viernes, 30 de mayo de 2014

Aborto: cuestión de peso y lesbofobia. Games of Crohn, diario de una internación


17/5/14

Games of Crohn: Diario de una internación

Aborto: cuestión de peso y lesbofobia
 


Aborto: cuestión de peso y lesbofobia

...we live without a future. That's what's queer...”
Virginia Woolf



El primer chorro que te cortan cuando te operan es la comida. También es una de las primeras prioridades para que vuelva a funcionar en sistema. Comer, tolerar alimentos sólidos es de fundamental en los post-operatorios.

La nutricionista que vino a ayudarme con la dieta parenteral, es decir, la que va por vía central conectada a un catéter, está vez en mi cuello, comparó esta situación de volver a alimentarse con un segundo embarazo, donde yo ya sé como es. Ni sé ni quiero saber, le digo. Bueno si sé lo que es estar desesperada queriendo abortar y no poder porque está prohibido y penado. Como sabemos (casi) todas. No fue la única comparación a la reproducción. Otra persona que conoce suficiente, o debería, mi trabajo, como para comprender que lo único que yo puedo hacer con un embarazo es abortarlo (y que además no está entre las cosas que natural y facilmente ocurrirían, yo embarazarme, quiero decir), cuando hablé del famoso verso del poeta Héctor Viel Temperley en su libro de poemas Hospital BritánicoVoy hacia lo que menos conocí en mi vida, voy hacia mi cuerpo”;me preguntó si yo estaba embarazada. Inflamación gastrointestinal igual sexo reproductor coital heteronormal. Embarazo igual enfermedad. Embarazo y sexo reproductor hetero-coital únicos dos procesos que un cuerpo biopolíticamente asignado a la violencia de género llamada “mujer” puede realizar.
La comparación o mención al embarazo no es ociosa (al fin de cuentas, nuestra nutricionista en cuestión podría haber dicho volver a comer es como andar en bici, una vez que lo lograste, siempre lo recordás). Vivimos en una región ocupada por un Estado que no legaliza, ni despenaliza, y persigue la interrupción voluntaria de un embarazo, es decir, el aborto, pero donde hay facilidades públicas y gratuitas para inseminarse artificialmente y parir más hijxs, “derecho social” que las lesbianas muy especialmente celebraron como si fuera la reforma agraria (no es lo único que las lesbianas celebran y persiguen últimamente como si fuera revolucionario): embarazarse, tener hijxs, casarse es más bien gratis, barato, popular nacional y fácil, pero abortar no, y nadie sospecha o creen que no son procesos solidarios, como si uno no tuviera que ver con el otro. Tener hijxs y ser mamá otorga un status social, y es EL BIEN incuestionable de nuestra sociedad que obtura cualquier capacidad de pensamiento, cualquier tentativa de radicalidad y fuga, y por supuesto, es el tema tabú que no se puede objetar: podemos apoyar el aborto incluso hasta el mes 9, pero no podemos o no se nos permite sostener políticamente la huelga de úteros, debemos ser feministas apoyando el aborto pero no hacer un llamado a dejar de parir, dejar de ser madres, o simplemente decir lo que el feminismo ya dijo en los 70 hasta quedar con la boca sin saliva y lo que todas saben, (especialmente las que fueron forzadas consciente o inconscientemente, a parir): tener hijxs, como decía Shulamith Firestone es simplemente una aberración, tal como cagar calabazas. Y vaya si he comido puré de calabaza acá en el encierro de Crohn. Si al placer, no a la maternidad (Maria Elena Oddone subiendo las escaleras del Congreso con su cartelito en mano un 8 de Marzo, en una foto histórica de los 80).
Pero la exacerbación del femenino maternal heteronormal no es el único fenómeno característico en torno a la feminidad hegemónica y la alimentación del país de paridoras anti-aborto. También estuvo la cuestión de peso. He perdido alrededor de 10 kilos, y casi todo mi tono muscular de luchadora de kick boxing y deportes de combate. Estoy blanda, pequeña, femenina. Tengo un cuadro de desnutrición y atrofia muscular producto de estar echada, enferma y de no tener tampoco por donde caminar, ni un gimnasio para rehabilitarme, ni una política de rehabilitación corporal dentro de la clínica. Se me ve por entre medio de los muslos. Las nutricionistas, ya todo el mundo lo sabe, se parecen a las chicas de los canales de cable de la tarde que enseñan recetas de cocina, manejan conceptos tales como anemia vs. no anemia, subir o bajar de peso, y listo. Occidente las tiene colonizadas, se come mucho almuerzo y cena, y luego te cagas bien de hambre. Lidiar con ellas es pesadillesco; aunque les parezco que estoy un poco delgada, recordemos peso 40 kgs en este momento, a ninguna se le ocurrió preguntar ni cuánto pesaba antes de internarme ni cuánto quiero pesar, su plan es solo llegar a una dieta de 2000 calorías diarias que me resulta escaso e insuficiente. Si por mi fuera, comería el doble, si alguien me pregunta, la verdad paso hambre. Y sin embargo, con este cuerpo plumita feo hay gente que me encuentra bonita, que me dice que estoy linda -y no para darme ánimos- realmente lo cree. No por nada Buenos Aires es la segunda ciudad del mundo con mayor índice de anorexia nerviosa y probablemente Argentina figure bien arriba en el ranking de la desnutrición. Y quizás yo esté más linda que antes cuando trataba de pesar 54 kilos para poder pelear en el ring, y tenía más grasa corporal y un poco de panza según estos conceptos porque ahora luzco más femenina, con el cabello más largo y más delgadita y con menos músculos. He visto este cuerpo que ahora tengo en muchas chicas allá afuera de la clínica que no se consideran ni son consideradas desnutridas atrofiadas, aunque lo están. Lo he visto en artistas posporno incapaces de defenderse en grupo de una agresión de un solo tipo sin armas en una plaza, lo he visto en muchachitas en talleres de autodefensa feminista dando clases a otras chicas de cómo defenderse también con sus bracitos de hueso y sus caras angulosas de pómulos hundidos y ojos saltones. Son las caras de la desnutrición de la anorexia nerviosa compulsiva heteronormal. Lo he visto y he visto como ninguna le decíamos tu cuerpo es el producto de la inanición y la inacción, tu cuerpo es, como el mío ahora, un cuerpo enfermo y flagelado por ciertos dispositivos del heterocapitalismo, y a diferencia de éste que porto yo afectado por una enfermedad autoinmune y operado varias veces, el tuyo parece no estar en vías de recuperación, parece haber naturalizado por completo este proceso de desnutrición que has aprendido a mantener a fuerza de saber alimentarte para seguir siendo blanda, fofa, magra, flaca, y por supuesto, linda y mujer. No ser fea es todo, es menester. Estamos completamente acostumbradas a ver la delgadez extrema como algo natural y la feminidad y la belleza como algo que de allí se desprende de esa delgadez sin tono muscular. Y en el fondo de la cuestión está no ser confundida con una marimacho, del todo: bomberofobia se llama esta canción que se canta en los festivales posporno hasta con ritmos de cumbia feminista y canciones anti-trabajo sexual. La boca roja y la pollerita. Que nadie se atreva a no parecer mujer, excepto que sea en una cuidada producción para un taller de diversidad sexual. Eso es lo principal. Porque está todo bien con ser lesbiana, en tanto y en cuanto seamos mujeres, podamos parir, y elijamos abortar libremente y en paz. Pro-choice. Parto en casa y autogestión de la comida. Y por supuesto no seamos ni muy gordas ni muy marimachas ni muy agresivitas, ni elijamos ser trabajadoras sexuales. No hagamos nada que incomode, desestabilice, o ponga un palo en el engranaje de la rueda que hace girar la maquinaria del statu quo.

No quisiera sonar ni moralista ni inquisidora y realmente lamento cuando así sueno. Pero no puedo dejar de mostrar que funcionar así es continuar dentro de las narrativas que producen la heterosexualidad como modo ideológico dominante para todo el mundo, es pedirle al régimen heterosexual de las madres delgadas y las buenas mujeres un lugarcito, un espacio donde ponernos, sin causar muchas molestias.

Hic et nunc. Cada día que pasa me alejo más del queer hispanoparlante, el posporno y la disidencia sexual porteña para irme a un lugar cuyos nombres desconozco, y qué bueno que así sea, pero parecen piedras. Como piedras, estarán allí cuando nosotras no estemos más, y siempre sirven para tenerlas en la mano o cargarlas en la gomera y arrojársela en la cara a quien intenta reprimirnos puesto que la ley -la ley, tu ley- (todas las leyes y cualquiera de ellas, y no solo las estatales, sino cualquiera de las narrativas dominantes) solo protege “...a los individuos que expresan adecuadamente su naturaleza marcada por género y castiga a quienes no lo hacen, la medicina elabora teniendo en cuenta los grupos normales y trata de reconstruir a aquellos que no son en este sentido normales” Sully Haslager.




1 comentario:

  1. Releída.
    Sí placer. Que venga pronto la salida del encierro

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