viernes, 1 de agosto de 2014

Malas como las arañas o nemo me impune lacessit. Games of Crohn Diario de una externación


Games of Crohn
Diario de una externación
Malas como las arañas o Nemo me impune lacessit.
1/8/14

Mi mejor amiga, mi compa desde hace tantos años, siempre me dice que yo resuelvo conflictos nimios con misiles. ¿Tendré la diplomacia del Mossad? A veces creo que en realidad tengo la capacidad de excitación de un insecto, mucho más sensibles a los estímulos. Me cuesta mucho comprender la estupidez humana que llega a decibiles estridentes. Como una araña facilmente excitable, leo ciertos estímulos que quizás no prentenden ser tales, como provocaciones. En la calle se dice "sentirse zarpada". El otro día en mi barrio apuñalaron a un muchacho amigo porque alguien se sintió zarpado, y la escalada de Talión todavía anda corriendo por Consti. 
Como las arañas, frente a lo que leo como una provocación soy bien capaz de lanzarme encima en ataque. Lo cierto es que estoy condenada, como muchas otras arañas que andan por ahí, a vivir en un mundo que se hace el desentendido ante algo que se llama consenso y consentimiento, donde radica la diferencia entre hacer un mundo donde entremos todxs pese a nuestras diferencias y el abuso violatorio de la agresividad pasiva. Esa es la misma gente que cree que no poder compartir un espacio que por ejemplo, una dinamiza como ser la presentación de un libro de cuya plataforma  hago una parte vital, sin que medie un diálogo previo, un preguntar “¿da que vaya, porque no hemos vuelto hablar por mi propia decisión hace más de un año?” significa no poder coincidir en nada. Son personas amigas de la muerte, vampiros rencorosos, y pusilánimes, que si ante lo que bien la araña puede leer como provocación y responder a su agresión, reclamarían, denunciarían, se quejarían, ciudadanas. Personas acostumbradas a los libros aparatos del estado, como los denomina Mariela Singer, y no a los libros máquina de guerra. No se puede entablar una relación ausente donde la vida no cambie. Si la vida no cambia al entablar alguna suerte de cercanía con el libro máquina de guerra es porque se es sujeto de encefalograma plano de metrópolis imperial subjetivado en el encorsetamiento del libro aparato de estado, donde no hace falta afectarse con quienes producen el libro y con las formas en las que el libro fue producido sino solo con lo que está escrito en él. Las estéticas del show y el espectáculo que mencionaba una amiga. En cambio, con una máquina de guerra nos agenciamos, nos hacemos máquina, la combatimos o nos elimina. Una de tres.
La gente aparato del estado, en pos de la libertad (leí una vez por ahí que nada es mas libre que el mercado http://eticaamatoriadeldeseolibertario.blogspot.com), son bien capaces de auto-invitarse en tu fiesta de cumpleaños o en tu casa o a tu llamamiento, a sabiendas de que no son bien recibidas. Eso se llama irresponsabilidad, desafectación, patotear y bullying. No es que me molesta que eso exista. Lo que me molesta es que cuando existe, y quien lo hace existir es una lánguida damisela femenina (obviamente queer, claro está) en cuyas redes de admiración y fascinación hacia nuestra persona estupidamente sucumbimos a causa de otras pérdidas o de nuestra propia e insensata incapacidad para vadear el río más solas, no podemos responder, porque nuestra respuesta sería leída como ataque, porque nosotras somos las animalas violentas y agresivas de pelo corto, feas, antipáticas, antisociales, petizas y gorditas (no lo suficiente tampoco para hace de ello una bandera y un grupo donde estar), y seguro no espléndidas modelos femme del posporno artistoide sudamericano. Es decir, para pasarlo a porteño, cometimos la idiotez de darle bola porque nos dieron bola, y eso es algo que aprendimos a no hacer mas, o que al menos estamos aprendiendo, no dar bola porque me dan bola. Estas personas son las que usualmente, supongo, producto de habitar una feminidad más canónica que menos, creen que pueden ir adonde quieran cuando quieran sean cuales fueren los sentimientos de las personas afectadas. Porque todo el mundo sabe que si sos una suerte de marimacho o uno de sus subtipos (en las subculturas de EE. UU., se dice “the agressive” para denominar una variante de las butch) entonces no tenés ni de qué quejarte. También pienso que esto ocurre porque, sostenidas en su implacable belleza más canónica que no, piensan que sus largas piernas de salchica de viena sin tono muscular (hasta Shakira las tiene mas musculadas, por eso odio que se la critique como normativa) o su escuálido ser famélico proto anoréxico incapaz de poder defenderse de un chabón en una plaza (y por ende siempre hay que andar cuidándolas) debe ser bien recibido, y bien esperado donde sea que ella, The Queen, desee ir.
Tuve una vez una amante -amante es una figura poética, porque realmente solo tuvimos sexo dos veces, creo, y fue catastróficamente hetero, ella era, pese a su aspecto, como volver a tener sexo con varones-, que tenía a su vez una tempestuosa relación con su ex, a la cual acusaba de ser completamente invasiva y megalómana porque no había espacio que esta chica “amante” le interesara donde su ex pareja no fuera a arruinárselo con su presencia, sin que mediara ni un ápice de palabra ni consenso (no daré nombres, porque además de que es de mal gusto, la verdad es que ser nombradas es lo que más desean en el mundo ya que ambas dos migraron de sus regiones porque sentían que allí era demasiado pequeño para sus grandes ambiciones de ser alguien, y por ende se vinieron a este apestoso pozo de mierda y fama). La “amante” sufría y despotricaba contra su ex por esta razón todo el tiempo. Estoy más que segura, porque mínimanente conozco a las dos, que el deseo de la ex novia en cuestión no era joderle la vida, invadirla, molestarla. Era lisa y llanamente egoísmo, de ese heteromachohumano pernicioso y dañino: hago lo que se me canta. Este egoísmo a veces no es para nada ególatra, como creo que se trataba del caso; tenía más que ver con sentir que su presencia le era a la “amante” indiferente, que si la ex novia se presentaba a cosas del interés de la “amante” por qué habría de molestarle, si ella, la ex novia, ofrecía ausencia e idiferencia. Sin embargo, a la “amante” con la que me relacionaba le molestaba esta actitud acaparadora que juzgaba contra ella. 

A veces, como las arañas leemos estímulos que no son ad nominem contra nosotras. No obstante, esa lectura solo es factible porque en un mundo lleno de desafectación, desilusión, desengaño y malas prácticas forjadas en la fábrica de producir humanos (sean de la bioasignación que sean, y se nombren así mismxs como se nombren) es usual mover un cuadro, prender una luz en una habitación de una casa abandonada, tomar un libro de una biblioteca arrumbada, y esperar, antropocéntricamente no solo que ahí no habrá viviendo placidamente una araña cuya vida se ve trastocada por el ínfimo movimiento del descuido desafectado humano, sino que de haber esa araña, no nos atacará, porque para la humanidad, esas son acciones, carecen de importancia, y mucho menos son agresiones o provocaciones. 
En el mundo humano, no hay capacidad de afectación, por eso a veces es menester echar mano a esa herramienta llamada consentimiento, cuya única forma humana suele ser el diálogo. Creo que este tipo de lesbofeminascuasiqueer humanas no conciben que su presencia, tan hermosa, para el normal común denominador de los sujetos de la metrópolis imperial, no sea grata para un bicho solitario. Simplemente, no están acostumbradas no solo a no ser deseadas, sino a que alguien no guste de ellas. Piensan que en el peor de los casos, no se les prestará atención, lo cual ya es grave porque no quieren pasar desapercibidas (al fin de cuentas si realmente les interesara, por así decirlo, asistir a una presentación de libro, pongámosle, misteriosa y subrepticiamente lo harían sin anuncios, con gafas negras).

 Comprendo que no gustar, que la animaversión, o que la repugnancia son apegos y afectos tristes. Comprendo que lo mejor sería lisa y llanamente pasar de ellas, que vayan adonde quieran, que vengan adonde quieran, que se presenten hasta en nuestras fiestas de cumpleaños, nuestras pocas zonas autónomas temporarias, donde no tenemos que hacer consesiones porque nos armamos un pequeño lugar por breves horas de encuentro entre afines. Pero no siempre es posible. También sería maravilloso vivir en una tierra donde si esa magnifica hiperboricidad ideal de que todo nos chupe un huevo no se alcanza, del otro lado hubiera gente que consiguera entonces empatizar y comprender que su presencia no solo muchas veces no es deseada, sino que es motivo de desagrado. Solo así se puede convivir en un mundo lleno de cuerpos con imperfecciones pero que logran consensuar espacios, disposiciones, distancias y acercamientos. Lo otro, es pura provcación hacia las arañas, que somos malas, todo el mudno lo sabe, y algunas podemos ser peores: si yo me la estoy pasando mal, todxs se hunden conmigo, no engullo sola el desagrado. Si tuvieramos el tamaño de las arañas, tal vez aprenderíamos a pelear como ellas, a cuidarnos de la gente y a no confiar en sus supuestas buenas intenciones y bondad. Las reinas del queer local, que se trajeron al mundo de los anormales lo peor de su vida heterosexual y sus privilegios dado que las arañas no tienen sentimientos ni derechos, porque somos bichos, y nada puede hacernos mal o caernos mal, serán las primeras en señalarnos con el dedo y decirnos ora censoras (si no les permitimos imponer su voluntad sobre nosotras) ora defensivas (si reaccionamos a sus estímulos propios de humanas carentes de toda empatía). El único derecho que existe es el de hacer ellas su voluntad todo el tiempo, como sus madres malcriando sus caprichos les enseñaron, como les enseñaron la caterva de novios ante los cuales gratis se vendieron. La excusa siempre es “no pensé que te importara”. La araña se pregunta si no pensó porque no puede, lo cual es posible si se tiene en cuenta que belleza hegemónica no suele ir de la mano con la necesidad de pensar, o si en realidad lo que no puede es poder pensar en otrx que no sea ella misma. Una de las formas malsanas de la afectación humana tiene que ver con no poder tolerar que a veces le causamos desagrado a otra persona, como un mecanismo de defensa. Mientras tanto, tal como narra Jeanette Winterson en La Pasión “cuando el cuerpo tiene que sorportar demasiado se cierra, sigue su camino en silencio por dentro, dejándolo aterido y medio muerto”, como las arañas que fingen morir para saltarte al cuello, porque “el guerrero precisa no establecer demasiados vínculos”.

Así vamos las arañas siendo eliminadas de la faz de esta tierra por agresivas por hermosas beldades que temen nuestras reacciones a estímulos que ellas propiciaron, en vez de propiciar una convivencia. En Irlanda, las arañas traen buena suerte y son consideradas animales benéficas, ergo nadie las mata, pero la gente aprende a cohabitar un techo con esas pequeñas y feroces criaturas con las cuales hay que pensarse una manera de vivir juntas, como era el sueño de Roland Barthes, cuando investigaba en sus clases las formas de vida de monjes, ascetas, anacoretas, y sectas medievales, como era el hermoso poema de Rimbaud “revé pour l'hiver”.





Tu fermeras l'oeil, pour en point voir, par la glace,
Grimacer les ombres des soirs,
ces humains hargneuses, populace
de femmes et hommes.

Puis tu sentiras la joué égratignée...
un petit baiser, comme une folle araignée,
te courrra par le cou...

Et tu me diras: “Cherche” en inclinant la tete
-et nous prendrons du temps a trouver cette bette
qui voyage beaucoup

1 comentario:

  1. https://www.youtube.com/watch?v=rwdAxA4K-Cc
    http://www.metrolyrics.com/tarantula-lyrics-this-mortal-coil.html

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