lunes, 2 de diciembre de 2013

La casa de la escritura


La casa de la escritura

Para Helen y Paola

Nadie ha escrito nunca a dúo
Marguerite Duras


En una casa, sola como perdida.
Tan en la casa, tan sola.
Esta soledad la hice yo.
Hecha por mí y para mí, esta soledad es mía.
Esta soledad es lo único que algún día
no me va a decepcionar. Es lo único que
poseo. Guardo esta soledad, en un cofre pirata.
Con ella en mi maleta vengo viajando. Ella, conmigo
como el recuerdo de un primer amor. Es un pasaporte
a mi libertad. Adondequiera que vaya
ella viene. Mi viaje es una cama ajena,
una ventana cualquiera, ritos de los cuales no me desprendo
Mi viaje es esta soledad.
Sola en la casa de la escritura.
Mi amante no pudo soportarlo
no puede tolerar leerse en mis poemas.
Soy cruel, le cargo cruces, le hago reproches
y lo abandono, lejos, como deseo sin objeto.
Soledad o muerte. Muerte o viaje.
Literatura y Libertad.
Un agujero, en el fondo, en el fondo de un agujero,
una soledad casi total. Una inmensidad, vacía.
Fatal este momento donde todo se pone en duda.
Esta soledad ha nacido de este momento, de esta interrogante
sobre el sentido de la vida, sobre todo, la duda, sobre el amor
y la vida, sobre la libertad.
Más fuerte que yo misma,
más fuerte que los alaridos de las bestias nocturnas,
perros y lobos, monstruosidades oscuras,
vulgaridad masificante, aúllan en silencio o
clavan por la espalda.
Esta soledad es sincera, franca
esta soledad es fresca, he luchado por ella,
honesta, una palma extendida en un abrazo
una mano que acaricia, dedos en mi coño.
Velo por este inmenso territorio de mi soledad,
también la noche, desesperada, la noche de la escritura,
con la desesperación. Desesperación, no sé tu nombre,
aunque de a ratos te invento uno. Un nombre de paso.
Una posta en el camino, un amante. Solo eso, una parada.
Soledad universal de ser humano,
soledad singular y vida ubicua
en este viaje.

Antiespecismo

una mosca muere en la mesa de mi cocina
una mesa blanca, una mosca negra
el sol es blanco y amarillo
la mosca brilla, tornasol
la muerte de la mosca es la muerte
la muerte del amor no es la muerte
describir el espanto, escribir del espanto,
escribir de tu locura, escribir sin pausa,
sobre la muerte sobre la mosca, sobre nuestro amor
muerto. tengo la atroz lentitud
del olvido y temo el instante de pavor absoluto
la locura también parece muerte, pero no es.
aun veo, aun veo la mosca en la mesa blanca
como si fuera tu voz provocando mi locura en
esa ratonera, contra las paredes, sobra la mesa donde
la mosca elige morir, donde elijo escribir, y
no olvidar el debate entre la soledad y la muerte
entre la vida y el amor, triste pero no trágico,
como dejar un vicio incontrolable
no por eso menos placentero.
elijo vivir el invierno, la vida injusta,
el horror absoluto de la incertidumbre
elijo vivir la calma de tu ausencia.
de a ratos lloro por la irreductible muerte
de esta mosca. no llorar nunca es como no haber vivido
esto también es necesario que suceda, inútil hacer tangible
la desesperación y el desconsuelo que conlleva la vida, la muerte
el recuerdo de la desesperación no nos mata
la escritura avanza es viento, está desnuda,
pasa como nada pasa en la vida, pasa y se vuela
el cuerpo muerto de esta nada, de esta mosca, ya no viva
pasa como nada pasa excepto esto que llamamos vida.





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