sábado, 31 de mayo de 2014

Muerte al ideal. Diario de una internación. Games of Crohn


24/5/14

Games of Crohn

Diario de una internación


Muerte al ideal
Diario de una internación


Muerte al ideal

A veces pensarse en este falso útero de contención es un mal sueño. Una piensa, debo estar soñando, cuando me despierte, todo volverá a ser como antes. Otras veces, se agradece esta interrupción, este lapso, para pensar, retomar hábitos abandonados, recapitular y rearmarse, y así lograr finalmente salir de la demanda social y su exigencia, del pegoteo al cual todos y todas nos exponemos. A veces hemos visto desde la ventana de la clínica el arco-iris más brillante de mi vida, encandece como mis ganas de irme. Esas veces Crohn sabe a devenir y acontecimiento y experimentación. Sabe a potencia. Tiene el gusto de algo que ya no es comida de hospital.

Esta semana volví a comer. 47 días sin que haya comido 4 platos diarios durante más de 3 días consecutivos. Volver a comer más de 1000 calorías por día es una tarea compleja. Da sueño, cansa, deja exhausta, pega como droga, distiende, da miedo. Parece que la panza se te hincha, cagar es difícil (ir de cuerpo, como le dicen los médicos), hay que concentrarse, llevar el libro al baño, sentarse ahí, esperar. Crohn me puso lenta. Tengo un intestino débil, enfermo, temeroso, paralizado. El intestino es un órgano muy sensible. Comer es agotador después de tantos días. Siempre esperando lo peor. No importa cuán bien ande clinicamente, puedo volver a tener una microperforación, una fisura, una fístula; incluso si es del tamaño del pinchazo de una aguja suficiente para lanzar a mi abdomen un poco más de gérmenes y quedarme entonces un poco más en el útero protector de la biopolítica que te va deteriorando, mientras se supone te cura. La irritabilidad de lo que yo pienso son mis últimos días acá no tiene fin. Realmente los niveles de insatisfacción casi límite en una persona que ya es absolutamente tirana y demandante, recrudece lo peor. Hago grandes esfuerzos, pero todo me cae mal. Finjo, le pongo onda, armo estrategias, invento cosas para hacer, invito amigas y amigos, invento cumpleaños. Y es así que indefectiblemente comienzo a pensar en el afuera: ¿qué haré, cómo será mi vida, con quiénes?
Voy perdiendo la cuenta, me cuesta llevarla adelante, sé que no estoy presa, pero así me siento. Encerrada no es presa. Enferma no es presa. Crohn no debería ser una cárcel. ¿Por qué hablamos tanto de mi enfermedad cuando nos vemos? Quiero hacer un curso de peluquería, siempre quise ser peluquera, como mi amigo Isaac, que lleva sus tijeras encima, autogestión. Quiero tener tiempo para leer todos los libros que me regalaron y acomodar mi biblioteca, como mi amigo Leo que habla de sus días de 3 horas de lectura diaria silenciosa. Quiero tener cuerpo para poder hacer tai-chi y chi-cung nuevamente, quien te dice lentamente volver al kung-fu y de ahí a tomar clases con Gabriel de kick-boxing, como al principio hace ya 6 años o más no me acuerdo, dos veces a la semana, solo por placer. Sé que nunca más voy a volverme a subir a un ring. No me da nostalgia ni miedo. Quiero conocer Canadá y Berlín donde están las chicas más lindas del mundo, quiero volver a ver a mi amigo Dariush.
Y veces me gustaría no sentirme tan sola. Aunque no estoy sola. Aunque sé que todos estamos solas. Prefiero ser presente y no idealización. ¿Quién puede con esto? Ay, Platón, todo esto es culpa tuya. Se te mete en la cabeza cómo algo que debe ser, cómo tiene que ser algo, y cuando no funciona así, la desesperación, cual demonio obsesionante y no te abandona hasta que te la quema, te deja los cables pelados y te peleaste con todo el mundo. Te hace paranoica y vulnerable. No hay mucha diferencia entre el amor y la enfermedad, entre la amistad y la enfermedad, cuando se idealiza. ¿Entre no idealizar y bancarse cualquier mierda, cuál es la diferencia? Se te mete en la cabeza. Si todo funciona rompiéndose..., las máquinas, los cuerpos, las relaciones, el sistema inmunológico. En esa descomposición, mientras no sean primarias, está la promesa de la continuidad, del seguir existiendo de alguna forma, del contagiarse. ¿Cómo parar la máquina de la interpretación? ¿Cómo enfocarse en los modos de afectación en mundo lleno de microfascistas buena conciencia egoístas edipizados y edipizantes, de jueces, y de abandonadores?
La Sangre y el amor lo son todo, nuestras sociedades organizadas por noviazgos y matrimonios, parentesco. No sucumbir, no sucumbir a la tentación. De cualquier forma sería imposible. Crisis de la presencia total de nuestras sociedades dopadas que te preguntan “¿cómo estás” porque solo quieren de respuesta un “bien, y vos”, que jamás preguntan “¿qué necesitás?” y se bancan la respuesta. Prefiero ser presente. No futuro. Crisis de la presencia y reterritorializaciones microfascistas por doquier. Prefiero ser presente. Tortas butch que quieren tatuarse calaveras y esvásticas se acercan a provocar con sus comentarios. ¿Cómo puede ocurrir que alguien que quiere hacerse mi amiga pueda decirme algo así ? Y ahí va de nuevo mi idealismo de pensar que porque es torta tal cosa, lo mismo que porque es vegan tal cosa, cuando para tener un devenir antiespecista hay que dejar de usar categorías humanas, y nada es más humano que un juez salvador de almas veganx, así con X.
En ese contexto cumplo 38 años de edad, de lo que yo suponía eran mis últimos años de extrema energía e increíble vitalidad y lozanía, de juventud, de estar orgullosa que no se me notaran como siento se me notan ahora en la fragilidad del cuerpo que no puede. Los cumplo acá dentro de una clínica, lo cual es por lo menos sorprendente, y estoy completamente perdida con qué voy a comer, y cómo, cuál será mi tratamiento y cómo se financia, y tengo que adaptarme a pensar que durante todo el resto de mi vida tendré una enfermedad auto-inmune que viaja conmigo, un huésped que me marca el paso, y con quién negocio todo. Y quiero que tenga la forma de una compañera que consigue avivar mis potencias vitales y no mis pasiones tristes.



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