martes, 3 de junio de 2014

Y que cumplas muchos más. Games of Crohn diario de una internación


27/5


Games of Crohn
Diario de una internación


Y que cumplas muchos más


Hoy es mi cumpleaños. Me trauman los cumpleaños y a la vez me gustan. Me siento una sobreviviente cada año que pasa. Hoy más. Me trauman al mismo tiempo, siempre pienso que no vendrá nadie, cosa que me ocurrió dos veces en la vida. Una por una inundación, la otra -supongo- por dar una imagen de mi que no se condice con cómo quiero vivir: yo haciéndo una pequeña reunión, y los 5 boludos que había invitado pensando en que hacía una gran fiesta con toneladas de gente y que daba igual si venían o no. Saldo, éramos conmigo 3. Tampoco la pasamos mal. Pero me angustió y me dejó traumas de cumpleaños, como hoy tengo traumas en el cuerpo de tanto toqueteo cróhnico.
La clínica se llena para mi cumpleaños de amigas y amigos, y de gente que estudia conmigo, usualmente se le dice alumnos (no citen la etimología de Freire de “sin luz”, porque nada es más errado, les sugiero buscar en el diccionario de Corominas para enterarse de la verdadera etimología que tiene que ver con la alimentación, desafortunadamente no tengo el diccionario etimológico acá pero recuerdo que Freire en esto, y en todo, está equivocado.), históricamente yo he hecho muchas veces de esos alumnos, amigos en el sentido convencional de la palabra. Pero otras siguen siendo alumnos, en el sentido convencional del término. Es decir, no salimos un sábado a la noche para comer una pizza o ver una peli. Sin embargo, me hace bien, me gusta que vengan a saludar por mi cumple, se acerquen, se preocupen. Me llevo muy bien con todos ellas, algunas nos conocemos hace mucho tiempo. No tengo edad para discípulos, ergo, realmente son gente que estudia conmigo. Esta gente con la que estudiamos juntas, y que hace tan a mi vida desde su lugar y sus formas, son otro modo de la amistad, al fin de cuenta, amigx-alumnx son solo grados de intesidad sobre una misma plataforma móvil de afectación. Incluso más, muchas veces desearía llevarme como me llevo con la gente a la cual le enseño lo que sé, con mis amigos (en el sentido convencional del término). Mucho tiene que ver con ese cómo vivir distinto, porque tener alumnas supone muchas veces cerrar un poco la boca. (Es necesario un desvío de la palabra. Crear siempre ha sido una cosa distinta que comunicar. Lo importante será tal vez crear vacuolas de comunicación, interruptores, para escarpar del control. Gilles Deleuze). Quisiera que Crohn me afectara la boca, no hablar tanto, no decir tanto lo que pienso todo el rato, esa verborragia que me asalta y que me hace hablar, decir. No es que quiera el silencio, no. Ya lo decía Audre Lorde, tu silencio no te va a proteger. Me gustaría hablar con algo que me sobra, acciones y tezón. Allá el mundo de las redes sociales y de las redes no sociales con su hopocresía, enferman con su doxa, su opinología, su hablar por hablar y pontificar. Las redes sociales, especialmente, supongo, han sido creadas para eso, para enfermar, para exponer todo el tiempo la insensatez del mundo, su sin sentido, su desafectación constante, su creer que afectarse es dejarte en el muro de fachabuk para un cumpleaño la foto de un gatito, el mismísimo y eterno sin criterio que impera en ellas, sin ninguna línea, postear por postear, decir cualquier cosa, la nota que te sacaste en el examen y el color de la bombacha, vómitos constantes de tedio en sus casas hasta sofocar al espectador de la pantalla con el imperio incesante de sus posteos de amor.
Otium catulle tibi molestum est. ¿Será eso? El ocio, el no tener una mierda para hacer. La banalidad constante de estar al pedo. Hablar con acciones, para poder apreciar más a muchas de esas personas que me resultan insensatas y poco refinadas en su pensamiento, aunque me aprecian ellas a mi también. ¿Quién no enferma de fachabuk? Mucho más que de Crohn. ¿Quién no enferma de dispositivo móvil y red social? Creación de una subjetividad que me resulta acuciante y con la cual casi no puedo lidiar. Infantilmente me frustro ante la ostensible impotencia ajena, ante su egoísmo individualista de buscar excusas, de no afectarse, de no tener gestos, de no aproximarse, de dejar mensajes “fuerza”, “ánimo”, “newen”. No hay que hablarles, no hay que intentar hacerles razonar. Si no hay motivos para ser amigas, ¿qué podemos hacer?

Del combate con las palabras ocúltame
y apaga el furor de mi cuerpo elemental
Alejandra Pizarnik

Años y los traumas se me asocian a cómo vivir de otro modo. Crohn me lo está haciendo menester a ese cómo. Me lo presentifica. Es esencial salirse de la línea de fuego. Pero salirse del fuego no es nadar con la corriente. Es simplemente frenar para observar y de aquí en más qué. No continuar con la vorágine. Y vivir día por día. Sin planes. O muy poco. Un sutil plano de organización. No puedo más porque no sé que será de mi mañana.

El cumpleaños otra vez, hermoso. Todxs estuvieron allí. Una fiesta de lobxs. Au au.

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