lunes, 26 de mayo de 2014

Epístola. Games of Crohn Diario de una internación

Hola Leonor,

Alguna vez nos vimos en la Marcha de las Putas en Santiago, alguna vez nos vimos en la Carnicería Punk, alguna vez nos vimos en alguna cosa que hizo la gente de la Cuds. No he vuelto a ninguno de esos lugares, salvo por lecturas que -me parecen- son las zonas mas importantes para visitar ideas, estéticas e incertidumbres. 

Hoy abrí mi Facebook y me encontré con una actualización tuya. Te vi sentada, de cuerpo delgado, diciendo que preferías ser el presente. Me demoré entonces muy poco en llegar a tu blog y leer tus Diarios de internación. Y comencé a leer y todo terminó en escribirte desde mi cama, desde la que aún no me puedo mover.

No quiero hablarte de feminismo, post feminismo, porno o posporno. Tu sabes mucho más que yo sobre ello. Quiero escribirte sobre cuerpo y escritura, decirte no sólo una felicitación por los textos repletos de sentido que tu cuerpo está escribiendo. Quiero decirte que gracias, principalmente, porque te estoy viendo / leyendo aferrada a un modo de ser que no basta con ser pensado, sino que se juega en la práctica de ser escrito. Gracias, porque de algún modo me siento interpelada, conmovida, llevada hacia el punto de la internación y la escritura. Me enfrentaste a algo que tenía oculto y que apareció dejándome inmóvil.

Hace un año también estuve internada, por una trombosis que por supuesto tendrá consecuencias hasta el final de mis días, pero que sin embargo también giró mi modo de enfrentarme a las palabras y a las ideas. Anclar la teoría a las prácticas, en su cercanía y en la posibilidad de sus traducción va siendo, está siendo carne en ti. Y aunque sea posible que esto ya lo conocieras, está dándole la oportunidad a muchos desconocidos o casi conocidos, de leernos agijoneados por tus textos. Me imagino que no es una novedad, pero tus textos me acercan de un modo tan novedoso a Corpus de Jean Luc Nancy. Por favor, cuando salgas de esto -porque debes salir de esto por mandato escritural- editado, publícalo, deja que esas zonas de afección, esa otredad que se cuela en tu escritura pueda ser citada y padecida. 

Desde el otro lado de la cordillera te lee alguien, sabiéndo que no crees en amistades, sabiendo que todo dejas atrás, sabiendo que lo más duele no es el cuerpo.

Andrea Ocampo

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