domingo, 10 de noviembre de 2013

Una peli de terror: El regreso de los muertos vivos

Una peli de terror: El regreso de los muertos vivos
en el aniversario de Carlos Jáuregui 2011.

http://leomiau76.blogspot.com/2011/08/homenaje-carlos-jauregui.html
Para Josefina Courreges, aka Fini, eternamente.



Mejor la muerte que esta salud que se nos da.
Gilles Deleuze

Nosotros morimos perseguidos en la oscuridad.
El verdadero cementerio es la memoria. Allí te guardo, te acuno, te celebro...
Rodolgo Walsh para su hija Victoria

Cuando escucho con los ojos a mis muertos
Quevedo

Frente y contra la necrofilia argentina, frente y contra la lógica del sacrificio militante o la estética sacrificial de la militancia, frente y contra la condescendencia empática altruista hacia las vidas vividas al límite, frente y contra los preceptos normativos moralizantes en pos de la vida a cualquier precio, frente y contra a la utilización mediática y oportunista de los muertos por parte de quienes zombifican, deseo expresar una voz que diga “huyamos juntas en esta vida”. Y recordar a la muerte como lo que está siendo ahora en este momento mismo en favor de una ética de las subjetividades radicales que no pueden, no se resisten ser subsumidas a la colonización (hetero)normalizadora que encarna en cualquier cuerpo, incluso los GLTB. Ética del devenir afirmativo, de las relaciones saludables que aseguran un futuro mutuo posible y alegre, que acreciente nuestras potencias para seguir viviendo hoy un poco más contra este mundo. Porque como todas sabemos, todos los días alguien que no será llorado ni en esta plaza ni en ninguna otra se está muriendo ahora.

¿Cómo definir una relación no saludable? No saludable es toda aquella relación que me conducen a la descomposición sin posibles líneas de fuga puesto que la salud no se expresa por la capacidad de permanecer vivo por siempre, o el desarrollo de una vida cuyo único sentido es perdurar. Por el contrario, saludable se expresa en la capacidad del cuerpo para continuar estableciendo relaciones y experimentar afectos intensos que expresen su alegría y le pongan freno no a la muerte, sino a la muerte del deseo radical.

¿Por qué temerle a la muerte cuando hasta el mismisimo centauro Quirón cambió la vida eterna (vivir eternamente en el dolor de la herida) por la capacidad de ser mortal? Comenzamos a morir desde la línea de partida puesto que la muerte es inmanente a toda la vida. Mientras hablamos, la muerte ya ha tenido lugar, es el tiempo de nuestra vida, en la medida que nuestro tiempo de vida no es nuestro. Como el guerrero del que habla Castaneda, nuestra proximidad con ella es una amistad íntima; aceptar esa amistad impersonal de la muerte sin temerle y sin reverenciarla, -es decir, sin fetichizarla (tal como a la vida y los reconocimientos que los aparatos de captura otorgan para cooptar la alteridad irreductible)-, es una manera ética de instalarse en la vida como un visitante transitorio, como quien viaja en la experimentación sin ser turista. La proximidad de la muerte afirma la vida en una radical inmanencia precisa, hic et nunc, tanto tiempo e intensidad cuanto podamos soportar, incluso con los estados de autodestrucción que son formas que tiene el cuerpo para afrontar la vida, que también puede ser vivida como droga, y tornarse adicción.

Por el contrario, la obsesión por la salud y los cuerpos limpios y funcionales al sistema es el corolario del temor por las enfermedades fatales y la moral de la vida eterna que propone el heterocapitalismo en su versión más verde; la búsqueda compulsiva de la salud es una fuerza normativa encarnada de los poderes del heterobiocapitalismo y la respuesta avergonzada por las sexualidades revoltosas y abyectas que no estamos pudiendo sostener vitalmente pero que sí sostienen a las ONGs del progresismo cuando prueban cocteles de todo tipo biopolítico en los cuerpos docilificados de los putos pobres y travestis bajo las sonrisas cómplices de la diversidad y sus postulados a-críticos bienpensantes. Solo la glorificación metafísica y sacralizada de la vida por la vida misma –tan en línea con los discursos anti-aborto- puede justificar que se deba vivir a cualquier precio y que la vida deba ser preservada contra viento y marea mientras los protocolos del control farmacopornográfico se testea en animales humanos (marginales) y no-humanos.

Contra lo que vulgarmente se diría, sostenemos que vivir saludablemente es llegar hasta el extremo sin morir haciendo estallar las fronteras del yo, hasta el límite más remoto persistiendo corporalmente en el mayor tiempo posible en manadas desterritorializadas, aguijonear lo efímero sin permanencia fija. Claro, vivir así es acontecimiento que se inscribe en la carne y deja cicatrices. La ética es una cuestión de experimentación que hace que lo activo se convierta en activismo y aumente la potencia ética hacia su dimensión política: descenso del frenesí diario y aceleración de las potencias, de las conexiones con lxs demás, de la percepción sensorial. Pensar a través del cuerpo y no huyendo de él significa actuar contra sus fronteras y limitaciones, vivir a través del dolor alegremente: asirse a la ola de intensidades y surfearla, cultivar modos de vida gozosos dado que vivir intensamente y estar vivo nos impulsa al borde extremo de la grieta de la mortalidad. La ética -barrera contra la posibilidad de extinción- consiste en reelaborar el dolor y transformarlo en sostén: quebrarse y aun así sostenerse como un junco fortalecida donde se armó la cicatriz, tejido fortalecido que nos recuerda que allí hubo un corte. La vida siempre continuará en los recuerdos y en las redes de interrelaciones en las conexiones con las afinidades.

Solo el miedo o el engaño mata. El resto regresa existiendo en el devenir del recuerdo y las acciones que se hacen carne en los cuerpos que continúan metiendo el dedo (o el puño) en el culo de los poderes y sus agentes mendigos lame-anos persuadidos por las caricias de la seducción normalizante: al fin de cuentas Norma puede ser bien un nombre propio (con su propiedad privada y sus derechos) bajo el cual arrodillarnos hasta ya estar muertas en vida.

Tal como escribe la poeta vasca Miren Agur Meabe

No puedo encerrarte:
eres la calle llena de gorriones y de locos.
No puedo ordenarte:
eres un amasijo oscuro de humedad lasciva.
No puedo alcanzarte:
eres el caballo que galopa sin destino.
No puedo amarte:
eres el saco de los miedos de la gente de bien.
No puedo pensarte:
eres la idea que me tiraniza en el insomnio.
Sin embargo, te puedo conocer:
eres como yo, con otra piel.


Gracias Rosi Braidotti por Transposiciones.



 
   La ruta del exceso conduce al palacio de la sabiduria. Aquel que desea pero no obra, engedra peste. William Blake

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