viernes, 23 de mayo de 2014

Cuenta regresiva: Games of Crohn Diario de una internación




12/5/14


Cuenta regresiva


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Cuenta regresiva

Vivir día a día, semana a semana, devanando un presente fortuito, un instinto irresistible igual que los pulmones inhalar siempre una última bocanada mientras quede aire disponible.” George Orwell 1984

Tortura: saber que vas a salir pero todavía estás acá. Salir tiene una palabra técnica en la jerga médica: descomplejizar. Una sola idea me aqueja: que todo siga bien, que todo siga bien, que la evolución se concrete, no tener diarrea, no tener gripe, no contraer otro germen, no enfermar de nuevo, no vomitar, poder comer poder comer poder comer, que nada se desgarre ni sangre, que el abdomen no vuelva a inflamarse. ¿Me he entregado a ser el objeto de la ciencia, y me meto por el culo una gran parte de mis principios para salvarme, para dejar de ser piel y huesos, para continuar viviendo, y especialmente para no ser la mártir de ciertas políticas?

Incertidumbre.

Concentro energías en el mundo de los libros, leer calma los nervios, acompaña el desvelo, descansa la ansiedad de la memoria y el futuro del control neurótico, aunque ya no tengo suficiente paciencia... Leer es una forma de enfrentar la vida. Trato de pensar en los libros que me esperan en casa para ser devorados, dormiré entre libros, me alimentaré de libros, me rodearé de su amistad mientras me imagino sola en casa con mi gata a quién recién ahora me permito pensarla después de mucho tiempo. Un mundo hecho de libros me otorga ahora la muy poca capacidad que me queda para lidiar con las inoperancias, atropellos, falta de soledad, silencio que me propone la institución médica, este encierro y algunas personas a las cuales todavía hay que explicarles lo mismo mil veces: nociones de ascepcia básica, intimidad, empatía, o a qué hora ceno o duermo la siesta. Un mundo de quemados y quemadas por la megalomanía, egoístas de todo tipo que no se rescatan. ¿Tendría que morir acaso para que su ritmo sea más acompasado?

Mientras tanto en la clínica, la batalla constante contra el dispositivo de subjetivación paciente significa recordarles su trabajo frente a su cansancio por malas condiciones laborales, que además les embrutece y desensibiliza. El caos de las mañanas a la espera todo el tiempo porque mi cuerpo -menos postrado que los otros- no es la prioridad. La pulserita de enferma cuelga de la manija del cajón. Esta situación intermedia de dependencia y vulnerabilidad donde es todo puro ceder. ¿Y el afuera y sus vanidades y desafectación? Dejar todo correr e imaginar un mundo hecho de libros que voy a leer durante semanas en mi habitación con mi gata cerca mientras descanso de tantos manoseos. Un mundo hecho de libros donde siempre hay consenso para quemar una iglesia o fumarse un porro. Volver a caminar descalza, concentrar las energías que queda hacia mi misma aunque me digan cínica, “buena economía de los impulsos”, cumplir con pequeños rituales íntimos de cuidado, limpieza, recorridos por los pasillos, ejercicios para no morir, como dice Mylia en la novela Jerusalén de Gonzalo Tavares, de un dolor “que ahora no logro oir”. Escuchame entre ruido, me pide el cuerpo, otra vez.

Del miedo de irse pasamos a la desesperación de irse, difícil encontrar la templanza y el temperamento para aquietarme. Volver a casa, estar un poco a solas, no recibir a nadie, retirarme del mundo un poco hacia mi misma, necesidad insondable de estar conmigo desnuda después de tanto toqueteo aquí dentro y allá fuera, exhibiendo y ofreciendo mi cuerpo tanto, tanto. Games of Crohn, Se acabó, que esta enfermedad auto-inmune me traiga un retiro voluntario del escenario fútil de la nada que propone “queer in baires para toda latinoamerica!”, los cumbioqueer y su activismo de estrellato. ¿Hasta dónde la visita doméstica es ayuda o entorpece? ¿Hasta dónde doméstica y continúo siendo el bicho raro que la gente pasa a observar, oh la he tocado en su enfermedad, he sido buena, la he ayudado? Oh disculpame es que tuve un mes terrible, oh es que he perdido el celular, oh, oh, oh, es que alguien dijo algo de mí en las redes sociales, ya sé lo tuyo es TE RRI BLE. Alejarme y no dejar que se acerquen tanto, decir adiós a quienes tengamos que despedir sin resentimiento, decir adiós finalmente a quienes se asumen en ese no poder, porque efectivamente no pueden. Colocar lo que va donde va sin más. Certeza este momento de reducción e introspección, donde se realiza esta labor. Gente poco amistosa te dice “que bajón”. Bajón esa ansiedad megalómana del exhibirse y autoproclamarse que luego una canica virtual derrumba con la fuerza de un misil aire-tierra cuando las toca. Protegerme de ese narcisismo desmesurado del yo. Protegerme del estruendo de bombas de masa adulando y el ego buscando y buscando esa recompensa para cicatrizar tal vez un rechazo. Ya he expuesto a la comidilla gran parte de mi cuerpo. Es hora de darle sus bálsamos reparadores de silencio y soledad en esta auto-experimentación, que también me ha llevado más allá de los confines conocidos por mi cuerpo. Auto-experimentación y auto-afectos, ni a la muerte ni a la enfermedad, sino donde el bosque dentro habla devenires. Protegerme de las reterritorializaciones maníacas contra la idea de fracaso, escarnio o éxito. Ya lo hice, ya lo viví, no quiero vivirlo, te quiero lejos y poquito. Experimentar la angustia sin trauma, poner la vulnerabilidad de la existencia sobre lo que no sea ideas inadecuadas. Y no hacerle más el caldo gordo a la tristeza. Este abismo puede ser la revelación maravillosa y fascinante, incluso con todo su dolor y pérdida. Oportunidad única que no se le ha revelado a cualquiera sino a este espíritu que desea deslizarse con la suavidad de las medusas de la profundidad.

El reflejo dorado de un río mece esta calma.

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