sábado, 7 de junio de 2014

Eternas jovencitas queer: Diario de una externación. Games of Crohn




Diario de una externación
Games of Crohn

Eternas jovencitas queer
 

Eternas jovencitas queer



Externada no es realmente de alta. La verdad es que afuera sigo viviendo con Crohn. Seguiremos siendo él por siempre. Un abdomen enfermo, un intestino enfermo, yo enferma. De la cabeza y del cuerpo. Se me rompe la perilla de horno, y sentada en el piso lloro media hora sin saber por qué, no lo puedo controlar. Recién me avivo una obviedad, me percata mi hermosa médica, con la cual hemos aprendido a trabajar juntas y con la cual me llevó tan bien que ni médica parece: tomo alrededor de un miligramo de corticoide por kilo de peso hace más de dos meses. Paciencia. Paciencia es lo que quienes me rodean deben tener conmigo porque me vuelvo insufrible e intratable. Quienes te quieren te van a bancar me dice. Me cuesta creerlo. Harto. Quien enferma, enferma, contagia. Más tarde aprenderé que voy a vivir el resto de mi vida con una suerte de miedo, de alerta como un animal descubierto en el claro de un bosque, con el oído siempre puesto en escuchar mi abdomen.
Ahora afuera todo es hóstil o casi. Adentro también. De cualquier forma, por difícil que sea circular por Buenos Aires sin tono muscular y sin fuerza. Afuera es afuera. Aunque también sea una cárcel. La cárcel de afuera, llena de ausencias, es afuera. Y yo voy muy lenta.
Visito mucho la clínica. Para no extrañarla. Y para no dejar de sentir que aun no zafé, que no estoy ni cerca y que si me hago la loca, me la vuelvo a pegar. Todo atado con hilos. Pero acá es mejor que estar echada y postrada en una cama cuyo colchón me hace sudar y se hunde. La calle no está plagada de lo que se diría presencias. Te encontrás con gente. Alguna que conozco, otras no. Los tipos siguen siendo la misma mierda pajera de siempre. Incluso ahora con esta cara de “Quico” del Chavo del 8 que arrastro. Parezco transplantada o a la espera de un transplante de hígado de tan amarilla e hinchada que estoy.

“Me enteré que estabas internada”, me dice en el colectivo una de las boludas princesitas de la vanguardia queer local, una que será en unos años una mártir de la censura a una meadita sobre la mesita de un militonto de izquierda en una universidad. La vanguardia queer local de suplemento, ojito, que esta no sabe lo que es que te ataquen en la calle por torta, o que te echen de tu casa, o que te dejen tus amigas, queer de manual, poco talentosa para artista clásica, flaca como modelo. Una boluda con privilegios que se rapó un poquito la nuca, viajó a España, leyó dos o tres libros, y como se deja coger por las patronas de estancia del suplemento gay local, dice lo que se quiere escuchar en los festivales, se hizo su lugarcín. Tampoco pide mucho. Hace años que no nos hablamos, y hace años que yo decidí que lo mejor no era seguir perturbando mis tímpanos con su voz eternamente aniñada y aflautada (pese a su avanzada edad ya a esta altura, como la de todas en realidad) como si fingiera eternamente ser una nenita buena. “Me alegra que estés mejor”. ¿Acaso yo te dije que estaba mejor? ¿O vos colegís que estoy mejor porque viajo en colectivo? La verdad si pudiera ir en taxi a todos lados en este momento iría, pero no puedo pagarlo. Y el “mejor” corre por tu cuenta porque yo no te lo dije. ¿Mejor que quién? Decir algo por decir algo a alguien con quien ni te hablabas. La miro y pienso, tiene el cuerpo tan atrofiado como el mío, ¿también le dolerán los gemelos cuando camina como a mí? Trastornos de la alimentación y del evejencimiento del periodismo de la teoría queer local que confunde ascetismo sexual con fingidoras de orgasmo, hetero-flexibles friendly con experimentación y experimentación con reviente. Todos escalando posiciones en el ranking de la nada. Estaré demacrada y con cara de quico feo pero todavía puedo despreciarles. Mi lema es compartamos la incomodidad, si me entregás ausencia de la buena onda de la nada de jovencita tiqquniana yo te entrego malestar, vos también te volvés con un nudo en el estómago a casa, al menos eso, que estemos todas incómodas. Estaré enferma pero no me volví ni buena ni mansa, ni te agradezco tu ausencia. Solo estoy un poquitín lenta e hinchada. No me hermané con la pavada que encarnan. Decir algo, es menester decir algo, hacer la perfo de la preocupación. Si ya te vi, y nos vimos chiquita, si no tengo ganas de saludarte. Soy yo, sos vos, no te quiero saludar. Nos reconocimos, estamos en el mismo colectivo, nada más. Y vos no tenés el coraje para ignorarme y ya. Inmunda feminidad del confort alterno (solo un poquito...) con voz de pito, imposible odiar, imposible ignorar.
¿Sentirán? Neutralización imperial de la eterna buena conciencia queer. ¿Levantando muertos? Para nada. Exorcisando fantasmas. Todos muertos. Solo habría que echarles tierra. Al fin de cuentas, hacer el bien, ayudar a los pobres y militar en la villa también lo hace Caritas. ¿A próposito, tu viejo, el que te regalo el departamento ese, donde trabaja?

Decir la verdad, sea lo que sea la verdad, podría dejarnos en la indigencia. Recordémoslo, siempre.

3 comentarios:

  1. Admirable Leonor. Admirable. O sea: Cada día te admiro más. Beso!

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  2. Sos un faro para las fugitivas de esta sociedad de Santa Pacatas con crosta de Barbie girl de muñeca de torta.

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