miércoles, 2 de octubre de 2013

La maternidad no tiene lugar en esta obra, entrevista a Seba Fanello

“La maternidad no tiene lugar en esta obra”

in Activismo, Actualidad, Nº 18, Teatro

Al pie de la teta

Entrevista a Sebastián Fanello. Director y dramaturgo de “Al pie de la teta”, obra sobre el aborto, a pedido del colectivo Feminista La Revuelta.

Por Nadia Beherens, Valeria Tellechea y Leo Silvestri

En el bunker de Leo Silvestri y en una charla descontracturada, factura y mate de por medio, conversamos con Sebastián Fanello, autor de la obra teatral “Al pie de la teta”, que se encuentra en estos momentos de gira por todo el país. Conversamos sobre la obra, su vida, su mirada acerca del aborto, su relación con la realidad y con el feminismo.
Soy Sebastián Fanello, actor antes que nada pero por esas cosas del quehacer escénico me vi obligado a saltar a los lugares de la dirección y la dramaturgia. Cuando terminé de estudiar la carrera entendí rápidamente que si no me ponía a agitar a un grupo de gente para hacer obras, con todo lo que ello implica, no iba a pasar nada. De allí surge, ya hace un tiempo, el elenco inestable Goodbye Stanislavsky en Neuquén. Si unx se pone a hilar fino lo más estable que hay en el grupo soy yo que siempre estuve escribiendo y dirigiendo. Así es como cae La Revuelta a pedirme la comisión porque ven y tienen conocimiento acerca del tipo de teatro que realizo y les entusiasma una suerte de poética y estética que tiene lo que hacemos a lo que llamo disparate. Les interesaba trasladar lo que estaba pasando en términos de activismo, en términos de discurso, trasladar el tema a lo estético”.
Valeria: En la obra se explayan diferentes momentos o etapas en la vida de Rosa y de Walter, lxs protagonistas. Supongo que esto también surgió de charlas que compartieron con la gente de La Revuelta, de la experiencia que tienen ellas como socorristas. ¿Cuál crees que fue la parte más difícil de poder plasmar?
Sebas: Yo tenía muchas ganas de salir de lo que ellas me presentaban. Me presentaron mucho material acerca de los acompañamientos. Ellas también me brindaron sus estadísticas, audios, experiencias, pero al trasladar todo eso a lo estético y a lo que tenía ganas de contar, no quería servirme de eso para que esté en primer plano. Eso sería el colchón. Quería buscar algo que vaya un poco más allá y por eso aparece la idea del hombre embarazado. Y en algún punto siento que este ir más allá estaba ya en la cabeza de todas ellas al pensar este proyecto, creo que por eso me lo piden a mí. Además de estar acompañando el activismo por el aborto, también estaba metido en otras cosas, como en la objeción de género, la disidencia y desobediencia sexual, orbitando en diferentes movidas sin identificarme con ninguna agrupación, entonces creo que el pedido de ellas un poco se contagia del entusiasmo de poner al tema en otro lugar. Y ahí es donde me senté a ver bueno, qué es lo que me gustaría decir con todo esto?
Leo: ¿y qué te gustaría decir o qué te parece que la obra dice y que no se dice con otros discursos?
Sebas: a mí me parece que uno de los puntos más fuertes que tiene y en el que más me interesó hacer pie es la idea de separar los cuerpos asignados a la categoría mujer; separarlos de la institución de la maternidad, destruir, ir en contra, poner los tacones de punta.
Leo: es decir, si te interpreto bien, el aborto como desobediencia sexual. Es una idea que se estaba gestando, valga la paradoja.
Sebas: podríamos leerlo así. Es una idea que a las grandes ligas de la pelea, de la Campaña por el aborto, por decirlo así bruscamente, no está. Siempre me gusta desobedecer y ser insolente desde lo que puedo, y eso es el teatro. Y si de algo me convenzo día a día es que puedo hacer esto y voy a tratar de seguir haciéndolo. Me gustaba encontrar algo provocador y creo que la idea de ir en contra de esa institución y además poner a un hombre embarazado (ya que yo soy un cuerpo asignado a esa categoría) me parecía interesante, creo que funciona, que logra un impacto desde el inicio.
Leo: o sea, el aborto como desobediencia de género, no como maternidad responsable, como derecho de la “mujer”, como una de las formas de la desobediencia de los cuerpos con útero.
Vale: más allá de estos acompañamientos, conocido como el socorro rosa, La Revuelta tiene una postura acerca de hablar sobre la maternidad como algo responsable. ¿Ahí no se dio un choque o ellas están también repensando esta situación?
Sebas: Esto lo digo porque he podido trabajar con total libertad y porque apenas llevé el texto no hubo ni siquiera una intención, una mínima objeción, absolutamente nada. Primero voy a decir lo que pienso: creo que ellas están en un momento bisagra, lo creo también porque ya antes nos invitaron a participar. Hay otras colectivas con las que nos hemos encontrado que ya por estar asignados al género varón nos cierran puertas. No creo que sea el gran aliciente del entusiasmo por hacerme participar, pero sí creo que dejar que la obra produzca lo que está produciendo, crear lo que está creando, forma parte de esa discusión bisagra que se están dando. Que venir a Buenos Aires y mostrarlo a la Campaña era para todas nosotras también decir que estamos pensando en eso.
Vale: teniendo en cuenta que entendés el aborto como una desobediencia sexual y ellas, siendo un colectivo que aboga por un aborto legal, ¿cuál es entonces el papel del Estado en tu obra?
Sebas: es que en este caso está ausente porque por lo que la obra aboga es por un lugar microrevolucionario, por poder reflejar, si es que lo está reflejando, que un cuerpo asignado a la categoría mujer puede tomar la decisión de dejar de parir y de abortar cuantas veces quiera, más que ponerme a pensar en el Estado. No me interesaba tanto que esté presente en la obra y si está, que es mínimo su lugar, es simplemente para vapulearlo porque no queda otra. Si ya tenemos el misoprostol empecemos a pensarlo como una herramienta.
Leo: estaba pensando en relación a la pregunta de Vale que tiene que ver con una política, podemos coincidir o no, pero me parece que es una de las políticas de coalición de La Revuelta a la hora de visibilizar ciertos temas. Lo cierto es que después, en la materialidad práctica, a la hora de los hechos, a la hora de realizar micropolíticas con respecto a este tema, me da la sensación que, al revés de lo que pasa con los grandes figurines de la Campaña y aquellas que se autoproclaman los pequeños figurines -y lo único que les interesa es que esté la foto-, La Revuelta te ayuda a conseguir los insumos, te capacita, te alienta en tu autonomía, es decir, funciona micropolíticamente. No estoy haciendo un juicio de valor, simplemente me parece que solo funciona como un simple enunciado “educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir”, pero después ellas realizan otra labor del orden de la micropolítica, al revés de lo que funciona en el discurso de la supuesta disidencia. El “cómo” lo sabés porque está la información por toda la internet, pero cómo conseguir las pastillas, quién te consigue la receta, dónde comprás, cómo enfrentás al aparato médico y junto a quién cuando estás con un aborto a medio procesar y tenés que caer en una guardia… Las voces que dicen “yo aborté” después no te mueven un dedo para ayudarte conseguir nada, ni para pagar un aborto, o ayudarte en la consulta. En el caso de La Revuelta, ellas hacen las políticas de coalición, una puede estar de acuerdo o no, pero la realidad es que las otras políticas también las realizan; en cambio, el resto después no te saca las papas del fuego, las que tienen la plata y los contactos. Finalmente, en Buenos Aires son las amigas menos visiblemente activistas las que corren el riesgo para ayudar aunque en las fotos de la prensa están otras personas.
Sebas: yo cuando me enteré de esto quedé bastante afectado. En Neuquén tenés un teléfono que ya circula en toda la ciudad y hacen reuniones con 15 pibas por fin de semana, al punto que ya tienen un entrenamiento muy zarpado en el que no solo las reconocen, además se juntan en los lugares más visibles de Neuquén porque, hasta eso, hay una suerte ya de tranquilidad en el sentido de que si te querés ocultar vas a levantar más sospechas, pero si están y te ven todas juntas aflojas, desaparece la tensión.
Leo: pero la obra no es realista.
Sebas: no, la obra en ese sentido no es realista. Es que en realidad tengo un problema con la realidad, por eso lo llamo disparate porque, primero expone una exacerbación de la realidad, por ejemplo, pensemos en el personaje de la vieja abortera quien no tiene ningún prurito en destruir absolutamente nada, inclusive a ella; así y todo ¿cuán real es lo que ella dice, como eso que conocemos de la realidad? Son éstas las preguntas que interpelan directamente a los espectadores. Rosa, una de las protagonistas ¿va a reaccionar frente a una vieja que todo el tiempo le dice “negrita de mierda”? Inclusive Rosa misma se permite de nuevo ir a verla, a conocerla. El sentido común dice otra cosa, eso que entendemos como realidad viene por el sentido común. Yo diría que no, que esa joven no volvería a ese lugar a encontrarse con esa señora pero la obra lo pone en juego, va construyendo otro tipo de sujeto, otro tipo de personaje que se puede homologar a la idea de sujeto, sobretodo, el personaje moderno, el que ha construido la modernidad, ese personaje que intenta dentro de una obra alcanzar sus objetivos, pelear contra sus opositores, llegar a un destino final, así sea mágico o progresivo, que consigue algo. Esa idea de personaje que es casi la misma idea de sujeto en las obras se quiebra, van y vienen, son miserables, van desde el hundimiento total a atisbos de heroísmo y así interpelan la idea de realidad. Son como devenires. Walter, el varón embarazado, en algún momento nos compadecemos de él pero si lo pensamos bien es un idiota, alguien que se entregó a las herramientas del sistema para ser la rata de laboratorio que, en su atisbo de heroísmo decide abortar, busca en un blog la ayuda necesaria y no hay más ayuda que unas feministas anarquistas donde Rosa aparece de contacto, cae en su casa y hasta parece que ella se enamora o ve en él algo que le atrae, no lo sabemos. Son todos abismos que me interesan dejar porque es complejo. Entiendo que la realidad no es ésta, la que nos sirven, sino que es una masa de complejidades y hay muchas cosas que me gustan dejar abiertas para que las cierre quien las está mirando. Yo no sé si Walter se muere, creo que lo elige.
Leo: volviendo al personaje de la vieja, que tiene los parlamentos más alejados de lo que el feminismo construye acerca de sí mismo, de sus funciones, de cómo debe hablar a algo que también el feminismo ayuda a construir que son las “mujeres”. Es solo una interpretación, no tenemos por qué coincidir, pero pensaba que la vieja es la única que no subestima a los cuerpos biopolíticamente asignados al sexo mujer y esto quizás requiere explicar un poco quién era y qué hacía la vieja en la obra. Es la única que se niega a tratar a la abortante como una tarada que no va a poder entender de qué va la realidad. La vieja abortera trata a Rosa como se trata a la gente en la guerra: Esto no es el jardín de infantes; esto es así y los hombres siempre te van a cagar, parece decir.
Sebas: y además creo que en su discurso pone como que existe algo peor tener ese hijo: quedar embarazada, como si hubiese más dolor, como si hubiese más pasiones tristes, como si fuese sumamente peor todo esto que le va a pasar si ella sigue con el embarazo adelante. Es como si alguien pudiese leer en ella “sos capaz de abortar muchas veces, así que dejate de llorar”.
Vale: de hecho, Rosa cuenta sus experiencias como si fuese aprendiendo a medida que iba abortando, como diciendo “no, acá no hay nada tan trágico”. Trágico puede ser al principio porque no lo conocés, no quiero desmerecer experiencias, pero después es algo que “yo decido”.
Sebas: a mí también me interesaba que la vieja tenga su lugar biográfico en la obra para sacarla de su lugar de monstruo. Ella se fue construyendo así por lo que le fue tocando en vida, es su singularidad porque si no también pasa eso, sobre todo en el teatro, es muy fácil, como somos máquinas de significaciones, es muy rápido construir que la vieja es un ente maligno.
Leo: o que es una víctima cuando en realidad es un personaje empoderado, nos guste o no. Claramente ahí no hay víctima. Eso es algo que te deja la obra, acá no hay ninguna víctima y ninguna lástima.
Vale: es común que el discurso en relación al aborto se lleve al lugar trágico. ¿Tuviste por ello alguna crítica de la obra por cómo contás estas experiencias?
Sebas: no, menos en Neuquén donde están acostumbradxs a que les escupan acideces en la cara. Hasta ahora solo fueron detalles que tenían que ver con experiencias personales, pero también es porque hay una mente racional que opera en la expectación que rápidamente necesita ir y corregir cuestiones de la dramaturgia. Si aparecen errores una vez estrenada la obra, bienvenidos sean. En Neuquén está la particularidad donde saben que se van a meter a una cueva provocadora, que no van a ver el teatro comfortable. A veces exagero pero, desde lo edilicio, desde lo arquitectónico, en donde pongo sillas de plástico, donde la gente espera afuera cagada de frío, donde no hay reservas; el comportamiento ciudadano del espectador de teatro no está asegurado y además de todo eso tienen que entrar y ver esta obra, entonces allá están acostumbradas a dejarse interpelar de esta forma. Incluso las trato de “bienvenidas”, hablo en femenino todo el tiempo. Me han llegado a decir algunos entrando a ver la obra “gracias por incluirnos” y no contesto porque tendría que confrontar con un espectador, después de ver la obra no dicen nada porque entienden por qué se los decía.
Leo: pensaba en esto que estás diciendo y en lo del disparate y lo de pelearse con los espectadores. Hay una tradición teatral hispanoparlante que tiene que ver con el teatro popular, con llevar el teatro hacia el “pueblo y el “pueblo” hacia el teatro, para que la gente reaccione como pueda ante lo que se les está mostrando. Lo que hace Al pie de la teta es que te vayas mal, que pienses que sos una paridora dentro de un mundo heterocapitalista, una colaboradora del sistema, no así Rosa -no por nada ella se define como anarquista, es decir, esencialmente una desobediente-. No lo dice desde un lugar moral y de juzgamiento la obra, como “oh, paridora heteronormal, arrepiéntete de tus pecados”, sino desde una afirmación muy fuerte, como diciendo “no hay nada nuevo ahí en el ser madre, en el parir, en el amor por los hombres”. Rosa aprende a abortar y en ese aprendizaje está también la idea de cagarse de la risa, dejar de tomarlo como una tragedia, no porque no sea truculento vivir en este mundo; eso es lo truculento, si el mundo fuese otro, abortar sería un trámite que una hace con una pastilla muy efectiva. Hasta la situación más truculenta puede ser delirante, porque el delirio es tener que abortar en las situaciones actuales, a escondidas, cuando no habría de qué avergonzarse.
Sebas: claramente toda la obra desdramatiza el aborto. El absurdo vino a poner al antihéroe en escena para decirnos, después de la segunda guerra mundial, el hombre es un fraude. ¿Por qué? Años atrás tienen las pruebas, con la bomba atómica.
Leo: pensando en estas deconstrucciones ¿cómo pensás el o los feminismos?
Sebas: personalmente lo que me ha pasado es que mi acercamiento al feminismo ha sido directamente con el feminismo queer, con un feminismo que destruye las asignaciones de género. En él no sólo rápidamente me encontré y encontré la posibilidad de fluir, sino que rápidamente este feminismo al permitirme ver y fluir sin ningún tipo de categoría, de asignación, de conceptualización, encontré una asociación con mi vida, con el teatro. Y encontré una suerte de droga que me empoderaba. Obviamente acá está todo más que mal con ese feminismo, te lo demuestra las gerentas de la Campaña, no así en Neuquén pues donde nosotras vivimos es un lugar donde hay muchas resistencias. Primero y principal, porque tenemos un gobierno facho desde que existe y no hay oposición partidaria. Así se han creado como diversos focos de resistencia muy interesantes. Si bien el feminismo de allá no es un feminismo queer más emergente, por suerte hay una minoría que se encuentra. Creo que es el único que te da herramientas para que, a través del cuerpo, puedas destruir muchos dispositivos. En Al pie de la teta, elegir el aborto como un dispositivo destructor, como un dispositivo disidente, que un cuerpo asignado a la categoría mujer aborte, está destruyendo no solamente la institución maternidad, sino también la institución familia, tal vez la institución de la monogamia y muchos otros que pueden ir concatenados.
Leo: si bien esto que vos denominás feminismo queer que aboga por la destrucción del género, en la obra esa destrucción o esa desobediencia de los equipamientos del género, no se hace sino a partir del género. Digo: Walter es varón y a él se le concede su aborto V.I.P. como a ninguna otra. El aborto en Argentina es legal, como dice en la Constitución, cuando una mujer demente o idiota es violada o corre riesgo la vida de la madre, o en el caso de una menor violada; pero nadie en esas condiciones durante en los últimos años ha conseguido abortar en estos casos. Nuevamente el Estado o quienes gobiernan -que tal vez no sean el Estado, sino Schering, Pfeiffer y Monsanto- se colocan por encima de las leyes que han dictado. ¿Por qué estoy diciendo esto? Porque uno de los problemas de lo queer, no así de lo que pasa en Neuquén sino a nivel general, es que le permite hablar a los y las heterosexuales de cosas que no les van a pasar. Lo que intento decir es: una cosa es reivindicarse como deconstructora del género, otra cosa es vivir como torta visualmente y tener prácticas cotidianas de disidencia sexual micropolíticas. La teoría queer permite que digas que sos lesbiana aunque tu vida es heterosexual. Lo que hace en este sentido la obra es volver a visibilizar ese riesgo. Vuelvo entonces, a Walter se le concede poder abortar porque su cuerpo ha sido biopolíticamente asignado al sexo “varón”. Si bien el género como ideal regulatorio es el lugar de disputa para su propia destrucción, no se puede hacer sino a partir de ahí, no se puede negar que eso existe, independientemente de lo que Seba haya querido hacer (risas). Desde la obra en sí, el Estado, el sistema o como lo queramos llamar, consigue modificar el cuerpo de un hombre para que pueda ser reproductor, como el mismo texto lo dice, ya no va a necesitar más a las mujeres y van a poder ir a cumplir su sueño de amazonas. Como lectora comprendo que Rosa está acabando con la humanidad, la humanidad como humanismo heterosexual generizante. No alcanza con el sueño de fugarse e irse a la selva, hay que destruir el mundo de la heterosexualidad como régimen político que gestamos en nuestros vientres. Por eso, recuerda una y otra vez a la vieja, que es antihumana y antihumanista, y por eso es tan poderosa y empoderada.
Nadia: la vieja aprendió como un animal.
Sebas: ¡y la vieja es otra que no sabemos si murió!
Vale: lo bueno es que se pueden hacer muchas lecturas, por ahí no diferentes lecturas sino como distintos abordajes sobre la obra.
Sebas: y lo que más me tranquiliza es que hay lecturas que están suspendidas sobre un mismo territorio. Cuando escribís una obra pensás las formas para que esas cosas no se escurran.
Leo: y hay lecturas en esta obra que no son posibles, como ver al aborto como una tragedia, como hecho político de maternidad responsable, o que evitará la muerte de las mujeres. Como dice Foucault, todo es peligroso.
Sebas: la maternidad no tiene lugar en esta obra. Y estoy muy satisfecho que el texto haya entrado por ahí porque ablanda absolutamente todo.

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