lunes, 5 de mayo de 2014

Saga Games of Crohn: el cuerpo paciente


1/5/14

 

El cuerpo paciente está siempre a disposición. Entran, salen, colocan. Imposible organizar una suerte de rutina con horarios, aunque de algún modo en la detención, la hay. De acuerdo a lo que otros dictaminan o les conviene, el cuerpo es examinado, palpado, pinchado, visitado. El cuerpo paciente está a disposición del control, tendido en una cama. Duermo al lado de una bomba con una luz iridiscente que hace una pequeña y sutil música que jamás se detiene o apaga. Como una sirena policial, vela mi sueño, mi bienestar. El cuerpo paciente está echado a la espera, aguarda que le toquen y le manipulen esta medicina humanizada de privilegiada. El cuerpo paciente sin rutina, sin intimidad, cuerpo expuesto y dispuesto al control, al cual se le llama cuidado. El descanso y la soledad se hacen inhallables al cuerpo paciente. El cuerpo paciente pierde así su sensualidad.
En el cuerpo paciente se replican estas lógicas incluso por los no médicos ni así llamados profesionales de la salud. La gente comienza a dejar aguardando al cuerpo paciente por 40 minutos o más, total, el cuerpo paciente carece de poder de decisión y no tiene adónde ir, no hace falta llegar a horario a la cita con el cuerpo paciente porque él solo está allí aguardando. Su fatum es esperar en calma. El cuerpo paciente debe atender el teléfono, responder el mensaje, aceptar el llamado en casi cualquier horario que el cuerpo no paciente se haga el tiempo y el lugar para incordiarlo. El cuerpo paciente no debe sentir ninguna desazón, por el contrario, el cuerpo paciente debe seguir sin sus horarios, expurgado de toda potencia vital, porque estar enfermo en una cama es aceptar a los demás resignadamente y agradecerles. El cuerpo paciente no tiene exterior, no está en una esquina, se puede operar sobre él. Detenido en su cama, quien visita, soberanamente, comienza a decidir por el cuerpo paciente, cómos y cuándos, el cuerpo paciente debe y tiene la obligación de alegrarse así. Se le comienza a infligir al cuerpo paciente la tiranía de los normales que se trasladan y tienen que hacer. El cuerpo paciente es el ama de casa de la dictadura de quienes producen normalidad y sanidad. El cuerpo paciente, total, no hace nada, nada más que estar enfermo, sanándose. Ergo, el cuerpo paciente tiene que aceptar, de buen grado, lo que se le da, cómo y cuándo. Agradecido y servil debe someterse a la caridad de los prolíficos que deciden los horarios de la visita y la amistad sin consenso. El cuerpo paciente, poco a poco, se vuelve no cuerpo y es la coartada para que los supuestos sanos no se sientan enfermos.

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