lunes, 30 de junio de 2014

Decirle que sí al sexo, no es decirle que no al poder. Games of Crohn para Yes, we Fuck! Diario de una internación

Una versión de este texto se puede encontrar acá
http://yeswefuck-blog.tumblr.com/post/90052997919/games-of-crohn-diario-de-una-externacion-decirle

Games of Crohn. Diario de una externación

Decirle que sí al sexo, no es decirle no al poder

 
Decirle que sí al sexo, no es decirle no al poder

La celebración de los “cuerpos no normativos” no deja espacio para la materialidad de su latido: se celebran los “cuerpos no normativos” pero, finalmente, se espera que funcionen a la carta. Hay espacio visual para la cicatriz y su belleza, pero ningún espacio para los efectos de su paso. Hay deseo por los derrames de la norma, pero las normas del deseo son las mismas. (...) hemos fracasado en deconstruir el funcionamiento del cuerpo como lógica sexual implacable. (...)La lógica del funcionamiento corporal se reproduce a través de la producción imparable de ejemplos: ahí está la historia de aquella a quien le cortaron una parte pero goza por la otra; por ahí está también la historia de aquel que no siente nada pero lo compensa con un empoderamiento que lo rehabilita; por todas partes están aquell*s que aunque masacrad*s aprenden a producir su atractivo. A veces no sé quiénes relatan las moralejas de estas fábulas. Algunas hubieran podido ser escritas o narradas por mi cirujano. Todas dicen lo mismo: lo importante es que el cuerpo funcione, porque ahí afuera no hay nadie, pero nadie, capaz de lidiar con lo que no funciona. Se tiran las computadoras, los televisores, las licuadoras; los juguetes a pila, las heladeras, las cocinas y, en general, todo lo que se rompe. Hay que funcionar, entonces, y funcionar bien, porque sino los cuerpos también se tiran, y con ellos también se tira a la basura a la gente que los vive.

Mauro Cabral. Lógica del funcionamiento

Para Henry B., mi gemelo de Crohn

¿Cuántas entradas llevo en el Games of Crohn: Diario de una internación (y ahora, desde que salí de la clínica, de una externación) y recién ahora, y a pedido casi, se me ocurre hablar de sexo (o de sexualidad)? ¿Cuál es la diferencia? ¿Qué me pasó? ¿Lo reprimí? ¿Hice como con mi gata Anita que para no morir de pena de no poder cuidarla y estar separadas mientras yo estaba internada en la clínica simplemente no pensé en ella por casi 50 días?

Mi cuerpo mutilado, hinchado por los corticoides en el abdomen y el rostro. Mi cuerpo que ya no me gusta. Mi cuerpo, acostumbrada yo a que me responda siempre, me ha abandonado. En su lugar, dejaron a otro, no somos amigos del todo. En su lugar no quedo ni la pérdida, ni el luto, ni la ausencia. Quedo la envidia, envidia de la chica que fui, de todas las que fui, algunas boxeadoras, otras putitas, todas lindas, ya no soy ninguna de ellas.

Me parezco al líder norcoreano Kim Jong-il.

¿Por qué no puedo escribir sobre coger?¿Por qué casi no me interesa coger? ¿Por qué tardé tanto o por qué no antes? ¿Por qué no me interesó ninguna de las personas en la clínica? ¿Se me insinuaban? ¿Por qué nunca tuve ojos para ellas más que como profesionales o pacientes?

¿Viéndome yo como el dictador norcoreano, no es acaso obvia la respuesta?

Quisiera decir que el deseo no cesó con Crohn. Creo que no sería cierto. Cuando camino por la calle trato de no mirar a nadie ni de que me miren. Cuando alguna persona posa los ojos en mí, pienso -paranoidemente- que lo hace porque me veo mal. Algunas personas me han dicho lo mal que me veo, otras mienten dicen que me veo hermosa. Si me veo hermosa, ¿por qué no me invitan a salir, es decir, a coger? No voy a ciertos lugares porque no quiero que se me vea así. Me lo pienso dos veces antes de invitar a una persona desconocida. Nadie se ahorra comentarios acerca de cómo te ve. Se paró el deseo, la maravillosa experiencia del sexo por el sexo mismo, del sexo casual, del cruising, se detuvo. Y también el otro sexo, el sexo con quienes te acompañan en la vida. Como mi hinchazón de corticoides, no será para siempre. Hasta en esto exagero algo que no es tan importante. Vanidad, vanidad, lo que fue siempre será nihil nouum sub sole. Pese a tramitarme mi legitimo certificado de discapacidad para recibir el cuantosioso dinero para un tratamiento mejor y más efectivo para mi tipo de Crohn, comparada con otrxs soy totalmente (o casi) autoválida, no dependiente. ¿Es eso acaso una ventaja? ¿Modifica eso mi auto-percepción de un cuerpo que ahora siento que no me responde ni me pertenece del todo?

Culpa.

Un ciego de nacimiento vs. uno que perdió la vista y recuerda cómo era ver.

¿Y por qué es fundamental que no se detenga? Desde que fui internada el 2 de Febrero mi vida sexual se ha visto reducida a poco y nada con una sola persona que afortunadamente me acompaña en la vida y que me ayuda con esto y todo. Juro que más que eso no puedo. Con el resto, nada. Más tarde, a lo largo de este diario, esta persona y yo ya no seremos amigas. Y eso significaría un capítulo aparte si a mi me interesara escribir novelas románticas pero no me interesa. “Al escribir la vida de una mujer podemos sustituir la exigencia de acción por la del amor. El amor, lo ha dicho el poeta, es toda la vida de la mujer... con tal que piense en un hombre a nadie le parecerá mal que una mujer escriba.” (Virginia Woolf) He tenido alguna experiencia del orden de la sensualidad con alguna que otra amiga muy buena en el arte de querer, tocar y dar masajes. Eso es todo. Mi mente ha erradicado misteriosamente el deseo de mi cuerpo. No se me ocurriría decirle a nadie “tengamos algo” en este momento.

Me olvidaba. No hice bien, otra vez, la tarea. No debo sentirme triste porque el posporno era ésto! Yes? We fuck?

Sin fuerzas, sin seguridad, sin tiempo, sin ánimo. Cuerpo inerte, cuerpo que no siente. Cuerpo adormecido a punta de internación y medicación. Cortizona.

Una posibilidad: recuperarlo de ese trauma y volverlo a poner en la carretera de la libre circulación sexual de los cuerpos con terapia de choque. El otro día cuando estábamos 3 en un recital, la única persona con la que ahora tengo sexo y una amiga, recordaba lo hermoso que era tener relaciones múltiples y sexo en grupo. Pero ahora no puedo.

Sexualización y erotización de la prótesis. ¿Se puede erotizar y sexualizar un ano contra-natura? Miedo constante a terminar en la colonostomía. ¿Se puede erotizar y sexualizar la colonostomía? Si el ano es democrático y es lo que nos iguala, ¿cuándo lo perdemos, nos convertimos en el margen del margen? ¿Habrá alguien filosofado sobre esto o es demasiado escatológico? ¿Cuando hablan ahí en el posporno y la teoría queer de sexualizar el ano, qué haré yo con el mío que no funciona bien, casi no puede ser usado, y que seguro no puede ser penetrado? ¿Qué haré yo con el mío que debo cuidarlo como oro si es que deseo continuar teniéndolo? ¿Cuándo dicen sexualizar y erotizar las prótesis, se podrá sexualizar una bolsita llena de mierda que te cuelga de un costado? Tengo cándida hasta dentro del abdomen. ¿Se podrá sexualidar y erotizar la cándida producto de las perforaciones del Crohn que suelta gérmenes por todo mi cuerpo? ¡Afortunados los que tienen ano porque el mundo del posporno y de la normal diversidad les pertenece! ¡Afortunados los anos abiertos porque el Whopper Proud y el BDSM tiene un lugar para ustedes!

Otra posibilidad, no excluyente, es vivir con calma esta calma, experimentar esta nueva modalidad de estar un rato sin líbido. Solo que quisiera que esta ausencia de deseo sexual tuviera que ver con una sincera calma y no con verme yo horrible a mi misma aunque sea un poco ambas. Palas Atenea en el mito tocando la flauta con mejillas hinchadas y mirándose en una superficie bruñida y rompiendo espejo y flauta, no pudiendo tolerar su propia imagen deformada. O algo peor: Quico del Chavo del 8 + Cantinflas. No podría ahora quitarme la ropa delante de una extraña, tampoco puedo quitarme los bigotes. O sí puedo, pero no quiero. Quiero de hecho teñírmelos de verde o de azul. Pero, cuidado, no vivo en Berlín. Ahora, no podría jugar al arte de seducir a nadie. No me gustaría ir adónde mucha gente me conoce. No quiero soportar las caras de pena, de lástima, de “uy, que bajón”, o “pero qué linda que era” o peor, “que fue”. Mucho más tarde, a un año de aquí descubriré que de mi rostro no se retirará nunca una suerte de fatiga en la mirada.

Quisiera estar tranquila. Si por tranquilidad tengo que aburrirme pues bienvenido sea el aburrimiento, no? Otro tipo de vida quizás signifique menos sociable. Y obviamente, ¿a quién no le gustaría compartir su asociabilidad con otrxs sociopatas? ¿Acaso debo avergonzarme de que mi cuerpo no resista más que la calma y de no querer realizar ya sesiones BDSM en público como si la sexualidad de alguien se modificara porque me meten algunos dedos en la concha delante de todxs? Estoy out, off, no in porque en el reino de las sociabilidades productivas, de las reuniones forzadas y las amistades mediocres, del “todo bien” porteño, del ninguneo y del no enemistarse, de la hostilidad de la ausencia, este tipo de encuentros no abundan. Abundan sí fans, groupies, stalkers, hostigadores, acosadores, lurkers, mendigos del amor que no quieren problemas y quedar bien con todo el mundo, femiartistas (mezcla de feminoides con artistontas performers), artistontas y admiradorxs. Faltan compas.

Quisiera conocer amantes más sibaritas, amantes que no sean que no les importen mis cicatrices o mis mutilaciones, mi cara inflamada o mi abdomen hinchado de cortizona, mi falta de tono muscular, mi flaccidez, mi piel reseca (todo producto de la medicación sin la cual no puedo vivir y supuestamente me hace vivir), sino que me deseen y me quieran y se calienten con eso, como yo siempre me he calentado con las sillas de ruedas y otras prótesis, como aquel chico que cuando yo era una veinteañera e iba a bailar, contaba la leyenda urbana, había intentado suicidarse tirándose del balcón y ahora andaba con sombrero y bastón por las noches lisérgicas, cual dandy, renguenado y yo aullaba por él, pero jamás le hablé. Quisiera una amante como Orlando el personaje de Woolf. Seguro hay gente que aulla con mi Crohn y tampoco me habla.

Volver a darle placer al cuerpo, no solo en sus formas sexuales, sino también en su sensualidad culinaria, amical, psicotrópica es una tarea ardua en este estado: las restricciones alimentarias son elevadas, los estupefacientes y la medicación solo bajo supervisión médica, los corticoides me hacen intratable (o al menos así me siento yo de irascible y me escondo un poco de mi misma y de los demás reduciendo las dosis de intercambio a veces a nada). Los riesgo de quebrar estas reglas es volver a perforarme y volver a quedar internada, otra vez. Y ya en dos oportunidades tuve suerte y me aún conservo mi ano intacto. O más o menos.

Vuelvo a aprender a caminar sin tono muscular producto de la atrofia de la internación y bombas de corticoides como para un elefante africano. Aprendo a comer reduciendo los daños de no poder tener una dieta todo lo vegana y todo lo vegetariana que desearía. Aprendo a esperar y a tener paciencia y a ser lenta, caminar, comer, andar, dormir despacio. Aprendo de nuevo a tener otra sexualidad, otra manera de coger. Aprendo a volverme vieja. “Qué agradable no ser joven. Qué agradable no prestar atención a lo que la gente pueda pensar.” (Virginia Woolf, El tiempo) Las viejas, brujas, tienen ese privilegio, vivir como quieren. Yo todavía no soy lo suficientemente vieja para que todo esto me valga mierda.

Yo he tenido 20 años, no dejaré nunca que nadie me diga que es la etapa más hermosa de la vida.

Mientras tanto no dejo de recibir noticias de cómo Crohn y demás enfermedades gastrointestinales te destruyen la concha. ¿Mitos o realidades? Cualquier mierda que circule por internet la gente te la envía.

¿Se podrá construir una sexualidad no normativa?

No quiero regresar al pasado, quiero un nuevo presente. No quiero recuerdos de cómo era coger, quiero un presente sexo-afectivo nuevo insospechado. ¿Cómo? ¿Con quiénes? No quiero las groserías sociales ante este posible placer de una soledad que se comparte con otras solitarias. Ya no podía antes sostener el deber ser de la orgía del correcto queer. Ahora mucho menos.

¿Cómo volver a desear en un cuerpo rebosante de desdichas? El miedo a las críticas, a las risas, a las burlas. El miedo a volver a caer, recaer. El miedo a la internación, a la operación. El trauma y la sensibilidad indecible en ciertas zonas del cuerpo que fueron manoseadas, violadas, toquetedas, ultrajadas hasta el escarnio.

¿Acaso ya no puedo dominar mi vida, ni en mi propio deseo?

Sin imposiciones, coger o no coger. Muchas o pocas. Me es impensable ahora, yo que he sido la reina de la multiplicidad, estar de a muchas. ¿Acaso es la quietud y la soledad la única situación en la que somos libres?

...amaba naturalmente los sitios solitarios, las vastas perspectivas, y el sentirse por siempre solo.” (Virginia Woolf)


Y sin embargo, y pese a todo, alguien me quiere. Cogemos rico. Por un tiempo. No durará, como nada lo hace.

¿Nos matará este pacto momentáneo de tranquilidad no múltiple?
¿Es tranquila esta tranquilidad? ¿O solo tranquilizadora?

Paradoja: a mi cuerpo se lo lleva la medicina y me devuelve este despojo en el que no termino de hallarme. Pero si no se lo entrego o si no negocio con ella, con la medicina, los médicos y sus dispositivos, literalmente me muero. ¿Entonces, qué hacer no? ¿Qué opción?

Deja que yo y mi desatino corramos ese riesgo.

Que mi cuerpo sea, como el sueño de Alejandra Pizarnik, un amado espacio de revelaciones.


1 comentario:

  1. Una posible respuesta a una de las preguntas.

    http://www.lanacion.com.ar/1706752-la-joven-que-vencio-los-prejuicios-con-su-foto-en-bikini

    (Que andes lo mejor posible)

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