viernes, 13 de junio de 2014

Cajón con Patas: Games of Crohn. Diario de una externación


7/6/14

Games of Crohn
Diario de una externación


Cajón con patas


La gente habla porque tiene boca. Quienes me vieron internada en los peores momentos ahora me dicen “estás fantástica”. Quienes no me ven desde que me interné me dicen “qué bajón, qué lástima” o “qué mal te ves”. Me han llegado a decir “Cajón con patas”, por el féretro, esto me lo dijo una médica que tuvo cáncer, empatía le dicen a estos intercambios en las instituciones médicas...Una buena parte de mis amistades espera que ante una bardeada así saque un nunchaku y mate a la persona que me lo dijo...Quieren que yo pelee lo que ellas no. No queridas, peléense ustedes esta vez, yo paso de todo, incluso de las amigas con sus grandes poderes de negación y sus actitudes quemantes. Next. El mundo está lleno de fatigas y de quejas de las cuales hay que cuidarse. Un mundo que le hace el caldo gordo a las tristezas y a las pequeñas tragedias. ¿Sabés la cantidad de gente que compara sus situaciones difíciles pero no por eso menos mundanas, pedestres y cotidianas, con mi enfermedad autoinmune llamada Crohn? Situaciones duras, sin duda, pero que tienen modificación, que pasarán, con algo que nunca nunca más se me va a ir, nunca más ser quién era, ni cómo era, nunca más vivir sin medicación ni obra social, nunca más ser sana. No podría contabilizar la cantidad de veces que eso ocurre.
Un drama no es una tragedia, no vivas esto como una tragedia porque te vas a hundir, le digo a la amiga cuyo marido fallece. Querida, la cultura es una gran alíada, vos sabés exactamente la diferencia entre un género literario y el otro, me contesta. Por truculentamente que vivamos ciertas experiencias, algunas no trastocan el orden de lo cotidiano (me gustaría decir lo “normal” o lo “natural” pero detesto esas palabras) y no todo lo que trastoca es una catastrofe y debo entonces ser definida por esa tristeza inevitable como el duelo porque la que ya no está de mí. Me refiero a que sin ánimos de hacer competencias de dolor, a ver quién padece más o qué cimbronazo suena más fuerte, la realidad es que hay ciertos hechos que no dan para acontecimiento, que simplemente forman parte de la vida, que es dura, ya se sabía, y que costaba esfuerzo y vida, como dice la canción. Es absurdo, hasta un poco ridículo, hasta si se quiere agotador, que sea a mí, que por triste que a veces me ponga todo esto, me niego a vivir Crohn como un calvario, me cuenten qué mal la están pasando por cosas que son, valga la redundancia, cosas de la vida, por ásperas que les resulten. Nadie la tiene atada, nadie le debe nada a nadie, nadie le hace nada a nadie, te lo dejás hacer usualmente, por respeto a gente que adoro, no voy a mencionar ese tipo de cosas que la gente vive como palizas, y es probable que sean palizas, pero no son ni acontecimientos, ni tragedias. La vida está hecha de eso. A veces pega más duro y a veces pega más suave, pero siempre pega. Me cuesta simpatizar con nadie que no haya perdido la salud, haya sido mutilado, o nunca más se vaya a curar. Lo siento. Y si es una condición temporaria contraída por su megalomanía egocéntrica, tampoco cuenten conmigo. Porque yo un día salí y me partió un rayo, como dice el verso de Rimbaud.
Cuando estaba encerrada en la clínica y la gente me contaba que malo el tráfico, o que lleno el subte, o que frío el clima...hubiera dado cualquier cosa por sentir la nariz helada, el subte sin oxígeno, o la calle con bocinazos. Ahora que me veo realmente deformada, hinchada, fea, enferma, yo que me hice a punta de disciplina un cuerpo que amaba y del cual estaba orgullosa porque siempre me respondía y nunca me dejaba de a pie, ahora que tampoco puedo trabajar y vivo de mis ahorros, de mi mamá y de lo que me aportan (y que conste que no me falta nada, porque todo el mundo se porta genial), daría cualquier cosa porque mis problemas fueran cosas tales como tendinitis, stress, conseguir un trabajo, mudarme, ir al dentista. Cuando estoy de buen talante, pienso que son mecanismos de defensa ante la desdicha que les debe producir que un ser querido, porque soy finalmente un ser querido para muchas de estas personas, esté tan enfermo y débil (aunque entera y determinada), y que, pese a que nadie se muere de Crohn y un día, un poco lejano, todo esto será anécdota y yo llegaré a entenderme con la autoinmune y no será, como es hoy, un obstáculo, hoy les debe producir mucha tristeza verme así, con esta panza de frankesteain toda cortada, cocida y distendida, inflamada, con estas piernas sin fuerza y esta cara de medialuna cachete hinchado, y esta es su manera de compensar eso que sienten. A veces creo que es simple negación. Otras, simple egoísmo o hartazgo de que una vez más la protagonista no sean ellos. Debe pudrir cuidarme. Me lo puedo imaginar.
Soy una persona fuerte, siento que cada quién tiene la enfermedad se merece, la que puede soportar. Lo digo en un sentido no moral, sino en un sentido de potencia. Tengo resto para bancarme el Crohn, que te devora por dentro o lo que con él venga, me sobra lomo. Así las cosas, esta fuerza que yo sé que tengo, no esta exenta, como nada lo está, de cierta fragilidad, vulnerabilidad y tristeza que usualmente quienes te ven poniéndole lo mejor que tenés a la pelea lo toman como síntoma de que ya pasó, ya estás bien, de que en realidad no tenés una afección que no se va a curar nunca más. Nunca más. Lo cual no quita que no quiero vivir un acontecimiento como una tragedia, o que a veces me arreglo para ponerme todo lo linda que puedo (en realidad para no verme yo a mi misma todo lo fea que me siento), aunque luego tenga que caminar a dos por hora, y tomarme 15 pastillas por día. Circular por las calles, negarse a verse como ese cajón con patas, intentar no estar postrada no significa estar sana o curada o restarle importancia a lo que ocurre. Lo que me pasa no es comparable con perder el colectivo, sacarse una muela, no tener crédito en la tarjeta sube, o demás nimiedades (o no tanto) que hacen a la vida misma. La vida insisto está hecha de cosas mundanas difíciles. Y también está hecha de atrocidades resignificables que cambiarán irreversiblemente el curso de una existencia individual, sin posibilidad de retorno, solo hacia adelante, hacia el devenir, y lo incierto.



En la foto Sergio Palma que fue campeón super gallo de 1980 a 1983, cuando una lesión irrecuperable en la mano lo hizo colgar los guantes.

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