, yo celebro, como explica Burroughs que se demuestre que Almuerzo desnudo tiene contenido social “que lo justifica” sino el cuestionamiento del “derecho a la censura a existir”.

Así también hay las que atacan a las que quieren casarse o tener un carnet de identidad con otra moral, ay la moral, siempre la moral de esa corrección política, pareja de novias posesivas que se tiene tanto miedo y tan poca confianza que no dejan que nada se les acerque vestidas full riñonera y parches por todos lados como indica la correcta moda feminista anarcotrola pero que critica, cual señoras de barrio misóginas, cual damas de bien, cual minitas de colegio privado a la que lleva la bucanera de taco aguja, la que tiene el rouge tan rojo que se le corre, la que se droga tanto que cae redonda al piso, la que es tan marimacha que le gusta agarrarse a las trompadas, las que no es ni quiere ser ni gusta de ellas. Las unas y las otras verificando a ver quién es la más feminista a fuerza de ponerles los puntos a todas las demás en su iglesia pseudo anarca.

Habemos de las otras, las que hacemos de su hostigamiento una medalla al buen gusto, los malos modales, y que se vayan bien, pero bien a la reconcha de su mamá.

2 comentarios: