jueves, 15 de mayo de 2014

Games of Crohn: Excursus II, Bailando por el microfascismo


Saga Games of Crohn
Diario de una internación

ExcursusII
Bailando por microfascismo

 
ExcursusII
Bailando por microfascismo

La experiencia de ver Tinelli en la tele es inenarrable para los espíritus irritados por el síndrome de Crohn. El estado de degradación de lo poco que vi de canal 13 me hace pensar que esas revistas mediocres como Caras, Gente o Para Ti aún tienen equipo de redacción, periodistas y fotógrafos que puedan sacar algún encuadre. Bailando para (¿o era por?) un sueño hace ver a la revista “Hola” como Guerra y Paz.
Hay quienes dicen que Tinelli está duro. Eso no es lo relevante. Se ha convertido en un César 2.0 en su arena de gladiadores cualuncues que se baten a duelo con espadas de goma. Para complicar el juego, no son todos parias quienes participan... hay grados en sus niveles de incapacidad para la tarea que se les pide y su marginalidad. El programa está dispuesto para la humillación, sometimiento, tortura y vejación voluntaria de lo más execrable, patético y abyecto de ciertos personajes muy borde, quienes complacientes, aceptan el desafío no de bailar, cosa que realmente la mayoría no pueden hacer bien y para lo que carecen de todo talento, vocación, capacidad, entrenamiento o de cuerpo, sino para cuánto logran tolerar sin romperse, estallar por dentro, cuánto consiguen soportar toda la ráfaga digitada de escarnios que el programa propone, sus conductores, sus esbirros, el populacho, y la gente que acompaña desde redes sociales o bambalinas. La tele-audiencia voraz, como en el capítulo 2 de la primera temporada de Black Mirror desea más microfascismo, sangre y lágrimas, más caras que se contienen, risas forzadas, rictus en primer plano con el nudo en la garganta, vituperiándose las unas a las otras, diciéndose, en los programas de la tarde y en las previas, las cosas mas impensadas. El jurado, una hilera de viejas arpías tenaces dispuestas a infligir en tandem pequeñas cuotas de dolor o ánimos, cual torturadores que mantienen vivas -a fuerza de pequeños mentirosos halagos- a la víctima para que el próximo torturador pueda fustigar un poco más el cuerpo que aun no revienta. Sonrisa, sonrisa, sonrisa, ¡esto es la tele! Ni Julio Boca conseguiría bailar bien y concentradamente con la previa que Tinelli les propina a todos los participantes, metiéndose con su vida privada, posibilitando el dispositivo de las redes sociales -especialmente twitter- en sus vidas íntimas, su sexo, su cuerpo, sus cirugías, su sexualidad, los chismes, los llamados a novios y amantes en vivo que no atienden el teléfono, oh casualidad, antes de que la modelito de turno salga a intentar bailar. Todo el programa se trata de quebrarles antes de su paupérrima presentación como bailarines para luego abuchearlos mientras la gente celebra el maravilloso espectáculo de ver sufrir a quién no puede defenderse -aunque no es víctima, esa es su mejor parte, porque no se puede sentir ninguna simpatía por quienes participan!!!

Festejemos un sueño que de cualquier forma no se realizará. Heil Microfascismos, las masas te desean intensamente como siempre. Pero la enferma soy yo.

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