jueves, 19 de septiembre de 2013

Monique Mystique o el devenir lesbiano con el dildo en la mano.




«no hay ningún "ser" detrás del hacer, del actuar, del devenir; "el

agente" ha sido ficticiamente añadido al hacer, el hacer es todo» Nietzsche



Según Monique Wittig, la heterosexualidad funciona como un discurso opresor de lesbianas feministas principalmente, pero también de varones gays, dado que, como lengua dominante, impide crear as propias categorías e impide hablar sino en sus propios términos. El pensamiento heterosexual universaliza conceptos, crea leyes generales que hace valer para todas las sociedades, las épocas, los individuos, genera lecturas totalizadoras y totalizantes, que colocan la relación obligatoria de sus artefactos políticos “varón”/ “mujer” como un principio anterior a toda ciencia completamente incuestionable. El pensamiento heterosexual es incapaz de concebir una cultura o una sociedad que no sea la heterosexual. De allí que ordena todas las cosas humanas (y nosotras diríamos no humanas también) y todos pero todos los procesos que escapan a la conciencia. Una de las mayores violencias de la heterosexualidad como régimen político es poetizar el carácter obligatorio del dictum “para tener existencia social legítima, hay que ser heterosexual, o en su defecto, moverse dentro de sus parámetros” a través de su semiosis de género a partir de los equipamientos tales como la familia, su dispositivo o ideal regulatorio de construcción de los cuerpos -el género-: así, la heterosexualidad brinda existencia social.
Al dejar de concebirnos como “varones” o “mujeres” conseguimos desemascarar los conflictos de intereses que la heterosexualidad oculta haciendo pasar las construcciones políticas como asuntos biológicos neutros.
Por otra parte en Mil mesetas se dice que la mujer está atrapada en una máquina dual que la opone al hombre en tanto determinado por su forma, asignado como sujeto. El cuerpo que nos roban para fabricar organismos oponibles. Al mismo tiempo Wittig dice sobre la categoría mujer:
Para nosotras, ésta es una necesidad absoluta; nuestra supervivencia exige que nos dediquemos con todas nuestras fuerzas a destruir esta clase -las mujeres- con la cual los hombres se apropian de las mujeres. Y esto sólo puede lograrse por medio de la destrucción de la heterosexualidad como un sistema social basado en la opresión de las mujeres por los hombres, un sistema que produce el cuerpo de doctrinas de la diferencia entre los sexos para justificar esta opresión. (No se nace mujer en El Pensamiento Heterosexual y otros ensayos.)
Entonces, potencia, possest, nadie sabe lo que el cuerpo puede podría ser la biología no es destino.

El devenir “lesbiana” por fuera de la categoría mujer del heterocapitalismo. Un devenir que nunca se define por los caracteres específicos de un cuerpo o por sus órganos, ni por su pertenencia a una especie o género. Sino por sus potencias.

La mujer “biologica” (es decir la mujer como construcción de la historia o como dispositivo de reterritorialización del heterocapitalismo) una afectación triste, una disminución de las potencias.

O como dice Butler:
"En este sentido, género no es un sustantivo, ni tampoco es un conjunto de atributos vagos, porque hemos visto que el efecto sustantivo del género se produce performativamente y es impuesto por las prácticas reguladoras de la coherencia de género. Así, dentro del discurso legado por la metafísica de la sustancia, el género resulta ser performativo, es decir, que conforma la identidad que Se supone que es. En este sentido, el género siempre es un hacer, aunque no un hacer por parte de un sujeto que se pueda considerar preexistente a la acción. El reto que supone reformular las categorías de género fuera de la metafísica de la sustancia deberá considerar la adecuación de la afirmación que hace Nietzsche en La genealogía de la moral en cuanto a que «no hay ningún "ser" detrás del hacer, del actuar, del devenir; "el agente" ha sido ficticiamente añadido al hacer, el hacer es todo»." En una aplicación que el mismo Nietzsche no habría previsto ni perdonado, podemos añadir como corolario: no existe una identidad de género detrás de las expresiones de género; esa identidad se construye performativamente por las mismas «expresiones» que, al parecer, son resultado de ésta."

“mujer” es un artefacto político producto de la manipulación de la heterosexualidad como régimen político. Rechazar ser “mujer” significa rechazar ser “hombre” o “mujer”, si algo hemos aprendido de D&G, es que el hombre no tiene devenir, siendo puro orden mayor. “mujer” es el producto de una relación de explotación dentro de un orden de producción del mundo. Ese rechazo, abre un tajo no solo hacia un fluir entre géneros, desquiciándolos, sino también a la experimentación por fuera de lo humano, para visitar en nosotras al huesped animal más inquietante, para no caer siempre en ese feminismo que defiende a las mujeres y que crea teorías donde llama a la pasividad femenina “no violencia”. Lo que hace a los cuerpos con vagina “mujer” es una relación social específica con el “varón” que implica una obligación personal y física.
Por su parte una política del devenir supone no se definida por los caracteres específicos genéricos: el cuerpo no se define por sus órganos ni sus funciones, ni por su especie, ni su género. Romper mediante los devenir estimulados por agencimientos y encuentros con órdenes menores las líneas duras del ser, siempre guiadas por las identidades. El devenir solo es posible como variable de desterritorialización de la mayoría. La política del devenir animal se realiza con agencimientos que no son los de la familia, la religión, el estado. Se expresa en grupos minoritarios, oprimidos, prohibidos, rebeldes, en el borde de las instituciones reconocidas, en la ruptura de las instituciones centrales. La periferia es el único lugar posible para el devenir. Cualquier cosa, hasta lo más inesperado puede precipitar el devenir.

Si un cuerpo no se define por su pertenencia a una especie, sino a los afectos de los que es capaz, por el grado de su potencia, no se puede saber a prioristicamente de la experiencia lo que puede un cuerpo. Lo que un cuerpo puede es lo que hace, no lo que la pertenencia a la especie de ese cuerpo le dicta que es o lo que debería ser.
Y sin embargo, nuestra potencia no es lo que nos gustaría o lo que imaginamos, sino lo que hacemos hic et nunc, somos lo que hacemos. Ni más ni menos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario