miércoles, 14 de mayo de 2014

Saga Games of Crohn: Diario de una internación. Poison Heart o las invasiones sociales


7/5/14
Saga Games of Crohn: Diario de una internación.
Poison Heart o las invasiones sociales

para Mariela S.

Quienes crean que estoy enfocada a procesos enfermos y no vitales, erran. Crohn es una profunda invitación a la soledad y el silencio, las famosas vacuolas por las que arengaba Deleuze, para luego tener algo que decir, tan negadas en una sociedad de sociabilidades productivas, compulsivas y obligatorias donde la disidencia parece solo ser pura fiesta, orgía y jolgorio. El día tiene mucho para hacer en el claustro de la clínica donde estoy confinada: leer libros, como hacía rato no leía, tomar notas, pensar, descansar, estar echada, no hablar con nadie, escribir mucho pese a que sabemos que la puerta se abre siempre para controles que no cesan y tactos permanentes sobre mi vientre distendido. También están mis anotaciones y diálogo con los médicos, día a día, preguntar cosas, enterarme, saber, no ser paciente, cuestionar, hablarles, informarme, estudiar. Esto los suele descolocarles, hacerles sentir inseguridad.
Alguien que -como yo- vive con un huésped que jamás la abandonará y que le requiere siempre medicación y pinchazos me hace llegar la entrada de “enfermedad” del abecedario de Deleuze: de lo que dice lo que más me toma es la idea de sacar partido de la enfermedad, liberarse del sentido normal de esta vida corriente, por ejemplo las cargas sociales.
Pienso que quien enferma como yo muestra el desarreglo del mundo a otros que se aferran a fingir que ese desarreglo no existe abrazándose a esos mismos rituales de intrusión que comparten con los médicos aunque lo ignoren. Desde aquí logro ver como amigas entrañables están tomadas literalmente por cosas sin importancia, logro ver mis propias capturas como demonios obsesionantes. Por sorprendente que sea, a veces son las mismas amigas y personas interesadas las que colonizan las pocas vacuolas de soledad, silencio y tranquilidad que una tiene en este lugar de encierro y manoseo, con sus tribulaciones de sociabilidad obligatoria y productiva, embebidas en una conectividad permanente: ¿acaso al no conseguir ellas mismas detener su tiempo de producción y estar presentes corporalmente, tal vez, como lo desearían, piensan que la presencia es hostigar por teléfono para que les pase partes médicos? Hablar por teléfono no es lo que más me gusta ni cuando no estoy presa, solo lo hago si es ágil y por necesidad, si no queda otra. Incluso están quienes alunizan sin avisar: ¿aterrizarían en mi casa sin invitación? No se ofendan por favor si al hacerlo no se las recibe. Recibirles sin anunciarse solo porque yo no puedo desconectarme de mis maquinitas me parece tan violento como si me hubiera dejado hace 30 días atrás realizarme una colonostomía.

Mi cuerpo enfermo se presenta así con estos actos aun más enfermo: ¿soy alguien para hacer una cita o respetar un horario, soy una cosa echada ahí, carente de afecto a la cual se le extrae información acerca de sus estados, estados que quien se piensa saludable solo porque mueve su cuerpo sin conexión a máquinas medicadizantes, se encarga de recolectar cuando puede, dados sus tiempos de producción?

¿Como conseguir todas juntas prolongar el estado de excepción de ciertas lógicas para dedicarme a esto sin ser el objeto cosificado tirado echado pasivo que me proponen incluso quienes se interesan en afectarse conmigo? Recordar como explica Marilyn Friedman que “el ideal de autonomía está estrechamente relacionado con las tradiciones liberales en el pensamiento moral y político. De acuerdo a las críticas feministas, estas tradiciones conciben a los individuos como átomos sociales que se hacen autónomos por medio de la independiente autosuficiencia y autocreación, separándose egoístamente de su conexión con otros humanos”

Ojalá encontremos la manera quienes deseamos afectarnos de hacernos presente ese afecto mutuo que estos devenires conjuntos encarnan disolviendo la idea sano/enfermo en una armonía que no perpetúe las lógicas de invasión del cuerpo, ojalá encontremos la manera mediante Crohn de acercar ese afecto y afectarse quienes aun no lo han conseguido pero sé (¿o quisiera saber?) que por ahí andan sin saber bien cómo, ojalá no cesemos en el intento de una proximidad sin perder la lejanía necesaria para que el cuerpo herido me reponga hasta poder salir de aquí con vos acompañándonos.

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