miércoles, 23 de julio de 2014

El cyborg en su laberinto. Games of Crohn. Diario de una externación


24/7/14

Games of Crohn
Diario de una externación
La cyborg en su laberinto



La cyborg en su laberinto

¿Acaso te pensás que naciste así? Fuiste creado
Transformers

Un poco como mi mal temperamento o como mi plantarle cara de loca al mundo, un poco como haber sido asignada mujer y no tener una tierra prometida adonde fugar, lo que porto no tiene cura. De movida corro la carrera con desventajas: zapatillas con plantilla de plomo o suela de pegamento, ¿esto compensa un poco los privilegios con los que nací?
Humira, la marca registrada de esa cosa que andá a saber qué cuernos es, que me chuto cada 15 días de acá la eternidad (la eternidad tiene 5 años, volveremos sobre esto) cual yonqui legal, como el afecto de las personas que me aprecian, tampoco me cura; pero, como ese afecto, me mantiene viva. Asterión encerrado en su laberinto, a veces me olvido de tomarme la medicación y juego a que no estoy encerrada, presa del régimen farmacopornográfico y los dispositivos a los que vivo conectada, vivo porque estoy conectada. Pese a que todavía me cruzo con algún hippie que cree que me sana el cariño de la gente, pese a que esos hippies ignoran que el odio de ciertas personas (aunque más difícil de administrar la dosis) también sostiene porque es índice de estar haciendo bien las cosas, de acuerdo a las cartografías del propio deseo que incrementa nuestras potencias -nada más detestable que esa suerte de infinita adolescencia donde queremos agradarle a todo el mundo sin enemistades, cual tratamiento de belleza y rejuvenecimiento, como si evitarnos el mal rollo nos quitara las arrugas o nos dejara en el mundo de los fanzines y el punk rock de los 15 por siempre, como si quedarse en ese mundo fuera algo digno de loa-, pese a todo eso, usualmente no olvido mi medicación más que por un par de horas y juego mejor al cyborg replicante de Blade Runner.
Las malas noticias de mi tratamiento son que se basa en la terapia biológica que aún no termino de entender. Lo que sí entiendo bien es que después de 5 años, cabe la posibilidad de que yo genere anticuerpos contra la droga, como un transplantado que no reconoce al órgano intruso, y el Humira deje, entonces, de funcionar. Leo también por ahí que no están muy seguros sus fabricantes de cuáles son sus efectos a largo plazo. ¿Viviré lo suficiente para comprobarlo?¿Me crecerá una tercera pierna, me quedaré sin hígado, me saldrá un tercer ojo? Mejor que experimenten en mí que en el mono César. Quizás tan solo me muera antes. Lo que sí se conoce bien son las contraindicaciones del Imurán, las dos pastillitas diarias de inmuno modulador que me tomo en pos de que mi organismo no genere esos anticuerpos contra el Humira, al menos no antes de tiempo, y contra el cual lucharé, análisis cuyos resultados dan bien, para que me lo saquen del combo antes de que ese veneno me mate, y ganaré la pulseada, de ahí en más, solo adalimumab.
Así que cada vez que hablan de lo humano, me da una puntada en el iléon: humanizar la sexualidad, la atención médica, los churros rellenos y el macramé. Humano demasiado humano. Lo humano es el mal, lo humano y sus derechos. Que a mi se me noten más que a otras personas cuán conectadas estamos a los dispositivos sin los cuales no podríamos vivir, no significa que no estemos todas completamente enganchadas a algún dispositivo. No tengo más muestras que mi cuerpo y mi experiencia para demostrar que no hay un afuera de nada, un adónde ir, o un dónde estar que el régimen no toque o alcance. En el corazón mismo del régimen farmacopornográfico es donde la revuelta se pergeña.
Diferentes hipótesis. 1. En un mundo no heterocapitalista las enfermedades autoinmunes no existirían. 2. En un mundo no heterocapitalista yo ya estaría muerta. Prefiero pensar la segunda en especial porque la primera es incomprobable. Además es en la necesidad de utilizar mi cuerpo para experimentar el fármaco y vender la droga que vivo y lucho contra aquello mismo que me sostiene. Si viva me mantienen para venderme más, viva estoy resistiendo y eso se lo tienen que aguantar, por mínima que sea la disrupción, cada vida que se desafilia conectada a la mía, deviniendo juntas, inspirándonos juntas, hemos vencido. Temporariamente, claro, ya se sabe que todo dura lo que dura dura. El régimen inventa (o crea) enfermedades, que como las sillas, que no nacen de los árboles, ahora están acá para quedarse. El régimen nos inventa, como le dice el autobot malo de Transformers a Optimus Prime. No importa cuanta palta comas, no importa cuanto cuarzo toques, no importa cuanto te ensucies los pies andando descalza, no importa cuando yuyo bebas; fuiste creada.
Más aún, con valor hay quienes reemplazan las sillas en sus casas y en las escuelas, porque se dan cuenta de que son dispositivos de manipulación de los cuerpos, aparatos de captura que destruyen las vértebras lumbares. Sin embargo, mantienen la casa, la familia, la escuela, y el deseo heterosexual de reproducción, maternidad y una pareja, aunque ahora se sienten en el piso o sobre dispositivos ergonométricos. Los hippies, que ahora son punks, que ahora son queer, porque en un pase mágico la autogestión reterritorializó su norma con toda su fuerza hacia el mismo lugar de la cívica pasividad pacificada, reafirman la idea con tufo cristianuchi de que la mente controla el cuerpo cada vez que sostienen el concepto de que las enfermedades son todas psicosomáticas. Vuelvo y vuelvo sobre el tema porque no salgo de mi asombro de que sean tan zombies y repitan estas atrocidades acríticamente: realmente no se dan cuenta de que si las enfermedades dependen todas de emociones y sentimientos, entonces nos enfermamos por nuestra culpa, y quienes enferman son culpables colaboracionistas con el régimen farmacopornográfico, gente poco capaz que no ha sabido, tampoco sanarse; la enfermedad es el estigma que les separa del mundo de la salud y la sanidad donde están los líderes espirituales del platonismo encubierto. ¿Si la salud depende de entender globalmente el cuerpo, entonces por qué enfermar depende de cómo funciono anímicamente?
Psicosomaticamente hablando me gustaría tomarme todo para el lado de la chacota. Pero en un punto reírse y decir “que más da” es desafectarse y una, internamente, no quiere eso. Quiere que aquello que fue bonito, que el acontecimiento que duró 7 días dure 70 años. Y no se digna a dejar ir aquello que ya no tiene sentido mantener. Sean amistades, cariños, agenciamientos. Enojarse es una manera de retener aquello que enoja porque las pasiones tristes capturan. ¡Y cómo!

2 comentarios:

  1. vengo de una terrible noche, aún sin dormir, de una cita que empezó bien y terminó terrible y triste. venía en el bondi, llorando solo con el ojo derecho (me pasa siempre) de vuelta a mi no-hogar y me daba el vientito frío en la cara, mientras se me caía la lágrima infame, me acordé del texto que habías escrito donde nos invitabas a disfrutar del vientito, de la vida y dejarnos de pelotudeces y de quejas. llegué acá y entré a leerte, no lo hacía hacía semanas y los últimos textos, me hiciste reir, me hiciste pensar, me hiciste salirme de mí, me hiciste ir más allá, como siempre. me alegra que sigas escribiendo, criticando, enojándote, reflexionando y compartiendo esas cosas. termino de leer los post que no había leído y me voy a dormir con el espíritu contento, revuelto pero de potencia y no de tristeza. que puedo decirte mas que GRACIAS. un placer es poder encontrarme con tus textos siempre pero más después de una noche como la que tuve ayer. me encantás, me hacés bien. me hace bien que existas. me siento menos sola cuando te leo, porque en muchas cosas siento que me leo a mí. es egocéntrico esto que admito, y qué. es la pura verdad Leonor. besos y abrazos para vos.

    ResponderEliminar
  2. oh cuanto me alegra tenerte de lectora

    a ver si te venis a la proxima presentacion del libro
    te beso

    ResponderEliminar